Un espacio despojado. Planos a distintas alturas que oportunamente
iluminados permitan la transición rápida
de un espacio a otro. Luces y penumbras entre las que
se ocultan y se descubren los personajes, deambulando
por allí. Siempre presentes. Sacco, Vanzetti, Rosa,
Stewart, Katzmann, Thompson, Thayer, Luigia, Medeiros,
y los testigos.
UNA VOZ: Mil novecientos dieciséis:
Sentencias a veinte años de prisión a dirigentes
del movimiento obrero norteamericano sin mas delito que
su afiliación a los sindicatos de la I.W.W., Trabajadores
Industriales del Mundo.
Mil novecientos diecinueve: Son expulsados de Estados
Unidos centenares de obreros. En Montana, en las minas
de cobre, se disponen destierros en masa al desierto,
y prisión a miles de huelguistas.
Mil novecientos veinte: Son apresadas mas de ocho mil
personas, y en las calles de Boston se las obliga a desfilar
encadenadas.
Solo en las dos primeras décadas de este siglo
ingresan a Estados Unidos mas de tres millones de inmigrantes.
(Silencio.)
BARTOLOMEO: (Solo. Una carta.) Norteamérica.
Gennaio 1920. Signorina Luigia Vanzetti. Villafalleto,
Italia. (Una luz descubre a Luigia que lo escucha cargada
de nostalgia.) Querida hermana: Aquí estoy de vuelta
en la ciudad. Compré por fin el carro y la balanza
para vender pescado (Evoca.) (Pesce...! (Pesce fresco...!
(Frutti di mare...! Los cuchillos de filetear ya los tenía.
Me ha ido bien las primeras semanas aunque ahora con la
nieve, ya no se puede trabajar a la intemperie. Tomé
el toro por los cuernos y me coloqué de albañil
en una obra, aunque tampoco en esto las cosas andan bien:
el cemento escasea por la huelga ferroviaria que se mantiene
desde hace meses. Así son las cosas en América.
Seguramente tengas razón, y la tenga papá...
LUIGIA: Bartolo... Con quei soldi del carretto
abresti potuto prendere il biglieto di ritorno...
BARTOLOMEO: ...Seguramente tengas razón,
si. Quizá lo haga el año que viene si junto
lo suficiente. Al fin y al cabo no será mucho lo
que deje aquí: amigos, eso sí, y unos cuantos
baldes de sudor. De todos modos estoy, como te he contado,
tanto mejor que entonces, cuando llegué. La gente
ahora se anima a pedir por lo suyo, y vieras: a algunos
ya no nos tratan como animales. De aquellos días
sí ya no quiero acordarme. De dormir a la intemperie
y andar revolviendo tachos para encontrar una hoja de
repollo o una manzana picada. Tres meses recorriendo Nueva
York sin conseguir trabajo hasta que aquel paisano piamontés
me llevó con él de pinche a la cocina de
un club. La despensa ni tenía ventanas. El vapor
del agua para lavar las cacerolas formaba en el techo
unas gotas como piedras que nos caían sobre la
cabeza todo el día. El calor de los hornos te ampollaba
las piernas. Las piletas no tenían desagüe,
el agua caía al piso y corría hasta una
rejilla. Cuando se tapaba, se inundaban las plataformas
de tabla y nos empezábamos a resbalar en el barro
que se hacía. Trabajábamos doce horas un
día, catorce el otro. Las salidas eran de cinco
horas cada dos domingos. Comíamos lo que sobraba
y dormíamos ahí mismo. (Seis dólares
por semana!. Comparado con aquello lo de hoy hasta parece
humano. Nicola Sacco, el compañero del que te hablé,
se vuelve a Italia con toda la familia. Ellos también
me quieren convencer, y quizá entre todos lo estén
consiguiendo. Querida Luigina: saludos en mi nombre a
todos los amigos y vecinos. Besos a las tías, a
Ettore, a Cencina, a Nalín y familia, y a papá.
(Quedan mirándose un último instante.)
LUIGIA: (Susurra.) )E a me...?
BARTOLOMEO: Mille baci e tanto affetto. Tuo. Bartolomeo
Vanzetti.(Oscuro sobre él.)
NICOLA: (En lo más alto. De cara al cielo.
Rosa lo observa.) Subo a la terraza para poder ver las
estrellas... Rosa, si lo contamos en Torremaggiore se
hacen cruces... ¡En Norteamérica el cielo
no se ve! Desde la calle apenas si se puede ver alguna.
(Un tiempo.) No me acostumbro... Me duelen los ojos. )Podrá
ser...? Los primeros años no me daba cuenta. Lo
sentía pero no me daba cuenta. Lo descubrí
aquella mañana que cruzamos el puente a pie: A
los paisanos que miraban lejos, se les aclaraba la vista.
Desde aquí, Rosa... Ahí hay demasiados cables,
no tiene gracia. Antes esas cosas se enterraban: los caños,
los cables... Ahora te los cuelgan sobre la cabeza (Qué
manía! Van a terminar tapándose el cielo.
)Se durmió Dante ya? (Rosa no contesta. Un tiempo.)
ROSA: No vayas Nicó. No quiero.
NICOLA: Para eso subiste.
ROSA: Sí.
NICOLA: Ya te lo dije que no hay ningún
peligro ni...
ROSA: (Interrumpe.) Bartolomeo estuvo acá.
Me contó.
NICOLA: No quería que te asustaras.
ROSA: )Quién era?
NICOLA: No importa.
ROSA: Importa.
NICOLA: Salsedo. Otro compañero. Se tiró
por la ventana en la oficina de policía. Lo estaban
interrogando. Tienen una lista. Estamos preocupados. Habría
que avisarle a esa gente para que esté prevenida,
sacar un material de propaganda que hay.
ROSA: No vas a ir.
NICOLA: Rosa...
ROSA: Que vaya otro. Otro que no tenga familia.
NICOLA: Como si fueran tiempos estos para que esté
uno en la casa prendido a las faldas de la mujer...
ROSA: La gente nos mira mal. Ya por italianos nos
mira mal... )Qué necesidad...? (Tenemos dos hijos!
NICOLA: )Y por quién si no?. )Hay alguna
otra forma en este calvario para que algún día
estén mejor...?
ROSA: Si. Volvernos.
INCOLA: Paciencia... El consulado tiene todo listo. Como
si eso cambiara las cosas. Aquí o allá...
ROSA: Acá no nos quieren.
NICOLA: (Duro.) Allá tampoco. (Pausa.) Rosa...
(Un tiempo. Finalmente Rosa le concede un gesto de desconsolada
aprobación. Se ilumina un espacio en el que Bartolomeo
observa sus pertenencias que son inventariadas por el
teniente Stewart.) Me voy a cuidar.
STEWART: ...Un reloj de cadena de mucho uso, la
marca no se lee...
NICOLA: Voy a necesitar algún dinero...
ROSA: Eso no. El dinero del viaje no se toca.
STEWART: ...Cinturón hebilla de bronce,
monograma Be y Ve...
BARTOLOMEO: Bartolomeo Vanzetti.
NICOLA: ()Veinte más o veinte menos que
más da...?!
ROSA: (Da! (Da...!
STEWART: ...Un par de lentes pinza con el aro derecho
roto...
NICOLA: (A Stewart.) Míos... (A Rosa. Urgido
de pronto.) No tengo tiempo, dame...
ROSA: No.
STEWART: ...Revólver marca Colt calibre
32...
BARTOLOMEO: Mío.
NICOLA: (A Rosa.) (Vamos... me espera!
STEWART: )Es el que intentó sacar al ser
detenido...?
BARTOLOMEO: Quise sacar mis papeles de inmigración.
Los tenía...
STEWART: (Interrumpe.) Seis balas del calibre mencionado...
NICOLA: Rosa... Mañana estoy de vuelta.
Te prometo que es la ultima...
STEWART: ... Chambergo negro...
NICOLA: (A Stewart.) Mío también...
(A Rosa.) (Juro...! (Lo hace.) No tengo tiempo ya. Dame...
(Rosa resignada saca dos billetes arrugados.)
ROSA: Sólo veinte... (Nicola la besa largamente.)
STEWART: ...Un llavero de cadena con dos llaves,
una común y una pequeña de candado...
NICOLA: La última...
ROSA: (En un arranque.) Mejor llevar otros tres,
por cualquier cosa... (Le arroja tres monedas.) (Pero
ni uno más...!
Con un gesto leve de sus manos la pareja se despide.
STEWART: ...Veintitrés dólares: dos
billetes de diez y tres monedas de a uno... (Nicola se
vuelve hacia él.) Un cortaplumas de acero, enmangado
en hueso...
NICOLA: (Incorporado ya a la comisaría.
Aclara.) Un despuntador... Un despuntador para cigarros...
Señor... )Podemos saber por qué se nos arresta?
STEWART: (Vago.) Rutina.
NICOLA: )Rutina...?
STEWART: Rutina. Rutina policial.
NICOLA: Pero tendríamos derecho a...
STEWART: Claro. Derechos. Conozco sus derechos,
y también mis deberes, señor... (Duda. Busca
en los papeles.)
NICOLA: Sacco. Sacco Nicola.
STEWART: Un diario en idioma italiano, de filiación
anarquista, y un impreso en papel rojo...
NICOLA: Y verde... Rojo y verde, de Italia.
STEWART: ...Rojo y verde, de la misma orientación
ácrata. (Da por terminado el inventario. Un tiempo.)
Bien. Señor Vanzetti deberá aguardar aquí,
mientras yo interrogo al señor Sacco. Luego lo
haré con usted. ( Stewart se instala en un espacio
neutro desde el que domina ambos interrogatorios. A Nicola.)
Ahora le voy a hacer algunas preguntas. No está
obligado a contestar si no quiere... (A Bartolomeo.) pero
si contesta, sus respuestas podrán ser utilizadas
contra usted en el tribunal.
NICOLA: )Tribunal...?
STEWART: (A Bartolomeo.) Están arrestados
bajo sospecha.
BARTOLOMEO: )De qué?.
STEWART: Eso ya lo veremos. )Le molestaría
repetir su nombre...?
BARTOLOMEO: Vanzetti Bartolomeo. Vanzetti con doble
te.
STEWART: )Casado?
BARTOLOMEO: No. Soy solo. Tengo todos los parientes
en Italia.
NICOLA: Tengo la mujer mía y dos hijos.
Dante y ...
STEWART: Repita por favor el nombre y el apellido
de la persona que dice que vinieron a buscar.
BARTOLOMEO: Poppy. Sé nada más que
se llama Poppy. Bah... todos lo llaman así. Es
un sobrenombre, como se dice.
NICOLA: El... Bartolomeo se tenía que encontrar
con un amigo de él, y me dijo a ver si yo lo acompañaba
a Bridgewater.
STEWART: )Cómo se llama ese señor...?
NICOLA: No sé. Yo no lo vi nunca. No sé.
STEWART: (A Bartolomeo.) )Y dónde vive...?
BARTOLOMEO: )Dónde vive...?
STEWART: Poppy, ese...
BARTOLOMEO: No sé.
STEWART: )Cuánto hace que lo conoce?
BARTOLOMEO: Bastante hace. Trabajamos una vez casi
dos años en Plymouth. Una fábrica de sogas
que había.
STEWART: )Y lo único que sabe es que se
llama Poppy? (Bartolomeo asiente. Stewart lo mira con
insistencia.)
BARTOLOMEO: (Se encoje de hombros.) Todos lo llaman
así.
STEWART: )Señas particulares...? (Un tiempo.)
La descripción.
BARTOLOMEO: Grandote y gordo es, y pelo blanco...
Anda siempre con una camisa azul.
STEWART: Camisa azul...
BARTOLOMEO: Azul.
STEWART: )Pero usted hoy lo vio...?
NICOLA: No, no. Vinimos en tren. Un viaje largo.
No terminaba nunca el viaje. Después nos bajamos...
STEWART: Ajá...
NICOLA: Anduvimos caminando un rato, hasta una
plaza grande que hay, pero Bartolomeo dijo que ya era
muy tarde, y que ese amigo se debía haber acostado
ya. Así que nos volvimos.
STEWART: )Y para qué quería ver a
Poppy?
NICOLA: No, yo no quería... Yo sólo
venía a...
STEWART: Vanzetti digo... )Para qué lo venía
a ver...?
BARTOLOMEO: Tenía que hablar con él
para recomendarle un paisano mío que llegó
recién. Pensé que podía conseguirle
algún trabajo.
NICOLA: No sé. Por una partida de pescado,
creo.
STEWART: )Pero al final, entonces lo vio...?
BARTOLOMEO: No, estaba demasiado ocupado.
STEWART: )Pero habló con él?
BARTOLOMEO: No. Hablar no.
STEWART: )Y de dónde sacó entonces
que estaba ocupado?
BARTOLOMEO: Unos amigos que vi, me dijeron...
STEWART: Amigos..
BARTOLOMEO: Unos amigos...
STEWART: Datos personales. (Un tiempo.) Los nombres...
BARTOLOMEO: (Un tiempo.) No sé. No los conozco.
STEWART: )A qué partido pertenece?
BARTOLOMEO: )Partido...?
STEWART: Partido. A qué partido.
BARTOLOMEO: Ninguno.
NICOLA: No me ocupo de política yo. Trabajo
en la fábrica Milford. Zapatos.
STEWART: )Y cómo es que llevaba ese diario
anarquista?
NICOLA: Un hombre repartía por la calle.
Nos dio a nosotros también.
BARTOLOMEO: Estaban tirados en la plaza y los recogimos.
Ni los leí.
STEWART: )Anarquista o socialista?
BARTOLOMEO: Qué...
STEWART: Su partido.
BARTOLOMEO: Ninguna de las dos cosas.
STEWART: )Está inscripto en algún
sindicato, señor Sacco? )En alguna organización
de trabajadores... gremio...?
NICOLA: No.
STEWART: (A Bartolomeo.) )Tomó parte en
alguna huelga...? )Un piquete...?
BARTOLOMEO: No.
STEWART: )Conocía a Andrea Salsedo?
BARTOLOMEO: (Un tiempo.) No.
