OCTUBRE
DE 1911. INTERIOR DE UNA CASONA COLONIAL MONTEVIDEANA.
LA NEGRA ESTRELLA SE MIRA AL ESPEJO MIENTRAS LE DA DE
MAMAR AL HIJO. HACE CARAS. ENSAYA SONRISAS Y BESOS.
ESTRELLA : Diosa del baile, del carnaval, princesa del
Rosario, reina de San Benito y de San Baltasar. ¿Sabe,
chubito?: voy a volver a ser soberana. Cuando se le desarrolle
un poco más la vista, va a ver qué linda
es su madre. Si hasta parezco una señora, acá
sentada. Me ponen así: unos brocatos, un canapé,
una alfombrita a los pies, una seda sobre el cuerpo y
una joya discreta y ya está: no le desmerezco en
ningún salón. (SIN DEJAR DE AMAMANTAR BEBE
AGUARDIENTE) Para darle un poco más de gusto a
la leche, m'hijito... ¿Vio? Ahora chupa mejor.
Como su padre... prendido a lo que viniera: teta, pipa,
botellón... Hasta que vino una goleta, se prendió
a la vela y adiós. Cuando desarrolle más
el entendimiento le voy a contar cómo era su padre.
Y el desgraciado se va a revolcar esté donde esté
de tan mal que lo voy a nombrar. Ya me decía mi
madre con razón: "Estrella, ese hombre es
muy blanco, no es para usted... La va a pasar mal".
(VUELVE A BEBER) Si ni madre tuviste, ¿qué
hablás? No, madre no, pero padre sí y qué
padre. De su abuelo puede estar orgulloso, chubito. Un
hombre de verdad. Tan macho que podía hacer hijos
con la baba. Así nací yo: escupió
la tierra y alcanzó. Cuando volvió por allí,
al tiempo, me encontró ya hecha: chiquita y boqueando.
"Qué pena que sea hembra", dijo. ¡Mentira!
Eso lo digo yo. A él no le alcanzaban los ojos
para mirarme. (FRENTE A SU PROPIA IMAGEN EN EL ESPEJO,
MIENTRAS SE LE INTERPONE UN REPENTINO RECUERDO) Como me
miró el coronel me miraba él. Con esos ojos
de llegar hasta el fondo. (SE QUEDA ENSIMISMADA FRENTE
AL ESPEJO. EL HIJO DEJA DE CHUPAR Y ELLA QUEDA CON EL
PECHO DESCUBIERTO, CONTEMPLANDO SU DESNUDEZ. EL NIÑO
ERUCTA Y ELLA VUELVE A LA REALIDAD) Eso, m'hijito. Eructe
con ganas y bien fuerte. ( SE LO ACOMODA SOBRE EL HOMBRO
Y LO PALMEA) Haga todo el barullo que quiera que para
eso estamos solos y vaya a saber por cuánto tiempo.
Métales ruido nomás que ahora no hay quien
lo haga callar. (PRUEBA EL SONIDO EN EL ESPACIO) ¡Callar!
¡Callar! ¡Callar! ¿Oye cómo
rebota mi voz contra las paredes? Parece más grande
la casa así tan sola. Si me viera el ama: sentada
en su canapé y mirándome en su espejo. Espejo
maula. Empachado de tanto feo has de estar. Ahora sí
que te ves bonito: conmigo y con el chubo pintados sobre
tu cara fría. (CONTEMPLA SU IMAGEN DETENIDAMENTE.
ENSAYA POSES.DEJA AL NIÑO Y MIRA TODO SU CUERPO
REFLEJADO) Así, así como estoy ahora andaba
cuando me encontraron los sitiadores. Puede ser que más
descolorida la cara por el susto. ¡Ah! Y la mantilla
llevaba. Así... (SE PONE LA MANTILLA CUBRIENDOSE
LA CABEZA Y LOS HOMBROS) Así me llevaron hasta
el campamento. "Ahora me pasan a degüello y
me dejan guacho al chubito", pensaba yo. "La
encontramos merodeando" dijo el soldado a un hombre
de a caballo. Y en el medio del terror me vino un coraje...
Me abrí la mantilla y dije: "¿A ver?
¡Mátenme de una vez!" ¡No! No
dije así. Dije: "Maten a una madre... ¿a
ver? ¡Maten!" Entonces levanté la cabeza
y lo vi a él. Tenía fija la vista en mi
pecho. Y cuando el soldado preguntó: "¿Qué
hacemos, don José?" ahí me enteré
de que el jinete era Artigas. Y Artigas, después
de un rato, me sacó la vista del pecho y me la
plantó sobre los ojos y yo me quedé mirándolo
porque nunca nadie me había mirado así.
"Vuelva adentro de las murallas. Y no salga más
por estos campos. Son parajes peligrosos". "¿No
va a apresarme?" "No tomamos prisioneras a las
mujeres". ¡Atienda la delicadeza, chusito!
"dama" dijo. Tenía la voz fuerte, de
tambor bien templado. Yo le comprendí en seguida
su belleza y su sentimiento. Me mandaba de vuelta a la
ciudad para protegerme, pero yo veía en sus ojos
la invitación... "¡Coronel! Tómeme
a su cuidado. Me paso a su bando. Me hago insurgente.
