ESCENA 1
Camarín de Mirna en el Sagitario. Alfombra roja
gastada. Un sillón. Una silla. Una cortina con
dibujos que divide al camarín. Está abierta.
Una palangana enlozada blanca. Espejo con luz. Mirna tirita
de frío. El picaporte gira despacio, se abre apenas
la puerta. Es el señor Conrado. El señor
Conrado tiene la piel fina, casi transparente. El pelo
teñido de marrón claro. La sonrisa dura.
Traje marrón oscuro, corbata blanca. Camisa con
almidón blanca, impecable. Tiene 75 años
pero parece menos. La raya del pelo marcada . Los ojos
claros, vidriosos.
SR.CONRADO:- ¿Puedo? (Entra. Apaga una luz.
Se sienta en la penumbra. ) MIRNA:- ¿Qué pasa? SR.CONRADO:- Quería verte. MIRNA:- Verme temblar. El agua está helada.
SR.CONRADO:- La van a cambiar. Enseguida. MIRNA:- Quiero agua hirviendo. SR.CONRADO:- Está bien. MIRNA:- Mirá como tengo la piel. SR.CONRADO:- Tengo una sorpresa. MIRNA:- ¿Sí?
El señor Conrado saca una caja envuelta en papel.
MIRNA:- (Lo abre. Saca un cigarro. Lo huele.) Qué
rico. SR.CONRADO:- ¿Querés que lo encienda?
MIRNA:- No. ( Saca un encendedor. Lo enciende.
Se sienta en el sillón. Fuma. Mira el humo en el
espejo. ) El humo es azul. SR.CONRADO:- Lo encargué hace un mes. ¿Viste
salir la luna? MIRNA:- Sí. SR.CONRADO:- ¿Qué trae? MIRNA:- Agua. SR.CONRADO:- ¿Qué más? MIRNA:- Nada bueno. SR.CONRADO:- (Se seca la transpiración de
la frente con un pañuelo.) Era una luna horrible.
Deforme. MIRNA:- La ví. SR.CONRADO:- Quiero que me arregles vos. MIRNA:- ¿Ah,sí? SR.CONRADO:- Tengo alterado el pulso. MIRNA:- (Enciende la luz del espejo.) Acercate.
SR.CONRADO:- (Se sienta frente al espejo.) Demasiada
luz. MIRNA:- Decíme. SR.CONRADO:- Un poco de base. Una raya marrón
suave abajo de los ojos. MIRNA:- (Lo maquilla.) Unas gotas para los ojos.
(Le pone gotas.) ¿Arde? SR.CONRADO:- Sí. (Abre los ojos. Saca un
aerosol.) Echame esto. (Le muestra los dientes.Mirna le
rocía los dientes.) Nunca los tuve tan bien. Lo
de hoy no me gustó. MIRNA:- Viste todo. SR.CONRADO:-Estaba atrás de la cortina.
MIRNA:-Espiando como un ratón. SR.CONRADO:- Te fuiste en la mitad. MIRNA:- No fue en la... SR.CONRADO:- Dejame hablar. El violinista paró
de tocar. La gente comenzó a aplaudir. Te esperaban.
Y vos ni siquiera saliste a saludar. MIRNA:- Porque él... SR.CONRADO:- (Le agarra la cara y le acerca el
cigarro.) Pasaste al lado mío. MIRNA:- No te ví. SR.CONRADO:- Te iba a agarrar del brazo, pero me
contuve. Por suerte me contuve, ¿no? MIRNA:- Sí, soltame. SR.CONRADO:- Y esperé hasta calmarme. Tuve
paciencia. MIRNA:- Sí. Cuidado SR.CONRADO:- Esa piel tan suave que tenés.
Quiero que entiendas algo. Es el saludo final. No te podés
ir antes. MIRNA:- Está bien. SR.CONRADO:- Decílo. MIRNA:- No me puedo ir. SR.CONRADO:- Grabátelo en la piel, palomita.
(La suelta. Va a dar una pitada.) ¿Puedo? MIRNA:- No. (Se lo saca de la mano. Lo peina.)
Cambiá al violinista. No me gusta. SR.CONRADO:-¿No? MIRNA:- No me gusta como me mira. SR.CONRADO:- Nunca me dijiste nada. Marcame bien
la raya. MIRNA:- Te lo digo ahora. SR.CONRADO:-No tengo otro. MIRNA:- Con este no voy a volver a bailar. SR.CONRADO:- Los tipos esperan ese número.
Nos quedamos sin el final. MIRNA:-Ya lo sé. SR.CONRADO:-¿Y entonces? MIRNA:- Fui clara. SR.CONRADO:- Pero palomita... MIRNA:- No me digas así. Y yo no me llamo
un puro. (Tira el cigarro contra el espejo.)Ya sabés.
(Cierra la cortina. Se cambia.) SR.CONRADO:- Voy a hablar con el duque. MIRNA:- Hacé como te parezca. SR.CONRADO:- Quería que me la muestres.
MIRNA:- Hoy no. SR.CONRADO:- ¿Por qué no? MIRNA:-Ya tuve suficiente. SR.CONRADO:-¿De qué color está?
MIRNA:-Roja SR.CONRADO:- ¿Y eso qué significa?
MIRNA:- Es preferible que no lo sepas. SR.CONRADO:- Pero... MIRNA:- No insistas. SR.CONRADO:- Bueno,está bien. MIRNA:- El agua hirviendo. SR.CONRADO:- Sí. (Sale.)
ESCENA 2
Habitación de Hoffman. Primer piso de un hotel
antiguo. Habitación amplia con techos altos. Muebles
antiguos, gastados. Una ventana grande con cortinas blancas.
Hoffman es delgado; tiene el pelo entrecano. Viste un
pullover estirado y pantalones de paño. Lleva la
barba crecida de unos días. El duque es bajo. Está
peinado al costado con mucha gomina. Es rengo. Es pulcro.
Huele a perfume. Viste de saco y corbata.
EL DUQUE:- Oserman. HOFFMAN:- Hoffman. EL DUQUE:- Osman. HOFFMAN:- Hoffman. EL DUQUE:- Jorman. HOFFMAN:- No. EL DUQUE:- Igual a usted lo llaman de otra manera.
HOFFMAN:- ¿Cómo me llaman? EL DUQUE:- Averíguelo. (Va hacia la ventana.)
Por acá le va a entrar toda la tormenta, por la
ubicación. Tiene que tener cuidado. HOFFMAN:- ¿De la lluvia? EL DUQUE:- Acá no es como en otros lugares.
Cierre todo bien. HOFFMAN:- Bueno. EL DUQUE:- (Se acerca.) Adivine como me llaman
a mí HOFFMAN:- No sé. EL DUQUE:- Piense. HOFFMAN:- No se me ocurre. EL DUQUE:- Diga lo primero que le venga. HOFFMAN:- No... EL DUQUE:- Por dios, arriesgue. HOFFMAN:- El rengo. EL DUQUE:- No. Me llaman el duque. (Saca una cigarrera
plateada. Saca un cigarro armado. Enciende el fósforo
con la suela del zapato. Fuma.) Tabaco finés. La
vieja tiene unas sábanas bordadas especiales, de
una blancura y una suavidad nunca vistas. Me dijo que
esta noche se las iba a poner. HOFFMAN:- Está bien. EL DUQUE:- Yo podría conseguirle algunas
cosas más. HOFFMAN:- Bueno. EL DUQUE:- Que le calienten bien el agua. HOFFMAN:- Le agradezco. EL DUQUE:- Me mostró su ficha. Profesión:
músico. HOFFMAN:- ¿Por qué se la mostró?
EL DUQUE:- Nos conocemos. Se reía la vieja.
Siempre ponen viajante o empleado; pero músico...
Le parecía insólito. Una vez vino un mago,
pero en la ficha puso cuentapropista. HOFFMAN:- Soy músico. EL DUQUE:- Violinista. HOFFMAN:- ¿Y usted cómo lo sabe?
EL DUQUE:- La vieja me dijo, debe ser bandoneonista
o violinista. Cuando subía venía eligiendo
entre una cosa y la otra. ¿Acerté? HOFFMAN:- Sí. EL DUQUE:- Tengo instinto. HOFFMAN:- Intuición. EL DUQUE:- Sí; las dos cosas. ¿Viaja
con el violín? HOFFMAN:- ¿Usted necesita algo? EL DUQUE:- Quería saber. HOFFMAN:- Sí. Viajo con el violín.
El duque saca una tarjeta y se la da. HOFFMAN:- Sr. Conrado... ¿Cómo se
pronuncia el apellido? EL DUQUE:- No sé. HOFFMAN:- (Lee.) Sagitario. EL DUQUE:- ¿Lo conoce? HOFFMAN:- No. EL DUQUE:- ¿Cuanto hace que llegó?