STEWART: )Pero habrá leído su nombre
en los diarios?
BARTOLOMEO: No se. No me acuerdo.
STEWART: Era un anarquista. (Bartolomeo niega.)
Un rojo.
BARTOLOMEO: No sé...
STEWART: Basura. Se mató en Nueva York.
BARTOLOMEO: (Calmo.) )Por qué?
STEWART: Estaba detenido. Cuando vio que conocíamos
toda su actividad se suicidó. )Algo que decir?
BARTOLOMEO: Nada.
STEWART: Bien... (A Bartolomeo.) Después
firmará su declaración. (A Nicola.) )Hay
algo que quiera modificar o agregar?
NICOLA: No señor.
STEWART: Lo lamento, pero deben quedar detenidos.
Al menos esta noche.
NICOLA: Mi mujer me espera en casa. Se va a preocupar.
STEWART: Nosotros le avisaremos.
NICOLA: )Por lo menos se puede saber qué
hicimos?
STEWART: Rutina. Ya les expliqué.
BARTOLOMEO: Tiene nuestras direcciones. No nos
vamos a escapar.
STEWART: Lo siento. Ya es algo tarde para averiguar
antecedentes. Mañana a la mañana, si no
aparece nada en su contra quedan libres.
NICOLA: )Rutina, eh?
STEWART: Rutina policial.
BARTOLOMEO: No tienen derecho. No hicimos nada...
Nosotros...
La luz se los lleva. Stewart, calmo, toma su carpeta y
ordena las declaraciones.
THAYER: (Golpea el martillo.) Se incorpora al cuerpo
de la causa el informe del Teniente Stewart al fiscal
de distrito (A Katzmann que se va haciendo ahora visible.)
Fiscal KATZMANN: )puede decirnos la fecha exacta
en la que recibe el informe mencionado?
KATZMANN: Sí, sí, su señoría.
En la mañana del 6 de mayo, en la Comisaría
de Brockton. Veinticuatro horas después del arresto
de los acusados.
THAYER: )Puede verificar si se trata del mismo
informe?
KATZMANN: Sí su señoría (Stewart
se lo extiende. Desaparece Thayer. Katzmann comienza a
leer velozmente.) Cinco de mayo de 1920. En base al primer
interrogatorio del que adjuntamos copia... surge evidencia
suficiente de que los dos ciudadanos italianos detenidos
en Bridgewater han declarado en falso. A pesar de no haberse
efectuado las investigaciones de rigor por falta de tiempo,
resulta presumible que Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti...
etc, etc, etc... (A Stewart. Jovial.) ¡Pero mire
qué buena pieza teniente Stewart...! Su estilo
es cada vez más jurídico... Lo voy a recomendar
como escribiente en el juzgado... Bueno... Tendremos un
bonito desayuno esta mañana. (Palmea a Stewart
que no lo retribuye.) )Cómo sigue todo por aquí?
STEWART: (Seco.) En paz. Hasta ahora. (Con una
seña hacia afuera incorpora a la escena al grupo
de testigos.) El Fiscal Katzmann los llamará por
apellido. (A Katzmann.) Aquí está el expediente:
Doble homicidio y robo en South Braintree.
KATZMANN: Todo por hacerse y el día se
nos escapa como agua entre los dedos... A ver, STEWART:
un inteligente resumen de los hechos...
STEWART: (De mala gana.) El 15 de abril a las tres
de la tarde en la calle Pearl, frente a la fábrica
de zapatos Slater & Morril, Parmenter, el cajero de
la firma, y Berardelli del cuerpo de vigilancia...
KATZMANN: Stewart... Tiene una extraña
noción de resumen usted. (Lee rápidamente.)
Se produjo el robo... asesinaron a los dos... huyeron
con la bolsa... ¿Cuánto...?
STEWART: 16.000 dólares. Algo menos.
KATZMANN: Qué más...
STEWART: Huyeron en un coche negro que los esperaba.
KATZMANN: Coche negro...
STEWART: Iban otros tres hombres. Al menos eso
dicen los testigos. Aspecto extranjero los cinco.
KATZMANN: )Se sabe algo del dinero, del auto...?
STEWART: La plata todavía no entró
a circular. El coche lo encontramos en un parque. Pensaron
que era peligroso y lo abandonaron. Le pedimos a los informantes
que nos avisaran de cualquiera que anduviera buscando
de alquilar vehículo. Fue por eso que cayeron esos
dos. Un taller mecánico nos dio el informe y los
levantamos. Pista falsa: no sé en qué andarán,
pero con esto no tienen nada que ver.
KATZMANN: )Son todos los testigos?
STEWART: Hay otro mas: Luis Pelser, pero no se
ha presentado. Insiste en que no ha podido ver nada y
no hubo manera de...
KATZMANN: (Corta.) )Algo más?
STEWART: Sí. Les mostré a los testigos
algunas fotos de archivo. Una empleada reconoce a uno
de los asaltantes: Tony Palmisano. De la banda Morelli.
(Aburrido.) No tiene nada que agradecerme, sólo
cumplo con mi deber.
KATZMANN: (Desinteresado.) )Palmisano, eh...?
STEWART: Tengo la foto y la testigo. Se le hace
firmar la declaración, parten todos, y vuelve a
salir el sol.
KATZMANN: (Sacando papeles.) Prepare el reconocimiento.
STEWART: Oiga, acabo de decirle que ya han identificado
a uno de los...
KATZMANN: (Interrumpe.) Diligencia, Stewart...
Diligencia... Que pasen de una vez a ver a esos italianos.
STEWART: Le digo que no tienen nada que ver con
esto... Habrá que averiguar en qué andan,
pero...
KATZMANN: (Interrumpe.) Stewart. (Seco.) A mí
me pagan para encontrar culpables. Los inocentes no necesitan
que nadie los encuentre.
STEWART: (Un tiempo. Agrio.) Sí señor.
KATZMANN: Bien. Ahora haga pasar aquí a
todos los testigos y traiga aquí a esos dos.
STEWART: Juntos...
KATZMANN: Juntos, si..
STEWART: Katzmann, no nos conocemos de hoy... Hay
reglamentos. No puedo poner a todos juntos en...
KATZMANN: ¡Y yo no puedo perder el día
en esta ruina sólo porque a usted se le ocurra...!
STEWART: (Interrumpe.) (Si esta ruina se mantiene
en pie todavía, es porque yo no dejo entrar líos
aquí! (Y no hablo de leyes, Fiscal, hablo de líos!
(No quiero ningún compromiso! (Tengo treinta años
aquí! Y voy a llegar a mi retiro sin cicatrices.
¡Es posible que limpio no llegue, pero no voy a
llegar con cicatrices! (No me complique con sus cosas!
KATZMANN: (Entonces no me obstruya! (Pausa tensa.)
Bien. Supongo que si me voy sin haber hecho los careos,
alguien deberá dar explicaciones. (Comienza a guardar
sus papeles. Stewart lo observa tenso.)
STEWART: (Finalmente. De mala gana. A los testigos.)
Pasen por aquí. El Fiscal Katzmann necesita interrogarlos.
Una luz cruda ahora sobre Bartolomeo y Nicola, encandilados
contra un fondo blanco.
KATZMANN: Bien. Como ya sabrán fueron citados
para reconocer a estos hombres detenidos por nuestra policía.
Limítense a observarlos atentamente. Después
responderán a las preguntas del caso. (Sacco hace
un gesto de cansancio. Katzmann se lo indica a Stewart
con un ademán.)
STEWART: Derecho Sacco.
M. SPLAINE: (A Katzmann.) Si me permite señor,
yo he visto una foto hace un momento que me mostró
el teniente, y pude...
KATZMANN: (Interrumpe airado.) ¡Pero qué
hace...?! (No comprende que no se puede...!
M. SPLAINE: Yo...
KATZMANN: )Quién le pidió que hable?
Toda la complicada maquinaria de un procedimiento puede
echarse a perder sólo porque...
M. SPLAINE: Lo siento... Créame... yo pensé...
KATZMANN: No piense. Nadie le pidió que
lo haga. Sólo mire a estos hombres y trate de reconocer
en ellos a aquel asesino. (Un tiempo.) Bien. (Bajan las
luces sobre Nicola y Bartolomeo que desaparecen. A Cesare
Rossi:) Usted... Nombre, apellido, ocupación.
C. ROSSI: Cesare Rossi. Trabajo en la secadora
de la lavandería.
STEWART: Estaba en la terraza con el otro, el que
no se presentó. La lavandería queda enfrente
a la...
KATZMANN: (Interrumpe. A Rossi.) )Italiano? (Cesare
asiente.) Piense bien lo que va a declarar. Le advierto
que el falso testimonio es un delito grave. )Reconoce
a alguno de los dos...?
C. ROSSI: )Y qué voy a decir yo...? Estábamos
en la terraza, colgando ropa, con Pelser. Son varios pisos.
No se puede desde tan alto...
KATZMANN: (Interrumpe.) )No reconoce entonces?
C. ROSSI: Apenas los veíamos... Vine porque
me lo han pedido, pero desde allá arriba ni Pelser
ni yo pudimos...
KATZMANN: (Corta.) Gracias.
STEWART: (A Katzmann. Aparte. Chicanea) Cuando
usted ordene preparo las fotos...
KATZMANN: (Sin poder ocultar el fastidio. A Levangie.)
Usted...
STEWART: El señor Levangie es el guardabarreras
del paso a nivel por el que cruzó el auto al huir.
KATZMANN: )Bien...?
LEVANGIE: El de bigotes. Ese manejaba.
KATZMANN: Señor Levangie... )Seguro?
LEVANGIE: )Cómo? )Quiere que se lo ponga
escrito? Se lo firmo donde me pida.
KATZMANN: Bueno... Al fin alguien con los ojos
abiertos.
LEVANGIE: El otro no sé. Pero que el de
bigotes manejaba, manejaba.
KATZMANN: No es necesario mucho más por
hoy. Claro que tendremos que molestarlo de nuevo.
LEVANGIE: Si es para esto... Ya era hora que empezaran
a limpiar un poco... )Son italianos, no...? (No espera
respuesta.) Los huelo. Peleé con nuestras tropas
allí...
KATZMANN: )Veterano de guerra, eh?
LEVANGIE: Nosotros matándonos allá,
y estos acá comiéndonos la comida...
KATZMANN: Lo llamaremos señor Levangie.
STEWART: (Aparte. Insiste.) Sólo uno entre
cuatro, y ninguna otra prueba. No creo que le alcance
para dejarlos adentro.
KATZMANN: Se verá, teniente... Se verá.
(A Mary Splaine.) ¡Pero... quién queda aquí!
Esta muchacha que casi echa todo a perder...
M. SPLAINE: Lo siento... Realmente lo siento. Yo
no sabía que no se podía mencionar... Es
la primera vez que...
KATZMANN: Bueno... Ya está hecho. Nombre,
apellido, ocupación...
M. SPLAINE: Splaine. Mary Splaine. Soy la tenedora
de libros de la fábrica... Yo estaba tildando unos
comprobantes de caja.... Y bueno, como a las tres de la
tarde... Las quince horas, vendrían a ser, yo...
KATZMANN: (Interrumpe.) (Señorita... Señorita...!
Sólo una cosa le pedimos, escuche bien: )Reconoce
a alguno de los dos detenidos? )El pelo... las manos...
los bigotes? Algo que nos sirva de ayuda.
M. SPLAINE: Bueno yo...
KATZMANN: Sí... Sí, adelante...
M. SPLAINE: Créame que quisiera ayudar a
la justicia... Pero al mismo tiempo... Compréndame...
Tal vez las manos de uno de ellos, pero...
KATZMANN: Sí, adelante...
M. SPLAINE: No, no... No puedo decir ni que sí
ni que no.
KATZMANN: Entiendo. (Seco.) Pueden irse.
M. SPLAINE: Comprenda mi posición...
KATZMANN: (Fastidiado.) Gracias señorita
Splaine. Al salir pueden retirar sus documentos. Corroboren
sus datos por si hay que volver a citarlos. (Los testigos
se retiran.)
STEWART: ¿Bueno...?
KATZMANN: (Pausa. Digiere. Transición.
Sonriente.) Stewart... Stewart... Tenía razón
usted Stewart... Con estos elementos no se los puede retener
más aquí...
STEWART: Es su problema...
KATZMANN: Vamos Stewart... No puedo arriesgarme
a llevarlos así a un tribunal...
STEWART: )Qué pretende ahora, que...?
KATZMANN: Necesito retenerlos unos días...
Tal vez mañana mismo...
STEWART: Basta Katzmann... Suficiente por hoy.
KATZMANN: No se enterará nadie, créame...
En esos hombres hay algo...
STEWART: No.
KATZMANN: Hay algo. Lo veo, usted sabe...
STEWART: No.
KATZMANN: Olvide lo de la foto... Está
bien, estuve mal... Lo admito... A veces... Sé
que no fue el de la foto, la banda Morelli, conozco el
caso... Créame... Al fin y al cabo es sólo
una foto vieja...
STEWART: (Estalla.) ()Una foto?! ()Sólo
lo de la foto pasó hoy aquí?! (Con la mitad
de lo que he hecho esta mañana sobra para que me
arranquen esta placa y se la tiren a los perros! (Y usted
me habla de la foto!
El Juez Thayer que desde su estrado hace sonar su martillo
imperiosamente.
KATZMANN: Teniente...
STEWART: (Teniente un carajo! (Mostró a
los dos sospechosos solos, y usted sabe que sólo
se los puede mostrar mezclados con otros! (Interrogó
a los testigos en grupo, y la ley exige que se lo haga
por separado! ()Era poco eso?! (Ahora me pide que retenga
a los detenidos!
KATZMANN: Lo necesito...
STEWART: (Y yo necesito mi sueldo!
THAYER: (Martillo.) (He dicho silencio!
STEWART: (Mi puto sueldo...! ()O por amor a qué
carajo se cree que sigo aquí...?! (Me importa una
mierda la suerte de esos italianos, pero los quiero hoy
lejos de esta comisaría!
KATZMANN: Son culpables.
STEWART: No quiero más riesgo...
KATZMANN: Son culpables.