Puedo cocinarle y lavarle y coserle la ropa. Ni tiene
que molestarse por la paga: me va a alcanzar con su protección
y su mirada". Todo eso iba a decirle a Artigas, pero
se me empezó a desbordar la leche y me chorreaba
por el cuerpo y por las manos. Y me acordé de usted,
chubo, que estaba aquí adentro de la ciudad. ¡En
mala hora te parí! Cuando encuentro un hombre de
verdad y estoy a punto de cambiar de vida usted me viene
a arruinar la fiesta. ¿Y qué ganó?
Ahora nos vamos a morir los dos acá adentro...
de soledad nos vamos a morir, de tristeza y después
de hambre... que si no llegan más barcos no va
a haber ni tasajo para comer. Y si yo no como usted no
mama. ¡Se lo aviso! ¿Qué voy a hacer
con usted, cuando se acabe lo que dejaron los amos? ¡Ojalá
me lo mate un cañonazo! Así se me termina
la mala suerte que usted me trae. Y que yo me quede sola
de verdad. Menos trabajo. ¿Para qué lo quiero?
¿Para que me ande vaciando todo el día el
cuerpo? ¿Para que me estropee el momento en que
iba a cambiar de vida? Pasar a ser criada... ¡del
coronel! Con las pocas ocasiones que tiene su madre y
por su culpa se le pierde esta. ¿Se da cuenta?
Iba a quedarme al cuidado de un hombre bonito y valiente.
Y ahí sí... que viniera alguien a ponerme
una mano encima: iba a saltar Artigas para defenderme.
Y yo, agradecida, sonriendo, ofreciéndole lo que
a él más le gusta: mis pechos. (SE TOCA
LOS SENOS Y DESCUBRE QUE DE UNO LE ESTA SALIENDO LECHE)
¡Otra vez la leche! ¡Otra vez! Es que me vació
de un solo lado. Venga a emparejar, desgraciado; termine
lo que empezó. (LO PONE A MAMAR) Si se viera ahora...
pura trompa. Mire, le voy a decir la verdad: usted no
me trajo mala suerte. Ya un poco tenía de antes.
Aunque antes, eso sí, era más esperanzada.
Pero desde que nació usted o desde que empezó
esta guerra -que es lo mismo-, ando muy desorientada.
No, no, no pare de chupar, no se me ofenda, siga; que
cuando usted chupa yo pienso mejor. Antes no me preocupaba
por lo que iba a venir después. Porque ya se sabía.
Sólo tenía que esperar: mientras fregaba
de mañana, esperaba el almuerzo; durante la tarde,
la noche para descanzar. Durante la semana esperaba el
baile del domingo; y durante el año, los días
de San Benito, de San Baltasar, de la Virgen del Rosario...
Y esperaba sin desconfianza porque sabía que todo
iba a llegar: la comida, el descanso y la fiesta. Y en
cambio ahora... fíjese: las fiestas las prohibieron,
la comida ya es poca y va a volver a faltar y el descanso,
¿para qué quiero descansar si ya ni trabajo?
Chubito, esa es mi preocupación y mi tristeza:
¿qué va a pasar? ¿Qué vamos
a hacer nosotros ahora? ¿Quedarnos acá solitos
así como nos dejaron? ¿Qué nos queda
para esperar? ¿Que se acabe la guerra y regresen
los amos y todo vuelva a ser como antes? Esa esperanza
ya no me alcanza. Porque lo tengo a usted será...
O porque lo conocí al coronel y desde entonces
no paro de soñarlo de día y de noche. Ya
ni coronel: ahora lo sueño general. El va adelante
y atrás lleva una larga precesión de gentes,
caballos y carretas. Yo voy de reina con mi vestido de
fiesta de guardar, mi mantilla y mi prendedor. El se da
vuelta y me mira. Me mira y me mira como sólo él
sabe mirar... ¡Chubo! ¿Y si nos vamos con
él? Usted y yo, juntos. ¿Por qué
no? Si pude una vez cruzar la muralla, puedo dos. Dejamos
todo. Adiós la casa, adiós los amos, adiós
Montevideo. Nos escapamos y nos vamos para siempre con
Artigas. Busco el campamento. Si lo encontré una
vez, lo encuentro dos. ¿Le gustaría, chubo?
Yo con Artigas y usted, crecidito, corriendo por allí
con la chiquilinada. Mucha gente, mucho chuberío
había en el campamento... no vamos a sentirnos
solos. ¿Lo hacemos, chubito? ¿Nos vamos?
¿Le da miedo? ¡A mí sí! ¡Un
miedo y unas ganas...! Se lo juro por San Benito y San
Baltasar y por la Virgen del Rosario que nos vamos (SE
OYE UN RUIDO DESDE EL PATIO. ESTRELLA SE ESTREMECE) ¿Quién
anda ahí? ¡Conteste! Mire que llamo a los
hombres de la casa... ¡Benito! ¡Baltasar!
Mire que estoy armada y le meto un trabucazo. (ESTRELLA
ENTREABBRE LA PUERTA Y SE CUELA RAPIDAMENTE UN GATO NEGRO)
¡Gato maldito! Andar asustando así a la gente
de paz. ¡Fuera de acá! ¡Fuera! ¡Fuera,
mal bicho! (LO PATEA CON FUERZA Y CIERRA LA PUERTA) Chubito,
ese gato apareció justo cuando estaba nombrando
a la Virgen del Rosario... ¿No me lo habrá
mandado ella? ¿No será una señal
de los tiempos y yo la eché a patadas? ¿Y
si era el maligno y ahora se retiró ofendido? ¡Virgen
del Rosario! ¡Señora mía! