SOMIGLIANA, Carlos (Buenos Aires, 1932-1987) Incorporado
a la llamada generación de los 60, debutó
con "Amarillo" en 1965. Después da a
conocer "Amor de Ciudad Grande" y edita en 1967
"La Bolsa de Agua Caliente" y estrena "De
la Navegación" (1969); "El Ex-Alumno"
(1979), "El Nuevo Mundo" (1981) e "Historia
de una Estatua" (1983). Escribió también
varios guiones televisivos y adaptaciones de obras clásicas.
EL NUEVO MUNDO, se estrenó el 18 de agosto
de 1981 en el Teatro "Tabaris" de Buenos Aires.
REPARTO:
Lucinda
El Marqués
Madame Roberta
Fray Nicasio
El Comisario
El Ministro
La Cantante
LA ACCION TRANSCURRE EN UNA IMAGINARIA CAPITAL SUDAMERICANA,
HACIA 1815. UN AMPLIO Y SUNTUOSO DORMITORIO, CON LA PRESENCIA
EXCLUSIVA PERO IMPRESCINDIBLE DE UNA ENORME CAMA. LA AMBIENTACION
Y EL VESTUARIO NO DEBERAN PREOCUPARSE EXCESIVAMENTE POR
LA FIDELIDAD HISTORICA; POR EL CONTRARIO, QUIZAS CONVENGAN
ALGUNOS TOQUES DELIBERADAMENTE ANACRONICOS.
CON EVIDENTES MUESTRAS DE TEMOR ENTRA LUCINDA -UNA JOVENCITA
DE QUINCE A DIECIOCHO AÑOS-, SEGUIDA SIGILOSAMENTE
POR EL MARQUES DE SADE; POR ESTA EPOCA TENDRIA SETENTA
Y CINCO AÑOS. VISTE COMO UN MARQUES DEL "ANCIEN
REGIME", CON PELUCA EMPOLVADA Y TODO. LLEVA EN LA
MANO UNA MONEDA DE ORO QUE LA MUCHACHA CONTEMPLA ENCANDILADA.
MARQUES : (HABLA COMO CHARLES BOYER EN
LAS TRADUCCIONES PORTORRIQUEÑAS DE T.V., MIENTRAS
MIRA A SU ALREDEDOR CON NO DISIMULADA ADMIRACION) ¡Parbleu...!
¡Cómo ha progresado la pequeña Roberta...! LUCINDA : Mi ama me matará si se entera
de que lo he dejado entrar aquí. MARQUES : Ya te he dicho que no debes preocuparte.
Soy un antiguo amigo de tu ama. LUCINDA : No importa. Ella dice que todos los hombres
son iguales... MARQUES : Qué desdichada idea... ¿No
me digas que Roberta se ha vuelto democrática? LUCINDA : (RUBORIZANDOSE) Ella dice... Que todos
quieren... La misma cosa... MARQUES : (EXTRAÑADO) Pero, dime... ¿Roberta
no te ha explicado aún las verdades de la existencia? LUCINDA : Oh, no, señor... Ella es muy buena
conmigo... Dice que yo me casaré con un joven honesto...
Y que él me abrirá los ojos... MARQUES : (SONRIENDO) La dulce Roberta... No sólo
se ha vuelto democrática, sino también burguesa...
(MIRANDOLA INTERESADO) ¿Cómo te llamas? LUCINDA : Lucinda, señor... (BREVE PAUSA)
¿No me dará usted la moneda? MARQUES : Claro que sí. Ven, tómala...
(MIENTRAS ELLA SE APROXIMA Y RECOGE LA MONEDA, EL RETIENE
A LA MUCHACHA CON LA OTRA MANO) Eres muy linda, Lucinda...
Casi, casi, me dan ganas de darte un beso... LUCINDA : (EXAGERADAMENTE PUDOROSA) Oh, señor... MARQUES : (SOLTANDOLA) Pero no te preocupes...
no tienes la edad apropiada... LUCINDA : (CON UN SUSPIRO DE RESIGNACION) Sí,
aún soy demasiado joven... MARQUES : No, al contrario... Estás un poco
pasada para mi gusto.
(ALGUN RUIDO SOBRESALTA A LUCINDA, QUE PALIDECE) LUCINDA : ¡Mi ama! ¡Esa es madame Roberta...! MARQUES : Tranquilízate. LUCINDA : (DESPAVORIDA) ¡No, no...! ¡Me
matará si me encuentra aquí con usted...! MARQUES : Yo le explicaré... LUCINDA : No, por favor... No le diga nada... (BUSCA
DONDE ESCONDERSE, HASTA QUE, POR ULTIMO, SE METE DEBAJO
DE LA CAMA, ANTE LA MIRADA ATONITA DEL MARQUES) MARQUES : (PARA SI MISMO) Je ne comprends rien...
(ENTRA MADAME ROBERTA, UNA ATRACTIVA MUJER QUE BORDEA
LOS CUARENTA AÑOS) ROBERTA : ¿Qué hace usted aquí,
señor mío...? MARQUES : (PRECIPITANDOSE SOBRE ELLA. EMOCIONADO)
¡Roberta! ROBERTA : Sí, yo soy madame Roberta... ¿Pero
cómo ha entrado usted en mis habitaciones...? MARQUES : (CAYENDO DE RODILLAS) ¡Cuánto
he pensado en ti, Roberta...! ROBERTA : (ALGO ALARMADA) Modérese, señor...