STEWART: (No hay un solo testimonio, ni uno solo
lo suficientemente comprometedor como para...!
THAYER: (Desde su espacio. Martillo.) Se incorpora
al expediente el informe policial de la sección
política. (Katzmann y Stewart detienen la pelea.)
KATZMANN: (Mientras Stewart recoge el informe
y vuelve con él. Casi para sí.) )Sección
política...? )Qué tienen que ver esos dos
con la sección política...?
STEWART: (Todavía agitado.) No sé.
Acaban de enviarlo de la central.
KATZMANN: (Hojeándolo con interés
creciente.) Stewart... Stewart... Hay unas cuantas cosas
notables aquí... (Un tiempo.) Teniente, traiga
aquí al de los bigotes (Stewart va a salir.) Teniente...
(Stewart se detiene. Katzmann agita los papeles.) Sobran
elementos ahora para una causa... (Stewart asiente. Va
a salir.) Stewart... (Stewart se detiene nuevamente. Katzmann
levanta la mano en señal de paz.)
STEWART: No hay rencor, Katzmann. No hay rencor.
(Va hasta Vanzetti, lo toma con firmeza y lo conduce ante
Katzmann.) Frederich Katzmann, el Fiscal de Distrito.
BARTOLOMEO: Quiero protestar por el tratamiento
que nos dan aquí. No nos dejaron dormir en toda
la noche, y no se nos ha dicho qué hacemos detenidos.
STEWART: )Terminaron ya los lamentos...? Bien.
Hable cuando se le pregunte. (Y hable!
BARTOLOMEO: Ya dije todo lo que tenía que
decir.
KATZMANN: (Calmo.) No, no. Eso sí que no
es cierto... (Katzmann y Stewart rodean a Bartolomeo.
Cae sobre él un cono de luz. El cuello desabrochado,
exhausto. En algún lugar de la escena Luigia comienza
como una letanía un rezo en su idioma. Medeiros
en su celda se agita en una pesadilla. Desde un fugaz
pasillo de luz, Thompson observa tomando unas notas.)
Italia es una república...
BARTOLOMEO: Sí.
KATZMANN: )Y cómo es entonces que tiene
un rey? )Tiene un rey, no?
BARTOLOMEO: Sí... Sí, un rey.
KATZMANN: Una república con rey...
BARTOLOMEO: Una república no es.
KATZMANN: )Quiere a este país?
BARTOLOMEO: )A éste?
KATZMANN: (A éste, a éste! ()Cuál
otro?!
BARTOLOMEO: )Cuándo van a terminarla con
eso?
KATZMANN: Sí o no...
BARTOLOMEO: No es una pregunta que se pueda...
STEWART: Sí o no.
BARTOLOMEO: Tendría que separar... Hay cosas
que...
STEWART: Conteste sólo la pregunta.
BARTOLOMEO: (Mareado.) )Qué pregunta?
KATZMANN: ()Qué pregunta...?! (La que le
hicimos. )Quiere a este país?
BARTOLOMEO: No se puede contestar así.
STEWART: Sí o no.
BARTOLOMEO: No... yo...
KATZMANN: No. Dijo que no.
BARTOLOMEO: (No! Yo no dije... Quise decir que
yo no... (Estalla.) (No aguanto más! (Quiere pararse.
No puede.) (No entienden que no puedo más!
KATZMANN: (Impasible.) )Quiere a este país?
BARTOLOMEO: (Un tiempo.) Sí.
KATZMANN: Ajá. )Y por qué entonces
desarrolla actividades antinorteamericanas...?
BARTOLOMEO: Jamás lo hice.
KATZMANN: )Niega ser anarquista?
BARTOLOMEO: Sí. (Un tiempo.) No.
STEWART: Sí o no.
BARTOLOMEO: No.
KATZMANN: )Por eso anda armado por la calle?
BARTOLOMEO: Se los dije cien veces. Defensa personal.
STEWART: )De qué hay que defenderse
en este país?
BARTOLOMEO: Tengo un negocio. Pescado. Hay robos.
KATZMANN: )Cuando llegó a América
ya estaba afiliado o lo hizo aquí?
BARTOLOMEO: Yo no... (Basta, me niego a seguir
contestando!
THAYER: (Martillo.) Petición denegada.
THOMPSON: (Mi defendido tenía derecho, Señor
Juez...!
THAYER: (Interrumpe.) No ha lugar.
KATZMANN: (A Bartolomeo.) Se niega porque ve que
se va incriminando de a poco.
BARTOLOMEO: (No...! (Me niego porque no doy más!
(Porque me caigo de sueño! (Porque ya no entiendo
más nada!
KATZMANN: Bien. (Va al escritorio. Después
de una pausa.) Bartolomeo Vanzetti, lo acuso formalmente
de homicidio doble y robo, cometido el 15 de abril del
año en curso, en complicidad con el detenido Nicola
Sacco.
NICOLA: (Desde su espacio.) (Rosa...! (Rosa!.
BARTOLOMEO: ()Cómo asesinato...?! (Me acusa
de asesinato!
KATZMANN: Doble asesinato y robo. (Comienza a
guardar sus papeles en el maletín. Bartolomeo intenta
infructuosamente ponerse de pie. Medeiros lanza un aullido
cortante.)
MEDEIROS: (La jeringa, hijos de puta! (Quiero jeringa!
(Métanse en el culo la clemencia! (La silla eléctrica
métanse...! (Traiganme mi jeringa y una buena aguja
y guárdense en el más oscuro rincón
del ojete todo lo demás! (Sigue con sus aullidos.
Stewart intenta dominar a Bartolomeo.)
BARTOLOMEO: (Déjenme tranquilo! (No me toquen!
(Thayer golpea el estrado con energía.) ()Yo asesino?!
()A quién podemos matar nosotros?!
KATZMANN: Mataron para robar.
BARTOLOMEO: )Qué inmundicia es esa?
KATZMANN: Hay un testigo. Lo reconoció.
BARTOLOMEO: (Miente! (Miente! (Miente!
THAYER: Si el reo no se comporta deberá
retirarse de la sala.
THOMPSON: ¡Hay tres testimonios en contra,
su señoría!
BARTOLOMEO: (Como que me llamo Bartolomeo, miente!
KATZMANN: Fue usted el que ha mentido hasta ahora.
)Sí o no?
BARTOLOMEO: (Pausa tensa.) (Sí, mentí!
(Sí señor, porque no quise confesar que
era anarquista! (Mentí porque tuve miedo de terminar
como Salsedo! (Está bien, soy anarquista! (Eso
no tiene nada que ver con ser delincuente! (No soy delincuente
yo! (Nicola! (Nicó! ()Oyó?! (Somos asesinos
y ladrones!
NICOLA: (Desde su espacio.) ¡¿Bartolomeo?!
BARTOLOMEO: (Asesinos y ladrones!
NICOLA: Bartolomeo... ()Qué le hacen...?!
ROSA: (Nicola...! (Nicola!
NICOLA: (Rosa!
BARTOLOMEO: (Asesinos y ladrones...! (Luigia no
creas lo que dicen los diarios...!
NICOLA: ()Qué le hicieron, Rosa?! (Bartolomeo!
(Déjenme salir! (Déjenme salir...!
Aúlla Medeiros. Grita Rosa. Reza Luigia. El martillo
del Juez llama violentamente a silencio. Paroxismo. Como
si salieran de una pesadilla, todo cesa de pronto con
la entrada de Thompson. Bartolomeo y Nicola se miran atontados,
agitados aun. Comienza a crecer a su alrededor el espacio
del juicio.
THOMPSON: Señor Vanzetti... Señor
Sacco, al fin. No veía la hora de que me autorizaran.
Soy Thompson, su abogado... William Thompson. Lamentablemente
esta primera visita tendrá que ser muy breve. Me
imagino cómo se sienten, pero quiero que sepan
para su tranquilidad que estoy tan convencido de su inocencia
como ustedes mismos. Estudié el caso meticulosamente
y no tengo ninguna duda al respecto. Así que no
hay nada que temer. Gracias a Dios la incomunicación
ha sido levantada y nos quedan unos cuantos días
de margen para preparar la defensa. El 31 de mayo tenemos
la primera audiencia.
THAYER: (Iniciando el juicio.) Señores del
jurado confiamos a su conciencia y decisión la
vida de dos hombres. La corte sabe bien que ese deber
de ustedes es difícil e inquietante. Pero tenemos
confianza plena en vuestro patriotismo y devoción
al deber...
THOMPSON: (Mientras se integra con sus defendidos
al tribunal.) Señor Bartolomeo... Señor
Nicola... Hay alguna cosa, si me permiten que siento un
deber de conciencia comentarles. Habrán sabido
ustedes cuántos abogados rechazaron el caso. Y
supongo que imaginan ustedes por qué. Quiero aclararles
entonces por qué lo he tomado yo. Señor
Sacco, Señor Vanzetti: soy abogado porque creo
obstinadamente en la justicia. En la de Dios. Y en la
de este país. Me he sentido entonces en la obligación
ética de tomar este caso de ustedes, porque si
por el prejuicio de un hombre de leyes se condenase a
un inocente, todas esas mismas leyes perderían
sentido. Quiero aclararles también que nada me
une a sus ideas políticas, pero como confío
en nuestra democracia, y en esta constitución,
puedo admitir la existencia de cualquier ideología,
por extravagante que fuese. Y quisiera que cuando mañana
ustedes salgan libres puedan admitir conmigo las virtudes
y la vigencia de nuestras leyes.
Vuelve a primer plano la presencia de Thayer que termina
su alocución a los jurados.
THAYER: ...Y ahora señores del jurado les
formularé las preguntas de rigor, a las que habrán
de responder con la máxima honestidad. )Tienen
ustedes algún vínculo de amistad o parentesco
con los imputados o con las víctimas del hecho?
)Se han formado ya alguna opinión acerca de la
culpabilidad o inocencia de los imputados? )Tienen ustedes
alguna prevención o prejuicio contra los reos?
)Son sus principios contrarios a la pena de muerte? (Una
pausa breve. Thayer golpea con el martillo.) La corte
confía en que los jurados sabrán desempeñar
correctamente su labor. La audiencia queda abierta.
Con un golpe de luces estalla el ámbito del juzgado,
su rumor, sus personajes.
THAYER: Pónganse de pie los acusados. (Bartolomeo
se pone de pie. Nicola, más nervioso no entiende.)
BARTOLOMEO: (A Nicola.) Si alzi... (Este lo hace.)
THAYER: )Los reos tienen algo que decir antes que
la acusación tome la palabra?
NICOLA: Sí. Que somos inocentes.
THAYER: El acusado sólo puede responder
por sí mismo.
NICOLA: Que soy inocente, entonces.
BARTOLOMEO: Hay unas cuantas cosas que tendría
que decir...
THAYER: El imputado sólo tiene el derecho
de afirmar su inocencia o admitir su propia culpabilidad.
BARTOLOMEO: (En voz baja.) Soy inocente.
THAYER: El acusado debe hablar de manera que todos
lo escuchen. Se dice que los italianos tienen una garganta
de oro, así que seguramente será un placer
oírlo.
NICOLA: Parli piú forte.
BARTOLOMEO: (Más alto.) Soy inocente.
THAYER: Los acusados pueden tomar asiento. Que
pase el primer testigo.
UNA VOZ: El 10 de junio se presenta ante el tribunal
Luis Pelser. Cambia su anterior testimonio en la comisaría,
se desdice y declara ahora reconocer a Sacco como uno
de los asesinos. Diez días después de la
primera audiencia, el 20 de junio, declara el guardabarreras
Levangie. (Luz sobre Levangie.)
LEVANGIE: (Aclarando a alguien.) Le-van-gie g.i.e.
gie. Levangie...
THOMPSON: )Señor Levangie usted es guardabarreras
en el paso a nivel donde se produjo el asalto?
LEVANGIE: Sí señor.
THOMPSON: Según su declaración y
la de los otros testigos, los asaltantes subieron a un
auto y pasaron a gran velocidad delante suyo. )Fue así?
LEVANGIE: Más o menos.
THOMPSON: )Quiere decir que no fue exactamente
como yo lo he referido?
LEVANGIE: Bueno si, como ser, las cosas fueron
así, pero el auto no pasó delante mío
tan rápido. Pararon para cruzar la vía y
tuvieron que ir más despacio, así que pude
ver bien al que manejaba.
THOMPSON: )Y según usted ese hombre que
manejaba era Vanzetti?
LEVANGIE: Sí señor. Puedo jurar que
era él.
THOMPSON: )Y el que viajaba al lado era Nicola
Sacco?
LEVANGIE: No. A Sacco ya le dije que no puedo reconocerlo.
El sol daba contra los vidrios del auto. No voy a afirmar
una cosa así si no estoy matemáticamente
seguro.
THOMPSON: Mientras que sí está "matemáticamente"
seguro de que el hombre que manejaba era Vanzetti.
LEVANGIE: Eso.
THOMPSON: )A qué distancia suya pasó
el auto?
LEVANGIE: Bueno... unos pasos.
THOMPSON: )A qué velocidad?
LEVANGIE: Serían... no sé... la verdad
no sé, pero era bastante despacio porque pude ver
bien la cara del que manejaba.
THOMPSON: )Y era Vanzetti?
LEVANGIE: Oiga... Si le digo que era él.
Ya van cien veces que lo digo.
THOMPSON: En esta misma sala, cinco personas han
declarado bajo juramento que Vanzetti no sabe manejar.
LEVANGIE: )Y entonces?
THOMPSON: Mire bien al hombre que está acusando.
(Levangie lo hace.) Vanzetti levántese por favor
(Bartolomeo se para.) )Señor Levangie, de qué
color son los cabellos del acusado?
LEVANGIE: Morochos... son negros.
THOMPSON: )Cómo describiría su físico?
LEVANGIE: No sé... Robusto.
THOMPSON: )No es delgado, no?
LEVANGIE: No, delgado no.
THOMPSON: Señor Levangie, antes que usted
tres testigos declararon que el hombre que manejaba el
auto era rubio y delgado...
LEVANGIE: (Confundido.) A mí no me interesa
lo que digan los demás...