HOFFMAN:- Dos días. EL DUQUE:- ¿Y qué hizo HOFFMAN:- Dormí.Caminé por el puerto.
EL DUQUE:- El Sagitario está en el puerto.
HOFFMAN:- No lo ví. EL DUQUE:- Busco un violinista. HOFFMAN:- ¿Ah, sí? EL DUQUE:- Justamente. HOFFMAN:- No vine acá a tocar. EL DUQUE:- No me diga eso. HOFFMAN:- Es así. (Se levanta.) ¿Alguna
cosa más? EL DUQUE:- No se adelante. Ya lo vamos a venir
a ver.Y aparte tiene que conocerla a ella. HOFFMAN:- ¿A ella? EL DUQUE:- A Mirna. HOFFMAN:- ¿Quién es? EL DUQUE:- Baila. Permiso. (Corre las cortinas.)
No se ve nada. ¿Le molesta si abro? HOFFMAN:- ¿Qué quiere? EL DUQUE:- Quería saber lo que se ve. HOFFMAN:- ¿Para qué? EL DUQUE:- Hay que ubicarse. HOFFMAN:- Abrala. EL DUQUE:- (Abre la ventana.) Es un minuto. (Mira
hacia afuera.) La vista es importante. Acá cerca
hay una peluquería. (Cierra) Ahí le pueden
pegar una buena afeitada. Emprolijarle el cabello; hacerle
las manos. Lo van a atender bien. Dígale al peluquero
que me conoce. La manicura es la hija. Es delicada y suave
como una corza. Silenciosa. Una sola mirada del padre
y ya entendió todo. Debería conocerla. HOFFMAN:-En algun momento voy a pasar. EL DUQUE:-Hágame caso. HOFFMAN:- Ya le dije que sí. EL DUQUE:- Cuando vaya dele saludos del duque.
HOFFMAN:- Se los voy a dar. EL DUQUE:- Voy cada dos semanas. El peluquero cada
tanto levanta la vista y me mira a los ojos; mientras
con la navaja me va haciendo la nuca. Quiere descubrirnos
en una mirada furtiva. HOFFMAN:- ¿Y ustedes se miran? EL DUQUE:- Ella es tímida. Se llama Azucena.
HOFFMAN:- Lindo nombre. EL DUQUE:- Perfumado. Usa delantal blanco y una
trenza. Cuando la vea dígale en secreto que siempre
la recuerdo. HOFFMAN:- Usted la va a ver en pocos días.
EL DUQUE:- Dígaselo igual. Tengo algo para
usted. (Saca de adentro del saco un frasquito antiguo
de vidrio labrado.) Permítame su pañuelo.
(Hoffman se lo da. El duque lo moja apenas con perfume.)
Percíbalo con profundidad.
Hoffman huele el pañuelo. Da un respingo. EL DUQUE:- Fragancia pura.Traída especialmente
de Inglaterra. HOFFMAN:- Es muy fuerte. EL DUQUE:- El aroma del puerto tambien. Sobre todo
con la tormenta. HOFFMAN:- No uso perfume. EL DUQUE:- Acá todos usan.Cualquier cosa
me pide. HOFFMAN:- Está bien. EL DUQUE:- Cualquier favor que necesita; ya sabe.
(Sale.)
ESCENA 3
Habitación de Hoffman. Hoffman está sentado
en el sillón. Una silla al lado de la ventana.
MIRNA:- No conocía este hotel. HOFFMAN:- Es limpio. MIRNA:- (Mira el baño.) Tiene bañadera
con patas. Yo puedo estar horas bañándome.
Necesito que me mantengan el agua muy caliente. (Señala
la ventana.) ¿Puedo mirar? HOFFMAN:-Bueno. MIRNA:- Córrame las cortinas. HOFFMAN:- (Corre las cortinas. Los vidrios están
empañados.) Mucho no va a ver. MIRNA:-No se preocupe. Yo me pasaba tardes dibujando
sobre los vidrios empañados.
Dibujaba barcos. Me imaginaba viajando, navegando, con
un sobretodo, abrazándome por el frío. Permiso.
( Se saca un guante. Se lo da a Hoffman.) Téngamelo.
HOFFMAN:- ¿Va a dibujar? MIRNA:- No, ya no lo hago más. (Desempaña
el vidrio. Mira para afuera. Se detiene.) Viene una tormenta.
Acá el aire se pone muy espeso. HOFFMAN:- Ayer fui a caminar y ví las nubes
que se venían. MIRNA:- Yo me siento en el muelle a mirar el halo
de la luna. Trae presagios. Anoche ví la luna colorada.
Corrámonos de acá... Entra frío.
¿Dónde quiere que me siente? HOFFMAN:- Siéntese al lado de la ventana.
MIRNA:- El vidrio está helado. HOFFMAN:- ¿Y dónde se quiere sentar?
MIRNA:- Donde quiera.Tengo que volver enseguida.
El duque está abajo; recién por la ventana
lo ví. HOFFMAN:- ¿Quiere que corra las cortinas?
MIRNA:- No. Mejor déjelas así.
Hoffman se levanta. Va hacia la ventana. MIRNA:- No se asome, mejor. ¿Dónde
me siento? HOFFMAN:- (Señala el sillón.) Siéntese
acá. MIRNA:- (Se sienta.) Muy amable. ¿Usted
dónde se va a sentar? HOFFMAN:- Me voy a quedar así. MIRNA:- No, por favor. (Se va a levantar.) HOFFMAN:- No se levante. Me siento en la cama.
(Se sienta.) MIRNA:- ¿Puedo fumar? HOFFMAN:- Sí. MIRNA:- (Saca un cigarro negro.) ¿Fuego
para convidar? HOFFMAN:- No. No tengo. MIRNA:- ¿Usted no fuma? HOFFMAN:- No tengo más fuego. MIRNA:- Qué lástima. En este lugar
los hombres siempre llevan. HOFFMAN:- ¿Quiere que la acompañe
hasta abajo? MIRNA:- Van a subir a buscarme. El duque me habló
de usted. Lo imaginaba diferente. HOFFMAN:- ¿El la mandó? MIRNA:- El no manda. ¿Le dijo que me iba
a mandar? HOFFMAN:- No exactamente. MIRNA:- ¿Y qué es lo que le dijo
exactamente? HOFFMAN:- No me acuerdo. MIRNA:- Haga memoria. HOFFMAN:- En un momento la nombró. Hablaba
del... MIRNA:- Sagitario. HOFFMAN:- Me dijo que usted bailaba. MIRNA:- En el número del final vamos a estar
juntos. HOFFMAN:- Yo no dije que iba a tocar. MIRNA:- Algo escuché. El lo va a convencer,
de alguna manera. (Va hacia la ventana.) HOFFMAN:- ¿Está ahí? MIRNA:- Sí. (Va hacia una maceta.) Tulipanes.
HOFFMAN:- Les dedico mucho tiempo. Nunca pensé
que podría cuidar una planta. MIRNA:- Cuando era chica tenía un perro
mestizo, negro. Nos entendíamos. Para mí
era lo único que existía. HOFFMAN:- Cuando los ví no me pude resisitir.
MIRNA:- ¿Puedo tocarlos? HOFFMAN:- Sí. MIRNA:- (Los acaricia.) Son suaves. Estas flores
no crecen acá. Se mueren. HOFFMAN:- Yo las voy a cuidar. MIRNA:- Devuélvame el guante. Son tejidos
a mano. Un regalo que me hicieron. Tengo las manos heladas.
(Se pone el guante.) ¿Y usted con quién
vive? HOFFMAN:- Con nadie. MIRNA:- Acá hay que cuidarse de a quién
trae uno a su casa. Todos quieren saber todo de todos HOFFMAN:- Sé cuidarme. MIRNA:- Es raro. Toda la gente que conozco nació
acá y se muere acá. El duque por ejemplo.
HOFFMAN:- El duque está vivo. MIRNA:- Sí, es verdad. ¿Usted ya
sabía dónde iba a bajarse? HOFFMAN:- No. Elegí un puerto. MIRNA:- Lo envidio. Ver pasar la luna por una ventanilla.
HOFFMAN:- Los trenes son fríos. MIRNA:- Pero llevan a lugares calientes. Me encantaría
poder escucharlo. HOFFMAN:- No... Hoy no voy a tocar. MIRNA:- ¿Por qué no? HOFFMAN:- Cuando hay tormenta no puedo hacer nada.
MIRNA:- A mí la lluvia me pone alerta. Cuando
llueve me resbalo con los tacos sobre el empedrado. Yo
no me puedo abrigar; y en el Sagitario entra viento por
todas partes. HOFFMAN:- Bailando entra en calor. MIRNA:- No. Yo estoy toda la noche muerta de frío.