Si quiere usted pasar al salón, le diré
a Lucinda que nos sirva el té y allí podremos
conversar... MARQUES : (BESANDOLE UNA MANO, APASIONADO) ¡No,no...!
Es aquí mismo donde debo verte... ROBERTA : (RETIRANDO SU MANO) ¡Señor...!
Debo recordarle que soy una dama... MARQUES : (DOLORIDO) ¡Roberta...! ¡Tanto
he cambiado que no me reconoces...! ROBERTA : (ALGO DESCONCERTADA) ¿Quién
es usted...? MARQUES : Tú, en cambio, eres la misma de
entonces, la misma de siempre... (SE APROXIMA Y LA CONTEMPLA)
Appétissante... (SE APROXIMA MAS Y LA HUELE) Aromatique...
(SE APROXIMA MAS Y LA LAME) Savoureuse... ROBERTA : (CON UN ESCALOFRIO) Esa vos... Esa lengua... MARQUES : (ESPERANZADO) ¿Aún no me
reconoces Roberta? ROBERTA : (ESTUPEFACTA) No... No puede ser... MARQUES : (DANDOLE UNA TERRIBLE BOFETADA QUE LA
TIRA AL SUELO) ¿Y ahora? ¿Todavía
no me reconoces? ROBERTA : (CON APASIONADA ALEGRIA) ¡Tú,
Donatien, tú...! Tú, el Marqués de
Sade, señor de la Coste y de Saumane, co-señor
de Mazan, teniente general de las provincias de Bresse,
Bugey, Valromey y Bex, maestre de campo de la caballería
real... ¡Tú...! MARQUES : ¡El mismo! (MIENTRAS SE DESCALZA
Y EMPIEZA A DESVESTIRSE) El mismo que viste y calza... ROBERTA : ¡Espera, Donatien...! Aún
no puedo comprenderlo... Hasta aquí llegó
la noticia de que te habían encerrado en el manicomio
de Charenton y que habías fallecido, en medio de
espantosas convulsiones y horriblemente desfigurado, el
2 de diciembre de 1814... He llorado amargamente tu muerte... MARQUES : (CONMOVIDO) ¿Has llorado por mí,
pobre ángel...? (ELLA ENJUGA UNA LAGRIMA) Ah, sigues
siendo tan dulcemente ingenua como cuando eras aquella
tierna campesina de Valromey que despertó en mis
brazos al amor, cuando aún no había cumplido
los cuatro años de edad... ROBERTA : Pero, explícate... ¿Qué
fue lo que sucedió? MARQUES : Todo fue una engañifa, por supuesto...
Logré que un estúpido campesino se dejara
matar, desfigurar y enterrar con mi ropa, a cambio de
la promesa de entregar a su nieta de quince años
algunas monedas de oro... ROBERTA : Donatien... Habrás cumplido esa
promesa, me imagino. MARQUES : Roberta... ¿Crees que la edad
me ha hecho abjurar de todos mis principios? ROBERTA : (ALGO EXTRAÑADA) ¿Cuánto
le dejaste? MARQUES : Ni un centavo, por supuesto... Pero demostré
mi agradecimiento de otra manera... pasé una semana
entera junto a la linda huerfanita, inculcándole
los principios de la filosofía en el tocador...
Sí, no creo jactarme al afirmar que la dejé
completamente corrompida... ROBERTA : (NADA INDIGNADA) Ah, Donatien, Donatien...
Eres el más canalla de los hombres... MARQUES : (COMPLACIDO) Lo dices tan sólo
para halagarme... ROBERTA : ¿Y cómo se te ocurrió
venir a América? MARQUES : ¿Qué quieres...? En Europa
soy tan conocido que me era imposible pasar de incógnito
por ningún lado... ¿Asia? Está llena
de mandarines refinados y crueles que no admitirían
mi competencia... ¿Africa? Todo el mundo sabe que
los negros no tienen alma y,por ende, son incorruptibles...
¿Oceanía? ¿Me imaginas seduciendo
canguros? Entonces pensé en ti, pensé en
América... (EVOCATIVO) "Si la dulce Roberta
ha emigrado al Nuevo Mundo y según mis noticias,
no le ha ido tan mal... ¿Por qué no habría
de irme bien a mí?" ROBERTA : (PRECAVIDA) Yo no sé si estoy
en condiciones de brindarte mi amistad incondicional,
como antes... ¿Me entiendes, Donatien? MARQUES : ¿Tu amistad? Yo no necesito amigos
sino cómplices, Roberta... Pero, basta... Dejémonos
de vano palabrerío... (APROXIMANDOSE) Estás
tan hermosa... Me recuerdas aquella bella criatura de
hace treinta años... (TRATANDO DE ABRAZARLA) Y
hace más de dos meses que no estoy con mujer alguna... ROBERTA : (RESISTIENDOSE) No, no, Donatien... ¡Es
imposible! MARQUES : No seas tonta... recordemos aquellas
hermosas noches del pasado... ROBERTA : No, no, es imposible...Tengo un protector,
Donatien... MARQUES : (INSISTIENDO) ¿Qué importa
eso? Resultará más excitante... ROBERTA : ¡Es el ministro de Gobierno, Donatien!
Un hombre generoso y amable, pero extraordinariamente
poderoso... Y bastante celoso, por añaduría... MARQUES : (PERSUASIVO, ESTRECHANDOLA CONTRA SI)
No te preocupes, él no se enterará de nada...