THOMPSON: (Calmo.) He terminado, puede retirarse
señor Levangie.
THAYER: Se levanta la sesión.
Un cambio de luces y ya está Mary Splaine presta
a declarar.
UNA VOZ: Testimonio de Mary Splaine, testigo de
cargo, el 20 de junio de 1921.
KATZMANN: Señorita Splaine, )Usted presenció
el asalto de South Braitree?
M. SPLAINE: Sí señor. Una cosa horrorosa
realmente.
KATZMANN: )Dónde estaba usted en el momento
del asalto?
M. SPLAINE: En mi oficina. En el primer piso de
la fábrica.
KATZMANN: Bien. Relátenos todo lo que vio.
M. SPLAINE: Cómo no, si. Bueno... Vi a un
hombre con un arma que disparó sobre el pobre Berardelli
y escapó en un coche negro, donde lo esperaban
los otros asaltantes.
KATZMANN: )Se encuentra en esta sala ese hombre?
M. SPLAINE: Sí señor. (Señala
a Nicola.) Es aquel. El que no tiene bigotes. (Nicola
se para violentamente. La acción queda congelada.
En otro espacio Rosa escucha conmovida.)
NICOLA: ¡Que sepa que yo no fui! (Rosa, no
pares de decírselo! (Va a leer los diarios! ()Qué
va a pensar de su padre?! (Hijo: Sacco es un gran apellido.
Un apellido antiguo y bueno! (Y Dante es un nombre hermoso!
(Un gran orgullo llamarse Dante Sacco...! (Vuelve la acción.)
KATZMANN: )Sabe el nombre de la persona que acaba
de señalar?
M. SPLAINE: Sí, Sacco. Nicola Sacco.
KATZMANN: Gracias Señorita Splaine.
(Sacco se deja caer en su banco. Murmura como para sí.)
NICOLA: (Dante! (Dante, no es cualquier nombre,
hijo...! Alguien que se llame así debe hacer honor
al idioma. No deje de practicar. Recuerde la canción.
(Cuando volvamos a Torremaggiore tiene que saber saludar
a los abuelos!
UNA VOZ: Cesare Rossi. Italiano. Operario de lavandería.
Declara el 2 de Julio de 1921.
THOMPSON: )Dónde se encontraba en el momento
del asalto?
C. ROSSI: En la terraza
THOMPSON: )La terraza de la lavandería?
C. ROSSI: Sí señor.
THOMPSON: )Quién estaba allí con
usted?
C. ROSSI: Luis Pelser. Otro empleado que trabajaba
conmigo allá.
THOMPSON: Señor Rossi, )sabe que el señor
Pelser ha declarado ahora reconocer en la persona del
acusado Nicola Sacco al asesino de South Braitree?
C. ROSSI: Lo oí, sí.
THOMPSON: )Fue usted testigo de distintas manifestaciones
de su compañero declarando lo contrario?
C. ROSSI: Sí señor. (Un tiempo.)
El sabrá.
THOMPSON: Bien. Ahora cuente por favor, todo lo
que vio.
C. ROSSI: Pelser y yo estábamos tendiendo
unas telas en la terraza. Estábamos charlando y
de repente oímos tiros en la calle. Nos asomamos
y vimos a los ladrones que escapaban corriendo, y al guardaespaldas
del cajero tirado en el suelo.
THOMPSON: )El señor Pelser se asomó
antes, o después que usted?
C. ROSSI: No, nos asomamos los dos al mismo tiempo.
THOMPSON: )Quiere decir que lo que ha visto usted
lo ha visto también Pelser?
KATZMANN: Me opongo su señoría.
El testigo no puede saber...
THOMPSON: (A Katzmann.) Cambiaré la pregunta,
entonces (A Cesare.) )Pudo reconocer a los asaltantes
que escapaban?
C. ROSSI: Mire señor, lo que yo digo lo
pueden probar ahora mismo si quieren. Pueden ir y subir
allí y ver. Cualquiera que tenga dos ojos puede
hacerlo. Basta mirar desde esa terraza para darse cuenta
que desde allí arriba es imposible reconocer a
nadie. (Los personajes de la escena congelan. Sólo
Thayer y Katzmann permanecen en acción.)
THAYER: Katzmann... Lo está haciendo mal,
Katzmann.
KATZMANN: Yo...
THAYER: Mal. Está cometiendo errores imperdonables.
Y el primero de todos: traer al tribunal a esos hombres
sin pruebas ni testimonios suficientes.
KATZMANN: Thayer... El proceso recién empieza...
THAYER: Y ya podía haber terminado. Unas
pocas audiencias habrían bastado si usted hubiese...
KATZMANN: No podía prever que...
THAYER: (Seco.) Era su deber preverlo, Katzmann.
(Pausa.) Véame mañana antes de la audiencia.
KATZMANN: Su señoría... (Thayer
lo mira.) Créame que haré lo posible...
(Thayer vuelve a sus papeles.) Su señoría...
(Thayer vuelve a mirarlo. Lenta transición.) Si
usted y la corte lo permiten quisiera hacerle al señor
Levangie algunas preguntas suplementarias...
THAYER: (Reinstalándose en el juicio.) Si
la defensa no se opone...
THOMPSON: No hay objeción, su señoría.
KATZMANN: (A Thompson.) Gracias abogado. (A Levangie.)
Tal como lo destaca mi colega, su declaración sorprende
un poco. Efectivamente, tres testigos antes que usted
describieron al conductor del coche como un hombre rubio
y delgado... )No se habrá equivocado señor
Levangié...?
LEVANGIE: No.
KATZMANN: Bueno, no hay que ser tan categórico.
Cualquiera puede cometer un error...
LEVANGIE: Si le digo que lo vi, lo vi.
KATZMANN: Señor Levangie. Siga conmigo
un razonamiento, por favor: Usted vio que se cometió
el asalto, y que asesinaban a dos personas. Obviamente
se impresionó. Luego vio que los asesinos subían
al auto y huían en su dirección. En ese
momento habrá sentido miedo, nada más normal.
(Pausa.) En ese estado de ánimo, que todos comprendemos,
perfectamente pudo haberse equivocado...
LEVANGIE: Pero que...
KATZMANN: Tranquilo señor Levangie... El
abogado Thompson nos ha demostrado claramente que Bartolomeo
Vanzetti no podía estar al volante del auto porque
no sabe manejar. Pero eso no quiere decir que Vanzetti
no viajara en ese auto. Señor Levangie, si usted
insiste con tanta seguridad, y hasta ha jurado haber visto
a Vanzetti al volante, sabiendo que con su testimonio
puede enviar a ese hombre a la silla eléctrica,
es evidente que su declaración algo tiene que tener
de cierto, )no es así? (Levangie lo mira sin comprender.)
)No es posible que a causa de su estado de nervios y de
la velocidad del auto usted haya confundido el lugar que
ocupaba Vanzetti en el vehículo?
LEVANGIE: )Qué significa...?
KATZMANN: Piense un momento. Trate de recordar
aquella escena. )No sería posible que Vanzetti
viajara en el asiento posterior, detrás del conductor?
LEVANGIE: (Después de una pausa.)
Bueno... Ahora que lo pienso...
THOMPSON: ¡Me opongo, su señoría!
THAYER: )Cuál es la razón, abogado
Thompson?
THOMPSON: Es evidente que la acusación sugirió
una respuesta al testigo.
THAYER: No resulta evidente. Oposición rechazada.
THOMPSON: (Contenido.) (Es injusto!
THAYER: )La acusación tiene más preguntas
por hacer?
KATZMANN: No su señoría.
THOMPSON: (Injusto!
THAYER: Se levanta la sesión.
Thompson y Vanzetti se miran fijamente.
Vanzetti se sienta e inicia una carta.
BARTOLOMEO: Querido padre: vuelvo a escribirle
para reafirmar una vez más mi inocencia. Para decirle
que dispongo de una buena defensa, que tengo a mi lado
un formidable escuadrón de personas generosas que
no me abandonan ni me abandonará jamás,
y comunicarle mi buena salud y estado de ánimo.
Es probable que cuando reciba ésta, el proceso
haya terminado ya, y esperemos que sea con mi absolución.
Padre: es difícil imaginar la situación
actual de este país que tanto admiró años
atrás. Vivimos aquí una triste época.
Época de corrupción, época en que
el poder es asaltado desesperadamente, y desesperadamente
se defiende. El estado hace bien el mal y mal el bien,
y se apresura a meter en la jaula a un hombre honesto
y encontrar culpable a un inocente. Ya no nos sorprenden
las cosas mas increíbles. Existe en esta corte
una sociedad entre abogados y autoridades judiciales que
es capaz de condenar o absolver a quien quiera. (Qué
canalla la gente honesta, y qué ramera la justicia!
En esa justicia he perdido ya la fe. Hablo de la que recibe
ese nombre, y no por cierto a ese sentimiento que yace
en el corazón del hombre y que ninguna fuerza infernal
será jamás lo bastante fuerte para aplastar.
Querido papá: Saludos a todos. Un beso y un abrazo.
Su hijo. Bartolomeo.
Bartolomeo levanta nuevamente la vista hacia Thompson.
Vuelven a mirarse fijamente. Thompson, baja la cabeza
y vuelve al juicio entre avergonzado y rabioso.
THOMPSON: (A Mary Splaine.) Señorita Splaine,
usted fue interrogada por la policía de Brockton...
M. SPLAINE: Sí señor. (Pausa.) Y
declaré que no estaba segura de que él fuera
el asaltante. Realmente estaba en duda. Pero después,
estudiando bien las fotografías de Sacco que salieron
en los diarios, me convencí de que era él
propiamente.
THOMPSON: Sin embargo cuando en esa comisaría
le mostraron la foto de un prontuariado, usted afirmó
categóricamente que ese era el asesino.
M. SPLAINE: Si... Bueno, me pareció. Pero
después me dijeron que ese hombre estaba preso
desde hace tiempo. Debí haberme confundido... )Todos
nos equivocamos, no?
THOMPSON: )A qué distancia se encontraba
del lugar en el que se produjo el asalto?
M. SPLAINE: Y... Desde ahí... Unos treinta
metros.
THOMPSON: (Indicando el fondo de la sala.) Señorita
Splaine. )Puede ser tan amable de decirme el color de
la corbata de aquel señor, el que está parado
en la puerta de la sala?
M. SPLAINE: (Nerviosa.) Bueno... A decir verdad...
No, no señor, no veo bien desde acá.
THOMPSON: )Por alguna razón en particular?
M. SPLAINE: Bueno... Soy un poco miope.
THOMPSON: )Sabe a qué distancia se encuentra
aquella persona?
M. SPLAINE: No.
THOMPSON: (Está a menos de quince metros,
señorita Splaine! )Quiere explicarme entonces,
por favor, cómo ha podido reconocer a Nicola Sacco
a treinta metros...?
M. SPLAINE: Yo... (Alterada.) Bueno, lo reconocí.
No veo por qué...
NICOLA: (Ma perche dice queste bugie...!
KATZMANN: Señorita Splaine, si me permite...
Estoy algo sorprendido. No entiendo por qué oculta
ese detalle justamente.
M. SPLAINE: Bueno, yo no sé a qué...
KATZMANN: Por alguna razón que se me escapa,
usted no está diciendo toda la verdad.
M. SPLAINE: Yo...
KATZMANN: )Cuál es el motivo, señorita,
por el que se niega a admitir que en ese momento -como
resulta obvio estando en una oficina- usted se encontraba
con los lentes puestos...?
M. SPLAINE: Bueno... Claro... ¡)Dios mío,
no lo dije...?!
THOMPSON: (Protesto su señoría! (La
actitud del fiscal, sirviendo la respuesta a los testigos
es francamente intolerable! (Con todo el respeto que me
merece esta corte, este proceso se está volviendo
un... verdadero circo!
THAYER: (Golpea el martillo.) (Abogado Thompson!
No quisiera verme obligado a incriminarlo por ofender
a la corte.
THOMPSON: Es la actitud del fiscal, la que ofende
a la corte.
THAYER: Suficiente. (Un tiempo.) No me parece que
el fiscal haya sugerido la respuesta al testigo. Creo
que simplemente ha tratado de aclarar sus ideas algo imprecisas.
THOMPSON: Es esa misma imprecisión justamente,
la que les quita validez.
THAYER: Eso lo debe decidir el jurado. (A Katzmann.)
)Tiene algo más que preguntar a la testigo?
KATZMANN: No, su señoría.
Un aparte entre Thompson y Thayer.
THAYER: Abogado Thompson... Quiero advertirle que
su insolencia está pasando todo límite.
No diga después que no se lo advertí: Si
continúa en esta actitud va a ser usted el que
termine en el banquillo de los acusados...
THOMPSON: Con todo respeto señor Juez...
El banquillo de los acusados hoy es el lugar más
limpio de esta sala.
Transición. La luz sube sobre Luigia.
BARTOLOMEO: Luigia. Hermanita. (Época de
poda! Hay que acordarse de replantar los gajos...
LUIGIA: (Recibiendo la carta.) "...)Cómo
está la diamela de papá...? )Y mi camelia...?
Hay que dejarle buenas yemas. Las más gordas."
BARTOLOMEO: No dejes de avisarme cuando revienten,
que imaginarlas es mi forma de verlas. Le he escrito a
papá otra carta, y sigue sin responderme. Sé
que se enfurece con mis ideas, y me castiga con su silencio.
)Qué puedo hacer? No sabe cómo me daña.
)Cómo está? )Cómo lleva sus años?
Hermana: te pido que lo beses por mí. Así
de sonso. Que alguno de los besos tuyos, aunque él
no lo sepa, sea de los míos. Así de sonso.
LUIGIA: "...Abrazos. Bartolomeo."
Transición. Thompson ahora frente a Cesare Rossi.
THOMPSON: Señor Juez, quisiera interrogar
nuevamente al señor Cesare Rossi. (Thayer asiente.)
Señor Rossi: Aquel día del asalto usted
trabajaba en el lavadero.
C. ROSSI: Sí señor.
THOMPSON: )Trabaja allí todavía?