Antes tenía el fuego del dragón. HOFFMAN:- ¿Qué dragón? MIRNA:- El número del dragón. Sonaba
un gong y escupía una llamarada. El escenario es
angosto, casi un pasillo. Yo sentía el calor en
las mejillas, me ardían los ojos. Entonces el dragón
bajaba la cabeza y largaba otra llamarada. Y yo me daba
vuelta y mostraba al público el agujero en el kimono
que me había hecho el dragón. Ahora la llamarada
es un cartón con papel brillante rojo y dorado,
y yo lo tengo que hacer igual sin el calor y el peligro
del fuego. Una vez sentí el olor de mi pelo quemado.
Creí que se me estaba incendiando la cabeza. HOFFMAN:- ¿Por eso no usaron más
el fuego.? MIRNA:- El que lo hacía ya no está.
A veces me siento en un infierno helado. (Mira hacia afuera.)
Y me da mucho miedo. Me tengo que ir. HOFFMAN:- (Mira hacia afuera.) No veo a nadie.
¿Salió corriendo? MIRNA:- El duque no corre. Camina rápido
(Se ríe.) .Porque cuando corre hace un ruido espantoso,
y parece un muñequito mecánico. Está
subiendo las escaleras. HOFFMAN:-No escucho nada. MIRNA:- Puede ser sigiloso, y andar a tientas en
lo oscuro. Hasta pronto. (Sale.)
ESCENA 4
HOFFMAN-EL DUQUE
Habitación de Hoffman.
EL DUQUE:- ¿Ella estuvo acá? HOFFMAN:- ¿Mirna?. EL DUQUE:- Sí,claro. HOFFMAN:- Sí,estuvo. EL DUQUE:- (Cierra los ojos.) El olor de su melena.
Se impregna por donde pase. (Huele.) Yo los distingo.
A veces el olor de una mujer puede ser ácido o
amargo. Las mujeres huelen. Los hombres tambien, pero
más parejo. Ellas no; es como la huella dactilar.
A mí me gustan las mujeres de olor floral. Pero
el olor de Mirna es muy especial. Yo puedo seguirle el
rastro a una cuadra de distancia. Su melena tiene olor
oscuro, de noche negra, cerrada, donde puede uno perderse
.Causó buena impresión. HOFFMAN:- ¿En quién? EL DUQUE:- ¿De quién estamos hablando?
HOFFMAN:- ¿Mirna le estuvo hablando a usted
sobre mí? EL DUQUE:- A mí y al señor Conrado.
HOFFMAN:- ¿Y qué fue lo que le dijo?
EL DUQUE:- Le cayó bien; o un poco más
que eso. Dijo que usted era un artista. HOFFMAN:- Dígale que la agradezco el cumplido.
EL DUQUE:- Puede decírselo usted. Hoy mismo.
¿Ya lo pensó? HOFFMAN:- ¿Qué cosa? EL DUQUE:- Lo de tocar el violín. HOFFMAN:- Todavía no lo decidí. EL DUQUE:- ¿Todavía no? Nos tiene
a todos en ascuas. HOFFMAN:- No vine acá para eso. EL DUQUE:- Nunca se sabe a que se viene. Las cosas
se presentan. HOFFMAN:- Yo si sé. EL DUQUE:- ¿Ya habló con ella? HOFFMAN:- ¿Con quién? EL DUQUE:- Con Azucena. HOFFMAN:- Todavía no fui a la peluquería.
EL DUQUE:- Ya veo. Usted debe ser de los que no
se animan a hablarles. HOFFMAN:- Depende. EL DUQUE:- No depende. Están los que se
animan y los que no; ni siquiera por asuntos de otro.
¿Usted tartamudea? HOFFMAN:- No, para nada. Pasé por la puerta
de la peluquería. EL DUQUE:- ¿La vio? HOFFMAN:- Estaba de espaldas. EL DUQUE:- ¿Vio su trenza? HOFFMAN:- Sí. EL DUQUE:- Negra, sobre el guardapolvo blanco.
¿Por qué no entró? HOFFMAN:- No me iba a cortar. Aparte había
otra persona.. EL DUQUE:- ¿Quién estaba? HOFFMAN:- No sé. No conozco a nadie. EL DUQUE:- No tendría que haber confiado
en usted. Tenga esto. (Saca un sobre.) Es para ella. Una
poesía. HOFFMAN:- ¿La escribió usted? EL DUQUE:- Más o menos. La saqué
de un libro, y donde decía Laura yo le puse Azucena.
Azucena... Cada vez que digo ese nombre... ¿Se
la leo? HOFFMAN:- No,está bien. EL DUQUE:- (Pone el sobre sobre la mesa.) Téngala.
Cuando pase por la peluquería se la da. Sin que
se de cuenta el padre. (Mira por la ventana.) En cualquier
momento se larga. HOFFMAN:- No me quiero comprometer. EL DUQUE:- Usted téngala. No se ponga nervioso.
HOFFMAN:- Estoy tranquilo. EL DUQUE:- El señor Conrado quería
hablar con usted. HOFFMAN:- No hay problema. Que me avise cuando
vaya a venir. EL DUQUE:- El no sale del puerto HOFFMAN:- ¿Entonces? EL DUQUE:- Usted va a venir al Sagitario. HOFFMAN:- Se está por largar EL DUQUE:- No creo que llueva hoy. El señor
Conrado se lo pide especialmente. Es muy importante .Va
a ser mejor para todos que venga. HOFFMAN:- Está bien. Voy a ir. EL DUQUE:- (Saca la cigarrera.) ¿Gusta?
HOFFMAN:- Bueno. EL DUQUE:- (Saca uno y se lo da. Guarda la cigarrera.)
Guárdeselo. Algo para convidar. HOFFMAN:- Deme otro. EL DUQUE:- ¿Otro? HOFFMAN:- Sí. EL DUQUE:- (Abre la cigarrera.) Servido. HOFFMAN:- (Lo guarda.) Gracias. EL DUQUE:- Me debe un favor. ¿En qué
está pensando? HOFFMAN:- En la tormenta que viene. EL DUQUE:- ¿Ah, sí? HOFFMAN:- Va a llover. EL DUQUE:- Más que nunca. No se llama Mirna.
HOFFMAN:- ¿Cómo se llama? EL DUQUE:- No se lo puedo decir. Yo podría
dejársela un ratito más. Una mano lava la
otra. HOFFMAN:- ¿Y usted cómo se llama?
EL DUQUE:- Acá todos me conocen por el duque.
HOFFMAN:- ¿Pero su nombre cuál es?
EL DUQUE:- ¿De qué me sirve un nombre
poca cosa? El duque suena bien. HOFFMAN:- Sí,claro EL DUQUE:- Paso a buscarlo. (Sale.).
Hoffman hace un bollo con el sobre del duque y lo tira
al cesto de la basura.
ESCENA 5
Camarín de Mirna. Hoffman está solo,parado.
Entra el duque. EL DUQUE:- Ya le avisé. En cualquier momento
viene. HOFFMAN:- ¿Tenía para mucho? EL DUQUE:-¿Usted tiene algo que hacer? HOFFMAN:- Sí. EL DUQUE:- No va a tardar. ¿Estuvo dando
vueltas por el lugar? HOFFMAN:- Me quedé acá adentro. EL DUQUE:- ¿Y? ¿Miró un poco?
HOFFMAN:- ¿Con quién cree que está
hablando? EL DUQUE:- No se ponga así. Siéntese.
(Hoffman se sienta.) ¿Quiere algo? HOFFMAN:- ¿Qué tiene? EL DUQUE:- De todo. HOFFMAN:- Voy a tomar vino. EL DUQUE:- Ella está por llegar. (Abre la
cortina.) Acá se cambia. Venga que le muestro.
(Hoffman se acerca.) La palangana de loza con pajaritos.
(Abre un cajón.) La toalla limpia. La esponja.
El espejo. (Prende la luz del espejo.) SR.CONRADO:- (Entra.) Apaguen esa luz. EL DUQUE:- Enseguida. (Apaga la luz. Quedan un
instante a oscuras. Enciende una luz chica ,tenue,de velador
con pantalla.) Ahí está. El señor
Conrado, el violinista. HOFFMAN:- Hoffman. SR.CONRADO:- Encantado. (Se dan la mano.) HOFFMAN:- Igualmente. SR.CONRADO:- ¿Todavía no le ofrecieron
nada? EL DUQUE:- Sí,le ofrecí. Recién
le ofrecí. ¿No? HOFFMAN:- Sí. Voy a tomar vino. SR.CONRADO:-(Al duque.) Por favor. EL DUQUE:- Enseguida. (Sale.) SR.CONRADO:- Me lo imaginaba distinto. ¿Está
cómodo? HOFFMAN:- Sí,gracias. SR.CONRADO:- ¿Le molesta esta luz? HOFFMAN:- No, para nada. SR.CONRADO:- En la penumbra uno es siempre una
promesa. La luz blanca es cruel. Míreme. (Observa
a Hoffman.) Usted todavía la resiste. En los números
tambien usamos poca luz. En el del violinista usamos luz
roja. La luz roja me tranquiliza.. La luz blanca descarna;
desnuda todo lo que hay donde había una voz, una
forma, un gesto. Descubre rastros, huellas de historias
terribles, aberraciones de los cuerpos y de la piel. ¿Usted
es impresionable? HOFFMAN:- No, no mucho. SR.CONRADO:- Algunas cosas mejor no mostrarlas.