Nadie me ha visto entrar. ROBERTA : (SORPRENDIDA Y METIENDO UNA MANO ENTRE
SU CUERPO Y EL DEL MARQUES) ¡Donatien...! ¿Qué
es este enorme bulto que tienes aquí abajo? MARQUES : (RONCO) Dinero, ma cherie... Mucho dinero. ROBERTA : (SEPARANDOSE ALGO, PERO POCO) ¡Dinero...! MARQUES : ¿Necesitas dinero, Roberta...? ROBERTA : Bueno, sabes... Mi situación no
es tan buena como parece... Una pequeña ayuda no
me vendría nada mal... MARQUES : Pero, tontita... ¿Por qué
no me lo dijiste antes?
(VA SACANDO, UNA POR UNA, MONEDAS DE ORO DE SU BOLSILLO
Y, MIENTRAS LAS VA ENTREGANDO A ROBERTA, VA DESPRENDIENDO
CON LA OTRA MANO CADA UNO DE LOS BOTONES DEL VESTIDO DE
ELLA) ROBERTA : (CON SUSPIROS ENTRECORTADOS) Ah, Donatien...
Sigues siendo irresistible para mí... ¿Por
qué seré incapaz de negarte nada?
(AL LLEGAR AL CUARTO O QUINTO BOTON, ELLA SE ALEJA Y SE
TIENDE VOLUPTUOSAMENTE SOBRE LA CAMA) ROBERTA : Ven, amor mío... Acá estaremos
más cómodos... MARQUES : No seas vulgar, ma cherie... Revivamos
aquellas ingeniosas figuras de antaño... (LE ENTREGA
CUATRO O CINCO MONEDAS MAS) Vamos, cuélgate de
la araña... ROBERTA : (MIMOSA) ¿No estoy un poco pesada
para eso, Donatien? MARQUES : (PERDIENDO LA PACIENCIA) ¡Déjate
de pamplinas, Roberta! ROBERTA : (PONIENDOSE DE PIE, RESIGNADAMENTE, ENCIMA
DE LA CAMA) Está bien, está bien... Ya que
te has puesto nostálgico... (LEVANTA LOS BRAZOS
COMO PARA COLGARSE DE LA ARAÑA, CUANDO RESUENA
UN GOLPE EN LA PUERTA. ELLA QUEDA PETRIFICADA) ¡Ah...! MARQUES : ¿Qué es eso? ROBERTA : (ATERRADA) ¡Teófilo...! MARQUES : ¿Quién es Teófilo? ROBERTA : (SUSURRANDO) Mi protector, el Ministro...
(GRITANDO) ¡Ya voy, tesoro...! (SUSURRANDO) Estamos
perdidos... (GRITANDO) ¡Qué suerte que has
venido...! (SUSURRANDO) Escóndete, desdichado... MARQUES : ¿Dónde? ROBERTA : (MIRA A SU ALREDEDOR, DESESPERADA, Y
FINALMENTE SE DECIDE) ¡Métete debajo de la
cama...! MARQUES : ¡Roberta...! Es humillante...
(RESUENA UN NUEVO GOLPE EN LA PUERTA) ROBERTA : (SUSURRANDO) ¡Pronto...! (GRITANDO)
Ya estoy contigo, mi amor... MARQUES : En fin... Todo sea por tu buen nombre,
ma cherie.
(MIENTRAS EL MARQUES, DE MALA GANA, SE METE DEBAJO DE
LA CAMA, ROBERTA SE RECOMPONE, VA HASTA LA PUERTA Y ABRE.
APARECE FRAY NICASIO, UN ANDRAJOSO FRAILE CAPUCHINO) FRAY NICASIO : (HUMILDEMENTE) Buenas tardes, madame
Roberta. ROBERTA : (TRATANDO DE REPRIMIR SU AGITACION PERO
SIN LEVANTAR LA VOZ) ¡Fray Nicasio...! ¿Qué
hace usted aquí? FRAY NICASIO : Escuché voces ahí
adentro... y llamé... ROBERTA : ¿Y desde cuándo se siente
usted autorizado para llamar a la puerta de mi cuarto? FRAY NICASIO : Hermana... Yo sólo quería
pedir una limosnita para los pobres... ROBERTA : (DESPECTIVA) ¿Para los pobres?
Para usted mismo, querrá decir... FRAY NICASIO : Yo soy el más pobre de todos,
pero no soy el único... Somos varios los cristianos
en desgracia que compartimos el sustento que la caridad
pública nos proporciona. ROBERTA : ¿A qué llama sustento?
¿Al vino? FRAY NICASIO : Hermana, es tan escaso el monto
de las limosnas, que no nos permite solucionar nuestros
problemas... El vino, por lo menos, nos ayuda a olvidarlos. ROBERTA : ¡Pues no le daré ni un solo
centavo...! ¡Ya me tiene harta con sus eternos pedidos...! FRAY NICASIO : (PACIENTE) Hermana, sea usted caritativa
conmigo, que yo lo seré con usted... ROBERTA : ¿Qué quiere usted decir,
indigno capuchino? FRAY NICASIO : He visto entrar a un hombre en esta
casa... Y pensé que sería preferible que
el señor Ministro no se enterara. ROBERTA : ¿El Ministro? ¿Qué
tiene que ver el Ministro con todo esto? FRAY NICASIO : (SOBRADOR) Vamos, hermana... ¿Acaso
mi oficio no consiste en escudriñar las almas? ROBERTA : ¿De modo que ahora se permite
usted amenazarme? FRAY NICASIO : Por ahora, me permito seguir suplicándole...