C. ROSSI: No señor. Me despidieron.
THOMPSON: )Por qué razón?
KATZMANN: Todo esto no es pertinente su señoría.
THOMPSON: Sí su señoría. Creo
que la respuesta puede ser muy importante.
THAYER: Proceda entonces.
THOMPSON: )Por qué fue despedido?
C. ROSSI: Bueno, después del asalto no se
habló más del asunto. A los pocos días
nos llamaron a Pelser y a mí de la policía;
nos mostraron a los acusados y nos preguntaron si los
reconocíamos. Nosotros dijimos que no. Una semana
después nos llamó el capataz y nos dijo
que estábamos despedidos. Nosotros le dijimos por
qué y nos dijo que lo había decidido la
gerencia. Pedimos hablar con el gerente pero no nos atendió.
Un tiempo después pasé un día por
la puerta de la lavandería y me encontré
con el capataz de casualidad. Le dije a ver si podía
volver al trabajo. Al principio quiso cambiar de conversación,
pero al final me dijo que podíamos volver al lavadero
si le decíamos a la policía que reconocíamos
en esos dos hombres a los asesinos. Yo le dije que estaba
loco, y él me dijo que lo pensara. Fui enseguida
a verlo a Pelser y le conté todo. No me dijo nada,
pero a los pocos días me enteré que había
vuelto a trabajar en el lavadero. Desde entonces yo no
he podido conseguir un solo trabajo en ningún lugar
de la ciudad. Apenas escuchan mi nombre ya me cierran
la puerta, señor...
Se esfuma el tribunal. Thayer y Katzmann en un aparte.
THAYER: Basta Katzmann... La declaración
de ese hombre que despidieron nos ha echado el mundo encima.
KATZMANN: )Usted no creerá que yo...?
THAYER: Ni quiero saberlo. ¿Cómo
no interrogó antes a ese hombre...?
KATZMANN: Yo... No creí necesario...
THAYER: (Ah, no creyó necesario! )Se da
cuenta en la situación que me coloca? Se puede
acusar a los otros testigos de falso testimonio...
KATZMANN: No cambiaría nada.
THAYER: Usted subestima a la defensa.
KATZMANN: El abogado Thompson no tiene experiencia
penal...
THAYER: El abogado Thompson conoce de sobra su
trabajo...
KATZMANN: Es hábil, no lo voy a negar,
pero sólo eso... Está en usted justamente
neutralizar esa habilidad.
THAYER: Hable claro, Katzmann.
KATZMANN: (Un tiempo.) No puedo luchar contra
dos adversarios.
THAYER: )Qué quiere decir...? )Que yo favorezco
a la defensa?
KATZMANN: No es conmigo justamente con quien lo
hace.
THAYER: )Usted me hace responsable a mí
de sus errores...?
KATZMANN: No recuerdo haber cometido ninguno.
THAYER: (Furioso.) ()Ah no?! (Mire Katzmann, de
ahora en adelante mi objetividad será inflexible!
(Por lo menos que nadie pueda decir cuando haya que absolver
a esos italianos que la justicia no ha prevalecido!
KATZMANN: )Cuál absolución, Thayer...?
THAYER: )Y qué pretende...? ¿Que
condene a alguien sin pruebas...? Usted se olvida con
quién está hablando...
KATZMANN: Ni Sacco ni Vanzetti son inocentes,
Thayer...
THAYER: (Demuéstrelo...! Ese es su trabajo...
KATZMANN: Thayer... ¿Cómo quiere
que...? Estoy entre la espada y la pared...
(Usted me presiona... Nuestra gente me presiona...!
THAYER: )Quién es "nuestra gente",
Katzmann...?
KATZMANN: )Hace falta que se lo diga? No quiero
resultar irrespetuoso señor, pero ni usted ni yo
llegamos aquí en un repollo.
THAYER: (Yo he actuado siempre dentro de la ley...!
KATZMANN: Y de eso se trata. De estar unidos dentro
de ella. (Thayer va a hablar.) )No ha declarado usted
siempre que cada una de nuestras acciones debe tener como
fin el bien de nuestro país...? Nuestra gente está
esperando esta condena. Y usted sabe a quién me
refiero cuando digo "Nuestra gente". Hay un
solo magistrado en todo el país capaz de dar una
lección ejemplar a la subversión. Las elecciones
están encima. La distribución de cargos
en la suprema corte también. (Tiempo. Thayer calla.)
No los defraude Thayer . Puede estar tranquilo. Nuestra
gente no lo va a defraudar a usted.
Thayer permanece pensativo. Un fundido precipita nuevamente
el espacio del tribunal.
UNA VOZ: El seis de julio de 1921 declara ante
el tribunal Nicola Sacco.
KATZMANN: Señor Sacco, recuerdo que ha
dicho usted alguna vez, que amaba la libertad, y a los
países libres.
NICOLA: Sí.
KATZMANN: )Quería usted a este país
en mayo de 1917?
NICOLA: Tengo que aclarar algo...
KATZMANN: )No ha comprendido la pregunta...?
NICOLA: Sí.
KATZMANN: Bueno, responda entonces, sí
o no.
NICOLA: Sí.
KATZMANN: Ajá, la quería... ¿Y
para demostrarle su amor huyó a México cuando
el estado lo llamaba como soldado...?
NICOLA: Me fui para no combatir.
KATZMANN: )Y cuándo volvió nuevamente?
NICOLA: Después del armisticio.
KATZMANN: Cuando la guerra había terminado,
digamos.
NICOLA: Sí señor.
KATZMANN: )Se da cuenta que está declarando
ser desertor?
NICOLA: ¡Io non sono un vigliacco...!
THAYER: (Martillo.) No se comprende al acusado.
NICOLA: (Corrige.) (Que no soy un... un cobarde...
Si es lo que quiere decir!
KATZMANN: )Entonces por qué desertó...?
NICOLA: Soy contrario a la guerra por principio.
KATZMANN: )Quiere decir que su filosofía
le impide combatir...?
NICOLA: Mis ideas sono... son... están contra
toda clase de violencia.
KATZMANN: )Qué ideas, sus ideas políticas...?
NICOLA: (A Thompson.) Devo rispondere a... a esta
pregunta?
THAYER: Naturalmente.
NICOLA: Soy un anarquista. Y el anarquismo está
en contra de toda clase de violencia...
KATZMANN: (Irónico.) )De veras...? (Sacco
se pone de pie.) Permítame decirle que esto es
para mí una novedad absoluta. Y supongo que lo
debe ser para todos en esta sala. ()Usted se olvida que
los anarquistas asesinaron en este país al presidente
Mackinley?! (Que hicieron explotar una bomba en Wall Street
que destrozó a diez compatriotas inocentes...!
SACCO: (Descontrolado.) (Non sono stati gli anarchici!
THAYER: (Martillo.) Si el acusado insiste en su
idioma, se solicitará traducción al intérprete.
SACCO: Digo que los anarquistas no fueron... Que no somos
asesinos.
KATZMANN: )Ah no...? La historia de los últimos
años señor Sacco, ha demostrado que anarquía
es sinónimo de subversión contra el orden
constituido, de desprecio por la propiedad privada, de
incitación a la violencia...
NICOLA: (A Thompson.) )Che cosa ha detto?
KATZMANN: (A Thompson.) Yo mismo se lo aclaro.
(Digo que el anarquismo se ha valido en toda su historia
de la violencia y el robo...!
NICOLA: (Estalla.) ()Cosa state a dire queste fesserie
davanti allá gente?! )Sovversivi noi...?! (Thompson
trata infructuosamente de interrumpirlo.) E da teci il
pane che ci basti per sfamarci e noi li rispeteremo...
)Ribelli noi? )Che significa? Se ci trattate come gli
animali per forza che ci ribelliamo. )Ladri...? )Ladri
noi che lasciamo il sangue per campá? (Termina
agitadísimo.)
KATZMANN: (Fastidiado.) )Alguien quiere tener
la amabilidad de traducir...?
THOMPSON: Protesto su señoría. Las
apreciaciones políticas del fiscal están
alterando a mi detenido. (A Sacco.) Señor Sacco,
le ruego que se tranquilice y aclare ahora en nuestro
idioma.
NICOLA: Sí señor...
THAYER: (Con una hoja en la mano.) No hace falta
abogado Thompson. La traducción legal obra en poder
de esta corte. (Lee.) El señor Sacco admite entre
otras cosas, según leo, que algunos anarquistas
recurren a la rebeldía violenta....
NICOLA: (A Thayer.) No señor... No es eso
lo que dije...
THOMPSON: Protesto su señoría...
La traducción no es...
THAYER: (Martillo. Agita la hoja). Si la defensa
lo desea puede consultarla.
NICOLA: (A Thompson.) Pero yo no dije eso...
THAYER: Entenderá que no hay otra manera
de comprobarlo que las actas del intérprete.
NICOLA: (Por Dios...!
THAYER: (Le he dicho que se calle! (Siéntese...!
(Un tiempo.)
KATZMANN: Según el informe de la Sección
Política de la policía, Usted ha participado
en varias huelgas en Staughton, Boston, )Es cierto...?
NICOLA: Sí.
KATZMANN: )Participó también de
aquella huelga metalúrgica en Plymouth en 1920?
NICOLA: Sí.
KATZMANN: )No fue en esa huelga que mataron a
tres policías?
NICOLA: Sí. Y a siete obreros, por desgracia.
KATZMANN: )Por desgracia para los siete obreros...?
NICOLA: Por desgracia para todos. También
la policía son seres humanos.
KATZMANN: (Ah... "también"! )En
aquella época ya había comprado el revolver
que le encontraron cuando lo arrestaron...?
NICOLA: )El 12 de enero...? Si... Creo que sí.
KATZMANN: )Y el día de la huelga la llevaba
encima...?
NICOLA: (No! ()No va a decir ahora que fui yo el
que mató a esos policías...?!
KATZMANN: Yo no lo he dicho. Fue usted mismo el
que acaba de sugerir esa posibilidad.
THOMPSON: (Me opongo, su señoría!
KATZMANN: (Se sienta.) He terminado.
THOMPSON: Sacco tranquilícese... )Donde
se encontraba usted el día, y a la hora en que
ocurrió el asalto...?
NICOLA: En el Consulado Italiano de Boston.
THOMPSON: )Habló con alguien allí,
alguien lo vio...?
NICOLA: El empleado de la oficina de pasaportes...
Le expliqué que volvía a Italia, que tenía
urgencia con los papeles... Que mi padre me necesitaba
allá... Que había habido una desgracia.
THOMPSON: (A Thayer.) Con el permiso de la corte
solicito que este testimonio escrito sea reconocido como
válido a los efectos legales, (Le da a Thayer el
documento.) y que le sea dado a conocer al jurado.
THAYER: (Examinando el documento.) La corte lo
considera válido a los efectos de la ley. (Lee.)
"Testimonio de Giuseppe Andrower, presentado a James
M. Bowcock Vicecónsul de los Estados Unidos de
América en la Ciudad de Roma, Reino de Italia,
Habla el señor Andrower: El 15 de abril de 1920
llegó al Consulado Italiano de Boston el señor
Nicola Sacco a presentar una fotografía para su
pasaporte..."
NICOLA:(Recuerda, en tanto, la carta de su padre.)
"Nicola, hijo mío: Sé que esta noticia
de la muerte de tu madre te entristecerá. Antes
de morir hubiera querido verte. No hablaba de otra cosa
últimamente..."
THAYER: "...La fotografía era en realidad
un retrato familiar, con su mujer y su hijo. Le expliqué
que no era lo que le pedíamos y se la llevé
al secretario del Consulado para mostrársela..."
NICOLA: "... No dejes de volver. Ahora ustedes
tienen un hijo también .Y podrás entender
lo que significa tener un hijo lejos por todos estos años.
Quisiera verte de nuevo junto a nosotros. No veo la hora
de tenerte aquí...
THAYER: "Recuerdo la fecha porque mientras
hablábamos de Sacco observé un almanaque
de mesa que había sobre el escritorio del secretario."
Declinan ahí las luces lentamente. Sube una vieja
canción italiana sobre las últimas líneas
del testimonio.
NICOLA: (Solo.) (Dante...! (Vas a ver lo florido
que es Torremaggiore en verano! Hay un remanso del río
donde el agua parece de vidrio. Te voy a enseñar
a tirarte de la piedra... Al principio da miedo, pero
después de la primera vez, uno no piensa en otra
cosa que en volver a romper el agua desde ahí arriba.
(Crece la luz general, se esfuma toda magia.) (Dante...!
(Dante...!
UNA VOZ: 10 de julio de 1921. Declaración
de Bartolomeo Vanzetti.
KATZMANN: )Dónde conoció a Sacco?
BARTOLOMEO: En México.
KATZMANN: )En qué año?
BARTOLOMEO: En 1917.
KATZMANN: )Por qué se encontraba usted
en México?
BARTOLOMEO: Para no ser obligado a combatir.
KATZMANN: )Es incapacitado?
BARTOLOMEO: No. Siempre fui un hombre sano.
KATZMANN: )Entonces por qué desertó...?
BARTOLOMEO: Por mis principios políticos.
KATZMANN: )Son los mismos que los de Sacco...?
BARTOLOMEO: Sí señor.
KATZMANN: )Y a raíz de tener las mismas
ideas subversivas se hicieron amigos?
BARTOLOMEO: No tenemos ideas subversivas. Somos
anarquistas, y como anarquistas combatimos todo lo que
violenta la libertad. En cuanto a Sacco, en la época
en la que lo conocí todavía no era anarquista
activo.
KATZMANN: ¿Podríamos decir que fue
usted quien lo inició... El que lo indujo a tomar
parte activa...?
BARTOLOMEO: El ya tenía sus ideas, pero
no eran claras. Pensaba que un hombre con mujer y familia
no debía ocuparse de esas cosas.
KATZMANN: )Y usted lo convenció...?
BARTOLOMEO: Sí señor.
KATZMANN: Y desde ese momento abandonó
sus deberes de marido y de padre...
BARTOLOMEO: El señor Sacco jamás
ha hecho una cosa así. Quiere demasiado a su familia.
KATZMANN: No obstante, participó en huelgas
y manifestaciones subversivas.