¿Para qué? ¿No le parece? HOFFMAN:- Depende de lo que sea. SR.CONRADO:- Sí, claro. La luz blanca interroga
y si no hay una buena respuesta, hay un golpe, o algo
peor. Y este no es el lugar, ¿no? La luz roja baña;
dibuja formas que se mueven. Y en este lugar vendemos
eso, Hoffman, formas que se mueven, algo exótico,
imaginería oriental. Una vez hice traer una sombrilla
japonesa. La trajimos junto con esta cortina, para Mirna.
Un paño de lujo para una perla rara; es lo adecuado.
Ella es tan especial. Es el alma del Sagitario. ¿Usted
que opina de las premoniciones? HOFFMAN:- Bueno, no sé. SR.CONRADO:- Poder penetrar en el laberinto del
tiempo y saber en donde nos van a largar la cornada. Uno
puede creer o no creer. Pero hay que tomar todas las señales
y estar alerta para ver adonde nos llevan. O tener algun
lazarillo que nos guíe en la oscuridad; que es
lo mejor. Y poder vencer algunos prejuicios. ¿Usted
qué opina de los prejuicios? HOFFMAN:- Que son malos. SR.CONRADO:- Creo que nos vamos a llevar bien usted
y yo. Usted me gusta,Hoffman. Es joven. HOFFMAN:- No tanto. SR.CONRADO:- Tampoco yo soy tan viejo. Nunca me
sentí mejor. Aprendí a cultivar un profundo
sentido estético sobre mí. Todos los esfuerzos
son válidos. Hay que tener claro el blanco y disparar
la flecha. Lo estoy abrumando. ¿Ya conoció
a Mirna? HOFFMAN:- Sí, la conocí. SR.CONRADO:- En cualquier momento puede entrar
y descubrirnos. Me habló de usted. Le cayó
bien. Y vino con una recomendación especial sin
haberlo oído rascar una sola nota. ¿Qué
más se puede pedir? En el número del violinista
se van a mirar a los ojos. Sostenerle la mirada a Mirna....
Ella acercándose a usted lentamente; se necesita
un corazón fuerte. ¿No trajo nada? HOFFMAN:- No. SR.CONRADO:- El Sagitario necesita un violinista.
El duque ya se lo habrá explicado. HOFFMAN:- El duque me explicó y me pidió
que venga a hablar con usted. SR.CONRADO:- El duque es un perro fiel. Me hubiera
gustado escucharlo. HOFFMAN:- Yo no vine acá a tocar el violín.
SR.CONRADO:- No se precipite. Es el número
fuerte, Hoffman. El del aplauso final, cerrado. Han salido
a saludar cuatro veces con Mirna. Debería conocerla
mejor. Hablaríamos de otra manera. Acá nos
conocemos todos, Hoffman. El peluquero, la vieja...¿Lo
atiende bien? HOFFMAN:- Sí. SR.CONRADO:- Son fundamentales las buenas referencias.
Acá la gente puede cambiar de opinión enseguida.
Como las tormentas del lugar. Un día se está
bien; de repente la luna se enrarece y no sabemos donde
vamos a estar al día siguiente. Ni si vamos a estar.
Nunca se sabe. Volvemos al tema de las premoniciones .
Todo es un círculo. Vivimos en un universo circular,
Hoffman. EL DUQUE:- (Entra con una bandeja con una copa
llena de vino.) Servido. HOFFMAN:- (Hoffman toma.) ¿Qué vino
es este? SR.CONRADO:- ¿Le gusta? HOFFMAN:- Nunca probé algo así. (Va
a apoyar la copa sobre la mesada.) SR.CONRADO:- No lo haga. Si Mirna ve la marca de
la copa es capaz de cualquier cosa. EL DUQUE:- Téngala en la mano. (Al Sr.Conrado.)
Ya llegó. SR.CONRADO:- Andate rápido de acá.
MIRNA:- (Entra. Mira a los tres. Cierra de un portazo
y se queda parada al lado de la puerta.) ¿Qué
es esto? SR.CONRADO:- Estamos reunidos acá...
Mirna se va pegando otro portazo. SR.CONRADO:- (Al duque.) Rápido.
Sale el duque. SR.CONRADO:- Es todo tan delicado. Sé que
algo malo va a pasar. Me quita el sueño. Tengo
que estar alerta. Empecé a transpirar. (Se mira
en el espejo. Se seca cuidadosamente con un pañuelo.)
EL DUQUE:- (Entra agitado.) Dice que... MIRNA:- (Entra con serenidad.) ¿Digo qué?
EL DUQUE:- (A Conrado.) No lo voy a repetir. MIRNA:- (A Conrado.) Que lo diga. EL DUQUE:- (A Conrado.) No. SR.CONRADO:- Basta . MIRNA:-¿Qué estaban haciendo acá?
SR.CONRADO:- Bueno, él es Hoffman... MIRNA:- (Grita.) Ya lo sé... Contestá
mi pregunta. EL DUQUE:- (A Conrado.) Hay gente afuera... MIRNA:- (Grita.) Qué se calle. SR.CONRADO:- (Le tapa la boca a Mirna. El duque
se acerca.) No es momento para gritar. No juegues.(La
suelta.) MIRNA:- (A Conrado. Señala al duque.) Quiero
que salga de acá. SR.CONRADO:- Está bien. Nos vamos. HOFFMAN:- ¿Para qué me citaron? SR.CONRADO:- Quédese ahí. Ya vamos
a tener tiempo para hablar. (Sale con el duque.) MIRNA:- Mi cortina está abierta. Acá
no saben tratar a una mujer. HOFFMAN:- ¿Quiere que me vaya? MIRNA:- ¿Adónde va a ir? Le dijeron
que se quede. HOFFMAN:- Al pasillo. MIRNA:- No es un pasillo; es apenas una hendija.
¿No trajo el violín? HOFFMAN:- No lo traje. Yo no vine acá a...
MIRNA:- ¿A qué vino? HOFFMAN:- El duque me insistió. MIRNA:- Usted es un egoísta. Siéntese.
HOFFMAN:- Así estoy bien. MIRNA:- Permiso. (Cierra la cortina. Se escucha
ruido de agua. Sale a medio desvestir) Me revisaron. ¿Usted
también tocó? HOFFMAN:- Yo no toqué nada. EL DUQUE:- (Desde afuera.) El número del
dragón. MIRNA:- Cuénteme todo lo que pasó
acá adentro. Con detalles. HOFFMAN:- No, no le voy a contar. MIRNA:- (Cierra la cortina.) Ustedes son todos
lo mismo. HOFFMAN:- No voy a dejar que me compare. MIRNA:- ¿Estuvo mirando? HOFFMAN:- No. MIRNA:- No le creo. (Sale en bata. Se sienta .
Comienza a maquillarse.) Maquillaje oriental.
Alcánceme los zapatos rojos. Los más altos.
HOFFMAN:- ¿Tengo que entrar ahí?
MIRNA:- Sí. No hay tiempo. HOFFMAN:- (Busca.) ¿Son estos? MIRNA:- Sí. Déjelos ahí. (Se
recoge el pelo.) Sosténgame el pelo. (Hoffman lo
hace.) EL DUQUE:- (Desde afuera.) Tres minutos. MIRNA:- Abrócheme los zapatos. HOFFMAN:- No sé hacerlo. MIRNA:- Estoy retrasada por culpa suya. (Hoffman
le abrocha los zapatos. Mirna se levanta. Se acomoda las
medias.) Dese vuelta. HOFFMAN:- ¿Quiere que salga? MIRNA:- Es un segundo.
Hoffman se da vuelta. MIRNA:- Tengo una cicatriz. HOFFMAN:- ¿Una cicatriz? MIRNA:- ¿Usted es muy impresionable? HOFFMAN:- No, no demasiado. MIRNA:- Es como un signo rosado. A él le
impresiona. Me pide que me la tape en el escenario o que
me la maquille. La primera vez que me vio fue claro. Sin
cicatrices, dijo. Hasta que me vio bailar. Cuando bailo
yo sé que la gente me mira la cicatriz; aunque
esté tapada. HOFFMAN:- ¿Cómo lo sabe? MIRNA:- Lo siento. Y cambia de color. De rosa pálido
a carmín. Ya puede darse vuelta.