Claro que tengo algunas esperanzas de que mi súplica
será escuchada... ROBERTA : (PERDIENDO LOS ESTRIBOS) ¡Eres
un miserable...! FRAY NICASIO : (ASINTIENDO) Pulvis es et in púlverem
revertéris..." ROBERTA : (FIERAMENTE) ¡Pues no conseguirás...!
(LA INTERRUMPE EL RUIDO DE ALGUNOS CONFUSOS MOVIMIENTOS
DEBAJO DE LA CAMA, ACOMPAÑADOS DE TENUES QUEJIDOS
Y JADEOS) FRAY NICASIO : (SORPRENDIDO) ¿Qué
es eso? ROBERTA : (PRECIPITANDOSE ALARMADA HACIA LA CAMA)
¡Donatien...! ¿Qué te sucede? (CONSIGUE
AGARRARLO DE UN PIE Y TIRA DE EL PARA TRATAR DE SACARLO
DE ABAJO DE LA CAMA, MIENTRAS PIDE AUXILIO A FRAY NICASIO)
¡Ayúdeme, hombre...! ¡Debe estar descompuesto! MARQUES : (DESDE ABAJO) ¡Espera...! ¡Espera...!
(CONSIGUE SALIR TRABAJOSAMENTE, MIENTRAS SE ACOMODA LA
ROPA) Casi me arrancas un miembro... ROBERTA : ¿Qué te pasaba? ¿Te
sientes mejor, Donatien? MARQUES : (PETRIFICADO AL VER A FRAY NICASIO) ¿Y
esto? ¿Qué es esto? ROBERTA : No te preocupes. Es sólo un sucio
fraile mendigante. MARQUES : (EXALTANDOSE CADA VEZ MAS) ¡Un
fraile...! Un fraile...! ¡Sabes que no puedo ver
un fraile sin enfurecerme...! (LO TOMA DEL COGOTE Y LO
ZAMARREA FRENETICAMENTE) ¡Escúchame, infame
chupacirios...! FRAY NICASIO : (DESPAVORIDO) ¡Detente, hermano...!
¡Es todo mentira...! ¡No soy fraile...! ¡Hace
ya muchos años que fui expulsado, por indigno,
del seno de la Santa Madre Iglesia...! ROBERTA : (TRATANDO INFRUCTUOSAMENTE DE DETENERLO)
Detente, Donatien... MARQUES : (SIN HACERLE CASO, OBLIGA A FRAY NICASIO
A PONERSE DE RODILLAS) ¿Y esa ropa? FRAY NICASIO : ¡Lo juro...! ¡No tenía
otra cosa que ponerme...! MARQUES : ¿Y esa tonsura? FRAY NICASIO : ¡Es seborrea...! ROBERTA : (IMPONIENDOSE) ¡Basta Donatien...!
(EL MARQUES OBEDECE) FRAY NICASIO : (JADEANTE) Gracias, hermana. ROBERTA : Dale un par de monedas de oro y que se
vaya... MARQUES : (EXTRAÑADO) ¿Un par de
monedas...? pero ¿Por qué? ROBERTA : Yo sé por qué te lo digo...
(PROMETEDORA) Hazme caso y no te arrepentirás... MARQUES : (SE ENCOGE DE HOMBROS PERO SACA UN PAR
DE MONEDAS Y LAS ENTREGA A FRAY NICASIO) Toma, cretino... FRAY NICASIO : Gracias, hermano... Brindaré
a tu salud. MARQUES : Ojalá se te atragante el vino.
(UN NUEVO GOLPE EN LA PUERTA LOS PARALIZA A LOS TRES) ROBERTA : ¡Ahora sí...! ¡Ahora
sí...! ¡Seguro que es Teófilo...!
¿Y Lucinda? ¿Dónde se habrá
metido esa estúpida? MARQUES : Tranquilízate, Roberta... ROBERTA : ¡Pronto, escóndanse...!
(OTRO GOLPE EN LA PUERTA) ¡Ya voy, ya voy...! ¿Eres
tú, amor mío? COMISARIO : (DESDE AFUERA) Es la policía,
señora... MARQUES -FRAY NICASIO : (ATERRORIZADOS)
¡La policía...! (SIN NECESIDAD DE NUEVAS
RECOMENDACIONES, AMBOS SE METEN PRESUROSAMENTE DEBAJO
DE LA CAMA. ROBERTA VA HASTA LA PUERTA Y ABRE) COMISARIO : (PENETRANDO) Buenas tardes, señora. ROBERTA : (INTRANQUILA) ¿Pero qué
hace la policía en mi casa? COMISARIO : Nos avisaron que un sujeto de aspecto
sospechoso había sido visto rondando la casa...