BARTOLOMEO: Un anarquista y un subversivo son dos
cosas diferentes.
KATZMANN: (Toma un gorro azul y se lo alcanza
a Bartolomeo.) ¿Ha visto antes este gorro?
BARTOLOMEO: Tengo uno igual.
KATZMANN: )No será ese?
BARTOLOMEO: No podría decirlo. Son todos
iguales...
KATZMANN: Mírelo bien... )No tiene alguna
particularidad que le permita identificarlo...?
BARTOLOMEO: Este tiene un agujero, y el mío
era casi nuevo. Además olía a pescado porque
lo uso cuando ando vendiendo.
KATZMANN: )Y cuando se lo quita, dónde
acostumbra a dejarlo...?
BARTOLOMEO: En mi negocio lo cuelgo de un clavo.
KATZMANN: Señores del jurado, aquí
tienen la razón de ese agujero: El clavo donde
el acusado colgaba el gorro. (A Bartolomeo.) )Sabe dónde
ha sido encontrado este gorro?
BARTOLOMEO: No señor.
KATZMANN: En el lugar y el día del asalto,
junto al cadáver de Berardelli.
BARTOLOMEO: Entonces no es mío. Yo no he
matado a nadie.
KATZMANN: )Quiere hacer el favor de probárselo?
(Bartolomeo niega.) )No...?
BARTOLOMEO: No.
KATZMANN: Debe hacerlo.
BARTOLOMEO: No voy a hacer el payaso.
THAYER: Nadie quiere faltarle el respeto señor
Vanzetti. Usted no puede negarse. (Bartolomeo, tenso,
se coloca el gorro que le queda evidentemente chico.)
KATZMANN: No, no... Cálcelo bien... (Bartolomeo
lo intenta.) Que se lo calce bien he dicho... (Katzmann
toma el gorro y forcejea. Bartolomeo se lo quita violento.
Da miedo.)
BARTOLOMEO: (Seco.) Basta.
KATZMANN: (Se retira confundido.) Explíqueme
por favor porqué mintió de semejante manera
cuando lo interrogó la policía en Brockton.
BARTOLOMEO: Tenía miedo.
KATZMANN: )Miedo de qué?
BARTOLOMEO: (Miedo de terminar como...! (Tiempo.)
Como otros compañeros
KATZMANN: Explíquese.
BARTOLOMEO: A que me... (Calla.)
KATZMANN: Explíquese...
BARTOLOMEO: (Estalla.) (A terminar como Salcedo!
(Mi... nuestro compañero...! (Yo fui a reconocerlo
dos días antes...! (Su cuerpo destrozado! (No puede
seguir hablando. Se quiebra.) (Destrozado...! (Y voy a
decir aquí su nombre para que todos lo sepan...!
(Truena.) (Andrea Salcedo...! (Destrozado! (En la vereda
de la oficina de policía de Nueva York...!
KATZMANN: Es solo un justificativo para sus mentiras.
BARTOLOMEO: (Es verdad mentí, pero eso no
quiere decir que yo haya asesinado a nadie...!
KATZMANN: Demuestra que tenía algo que
esconder.
BARTOLOMEO: Si. Que era anarquista.
KATZMANN: No, que era uno de los asesinos. Y que
el auto que intentaba conseguir era para huir fuera de
la ciudad con su cómplice para poner en circulación
el dinero robado.
BARTOLOMEO: (Terminante.) Por más trampas
que use no va a poder demostrar nada, porque de ese delito
somos inocentes.
Transición.
UNA VOZ: En la mañana del 16 de julio el
abogado Thompson cierra su defensa con el alegato final.
En la tarde lo hace el fiscal Katzmann por la acusación.
THOMPSON: Señores de la corte, señores
del jurado. Sé que en este momento sería
mi deber hacer un balance de los testimonios presentados
en este proceso, destacar la notoria debilidad de los
testigos de la acusación y la irrefutable validez
de las coartadas presentadas por esta defensa. Sé
que debería invitar a la reflexión sobre
la firmeza de una prueba constituida por un gorro y su
agujero, que ha podido transformarse en "prueba irrebatible"
de culpabilidad. Podría inclusive insistir y demostrar
una vez más, que el día del asalto Sacco
se encontraba en Boston y Vanzetti en Plymouth. Eso debería
hacer tal vez. Pero si la evidente mala fe de los testigos,
y el notorio afán de la acusación por perjudicar
a estos dos inocentes no los hubieran convencido en los
hechos, )Cómo habría de esperar convencerlos
yo con mi palabra...? No. No voy a hablar más de
este proceso. Hablaré sí del otro, del verdadero
proceso que se ha juzgado en esta sala: del proceso contra
Sacco y Vanzetti por el delito de anarquismo. Esta circunstancia
sobre la que la acusación ha puesto su mayor énfasis
no ha conseguido sin embargo hacer de ellos dos asesinos.
Quiero recordarles: los acusados no están aquí
para ser juzgados por sus convicciones políticas.
La constitución de nuestro país, una de
las más iluminadas del mundo, no deja duda al respecto:
Los seres humanos deben ser juzgados independientemente
de sus opiniones políticas, de su raza y religión.
Señores del jurado: El día del arresto de
mis defendidos, Rosa Sacco, la esposa del acusado, apenas
supo de la detención de su marido, se dio a la
deplorable tarea de quemar cada uno de los libros de política
que Sacco conservaba en su casa. Señores, cuando
un ciudadano en cualquier lugar del mundo cae en la humillación
de tener que quemar los libros que prefiere y ama, es
porque algo monstruoso a su alrededor está atentando
contra sus ideas. Es porque algo está suprimiendo
la libertad. He terminado.
(Katzmann se adelanta y hace su alegato.)
KATZMANN: Su señoría, Señores
del Jurado. Antes de iniciar mi alegato deseo felicitar
a la defensa por el brillante trabajo que ha desarrollado.
Y esto no es una fórmula de cortesía. Pocas
veces en mi carrera he tenido por adversario un colega
tan hábil en su propia tarea... y en la de ayudar
a la acusación. Sí señores, porque
son las mismas palabras de la defensa las que me permitirán
demostrar la culpabilidad de los acusados. Examinemos
rápidamente un argumento al que mi colega de la
defensa ha adjudicado vital importancia: Las coartadas
de los imputados. Según esos testimonios, en el
momento del asalto, Sacco se habría encontrado
en el Consulado Italiano en Boston, y Vanzetti en Plymouth.
)Pero quiénes aseguran esto?: Italianos. Todos
esos testigos son italianos. Algunos son compañeros
de partido de Sacco y de Vanzetti, otros son simpatizantes.
Señores del jurado: Yo no tengo ningún prejuicio
contra los italianos, pero por un acto elemental de objetividad
no puedo callar un tema como este. Los italianos emigrantes
ni aquí ni en ningún otro país han
tratado jamás de fusionarse con los otros ciudadanos,
sino que al contrario, se aíslan formando grupos
separados del resto de la comunidad, y mantienen entre
sí lazos del más inflamado nacionalismo.
Un italiano que vive en América, no se transforma
jamás en un americano; sigue siendo siempre un
italiano que vive en América. Hay en ellos una
especie de tácito desprecio por este país
que los cobija, que les da de comer y les ofrece condiciones
de vida que en su país de origen no han tenido
jamás. Y es sabido que tras todo italiano rige
férrea e inobjetada esa ley tremenda, heredada
de las sociedades secretas medievales: esa ley de bandidos
que se conoce como "Omertá". Omertá
por la que se protege a un compatriota no importa quién
sea. Omertá que prohíbe denunciar a alguien
de la propia raza aunque haya cometido el peor crimen.
Omertá, que significa mentira y silencio. Y ahora
escuchen bien: hablo de una ley a la que obedecen ciegamente
los partidos políticos de extrema izquierda, los
subversivos, los partidos enemigos de América.
Reflexionemos ahora. )Estamos seguros de que las coartadas
de Sacco y Vanzetti no proceden justamente de esa complicidad,
de un siniestro encubrimiento nacido de esas leyes de
la logia? )Podemos pensar que este caso sea excepción?
No señores. La defensa ha dicho que la constitución
de nuestro país en su iluminado liberalismo prescribe
que un hombre sea juzgado independientemente de sus ideas
políticas, religiosas o de su raza. Pero cuando
esas ideas políticas se transforman en actos criminales,
no se puede invocar a la constitución para defenderlas,
sencillamente porque se contraviene el código penal.
Esos partidos se valen, es sabido, de medios criminales:
atentados, raptos, robos, encubrimiento y corrupción.
Nuestro país está viviendo una de las etapas
más tristes y vergonzosas de su historia. Por esto,
señores del jurado tengo el deber de recordarles
que toda América los observa. Delante de ustedes
están hombres que además de representar
una amenaza para nuestro amado país, son dos criminales.
La parte sana de América pretende de ustedes un
veredicto que demuestre que es falso que la corrupción
lo haya infectado todo, y a todos.
América los observa, Señores del Jurado,
y espera oír la límpida, resonante, voz
de la incorruptibilidad, del coraje, y de la justicia.
Transición. Un tiempo de espera tensa.
THAYER: Bartolomeo Vanzetti y Nicola Sacco: el
jurado los reconoce culpables de homicidio en primer grado.
)Tienen algo que decir antes que se pronuncie la sentencia?.
NICOLA: (Se pone de pie.) Yo no sé hablar
señor, no soy orador. Mi amigo, mi compañero
Vanzetti, va a hablar mejor que yo seguramente. Pero lo
que sí puedo decir es que jamás supe, ni
oí, ni leí, que haya existido nunca en la
historia algo tan cruel como este tribunal. Usted, señor
juez, conoce mi vida, sabe por qué estoy aquí
y ahora me condenará. Podría contarle toda
mi vida, día por día, )pero de qué
serviría? Las cosas necesarias se las dirá
mi amigo Bartolomeo. El es tan inocente como yo y usted
lo sabe perfectamente. Jamás, ni ayer ni hoy, he
sido culpable de nada. (Se sienta.)
BARTOLOMEO: (Se pone de pie.) Lo que tengo que
decir es que soy inocente. No sólo soy inocente
de los asesinatos de los que se me acusa, sino que en
toda mi vida jamás he robado, ni matado, ni derramado
una gota de sangre humana. Quiero que quede bien claro
que siempre he luchado por terminar con el crimen en la
tierra, no sólo el crimen que la ley y la moral
oficial condenan, sino también ese otro crimen
que admiten y protegen: la explotación del hombre
por el hombre y el atropello contra la dignidad humana.
Y si hay alguna razón por la que aquí se
me juzga, si hay alguna razón por la que van a
condenarme, es por esa y por ninguna otra. Usted, Juez
Thayer, ha estado en contra nuestra desde antes de conocernos.
Le bastó con que éramos anarquistas para
convertirnos en asesinos. Permítame decirle lo
que creo: No son nuestros pecados los que se han juzgado
aquí. Son nuestros sueños. Nuestras esperanzas.
Eso es lo que han condenado. Lo que creen que podrán
matar. Y quieren hacerlo tan solo porque estos sueños
nuestros les amenazan la realidad. Soñamos cambiar
el odio por amor, y aquí es el odio el que tiene
poder. Soñamos un hombre solidario, y esta realidad
solo se mantiene con la competencia salvaje. Creemos en
la verdad y la libertad y aquí solo valen la opresión
y la mentira. Descubrimos que los derechos y privilegios,
aquí se adquieren y se mantienen solo por la fuerza.
Comprendimos que en nombre de Dios, de la ley, de la patria,
se cometen los delitos mas feroces; que los pueblos se
encuentran corrompidos en el corazón, los sentimientos
y la mente por obra del ejemplo y la voluntad de los gobernantes.
Pero también entendimos que la igualdad es la única
base moral sobre la que puede regir el contrato social
humano. Y que si nosotros, y la generación que
nuestras mujeres llevan en sus vientres no somos capaces
de modificarlo habremos fracasado todos, y la humanidad
seguirá siendo cada vez mas mísera y mas
infeliz. Quiero decirles una cosa señores del Jurado
y créanme que lo digo con todo el corazón:
Estaría feliz si me condenaran a muerte, sólo
por poder gritarle a la gente: Pónganse en guardia.
Todo lo que te dijeron, todo lo que te prometieron era
una mentira, era un fraude, era un delito, era una ilusión,
era un engaño. Nos prometieron libertad... )Dónde
está la libertad...? Nos prometieron prosperidad...
)Dónde está la prosperidad...? )Dónde
está el progreso espiritual que nos prometieron?
)Dónde está el respeto por la vida humana?.
Nunca como ahora, señores del Jurado ha habido
tantos crímenes, tanta corrupción como hoy.
Esto es lo que quiero decir: No le desearía ni
a un perro sarnoso, ni a una serpiente, ni a la criatura
más miserable de la tierra, lo que yo he tenido
que sufrir por delitos que no cometí. Pero hay
algo que me consuela y es que también he sufrido
por crímenes de los que sí soy culpable.
He sufrido y sufro por ser italiano, y es cierto, lo soy.
Estoy sufriendo por ser anarquista, y también lo
soy. Pero estoy tan seguro de mis ideas, tan convencido
de estar en lo justo, que si ustedes pudieran matarme
dos veces y yo pudiera renacer otras dos, volvería
a hacer exactamente lo que hice hasta ahora. (Pausa.)
He hablado mucho de mí y ni siquiera he mencionado
a Sacco, mi amigo. Mi compañero. (Ah, sí...!
Tal vez yo hable mejor que él, pero créanme
que muchas veces tuve que contener mi emoción frente
a ese hombre al que ustedes llaman ladrón, al que
llaman asesino y van a condenar. Lo harán, lo sé,
van a condenarlo. Pero escúchenme bien lo que voy
a decirles: Ustedes podrán hacer con él
lo que su crueldad les permita. Ustedes pueden matarlo,
pero si lo hacen, escúchenme bien... su nombre,
Nicola Sacco, seguirá viviendo en el corazón
de la gente cuando sus huesos señor Katzmann, y
los suyos señor juez, ya estén hechos polvo
por el tiempo, y sus nombres y sus leyes y sus tristes
instituciones no sean más que un oscuro recuerdo.