(Hoffman se da vuelta.) El quiere tocarla, nunca le alcanza
con que se la deje ver. HOFFMAN:- ¿Y usted...? MIRNA:- Yo no lo dejo. Se queda un rato mirándola.
Siento su respiración pesada sobre mi piel. Se
desabrocha un botón de la camisa. Y me hace preguntas.
La consulta como a un oráculo. (Se ríe.)
El quiere aprender a leer mi cicatriz. Me pregunta,¿vos
qué ves? Yo le miento siempre.
Tocan la puerta. MIRNA:- Después se sienta, me agarra la
mano, y se queda otro rato mirándome. Yo ya no
aguanto. Me irritan, sus labios flojos; sus ojos vidriosos.
Me dan miedo.
Tocan la puerta. HOFFMAN:- Quieren entrar. MIRNA:- Hoffman, ya no lo soporto más.
Abre la puerta el Sr.Conrado. Mirna cierra rápidamente
la cortina. El duque está atrás, pegado
a la puerta. Trae una botella llena de polvo. SR.CONRADO:- Pensé que no había nadie.
Quería mostrarle algo. (Le hace señal al
duque de que le muestre la botella.) ¿Entiende
algo de esto? HOFFMAN:- Si,entiendo. SR.CONRADO:- ¿Y qué opina? HOFFMAN:- Es una joya. SR.CONRADO:- La descorchamos para usted.
El duque le da la botella. HOFFMAN:- No me la voy a tomar toda. EL DUQUE:- La noche es larga.
Mirna abre la cortina. Está vestida para el número
del dragón. Sale peinada como una geisha, con un
kimono corto escotado. SR.CONRADO:- Se va a quedar con nosotros. Así
ve el alhajero completo. ¿No, palomita?
Mirna empuja la palangana, que se rompe en pedazos. SR.CONRADO:- Una perla temperamental. MIRNA:- Fue un accidente. Necesito otra. Y que
me sequen el camarín. (Sale.) Comienza a llover.
SR.CONRADO:- Es tan jovencita. EL DUQUE:- Al final se largó.
Salen el Sr.Conrado y Hoffman. El duque se queda juntando
los pedazos. Se escucha un gong.
ESCENA 6
Habitación de Hoffman. Hoffman abre una valija;
saca una partitura .La mira. Golpean la puerta. Entra
Mirna. Tiene puesta un capucha. Está agitada. Se
descubre. Está mojada por la lluvia. MIRNA:- (Se apoya en la puerta. Intenta serenar
su respiración. Habla con dificultad.) ¿Tenés
la llave? HOFFMAN:- Sí. MIRNA:- Cerrá, por favor. HOFFMAN:- (Busca las llaves.) No sé donde...
MIRNA:- Rápido. HOFFMAN:- Ya va. (Las encuentra en su bolsillo.)
Estaban acá. (Cierra.) MIRNA:- Dejala puesta. (Va hacia la ventana. Se
detiene.) Corré las cortinas. HOFFMAN:- (Las corre.) Está lloviendo mucho.
MIRNA:- Todavía no. Recién empieza.
Me retumba el corazón en los oídos. En las
esquinas paraba; y sentía un hormigueo en la punta
de los dedos, se me cortaba la respiración. A esta
hora no hay nadie en la calle. Acá todos duermen
la siesta, o hacen que duermen, o dicen que duermen. Como
la vieja; deja una hendija de la puerta de su habitación
abierta y mira, espía quién entra o quién
sale. Cada escalón que subía sentía
su respiración en mi cuello. La última cuadra
corrí. Tenía miedo de cruzarme con alguien.
HOFFMAN:- ¿Con quién? MIRNA:- Con cualquiera. Acá todo se sabe.
Son horas de sospechas, de gente que mira el techo sin
poderse dormir. HOFFMAN:- Horas prohibidas. MIRNA:- Sí. HOFFMAN:- ¿A qué viniste? MIRNA:- Quería que hablemos. (Mira las partituras.)
¿Las puedo mirar? HOFFMAN:- Miralas. ¿Entendés algo?
MIRNA:- Me gusta mirarlas. ¿Tenés
más? HOFFMAN:- Tengo una valija llena. MIRNA:- ¿Vas a tocar? HOFFMAN:- Ahora no. MIRNA:- ¿Entonces para qué las sacaste?
HOFFMAN:- Quería mirarlas, como vos. MIRNA:- Esta noche empezás en el Sagitario.
HOFFMAN:- No, todavía no sé lo que
voy a hacer. (Le saca las partituras de las manos.) ¿A
qué viniste? MIRNA:- Necesitaba hablar con vos. HOFFMAN:- Te escucho. MIRNA:- No sé como... HOFFMAN:- ¿Como qué? MIRNA:- ¿Estás apurado? HOFFMAN:- Quiero saber de qué queres hablar.
MIRNA:- Del frío. HOFFMAN:- ¿Del frío? MIRNA:- El frío del Sagitario. En el camarín
lo siento como agujas que se me clavan en la piel.Ya no
soporto más. Me miran. Todo el tiempo me están
espiando. Les tengo miedo. Están siempre ahí,atrás
de la puerta o del telón, acechando. Estoy sola,
Hoffman. Necesito que vos... (Se levanta como si hubiera
escuchado algo. Se acerca a la puerta.) No, no sube nadie.
HOFFMAN:- (Se acerca. Intenta besarla.) ¿Que
yo, qué? MIRNA:- (Lo detiene.) No, Hoffman. Ahora,no. HOFFMAN:- ¿Por qué no? MIRNA:- No hay tiempo para esto. HOFFMAN:- (La agarra de los brazos.) Ya entendí
de que querías hablar. MIRNA:- ¿De qué? HOFFMAN:- Sos un emisario más. MIRNA:- ¿Qué decís? HOFFMAN:- Tocar. Tocar el violín, no hay
otra opción. No necesito que me lo repitan más.
MIRNA:- Me estás apretando el brazo. HOFFMAN:- El número del violinista, el gran
aplauso;y sino ¿qué? ¿Quién
decide qué va a ser de mí? MIRNA:- Me hacés doler. HOFFMAN:- ¿Qué estoy haciendo acá?
MIRNA:- No hables fuerte, por favor. HOFFMAN:- No hacía falta que salgas bajo
la lluvia. MIRNA:- Soltame. HOFFMAN:- Ni siquiera gritar podés. MIRNA:- Si la vieja entra, puede pasar cualquier
cosa. Dejame hablarte. No vengo de parte de nadie. No
me importa el Sagitario. No hay lugar acá, ni para
vos, ni para mí. Pero por favor, soltame. (Hoffman
la suelta.) Quiero que toques para mí, no para
ellos. HOFFMAN:- ¿Por qué querés
escucharme tocar? MIRNA:- Porque sos un artista. HOFFMAN:- ¿Cómo lo sabés?
MIRNA:- Me dí cuenta la primera vez que
te ví. HOFFMAN:- ¿Y qué te gustaría
oir? MIRNA:- Lo que vos quieras. HOFFMAN:- ¿Cosas incomprensibles? MIRNA:- No entiendo. HOFFMAN:- Contestame. MIRNA:- Sí, lo que sea. HOFFMAN:- Está bien. Vas a escuchar. Con
una condición. No podés interrumpirme. Ni
hacer preguntas. MIRNA:- Está bien. HOFFMAN:- (Saca de una valija el estuche del violín.
Lo apoya sobre la mesa. Lo abre.) Yo maté a mi
violín. Y me escapé. (Saca los pedazos)
Tenía que caminar despacio, moverlo con cuidado,
cuidar que no haga ruidos que me delaten. Me ardían
las manos. Nunca había usado un serrucho y creí
que sería un trámite más rápido,
más fácil. Hacía mucho ruido. En
un momento pensé en parar, pero él ya no
era más un violín.Después tuve que
limpiar la alfombra. Nunca hubiera creído que el
violín tuviera tanto aserrín. Levanté
hasta la última astilla y la guardé. (Le
muestra los pedazos a Mirna.) Por acá pasaba el
arco. Con esto tensaba las cuerdas. ¿Dónde
están los sonidos que sabíamos hacer? MIRNA:- Basta. Por favor, basta. HOFFMAN:- (Saca una bolsita con aserrín.)
Acá está lo que falta. Polvo en una bolsa
de plástico. MIRNA:- ¿Puedo verla? (Hoffman se la da.
Mirna mete los dedos y agarra una pizca de aserrín.)
Parece ceniza. HOFFMAN:- Con cuidado. Que no se pierda nada..