Entonces, vine de inmediato a investigar. ROBERTA : ¿De aspecto sospechoso? ¿Qué
quiere usted decir? COMISARIO : Viejo, extranjero y con cara de crápula. ROBERTA : No, aquí no ha entrado nadie así. COMISARIO : Lo lamento, señora, pero debo
registrar la casa. ROBERTA : ¿Mi casa? COMISARIO : (ENCOGIENDOSE DE HOMBROS) El deber
es el deber. ROBERTA : (SEÑALANDO HACIA EL EXTERIOR)
Está bien, haga usted lo que quiera... (EL COMISARIO
SE CUADRA PERO PERMANECE INMOVIL) ¿Qué espera
ahora? Empiece a registrar la casa... COMISARIO : Gracias, señora, pero... Perdón,
ya lo he hecho. ROBERTA : ¿Ya lo ha hecho? ¿Y entonces...? COMISARIO : No hay nadie. Absolutamente nadie. ROBERTA : ¿Nadie? ¿Y Lucinda? COMISARIO : No hay nadie. ROBERTA : ¿Dónde se habrá
metido esa muchacha? COMISARIO : No lo sé, señora... Pero
no hay nadie. ROBERTA : Entonces, váyase de una buena
vez. Ya ha cumplido usted con su deber. COMISARIO : Todavía me falta revisar esta
habitación... ROBERTA : ¿Revisar mi cuarto...? ¡Usted
está loco! COMISARIO : Lo lamento, señora, pero... ROBERTA : ¡Me quejaré a sus superiores...! COMISARIO : Compréndame, señora...
Se ha hecho una denuncia y no puedo volver con las manos
vacías... Está en juego mi prestigio personal... ROBERTA : ¿Qué quiere decir eso? COMISARIO : Si no encuentro a nadie aquí,
tendré que agarrar a algún desgraciado por
la calle y decir que lo sorprendí robando en la
cocina... ROBERTA : ¡Pues hágalo de una vez
y no me incomode más...! (CAMBIANDO LA TACTICA,
ZALAMERA) Créame... Le quedaría eternamente
agradecida... (EL COMISARIO DUDA) Lo recomendaría
a sus superiores...
(EL COMISARIO ESTA POR ACCEDER CUANDO SE ESCUCHA UNA RISITA
SOFOCADA DEBAJO DE LA CAMA, QUE SE MUEVE LIGERAMENTE) COMISARIO : ¿Qué es eso? (ANTES DE
QUE ROBERTA PUEDA REACCIONAR, EL COMISARIO SE ARRODILLA
JUNTO A LA CAMA Y EMPIEZA A SACAR LA FALDA DE LUCINDA,
LA CHAQUETA DEL MARQUES Y EL HABITO DE FRAY NICASIO) ¿Ve
usted, señora...? ¿Ve usted que aquí
pasa algo extraordinariamente raro...? ROBERTA : (REALMENTE SORPRENDIDA) ¿Pero
qué es esto...? ¡No, no puedo creerlo...! COMISARIO : (MIENTRAS CONSIGUE AGARRAR UN PIE DEL
FRAILE Y TIRA ENERGICAMENTE DE EL) ¡Ayúdeme,
señora, ayúdeme...! ¡Ya los tenemos...! ROBERTA : (AYUDANDOLO A TIRAR, INDIGNADA) ¡Sí,
sí...! ¡Le ayudaré...! ¡Infames,
miserables...! ¡Divirtiéndose a sus anchas
mientras yo me arriesgo por ellos...! (ENTRE AMBOS VAN
TIRANDO Y SACANDO, COMO SI FUERA UNA RISTRA DE CHORIZOS
Y EN ME DIO DE LAS QUEJAS Y PROTESTAS DE TODOS, AL FRAILE,
AGARRADO A UNA PIERNA DE LUCINDA; A ESTA, PRENDIDA DEL
BOLSILLO DEL MARQUES, Y A ESTE ULTIMO) FRAY NICASIO : Hermana, piense en la caridad bien
entendida... LUCINDA : Yo no quería, señora, pero...
Con tal de alborotar.
MARQUES : Roberta, ya conoces la debilidad de mi
naturaleza... COMISARIO : ¿Pero qué es esto, señora?
¿Los conoce usted...? ROBERTA : Creía conocerlos, sí...
Pero ahora veo que me equivocaba... COMISARIO : ¿Puede usted explicarme eso? ROBERTA : ¿Explicarle...? ¿Pero no
ve usted que mi casa esta llena de intrusos? COMISARIO : Señora, si no me lo explica
a mí, tendremos que ir todos a explicarlo a la
jefatura... ROBERTA : (AL BORDE DEL DESMAYO) ¿A la jefatura...?
¡No, no, eso es imposible...! LUCINDA : Soy una casta doncella, señor...
Y pobre, además... Nadie querrá casarse
conmigo después de semejante escándalo. FRAY NICASIO : Tenga usted consideración
por mi investidura, hermano... ROBERTA : ¿Pero qué pretende usted...?
¿Perderme...? COMISARIO : No, señora... Salvarme. MARQUES : (QUE AUN CONSERVA LA SERENIDAD, CARRASPEA
PARA LLAMAR LA ATENCION) Señor... Soy un forastero
y no conozco los usos y costumbres del país...
¿Pero no podríamos solucionar esto de alguna
otra manera? COMISARIO : ¿A qué se refiere usted? MARQUES : Sé que la inflación está
haciendo estragos en el Nuevo Mundo... Y que los sueldos
oficiales son escasos... (SACA DE SU BOLSILLO UNA MONEDA
DE ORO Y LA EXHIBE ANTE EL COMISARIO, TRATANDO DE SEDUCIRLO) COMISARIO : Señor, usted me ofende... ROBERTA : ¡Eso es una bicoca, Donatien...! FRAY NICASIO : Tanto como des, hermano, con creces
te será devuelto... LUCINDA : ¡Sea usted generoso, Marqués...!