Un oscuro recuerdo de ese pasado, de este pasado, en el
que el hombre era el lobo del hombre. (Una larga pausa.)
Terminé. Gracias por haberme escuchado. (Se sienta.
Silencio.)
THAYER: (Se para. Lee.) Bartolomeo Vanzetti y Nicola
Sacco, en el día del señor de 19 de julio
de 1921, esta corte los condena a la pena de muerte transmitiendo
el paso de una corriente eléctrica a través
de sus cuerpos. (Medeiros comienza a aullar.) Esta es
la sentencia de la ley.
ROSA: (Y con ella Luigia, se desgarran en un grito.)
((Asassini...!!
MEDEIROS: (Mientras el espacio del juicio se disuelve
entre sombras.) (Hijos de puta! (Suelten a los italianos...!
(Culos rotos! (Esa fábrica la asalté yo...!
(A esos hombres los maté yo! (Yo les vi los ojos
de vidrio...! ¡Las caras blancas! ¡Yo! ¡La
baba y la sangre sobre las baldosas! (Yo me llevé
ese dinero! ()Y quieren saber qué hice con la puta
parte...?! (Me pasé por este cascajo de vena que
me queda, tanta morfina que terminó saliéndome
por el culo...! ¡Doctor y la puta que te parió...!
(Quiero esa jeringa ahora, o me reviento la cabeza contra
las rejas...! (Quiero mi jeringa y quiero un juez... Voy
a confesar el asesinato de South Braitree...!
UNA VOZ: Entre 1921 y 1927 la defensa pide en sucesivas
oportunidades la revisión de la causa. Cada pedido
es rechazado uno tras otro por el Juez Thayer y la suprema
corte de Dedham. La defensa apela al gobernador de Massachusetts,
quién nombra una comisión investigadora.
La comisión ratifica la culpabilidad de Sacco y
Vanzetti.
MEDEIROS: (Hijos de puta, suelten a los italianos...!
UNA VOZ: Durante seis años la justicia rechaza
una apelación tras otra. La ejecución se
posterga una y otra vez. Crecen en el mundo las protestas
por el caso.
Crece ahora una luz sobre Nicola, en un camastro de la
celda, de espaldas a Bartolomeo, que aguarda con un plato
de comida en la mano.
BARTOLOMEO: Allora mangia...
NICOLA: No.
BARTOLOMEO: )No va a hablarme tampoco...? Nos dan
la oportunidad, y ni siquiera va a hablarme.
NICOLA: No.
BARTOLOMEO: )Por qué...?
NICOLA: (Lo mira.) Me convence. Si habla me convence.
)Vino para eso, no?
BARTOLOMEO: Sí.
NICOLA: Al menos es sincero.
BARTOLOMEO: Lleva dos semanas sin comer. )A dónde
quiere llegar...?
NICOLA: )A dónde se llega sin comer?
BARTOLOMEO: A un hospital, con un tubo por la boca.
)No es más humillante?. Allora mangia... (Nicola
le da la espalda.) Hace seis años que estamos aquí...
)Se va a rendir ahora...?
NICOLA: Ahora, antes, después... )Cuál
es la diferencia?
BARTOLOMEO: Ahora de nuevo hay esperanzas.
NICOLA: (Hace seis años que vivimos de esperanzas...!
)Cuántas veces creímos, ya...? Seis años
que juegan con nosotros... Nos acercan a la silla y nos
alejan de ella. (Basta...! (Quiero la libertad de morirme
en paz!
BARTOLOMEO: Justo ahora.
NICOLA: Otra vez con el ahora.
BARTOLOMEO: Medeiros repitió la confesión.
Tienen que reabrir el caso.
NICOLA: )Usted escuchó sus gritos? Día
y noche desde hace meses. Ese hombre está loco,
destruido por la morfina, y tiene condena en fijo también
para la silla... )Quién va a creerle?
BARTOLOMEO: Lo han vuelto a interrogar. Presentaron
tres recursos...
NICOLA: Esa gente ni los mirará.
BARTOLOMEO: Ya no se trata de Thayer, Nicó...
La corte de Justicia es la que decide ahora. Sobran pruebas
esta vez.
NICOLA: No me pida fe. Fe no me queda.
BARTOLOMEO: (Un tiempo.) No. Le pido que no me
deje solo.
NICOLA: Usted me deja solo. Con el miedo me deja
solo.
BARTOLOMEO: )Miedo...?
NICOLA: (Sí miedo, miedo! ¿Qué...?
Miedo a tener esperanzas de nuevo. A volver a empezar.
A creer otra vez que hay un poco de justicia para nosotros.
)Cuántas veces creímos? )Cuántas
veces nos agarramos de la vida? )Para qué? Para
que una y mil veces le vuelvan a decir a uno "lo
engañamos, prepárese a morir" (Basta...!
Lo mejor que Dios le dio al hombre, es morirse una sola
vez. Y que nadie le avise nunca el momento de la muerte.
)Cuántas veces hemos muerto ya...? )Las contó?
)Diez? )Treinta? )Cien? (No puede evitar el llanto.)
BARTOLOMEO: Nicó... (Quedan mirándose
largamente. Se unen en un abrazo seco y breve.) Questa
volta sara quella buona... (Le alarga una cucharada con
comida Una per Dante... (Un tiempo. Nicola comienza a
comer.) Una per Agnese... Una per Rosa...
UNA VOZ: En París, veinticinco mil personas
frente a la Embajada de Estados Unidos piden la gracia
para Sacco y Vanzetti
La luz los deja y crece sobre Thayer, de camisa y sombrero
rancho. Una jarra y dos copas. Toma una copa y sirve en
ella. A su lado, molesto, Thompson aguarda de pie.
THAYER: Refresco de limón, abogado Thompson,
el gusto de las viejas cosas... Pero qué hace de
pie, siéntese aquí... Esta galería
es mi refugio contra el verano. A mi edad, los calores
comienzan a volverse peligrosos... (Ríe. Acota.)
A esta edad, en realidad, casi todo es peligroso... Decía
mi abuelo, con todas las erres de su bendito irlandés:
"Después de los sesenta, si un día
te levantas sin dolorrr, prrreocúpate porrrque
estás muerrrto.." (Ríe. Thompson se
sienta y toma un trago.) Recién exprimido. Ese
es el secreto de la limonada de la señora Thayer...
No me canso de recomendar sus virtudes. Un minuto antes
de que usted llegara, me preguntaba ella justamente si
ya había estado antes usted aquí en casa...
THOMPSON: No. Es la primera vez.
THAYER: Eso descubrí. Es extraño,
tantos años... Martha, le dije: tantos años
y el abogado Thompson no ha probado aún tu limonada...
(Ríe.)
THOMPSON: Siete años.
THAYER: Siete... Claro, todavía mi nieto
jugaba a los vaqueros en ese césped, y hoy es un
futuro colega. (Acota.) Bienvenido a la profesión.
Nunca serán pocas las manos de la ley.
THOMPSON: Eso creo también.
THAYER: )Sabe qué, Thompson...? Siempre
soñé con un país ordenado, del que
la justicia tuviera que ser sólo el guardián.
Pero... No tuve la suerte de llegar a verlo. Tuvimos que
ser soldados, Thompson... Y de la vanguardia. (Pausa.)
Eso pensaba anteayer justamente, meditando sobre el resultado
de su apelación. (Thompson se inquieta.) No se
impaciente. Sé que vino por la respuesta. Déjeme
llegar a ella. (Pausa.) Mire a su alrededor, Thompson...
)Qué me dice?
THOMPSON: Un bello lugar.
THAYER: Un vergel. Todo calma. Un refugio en medio
de la tormenta. A unos kilómetros de aquí,
en la ciudad, apenas se puede caminar entre la basura.
)Sabe una cosa, Thompson? Hace unos años apenas
-Usted llegó a conocerlo, sin duda- también
esa ciudad era un paraíso. Donde antes hubo paz
y entendimiento, ahora hay sólo luchas y odio.
THOMPSON: Me imagino a lo que quiere...
THAYER: Déjeme terminar. Todos los
días al amanecer miro a mi alrededor, a esta Old
New England con sus casas arboladas y sus jardines verdes,
y sus niños de ojos azules, y me estremezco de
solo pensar que todo esto que consiguieron mis padres,
y mis abuelos, y los suyos claro, puede ser destruido
por la espada y por el fuego. Algo ha ocurrido abogado
Thompson en esta tierra nuestra: ha venido gente extraña,
de pieles también extrañas. Gente que no
lo mira a uno a los ojos. Que hablan solo en su propio
idioma y viven en sucuchos y sólo parecen felices
inquietando, sembrando el descontento, azuzando a un hermano
contra el otro y susurrando por todos lados: "Más
dinero..." "El patrón es un explotador.."
"Es un demonio..." ")Por qué no
nos repartimos sus riquezas...?" Pero usted y yo,
a pesar de todo hemos seguido administrando justicia con
equidad, y no hemos hecho diferencias... Y hemos tratado
de olvidar que ellos odian desde el nombre de este bendito
país, hasta la tradición de nuestros antepasados.
Si, abogado THOMPSON: La Corte rechazó su
apelación por esos anarquistas. (Thompson se para.)
(Pero piense como americano, y sé que les dará
también la razón...! )Si fueran ellos los
que dirigieran los tribunales, qué clase de justicia
habría para gente como usted o como yo...? (Con
que sólo vieran un par de ojos azules, ya bailarían
la danza de la muerte!
THAYER: (Pero no comprende abogado que aquí
no se trata ya de culpables o inocentes...! (Que aquí
sólo importa quién gana, si ellos o nosotros!
(Y nosotros no podemos ser vencidos...! (Esa sí
sería una injusticia! (Una injusticia para sus
hijos... Una injusticia para mis nietos!
THOMPSON: (Parándose para irse.) Apelaré
al gobernador... Al presidente si es necesario. (Pediré
clemencia!
THAYER: )Por qué abogado? ¿Qué
tiene que ver usted con ellos...? (Sólo contésteme
por qué!
THOMPSON: (Porque no me desayuno con sangre, Thayer!
(Porque tengo cuarentaisiete años señor,
y llegué a esta profesión a los veintitrés
sólo porque sentí que la justicia hacía
mejores a los hombres! (Y así lo creí siempre,
hasta este caso! (Pero ya ni eso me queda! Desde hace
meses, Juez Thayer, llevo conmigo mi matrícula,
día y noche (La saca.) Y la saco, y la sobo, y
la leo y la releo, sólo para saber quién
demonios soy. Sólo para que siga gritándome
mis obligaciones. (Sacco y Vanzetti van a morir, Thayer...!
Y la justicia se enchastrará irremediablemente.
(Ah, sí...! Mi nombre saldrá en los periódicos...
Y me crecerá una módica aureola de idealismo...
(Y mañana mis clientes serán justamente
los que alentaron este linchamiento! No, Juez Thayer.
Pienso hacer lo imposible por salvarlos, pero si esos
hombres son asesinados; si la justicia es esto que hacen
ustedes... Escúcheme bien: (Prefiero tirarle este
papel a los cerdos!
Thayer comienza a rezar en voz baja. Crece una luz sobre
Bartolomeo que observa la escena. Thompson se aleja furioso.
UNA VOZ: En Londres, Berlín, Hamburgo, Moscú,
Calcuta, Bruselas, miles de personas salen a las calles
a pedir la gracia para Sacco y Vanzetti.
BARTOLOMEO: )Y qué otra cosa esperaba, abogado?
THOMPSON: (Se incorpora al espacio de Bartolomeo.)
Está bien. Otra vez la razón es suya. Pero
nos queda el gobernador. Si lo presentamos a tiempo aún...
BARTOLOMEO: (Corta.) Ya está bien, Thompson.
Hizo lo que pudo.
THOMPSON: Escuche...
BARTOLOMEO: Le digo que está bien. Se probó
todo.
THOMPSON: No. La clemencia no. El gobernador no
puede negarla. Ya he preparado el oficio. (Saca unos papeles.)
Se aceptan los cargos y se pide ...
BARTOLOMEO: (Interrumpe.) Justicia. (Thompson lo
mira.) Si algo se pidió y se seguirá pidiendo
es justicia. Y si no la dan es porque no la tienen. Justicia.
Hace años que no me habla de otra cosa: Su justicia.
)Qué pasa ahora Thompson, dejó de creer
en ella y pasó a creer en el perdón...?
THOMPSON: No... Yo...
BARTOLOMEO: El perdón lo piden los culpables.
Yo soy inocente.
THOMPSON: Se trata de estrategia, Vanzetti. Deteniendo
la ejecución podríamos...
BARTOLOMEO: (Interrumpe. Calmo.) Usted es un gran
abogado. (Thompson lo mira sorprendido.) Quería
decírselo. Y lo que ha hecho por nosotros se lo
voy a agradecer hasta el último segundo. (Pausa.)
Tanto tiempo hablando de leyes, de recursos, nunca había
podido decírselo. Hoy se lo digo: gran abogado.
Le agradezco todo lo que hizo por mi vida. Ahora lo que
queda déjemelo a mí.
THOMPSON: Usted no puede abandonar ahora.
BARTOLOMEO: ¿Abandonar...? Si nunca estuve
más cerca de una meta. (Pausa.) Thompson, usted
sabe con cuánta obstinación defendí
mi inocencia. Soy inocente. La gente lo sabe. Los que
son como yo lo saben, lo creen. Yo ya no tengo nada que
pedir. Son ellos los que nos deben justicia a nosotros,
y quisiera que la den porque eso mostraría el fracaso
de sus mentiras y la fuerza de nuestra verdad. Pero si
no la dan, si no conmutan la pena: nada va a gritar con
más fuerza que esta muerte, que esa justicia está
podrida. Están encerrados en su propio chiquero,
Thompson. No seré yo quien les abra una puerta.
En el fondo, abogado, esto es nuestra victoria.
THOMPSON: ¿De qué victoria me habla...?
BARTOLOMEO: Mis ideas.
THOMPSON: (Estalla.) (Sus sueños!
BARTOLOMEO: También puede llamarlos así.