MIRNA:- Ceniza y pedazos de un violín. (Señala
los pedazos.) ¿Los puedo agarrar? HOFFMAN:- No. Dame la bolsa. Lo voy a guardar.
(Mirna se la devuelve.) Cuando me hablaste de tu cicatriz,
yo pensaba en él. ( Hoffman guarda los pedazos
en el estuche.) Recién soñé con tu
cicatriz. MIRNA:- ¿Dormís la siesta? HOFFMAN:- Duermo casi todo el tiempo. Vos estabas
tirada sobre una piedra lisa. Y me llamabas. Yo me arrodillaba
y te decía algo de los pedazos de mi violín.
Entonces vos te descubrías la cicatriz. Yo me inclinaba
y la miraba. Cambiaba de color ,y de forma, y era una
serpiente , y después un ojo que me miraba. MIRNA:- ¿La tocaste? HOFFMAN:- No, en ningun momento la toqué.
MIRNA:- (Se acerca a Hoffman. Le acaricia la cabeza.)
Hoffman... (Se sobresalta.) Sube
alguien. (Escucha en la puerta.) El duque. HOFFMAN:- El tampoco duerme la siesta. MIRNA:- El nunca duerme. Sabía que iba a
venir. Siempre tiene que saber adonde estoy. HOFFMAN:- Debe venir por mí. Te tenés
que esconder. MIRNA:- ¿Dónde? HOFFMAN:- Abajo de la cama. MIRNA:- No, no es un buen lugar. Voy a salir al
balcón. HOFFMAN:- Está lloviendo. MIRNA:- Ya estoy mojada. Traje un cuchillo. (Lo
saca.) Por las dudas. Cuidado con lo que le decís.
(Le apoya el cuchillo abajo del mentón) HOFFMAN:- Cuidado. Bajalo, por favor.
Tocan la puerta. MIRNA:- (Baja el cuchillo.) Cerrá bien las
cortinas. Y tranquilo. (Lo acaricia.) No es con vos. HOFFMAN:- Bueno.
Mirna sale al balcón. Hoffman cierra las cortinas.
Abre la puerta. EL DUQUE:- ¿Puedo entrar? HOFFMAN:- Sí, adelante. EL DUQUE:- Gracias. ¿Me puedo sentar? HOFFMAN:- Siéntese, sí. EL DUQUE:- Muchas gracias. (Se sienta.) HOFFMAN:- ¿Se mojó mucho? EL DUQUE:- No se preocupe. HOFFMAN:- No; preguntaba, como llueve. EL DUQUE:- ¿Ya le entregó mi carta?
HOFFMAN:- Mañana iba a ir. EL DUQUE:- Usted tiene unos plazos imperdonables.
¿Por qué no se sienta? HOFFMAN:- Sí, mejor. EL DUQUE:- Usted no cumple. HOFFMAN:- No tuve tiempo. EL DUQUE:- Tenía un mensaje para usted.
HOFFMAN:- ¿Del señor Conrado? EL DUQUE:- Del Sagitario. ¿No tiene algo
para tomar? HOFFMAN:- Sí, tengo. EL DUQUE:- Bebida blanca. HOFFMAN:- Vino. EL DUQUE:- ¿Otra cosa no? Para sacar el
frío. HOFFMAN:- Hace frío. EL DUQUE:- Esto no es nada. Traiga lo que tenga.
Hoffman sale. El duque revisa la chalina en su bolsillo.
Entra Hoffman con una botella de vino y dos copas. EL DUQUE:- ( Mira la botella.) ¿Y esto?
HOFFMAN:- Lo traje en mi valija. EL DUQUE:- ¿Quiere conseguir alguna más?
HOFFMAN:- No, gracias. EL DUQUE:- (Huele profundamente.) Ese perfume...
Es único. Usted tiene buen paladar. Permiso. (Va
hacia el armario. Huele.) HOFFMAN:- ¿Qué pasa? EL DUQUE:- Acá no está. (Golpea la
cama. Se sienta en la cama.) No se asuste . No me voy
a poner a revisar en serio. Yo sí sé lo
que es un trato entre hombres. (Hoffman sirve.) Poquito;
esa es para usted. (Hoffman sirve la otra copa.) No, menos,
menos. (El duque echa parte de vuelta en la botella.)
Así, para brindar. (Levanta la copa.) Por la música. HOFFMAN:- (Brindan.) Por la música. EL DUQUE:- Por el Sagitario. HOFFMAN:- Salud. EL DUQUE:- Por Azucena. HOFFMAN:- Sí, tambien. EL DUQUE:- Salud.
Hoffman toma. El duque apenas moja los labios. EL DUQUE:- Mire esto. (Saca de su bolsillo la chalina.)
Seda perlada,vaporosa. Permítame su copa. (Le hace
señal de que tome.) Por favor. (Hoffman toma.)
Hasta el final. (Hoffman apura la última gota.)
Ahora sí. (Hoffman le da la copa.) Preste suma
atención. (Saca del bolsillo de adelante del saco
un pañuelo verde y amarillo y en un solo movimiento
lo extiende en el piso. Se arremanga el pantalón.
Se arrodilla. Apoya la copa en el centro del pañuelo.
Le muestra la chalina. Levanta la mano con la chalina
y da un golpe en la copa. La rompe. Rompe . Rompe meticulosamente
hasta hacerla astillas. Muele el vidrio sobre el pañuelo.
Lo abre. Le muestra a Hoffman.) Astillas. ¿Dónde
lo puedo tirar? HOFFMAN:- En el cesto. EL DUQUE:- (Tira los vidrios. Dobla su pañuelo.
Lo vuelve a guardar.) Esto lo aprendí de un mago
que trabajaba en el Sagitario.Un tipo alto, elegante,
de mirada profunda. Me decía que él podía
hacer magia de verdad. Me hablaba de la transmutación
de los elementos. Pobre tipo. No aguantó mucho.
Una vuelta el Sr. Conrado me pidió que le revise
el baúl. Ví de todo. Y aprendí algo:
no hay que confiar en nadie. Un día desapareció.
Como por arte de magia. (Se ríe.) HOFFMAN:- La copa. EL DUQUE:- Habría que buscar al mago. (Se
sigue riendo.) HOFFMAN:- Mi copa. EL DUQUE:- Así me enseña la segunda
parte del truco. ¿No le causa risa? HOFFMAN:- No. EL DUQUE:- Olvídese de la copa. ( En voz
baja.) Escúcheme bien. Acá hay que creer
menos
de la mitad. Siempre. Sino pregúntele al mago,
si lo encuentra. ¿Sabe que pasa? HOFFMAN:- ¿Qué? EL DUQUE:- Los hombres que llegan de afuera, le
dan nostalgia por lo desconocido. Sea prudente. Y con
lo del futuro, uno termina comprando cualquier cosa. Y
nunca conviene pagar por adelantado; menos acá.
Pague por lo que ve. Y no se olvide de llevar la carta. HOFFMAN:- Es un trato. (El duque agarra las partituras.)
¿Lee música? EL DUQUE:- Veo que ya se decidió. HOFFMAN:- Estaba mirando las partituras... EL DUQUE:- Acá guarda el arma. (Va a agarrar
el estuche del violín.) HOFFMAN:- ¡No! (Va hacia el violín.)
EL DUQUE:- ¿Qué pasa? HOFFMAN:- No me gusta que lo agarre otro; no es
nada personal. EL DUQUE:- Ustedes son así. Ya no le queda
más tiempo. Lo espero hoy, con el violín.
(Le da un sobre.) Apréndase esto. El último
número. ¿Necesita que pase? HOFFMAN:- No. Sé ir . EL DUQUE:- Mejor. Hasta la noche. (Sale.) MIRNA:- (Sale del balcón.) Estoy helada.
Pensé que iba a correr la cortina. Ya estaba preparada...
HOFFMAN:- ¿Mirabas? MIRNA:- Todo. ¿Te dijo algo de mí?
HOFFMAN:- No. (Señala el cuchillo.) Guardalo.
MIRNA:- Sí. (Lo guarda.) ¿A qué
vino? HOFFMAN:- A verme a mí. Trajo esto. (Señala
el sobre.) MIRNA:- ¿Lo puedo ver? HOFFMAN:- Es para mí. (Lo guarda.) La canción
de nuestro número. MIRNA:- No es más nuestro número.
HOFFMAN:- ¿De qué estás hablando?
MIRNA:- Escapémonos, Hoffman. HOFFMAN:- ¿Adónde nos vamos a ir?