He tocado su bolsillo y sé que está forrado
de oro... MARQUES : (SACANDO CON REPUGNANCIA OTRA MONEDA)
Ustedes quieren provocar mi ruina... Pero todo sea por
tu reputación, Roberta... COMISARIO : (SIN TOCAR EL DINERO) ¿De modo
que está usted tratando de sobornarme...? MARQUES : Es una manera un tanto ruda de denominar
a esta amistosa gratificación... COMISARIO : Bien... Como primera medida, tendré
que confiscar todo el dinero que usted ha introducido
ilegalmente al país. MARQUES : (PALIDECIENDO) ¿Todo el dinero? COMISARIO : (SACA SU SABLE Y LE PROPINA UN FORMIDABLE
PLANAZO) ¿No he hablado suficientemente claro,
señor mío? MARQUES : (VACILANDO) Pero, señor... COMISARIO : (DANDOLE OTRO PLANAZO) ¿No me
ha comprendido todavía? MARQUES : (SACANDO UNA VOLUMINOSA BOLSA Y ENTREGANDOSELA)
Sí, sí... Ha sido extraordinariamente claro...
Y persuasivo... COMISARIO : Bien... Oportunamente, le extenderé
el recibo correspondiente... (VOLVIENDOSE HACIA MADAME
ROBERTA) Ahora usted, señora... Exijo una completa
explicación de todo este embrollo... ROBERTA : (SUSPIRANDO) Comisario... Su extraordinaria
tozudez me obliga a poner mi honor entre sus manos. COMISARIO : ¿Qué quiere usted decir? ROBERTA : Pero le advierto que si usted provoca
un escándalo en esta casa, labrará su propia
ruina. COMISARIO : ¿Se permite usted amenazarme? ROBERTA : (DULCEMENTE) En verdad... Sí (BREVE
PAUSA) El Ministro de Gobierno y yo... Somos amigos íntimos... COMISARIO : (AZORADO) ¡El Excelentísimo
Señor Ministro...! Acláreme usted eso... ROBERTA : Quiero decirle que... Tenemos una amistad
apasionada. COMISARIO : ¿Con el Excelentísimo
Señor Ministro...? ¿En qué sentido...? ROBERTA : (PERDIENDO LA PACIENCIA) ¡Que nos
acostamos juntos todos los lunes, miércoles y viernes,
animal...! FRAY NICASIO : ¿Las fiestas de guardar,
también? MARQUES : ¡Bravo por el Ministro...! COMISARIO : (ESTUPEFACTO) No. No lo creo. El Excelentísimo
Señor Ministro es un hombre de hogar, una persona
intachable... ROBERTA : (VA HASTA LA CABECERA DE LA CAMA Y DE
ABAJO DE LA ALMOHADA SACA UN GORRO DE DORMIR, CON UN VISIBLE
MONOGRAMA) ¿Y esto...? ¿Reconoce usted esto...?
(EL COMISARIO HACE LA VENIA. LUEGO SE APROXIMA A ROBERTA
Y TOMA EL GORRO) COMISARIO : (ENJUGANDO UNA LAGRIMA CON EL GORRO)
¡No puedo creerlo...! ¡No puedo creer esto
del Excelentísimo Señor Ministro! Y, sin
embargo, la evidencia es la evidencia... Como dice el
artículo 207 del Código de Procedimientos
en la Criminal...
VOZ DEL MINISTRO : (DESDE AFUERA) ¡Roberta...!
¡Angel mío...! ¡Ha llegado tu pichoncito...!
(EL MARQUES, FRAY NICASIO Y LUCINDA SE METEN DE NUEVO
CON APRESURAMIENTO DEBAJO DE LA CAMA, EN TANTO QUE EL
COMISARIO PARECE NO HABER ESCUCHADO NADA, ABSTRAIDO EN
SUS TRISTES PENSAMIENTOS Y PERMANECIENDO CON EL GORRO
DE DORMIR EN UNA MANO Y LA BOLSA DE DINERO DEL MARQUES
EN LA OTRA. ROBERTA AVANZA HACIA LA PUERTA, QUE SE ABRE,
Y APARECE EL MINISTRO, UN HOMBRE DE ALREDEDOR DE CUARENTA
AÑOS, DE APARIENCIA ELEGANTE Y MUNDANA) ROBERTA : (ECHANDOSE EN SUS BRAZOS) ¡Amor
mío...! MINISTRO : Ah, tampoco yo veía el momento
de llegar a tu lado... (ADVIERTE LA PRESENCIA DEL COMISARIO)
¿Y esto? ¿Quién es él? COMISARIO : (ESPANTADO) Yo, Excelentísimo
Señor... MINISTRO : ¡Cállese la boca! (MIRA
A ROBERTA COMO PIDIENDOLE UNA EXPLICACION) ROBERTA : Es uno de tus infames sicarios, amor
mío... Ha estado aquí toda la tarde importunándome,
con el pretexto de que buscaba a un sospechoso... MINISTRO : (AVANZANDO HACIA EL COMISARIO Y SEÑALANDO
EL GORRO DE DORMIR Y EL BOLSO DE DINERO) ¿Qué
hace usted con eso? COMISARIO : Los cuerpos del delito... Yo, Excelencia,
no sabía... MINISTRO : (ARREBATANDOLE AMBAS COSAS) ¡Entrégueme
eso de inmediato! COMISARIO : Es que yo, Ilustrísima Señoría... ROBERTA : No le hagas caso, Teófilo... MINISTRO : (AL COMISARIO) ¡No quiero oír
una sola palabra más! ¡Retírese en
el acto! (EL COMISARIO HACE LA VENIA Y SE DIRIGE HACIA
LA PUERTA) ¡Comisario...! (EL COMISARIO SE PARALIZA,
GIRA HACIA EL MINISTRO Y VUELVE A HACER LA VENIA) Quédese
en la puerta de la casa y que nadie entre ni salga sin
mi permiso... (EL COMISARIO HACE LA VENIA Y VUELVE A ENCAMINARSE
HACIA LA PUERTA) Ah, Comisario... (EL COMISARIO GIRA NUEVAMENTE
Y VUELVE A HACER LA VENIA, PERMANECIENDO CON LA MANO DERECHA
EN LA VISERA) Olvídese de todo lo que pueda haber
visto u oído aquí esta tarde... (EL COMISARIO,
NO SABIENDO COMO SUBRAYAR SU ACATAMIENTO, HACE AHORA LA
VENIA TAMBIEN CON LA MANO IZQUIERDA) De lo contrario,
yo no me olvidaré de usted... (EL COMISARIO HACE
UNA PROFUNDA REVERENCIA Y, FINALMENTE, SALE) ROBERTA : (CON UN SUSPIRO) ¡Al fin solos,
amor mío...! MINISTRO : (PRECAVIDO) Bueno... yo no diría
tanto como eso. ROBERTA : (ALARMADA) ¿Qué quieres
decir, Teófilo? MINISTRO : Te adoro, Roberta... Y te aseguro que
no debes tener miedo. ROBERTA : ¿Miedo, Teófilo...? ¿Por
qué habría de tener miedo...? MINISTRO : Vamos, Roberta... Sé que tienes
un visitante... Y quiero conocerlo. ROBERTA : (ESTREMECIDA) Teófilo, yo... (TRAS
UNA PAUSA, DECIDIENDOSE) Es sólo un viejo amigo
en desgracia... MINISTRO : (COMPRENSIVO) Lo sé, lo sé...
Vamos, tontita... Llámalo de una vez... ROBERTA : (AGACHANDOSE JUNTO A LA CAMA) Sal, Donatien...
Es inútil seguir fingiendo... Teófilo lo
sabe todo...
(SE PRODUCEN CONFUSOS MOVIMIENTOS DEBAJO DE LA CAMA,HASTA
QUE APARECE LUCINDA, SUPUESTAMENTE EMPUJADA POR LOS OTROS) LUCINDA : (PROTESTANDO, HACIA ADENTRO) ¡No
es a mí a quien están llamando, al fin y
al cabo...! MINISTRO : (ALGO SORPRENDIDO) ¡Lucinda...!
¿Qué hacías tú ahí
abajo? LUCINDA : (SALIENDO) Yo, señor... No quería
molestar y... Pensé que... FRAY NICASIO : (SALIENDO) Excelencia... Me permito
interceder por el infortunado a quien usted busca... MINISTRO : Nada debe temer de mí. ¿Pero
qué estaba haciendo también usted allí,
Fray Nicasio? FRAY NICASIO : ¿Dónde combatir mejor
el pecado, sino entre los pecadores? (MIENTRAS TANTO,
SALE EL MARQUES, TRATANDO EN LO POSIBLE DE MEJORAR SU
ASPECTO) MINISTRO : (CON UNA REVERENCIA) ¿El Marques
de Sade, según imagino? MARQUES : (RETRIBUYENDO LA CORTESIA) Servidor de
usted... MINISTRO : (IDEM) Es un honor inigualable para
un demócrata sudamericano saludar a un aristócrata
europeo. MARQUES : (IDEM) Oh, señor... Apenas soy
un anónimo fugitivo. MINISTRO : (IDEM) Nada de eso. Todos sus libros
han llegado a América, todos han sido secuestrados,
y yo los he leído a todos... Ha propagado usted
ideas terribles. MARQUES : (PARA SI MISMO) Estoy perdido... MINISTRO : Todavía recuerdo de memoria pasajes
enteros... Como cuando demuestra usted que Dios no existe,
y que si Dios no existe la moral ni es sino un absurdo
prejuicio, y que entonces nada debe oponerse a la búsqueda
del placer y al desenfreno de las pasiones... FRAY NICASIO : (PERSIGNANDOSE) Oh, Oh... Esas cosas
se piensan pero no se dicen... MARQUES : (CONTRITO) Sí, confieso haber
cometido algunos errores... MINISTRO : Ha hecho usted una brillante apología
del adulterio y del libertinaje... LUCINDA : Pudo usted haber esperado hasta que yo
me casara, por lo menos... MARQUES : (IDEM) Perdóname, Lucinda... MINISTRO : Ha execrado usted la caridad, la beneficencia
y la justicia, distinguido Marqués... Y ha propuesto
la supresión de la pobreza mediante la extinción,
por hambre, de los pobres... ROBERTA : Ah, Donatien, siempre has sido tan exagerado...