THOMPSON: Pero yo soy abogado, Vanzetti. Y para
mí no hay victoria sino salvándoles la vida
Y sus vidas dependen ahora de su firma en este maldito
papel. Y en esa maldita decisión del gobernador
del Estado. (No pienso quedarme sentado esperando un milagro!
(Firme aquí y déjeme hacer!
BARTOLOMEO: Es inútil que me lo vuelva a
pedir. No lo intente tampoco con Nicola. Lo hemos decidido.
THOMPSON: Y yo qué...? ()Qué cree
que va a ser de mí...?! (Soy su abogado...! ()Es
algo, no?!
BARTOLOMEO: Lo es. Y nosotros libertarios. También
es algo.
THOMPSON: (Desbordado.) ()Quiere que le diga lo
que creo...? (No, no lo es! (Un sueño no es algo!
(Un sueño no es nada! (Muéstreme un lugar,
un solo maldito lugar sobre la tierra donde ese sueño
haya mostrado su virtud! (Una sola prueba visible y comprobable
de que el mundo puede ser mejor con sus quiméricas
ideas!
BARTOLOMEO: Pruebas. Claro, los abogados juzgan
pruebas. )Y si fuese verdad que es un sueño...?
Como si de los propios sueños no fuéramos
también responsables los mortales. Abogado Thompson,
usted no podría entender: Una cosa es soñar
y otra es estar dormido. A nosotros, soñando, no
nos hace falta despertar para ver este mundo suyo. Ustedes
en cambio si no despiertan a tiempo, no lo verán
nunca. (Tiempo.) No insista con la clemencia. Déjenos
a nosotros con el sueño. Y que sigan los otros
durmiendo sobre sus leyes.
THOMPSON: (Destruido.) Quién habla
de leyes ahora, Vanzetti...? Pero si es verdad que la
justicia no existe, que haya por lo menos piedad.
Con un gesto calmo Vanzetti apoya su mano en el hombro
de Thompson. Thompson acepta. Un tiempo. Thompson guarda
entre sus papeles el pedido de clemencia.
La luz recorta ahora a Medeiros que juega con una pelota.
Hace frío. Se sopla las manos. Unos pasos más
allá, Sacco lo observa.
UNA VOZ: Huelgas en Colombia, Venezuela, Chile,
Brasil, Argentina. En Sudáfrica, cincuentamil obreros
abandonan el trabajo y se encolumnan en las calles.
NICOLA: Medeiros... (Medeiros no le contesta. Sólo
lo mira y sigue con la pelota.) Soy Sacco.
MEDEIROS: )Y...?
NICOLA: No lo conocía. Lo vi en el pabellón
alguna vez, pero nunca aquí en el patio.
MEDEIROS: ¿Vas a seguir hablando mucho tiempo...?!
(Grita.) (Guardia...! (Alcahuete...! (El gringo aquí
busca pelea...!
NICOLA: No, pelea por qué...? Sólo
quería decirle quién soy. Soy uno de los
condenados que...
MEDEIROS: (Interrumpe.) ¿Qué,
soy estúpido yo...? )No te conozco...? Un millón
de personas gritan tu nombre allá afuera todos
los días. )Soy sordo...? Ya está bien. (Grita.)
(Guardia...! (Me sigue jodiendo! (Soy un hombre peligroso...!
(Ríe.) (Voy a reventar a este italiano y tendrán
que electrocutarme dos veces!.
NICOLA: Me pregunto por qué lo hizo.
MEDEIROS: (Sorprendido.) Que...
NICOLA: La confesión.
MEDEIROS: (Guardia... Aquí el gringo...!
NICOLA: (Interrumpe. Habla calmo. Medeiros lo escucha
contenido.) Me pregunto todos los días si de verdad
era el asesino, o sólo confesó porque ya
estaba condenado. Porque no tenía nada que perder.
MEDEIROS: ¿Qué pasa...? ¿No
te gusta...? Confesé y ya está...
NICOLA: Sea como sea fue piadoso. Usted es un hombre
bueno.
MEDEIROS: ¿Qué mierda te pasa, gringo...?
Confesé porque quiero... Porque tengo hígado...
Porque puedo mostrarle a cualquiera qué cojones
tiene Celestino Medeiros... Todas las noches una multitud
grita ahí afuera por ustedes... Quieren salvarlos...
¿Y qué han conseguido con sus gritos...?
No es con gritos como se consiguen las cosas. Por mí,
en cambio no hay ni un perro sarnoso ahí afuera.
Y si lo hubiera solo ladraría: "(Medeiros
hijo de puta...! (Asesino... Basura...!" Y sin embargo
esta basura hizo por ustedes más que toda esa mierda
de abogados. Más que todos esos imbéciles
que gritan ahí afuera. ¿Por qué...?
(Porque tengo las bolas que hacen falta...! ¿Te
dijeron alguna vez cuántas veces robé? Treinta
y dos. (Cinco muertes sobre mi cabeza! Yo estaba ese día
en el asalto de South Braintree. O no... )Qué importa
eso? Yo conozco los ojos de los muertos. Los dientes reventados
contra una vereda. El pegote de la sangre cuando se te
seca entre los dedos. Yo sé que son inocentes.
Te lo veo en esos ojos de oveja tonta.Y siendo una mierda
como soy, yo te salvo la vida, y de esos afuera no hay
uno solo que tenga las bolas para hacerlo. Me van a electrocutar...
Cincuentamil voltios... ¿Alguien se puede imaginar
lo que es eso...? Y cuando este cuerpo quede como un pedazo
de carbón sobre esa silla, en los aguantaderos,
en los tugurios, en los barrios de putas la gente mía
dirá con el sombrero en la mano: ¡Salud a
las pelotas de Celestino Medeiros!
NICOLA: Y también dirán: era un hombre
bueno; entendió que en el mundo uno no está
solo.
MEDEIROS: (Conteniendo la emoción a duras
penas.) ¿Qué pasa...? No es domingo para
que venga el cura.
NICOLA: No hablo del cielo, Medeiros. Hablo de
la tierra. Entendió que la vida, que las cosas
que se hacen, que hasta la muerte de uno, le pertenecen
a los otros. (Hay un largo silencio.)
MEDEIROS: ¡Guardia, quiero volver a la celda!
(Hace frío aquí...! (Intentando vanamente
el humor.) ()Si me matan de pulmonía, qué
mierda van a hacer con esa silla...?! (Intenta reír.
No puede. La luz se va.)
Surge un espacio en el que Luigia y Bartolomeo se miran
largamente. Más allá, aparte, Rosa espera
a Nicola que va hasta ella y quedan también en
silencio.
UNA VOZ: La Iglesia Católica, Anglicana,
Evangelista, Ortodoxa, La Comunidad Musulmana, los Rabinos,
piden al presidente de los Estados Unidos que se conceda
la gracia.
LUIGIA: (A una figura imaginaria: su padre.) Época
de abono, me dijo...
BARTOLOMEO: No deje de carpir en cuanto vuelva.
LUIGIA: ...de carpir en cuanto vuelva... Y pida
bosta al cochero. Se acordaba del cochero todavía...
BARTOLOMEO: Amedeo. Amedeo el cochero.
LUIGIA: E brutta questa terra, papá... Cuando
el barco se acercaba la vi tan... tan... (Daba miedo!
(Imponente! (Ya a Bartolomeo.) Es fea... )Qué tiene
que hacer aquí un italiano? Fea y triste la América.
BARTOLOMEO: )Cuándo regresa?
LUIGIA: Cuando todo termine. (Al padre.) Le dije
que usted no quería que lo dejara allí.
(A Bartolo.) Si todo sale bien te llevo conmigo. Si no
me llevaré las cenizas a casa. (Al padre.) No dijo
nada. Tiene que llegar el perdón le dije. Tiene
que llegar. Por la gracia de Dios.
BARTOLOMEO: No. Por la de mis razones.
LUIGIA: Otra vez. No escribiste otra cosa en todos
estos años.
BARTOLOMEO: Es mi fe.
LUIGIA: Mi fe, dijo. Y vinieron esos hombres.
Comienzan a preparar a Bartolomeo para la ejecución.
En la otra celda hacen lo propio con Nicola. Rosa está
a su lado.
ROSA: (A Nicola. Crispada.) (Hay que hablar con
ese chico, Nicola! (A mí no me hace caso!
NICOLA: (Calmo.) Que sepa que no dejé de
nombrarlo. Ni en el último segundo. Que se entere.
ROSA: (Niega conteniendo las lágrimas.)
Si no es la que viene será en dos semanas, que
ya tiene las vacaciones de la escuela.
NICOLA: Que lo sepa. Que lo recuerde siempre.
LUIGIA: Mi fe. Mi fe, dijo. (A Bartolomeo.) No.
Tu fe es la fe en la que naciste. Es la de papá
y mamá. Es la mía. Bartolomeo, por última
vez: recibirás al cura.
BARTOLOMEO: Es inútil. Qué le puedo
decir. Qué me diría él.
LUIGIA: La verdad: Soy inocente... (Pero qué
les ha hecho esta tierra! Tampoco Nicola ha querido confesarse,
y hasta ese asesino, el que grita sin parar, ha rechazado
la confesión.
BARTOLOMEO: Medeiros.
LUIGIA: Pobre loco. Delira. Dice que Sacco le ha
dado la absolución.
ROSA: Volveremos Nicola. En tercera. Como vinimos.
Vas a salir de aquí y volveremos. Cuando lleguemos
a Torremaggiore pienso subirme a la colina, mirar hacia
aquí y gritarle a la América hasta quedarme
ronca: (Yo te maldigo!
NICOLA: Te quiero Rosina. Te quiero.
ROSA: Vamos a gritar. Vas a gritar conmigo desde
esa colina...
NICOLA: Un abrazo fuerte a los hijos. Un beso a
cada uno. Estás tan hermosa.
ROSA: Hermosa me dijo. Estás tan hermosa.
NICOLA: Que no pierdan el idioma...
ROSA: Que te acuerdes la canción, Dante.
Que en ella están todas las palabras que un hombre
debe saber.
NICOLA: Liberta. Terra. Pace. Speranza...
ROSA: (Comienza, ahogada, a recorrer la canción.)
Addio Lugano bella... O dolce terra pia... Banditi sensa
terra... gli anarchici vai via...
LUIGIA: (Al padre.) "Yo no puedo rezar, Luigia...",
dijo...
BARTOLOMEO: ...Las cosas son las cosas, y la única
oración que tienen las cosas son los actos de cada
uno. )En qué idioma sino hablaría Dios...?
Su única lengua, hermana, la única que entiende
es la de estos actos...
LUIGIA: ¿He actuado mal yo?, me preguntó.
)He actuado poco?. Cuando esta noche camine por ese pasillo
hacia la cámara, cada paso nuestro será
una palabra de esa oración que estás pidiendo...
BARTOLOMEO: ...Cada paso Luigia... Después
entraré allí, daré mi último
grito, y si es cierto que allá arriba hay alguien
oyendo, escuchará...
LUIGIA: Amen...
BARTOLOMEO: Amen...
NICOLA: Dante... Usted ha crecido y hay que hablarle
como a un hombre. Las tiene que consolar y proteger. Le
dejo a las dos.
ROSA: Recuerde siempre, dijo: ayude a los débiles,
a los perseguidos y a las víctimas.
NICOLA: Dante, la alegría de los juegos
hay que compartirla con los otros. Compañero es
el que comparte el pan...
ROSA: ...Así es la idea nuestra,
dijo. El fin de la vida no es el fin de la esperanza:
un hombre espera también en sus hijos. Y en los
hijos de sus hijos.
NICOLA: Nuestra idea llegará, Dante. En
unos años o en un siglo. Con otro nombre. Con otra
forma a lo mejor, pero va a llegar. Va a llegar.
LUIGIA: Te matan como a Cristo, y estás
renegando de Él. (Transición.) Si esto fuera
lo que Él sembró, me dijo, me avergonzaría
de ser cristiano.
BARTOLOMEO: Nosotros no somos mártires,
Luigia. Ni profetas. Apenas de esos que nacen para vivir
como hormigas. Hormigas solamente que un día descubrimos
que nuestros deberes nos daban también derechos,
y levantamos la voz: "Hágannos vivir mejor..."
Entonces el engranaje se puso en movimiento. Primero nos
atrapó. Ahora nos tritura...
LUIGIA: Pero Bartolo, ¿Cómo puedo
entender...?
BARTOLOMEO: ...Cómo podrías entender,
Luigia... Si no hubiera sido por esto, qué hubiera
sido de nosotros...? )Hablar por las calles a hombres
indiferentes...? )Morir desconocidos...? Nunca había
imaginado hacer tanto en favor de los hombres. En el fondo,
hermana, esta agonía es nuestro triunfo.
LUIGIA: Entonces me lo pidió. Me
puso la mano así, en la cara... "Te pido que
a papá lo beses por mí..."
BARTOLOMEO: ...Que lo beses por mí.
LUIGIA: "...No le digas nada. No entendería..."
BARTOLOMEO: No entendería. Así de
sonso: que lo beses por mí.
NICOLA: Querido hijo, no lo olvide nunca:
No es el cuerpo de su padre el que quieren electrocutar.
Son sus ideas.
UNA VOZ: 23 de agosto de 1927. El gobernador
y el presidente rechazan el perdón a Sacco y Vanzetti.
Luego de la ejecución de Medeiros, ambos morirán
en la silla eléctrica.
Los personajes son convocados a la ejecución. En
un último gesto Thompson, frente a Thayer, rompe
penosamente su matrícula, y la arroja a los pies
del juez.
BARTOLOMEO: Solo me queda decir que nunca he cometido
ningún crimen, sólo algunos pecados. Perdono
a los que me han hecho mal. Gracie a tutti che mi hanno
aiutato. Sonno innocente. Buona sera, signori. (Viva l'anarchia!
Nicola y Bartolomeo se unen en un abrazo macizo.
Las luces comienzan a cerrar sobre ellos.
Av Roque Sáenz Peña 943
C1035AAE Buenos Aires, Argentina
Tel. (011) 4326-3606
E-mail info@teatrodelpueblo.org.ar