MIRNA:- Lejos. Quiero ir a un lugar caliente. HOFFMAN:- No sé... Habría que pensarlo
bien. MIRNA:- Tenemos la piedra al cuello, Hoffman. Los
dos estamos igual; en la mira. HOFFMAN:- ¿Qué pasó con el
mago? MIRNA:- ¿Qué mago? HOFFMAN:- El que trabajaba en el Sagitario. MIRNA:- ¿Quién te habló del
mago? HOFFMAN:- El duque. MIRNA:- ¿Para qué lo nombró?
HOFFMAN:- No importa. MIRNA:- Sí, me importa. HOFFMAN:- Contestame. MIRNA:- No lo volví a ver. A Conrado no
le gustaba. No aguantó. HOFFMAN:- ¿Que cosa ? MIRNA:- El puerto. HOFFMAN:-¿Qué es el puerto? MIRNA:- No es para todos. Hay que saber cubrirse.
Nadie es inocente en el puerto. HOFFMAN:- ¿Qué hacía él?
MIRNA:- Magia. El era el fuego del número
del dragón. HOFFMAN:- Entiendo. MIRNA:- ¿Qué entendés? HOFFMAN:- Tuviste algo con el mago. MIRNA:- No. Basta. Es una historia vieja. No quiero
hablar más del duque, ni del mago. Hablemos de
nosotros. De lo que va a venir. HOFFMAN:- ¿Qué es lo que va a venir?
MIRNA:- Hoy hay un tren, es la oportunidad. Siempre
lo miré pasar y hoy es mi día, Hoffman.
Hoy yo voy a estar en ese tren; con vos. Vos bajaste acá
hace pocos días. Es solamente seguir el viaje,
pero ahora conmigo. HOFFMAN:- No es tan fácil. MIRNA:- Vos elegiste un puerto para bajar, yo quiero
hacer lo mismo. Poner un dedo en el mapa y aparecer ahí.
HOFFMAN:- Yo antes necesito algo de vos. MIRNA:- ¿Qué pasa? HOFFMAN:- Quería que me muestres la cicatriz.
MIRNA:-No. HOFFMAN:- ¿Por qué no? MIRNA:- Todavía no. No es el momento. HOFFMAN:- Por favor. MIRNA:- Cuando nos vayamos de acá va a ser
tuya. HOFFMAN:- La quiero ver ahora. MIRNA:- Me da miedo. HOFFMAN:- ¿De qué? MIRNA:- De que te asustes. HOFFMAN:- No me asusta una cicatriz. Quiero ver
como cambia de color. MIRNA:- No insistas. HOFFMAN:- ¿Por qué no? ¿Me
estás mintiendo? MIRNA:- No, no te miento. HOFFMAN:- Sí. Si le mentís a Conrado
me podés mentir a mí. ¿Cambia, o
no cambia de color? MIRNA:- ¡Sí, cambia! HOFFMAN:- ¡Mentís! ¡Yo sé
que me mentís! MIRNA:- (Se pone a llorar.) ¡No es verdad!
HOFFMAN:- No llores. MIRNA:- ¡Sí! Voy a llorar. HOFFMAN:- Calmate, por favor. MIRNA:- Salí. Nadie duda de mí. HOFFMAN:- Bueno, pero no llores más. MIRNA:- (Deja de llorar. Va hacia la ventana.)
Se largó fuerte. Puede que no pare de llover. HOFFMAN:- No hables así. MIRNA:- Que suba al agua. HOFFMAN:- ¿Por qué? ¿Cómo
sabés? MIRNA:- Hoy ví la luna colorada. HOFFMAN:- ¿Y qué te dice la luna?
MIRNA:- Nunca la había visto así.
Salió una luna de un rojo intenso del agua y siguió
subiendo de ese mismo color. No veo nada claro, pero estoy
asustada. HOFFMAN:- Nada claro. ¿Qué era, sangre?
MIRNA:- No lo sé. Hay que irse de acá.
HOFFMAN:- ¿Por la luna? MIRNA:- El duque te va a venir a buscar, y vas
a tener que tocar la canción que te trajo, como
sea. No hay vuelta. El ya te mostró el arma. HOFFMAN:- La chalina. MIRNA:- Sí. HOFFMAN:- ¿Al mago lo golpearon con la chalina?
MIRNA:- No sé. Preferí no verle la
cara. HOFFMAN:- No sigas. Otra vez no hay opción;
acá nunca hay opción. ¿Eso es? MIRNA:- Sí. HOFFMAN:- Está bien. MIRNA:- Voy a buscar mis cosas. Son pocas, entra
todo en una valija. HOFFMAN:- Mejor. MIRNA:- Voy a pasar por el Sagitario. HOFFMAN:- ¿Para qué vas a ir? MIRNA:- Tengo algunas cosas que no se las voy a
dejar. HOFFMAN:- Es peligroso. MIRNA:- A esta hora nunca hay nadie. Conrado duerme.
HOFFMAN:- ¿Estás segura? MIRNA:- Van a ser solamente unos minutos. (Saca
el cuchillo.) Llevo esto, por las dudas. Prepará
todo. No voy a tardar. Hasta luego. HOFFMAN:- Hasta luego
Mirna sale. Hoffman busca el sobre del duque en la basura.
Da vuelta el tacho. Lo encuentra. Lo alisa. Lo guarda.
Se pone el piloto. Sale.
ESCENA 7
Habitación de Hoffman. Llueve torrencialmente.
Entra la luz amarilla de un farol de la calle que se mueve
por el viento. A Mirna le sangra la nariz. Tiene la nariz,
la boca, el cuello y el pecho del vestido manchado con
su sangre. MIRNA:- Me sangra mucho. HOFFMAN:- No te toques. Dejame limpiarte. (Le limpia
la nariz con una toalla.) MIRNA:- Me duele. HOFFMAN:- (Le dá la toalla.) Limpiate las
manos. MIRNA:- La valija. ¿Adónde está
la valija? HOFFMAN:- La dejé afuera. Está muy
mojada. MIRNA:- Tengo todo ahí. HOFFMAN:- No va a pasar nada. MIRNA:- La quiero al lado mío. HOFFMAN:- Va a mojar el piso. MIRNA:- Voy a agarrarla yo. HOFFMAN:- La voy a traer. Sentate. MIRNA:- No hay tiempo. HOFFMAN:- Te tengo que curar, y así no puedo.
(Mirna se sienta. Hoffman entra la valija de cartón.)
Acá está. MIRNA:- (Se agarra de la valija.) Rescaté
los zapatos rojos. Al kimono no llegué. No me dio
tiempo. Como si hubiera estado ahí, esperándome.
Escuché el picaporte y se me paró el corazón.
Yo estaba de espaldas, y sentí su mano fría
que apretaba la mía. Saqué el cuchillo y
me dí vuelta. Ví como su cabeza se levantaba
,y abría grandes los ojos. Hizo una seña
y el duque ya estaba entre nosotros dos. Fue todo como
un solo latigazo. Ví una chispa y el cuchillo ya
no estaba, y yo en el piso, y otro chispazo, y la chalina
que se alejaba y volvía sobre mí. Conrado
me dio con el cinto.Me dejaron tirada en el piso. Conrado
me amenazó, el duque salió y cerró
la puerta con llave. Me empezó a doler todo, y
sentí el gusto de mi sangre. (Se toca la nariz.)
No me para. HOFFMAN:- Tirá la cabeza para atrás.
MIRNA:- (Lo hace.) Así me la trago. (Se
mira el vestido.) El vestido. Mirá como está.
No puede ser. Mi vestido de flores. HOFFMAN:- ¿Era nuevo? MIRNA:- No, pero lo guardaba para un momento especial.
Nunca subí a un tren. Elegí ponerme lo mejor,
pero se me arruinó. HOFFMAN:- Se puede lavar. MIRNA:- No sale. La sangre nunca sale del todo.
La tela se va a poner dura, y le va a quedar un halo marrón.
Y sigo sangrando... HOFFMAN:- (Saca de un cajón un pañuelo
blanco, planchado.Se lo dá.) Usá esto. Tenés
que apretarte en el hueso. MIRNA:- ¿Así? HOFFMAN:- Más fuerte. MIRNA:- Me duele. HOFFMAN:- Cuando era chico me sangraba siempre,
y era la única manera de pararla. MIRNA:- (Se saca al pañuelo.) Esto no sirve.
HOFFMAN:- Tenés que tener paciencia. MIRNA:- No hay tiempo, Hoffman. (Se levanta.) Todo
me da vueltas. HOFFMAN:- Perdiste mucha sangre. ¿Dónde
te pegaron? MIRNA:- En la espalda. Me duelen los cintazos.
HOFFMAN:- ¿Te lastimó? MIRNA:- No sé. HOFFMAN:- Dejame ver. MIRNA:- El duque va a venir a buscarme. HOFFMAN:- No voy a tardar. Tengo que ver como estás.
En la cama, no. No quiero ensuciar el acolchado. Por la
vieja. MIRNA:- ¿Y dónde? HOFFMAN:- En la mesa. Se limpia más fácil.
Yo te ayudo. (La ayuda a acomodarse en la mesa. Ponete
de costado. (Mirna lo hace. Hoffman le levanta el vestido.)
MIRNA:- Despacio. HOFFMAN:- Estás toda marcada. (Le toca las
marcas.) Todavía están calientes. MIRNA:- Me duele cuando me tocás. HOFFMAN:- Pero no te lastimó. Date vuelta.
(Mirna queda boca abajo.) ¿Adónde está
la cicatriz? MIRNA:- No me toques. HOFFMAN:- ¿ Está por acá?
MIRNA:- Soltame, Hoffman. La cicatriz la vas a
ver cuando estemos lejos de acá. (Se levanta.)
Todavía no guardaste tus cosas. HOFFMAN:- No, no las guardé. MIRNA:- ¿Pero qué esperás?
El duque va a venir, furioso, y me va a volver a golpear
más fuerte si me encuentra. HOFFMAN:- Yo no guardé mis cosas, porque
me voy a quedar acá. MIRNA:- ¿Qué decís? HOFFMAN:- Lo que escuchaste. MIRNA:- ¿Qué te pasa, Hoffman? HOFFMAN:- Va a ser lo mejor. MIRNA:- Vos no entendés. Yo no sé
si salgo viva. Ni vos tampoco, por esconderme acá.
HOFFMAN:- Si volvés, no va a pasar nada.
MIRNA:- ¿Qué estás diciendo?
HOFFMAN:- Que vuelvas al Sagitario. MIRNA:- ¿Y el viaje que vamos a hacer? HOFFMAN:- Tenía que haberte dicho... MIRNA:- Me dijiste que sí. HOFFMAN:- Yo no puedo hacerlo. MIRNA:- Pero, ¿por qué no? HOFFMAN:- ¿No me vés? MIRNA:- ¿Qué es lo que hay que ver?
HOFFMAN:- Que no soy un viajero. Yo me escapé,
escaparse no es lo mismo que viajar. MIRNA:- Yo ya no puedo volver. HOFFMAN:- Sí, podés. Conrado te va
a perdonar. MIRNA:-. ¿Cómo voy a volver ahora?
HOFFMAN:- Olvidate de lo que pasó. Las cosas
pueden volver a ser como antes. MIRNA:- ¿Y que hago con la sangre? HOFFMAN:- La lavás . MIRNA:- Me dás miedo, Hoffman. No me dejes
en manos de ellos, por favor, vayámonos. HOFFMAN:- No nos podemos ir. MIRNA:- ¿Sabés lo que veo? HOFFMAN:- No. MIRNA:- Veo un ratón asustado; que ni siquiera
puede cumplir con lo que pactó. HOFFMAN:- No estoy asustado. MIRNA:- Que tiene terror de los otros ratones,
o de ver su sangre, como yo veo la mía. Te veo
temblar como una hoja, Hoffman. HOFFMAN:- Basta. Escuchame. Vos dijiste que no
hay opción. MIRNA:- Claro que no la hay. HOFFMAN:- Yo creía lo mismo. Y fui hasta
la punta del muelle. Tenía enfrente mío
una pared de agua y viento, y abajo de mis pies un remolino
furioso. En un momento no pude avanzar más. Todo
ese agua tenía fuerza como para tragarme, para
disolverme. Tuve miedo. Perdí la noción
del tiempo. Y decidí volver a mí habitación.
MIRNA:- ¿Y cuál es la opción?
HOFFMAN:- Tocar el violín. MIRNA:- No te entiendo HOFFMAN:- Voy a tocar el violín en el Sagitario.
MIRNA:- No tenés más un violín,
tenés un muerto cortado en pedazos. HOFFMAN:- Eso fue lo que descubrí en el
muelle. MIRNA:- ¿Qué cosa? HOFFMAN:- Que la madera se puede volver a pegar.
(Abre el estuche.) Acá está todo. Voy a
hacer una pasta con engrudo y el aserrín. (Saca
la bolsa.) Por suerte no perdí ni una astilla.
Me acuerdo de cada parte. (Saca un pedacito de madera.)
Puedo empezar a armarlo desde este pedacito de madera.
Sé exactamente en que lugar estaba y cómo
lo corté. MIRNA:- (Se lo saca de la mano.) ¿Qué
es esto? Esto no es nada. HOFFMAN:- ¡Devolvémelo! MIRNA:- Lo puedo volver a romper. HOFFMAN:- Ni se te ocurra. MIRNA:- Igual vos sabrías como hacerlo revivir.(
Hoffman se lo arranca de la mano.) Me imagino cuando lo
saques del estuche y se lo muestres a ellos. (Se ríe.)
HOFFMAN:- No te rías. MIRNA:- Va a ser un monstruo. (Se ríe cada
vez más fuerte.) HOFFMAN:- Voy a tener mucho cuidado. Va a quedar
como antes. MIRNA:- No lo puedo creer. Por favor, Hoffman,
pensá un minuto. El mago desapareció por
mucho menos que esto. Salgamos de acá. No es posible
arreglar ese violín. HOFFMAN:- Basta, Mirna. MIRNA:- No me llamo Mirna. Lo peor va a ser que
con eso nunca vas a volver a tocar. (Se ríe.) HOFFMAN:- ¡Pará de reirte! MIRNA:- No va a sonar. HOFFMAN:- ¡Sí! Va a sonar. (Le pega
una bofetada. Mirna cae al suelo desmayada. Hoffman se
arrodilla.) ¿Qué pasa? (Le agarra la cabeza.)
Contestame.(La palmea.) ¡Despertate! No fue tan
fuerte. Vamos, Mirna. Mirna... Necesito perfume. Tendría
que haberle pedido al duque. Te voy a levantar. (La levanta.)
Así; así está bien. (La acomoda en
la silla.) Me estoy manchando. ¿Qué hago?
Dios. (La acaricia. ) No sé tu nombre. (Le limpia
la cara.) Estás hermosa. (La besa.) EL DUQUE:- (Golpea la puerta.) ¡ Hoffman!
(Hoffman no contesta.) ¿Hoffman, está ahí?
HOFFMAN:- Ya va, ya va. EL DUQUE:- (Entra.) Una noche de perros. (Va hacia
Mirna. Le levanta la cabeza.) Bueno. Deme una toalla que
esté limpia. HOFFMAN:- Sí. (Se la alcanza.) EL DUQUE:- (Se seca.) Nunca llovió así.
Acá se está bien. ¿Ya la leyó?
HOFFMAN:- ¿La partitura? EL DUQUE:- La poesía. HOFFMAN:- Sí, se la dí. EL DUQUE:- ¿Estaba de guardapolvo? HOFFMAN:- No. Fui a la siesta, antes de que abran.
No me iba a cortar; fui para darle el sobre. EL DUQUE:- ¿Tocó timbre? Podría
haber salido el padre. HOFFMAN:- Me atendió ella. EL DUQUE:- Usted es un inconciente. ¿La
leyó adelante suyo? HOFFMAN:- Sí. EL DUQUE:- ¿Y qué dijo? HOFFMAN:- (Saca un sobre abierto del bolsillo.
Se lo dá.) Me lo devolvió. EL DUQUE:- ¿Pero qué le dijo? HOFFMAN:- No le gustó. Y dijo que si quería
decirle algo, que se lo dijera personalmente. EL DUQUE:- Le voy a escribir otra poesía.
Distinta, con más fuego, más pasión.
Las cosas que uno es capaz de hacer por una mujer. (Se
acerca a Mirna.) No creo que Mirna pueda bailar hoy. HOFFMAN:- No. EL DUQUE:- Ya se nos ocurrió algo. Lo del
artista invitado. Una iluminación que tuve. Ya
hicimos el cartel. ¿Su apellido cómo se
escribe? HOFFMAN:- Con hache. EL DUQUE:- Tenía razón él,
entonces. (Saca un rollo con partituras y una lista. Se
la muestra.) Estas son las canciones. Las elegí
yo. ¿Las conoce? HOFFMAN:- No. ¿Puedo tocar leyendo? EL DUQUE:- Como guste. Permiso. (Le limpia la sangre
a Mirna con la toalla.) No me quiero ensuciar. Tome. (Le
devuelve la toalla sucia con sangre.) No se preocupe,
la vieja no va a decir nada, es mi amiga. (Se carga a
Mirna al hombro.) Me la llevo. No se la puedo dejar. ¿Las
va a poder sacar para hoy? HOFFMAN:- No se preocupe. EL DUQUE:- Usted es un artista. (Sale.)
Hoffman saca los pedazos del violín. Intenta pegarlos.
Saca un cigarro del duque. Fuma.