¿Quiénes serían nuestros sirvientes,
en ese caso...? MARQUES : (IDEM) Sí... Quizás se
me ha ido un poco la mano... MINISTRO : Bueno, pero no seamos excesivamente
severos con nuestro huésped... Al fin y al cabo,
sus ideas no son demasiado distintas de las que sustenta
mi colega, el Ministro de Economía... Inclusive,
de mis propios íntimos pensamientos... MARQUES : (ESPERANZADO) ¿Entonces...? ¿Debo
entender, señor...? ¿Que nada me reprocha? MINISTRO : (CON CRECIENTE SEVERIDAD) Lamento tener
que decirle que sí... Que algo le reprocho... ¡Que
algo muy grave le reprocho...! MARQUES : (DESOLADO) ¿Ves, Roberta...? Tampoco
en el Nuevo Mundo hay esperanzas para mí... MINISTRO : ¡Ha vociferado usted en la plaza
secretos que sólo se debían susurrar en
la alcoba! ¡Ha puesto al alcance de groseras mandíbulas
manjares que debieron quedar reservados para paladares
exquisitos! MARQUES : Yo, señor... MINISTRO : (INTERRUMPIENDOLE) ¡Usted! ¡Usted
que se jacta de haber agotado todos los vicios, de haber
cometido todos los pecados, ha omitido el más terrible,
el que más podría ofender a ese Dios al
que tanto dice odiar...! MARQUES : (REACCIONANDO) ¡No le permito,
señor...! ¡Usted me ofende...! ¿Cuál
es ese pecado? MINISTRO : (VOCIFERANDO) ¡La hipocrecía...!
¡Abomine usted de los mandamientos de Dios, si quiere,
pero vaya a misa todos los domingos...! ¡Fornique
y adultere, pero exalte la santidad de la familia...!
¡Extermine a los pobres, pero hágalo en nombre
del bienestar futuro...! MARQUES : (ROMPIENDO A LLORAR) ¡Tiene usted
razón...! ¡Tiene usted razón...! ROBERTA : Vamos, Donatien, no es para tanto... LUCINDA : No sea usted tan severo, señor... MINISTRO : (PONIENDO UNA MANO SOBRE EL HOMBRO DEL
MARQUES) Está bien, querido maestro... Aún
puede usted enmendarse, si renuncia a la pequeña
vanidad de la literatura... MARQUES : (CALMANDOSE, PERO AUN MUY ACONGOJADO)
¡Lo prometo...! ¡Lo prometo...! Me ha dado
usted una verdadera lección, querido señor... MINISTRO : Gracias. Ahora, Fray Nicasio, si es
usted tan amable... Quisiera hablar a solas con el señor... FRAY NICASIO : Como usted ordene, Excelencia...
(CON UNA REVERENCIA) Dóminus vobíscum...
(SALE) MINISTRO : Y bien, señor... Ahora que parece
haber quedado aclarado todo entre nosotros... me imagino
que nos hará usted el honor de quedarse a vivir
con nosotros, en América... MARQUES : Si usted me lo permite, señor...
(MEDROSAMENTE) Y si usted me asegura que no volverán
a encerrarme en un manicomio... ROBERTA : ¡Donatien...! Teófilo te
está ofreciendo su generosa protección... MINISTRO : Y en América no hay manicomios,
señor mío. MARQUES : (EUFORICO) ¿No hay manicomios...?
¿Y locos...? ¿Tampoco hay locos...? MINISTRO : Bueno... Sí, algunos... Alguno
que otro. MARQUES : ¿Y qué hacen con ellos? MINISTRO : (ENCOGIENDOSE DE HOMBROS) No sé...
Desaparecen... (BREVE PAUSA) Pero usted no debe preocuparse...
La locura es una enfermedad que sólo afecta a los
opositores... MARQUES : (CAYENDO DE RODILLAS) ¿Cómo
puedo agradecerle tanta bondad, señor Ministro? MINISTRO : No se preocupe, ya encontraremos la
manera. (LO LEVANTA) En realidad, creo que ya la he encontrado...
(BREVE PAUSA) Como le he dicho antes, querido maestro,
he leído sus obras con enorme delectación...
¿Sería excesivo...? Ahora... ¿Pedirle
que usted ejecutara...? ¿Con la dulce y experimentada
Roberta...? ¿Algunas de las ingeniosas evoluciones
que usted ha descripto en páginas inolvidables...?
¡Mientras yo, torpemente...! ¿Trato de imitarlo
en compañía de la joven Lucinda...? ¿Que
me parece deseosa de aprender...? MARQUES : Oh, señor, qué mayor honor... MINISTRO : (A ROBERTA) ¿Estás de
acuerdo, ángel mío? ROBERTA : Nada puedo negarte, mi alma... MINISTRO : ¿Y tú, Lucinda? LUCINDA : (RUBORIZADA) Si usted, señor,
me lo ordena... MARQUES : ¿Me permite, amado discípulo?
(SIN ESPERAR RESPUESTA, TOMA EL GORRO DE DORMIR DEL MINISTRO,
SE LO COLOCA EN LA CABEZA Y SE TIRA EN LA CAMA) Ven, Roberta,
ángel mío... (ELLA SE APROXIMA) Venid vosotros
también, queridos cachorros... Este lecho es ancho,
largo y generoso como el Nuevo Mundo... Ah, América,
América... ¡Qué lugar para vivir y
para morir! Sí, dulcísimos camaradas...
¡El polvo de mis huesos, América tendrá...!
(APAGON)
Av Roque Sáenz Peña 943
C1035AAE Buenos Aires, Argentina
Tel. (011) 4326-3606
E-mail info@teatrodelpueblo.org.ar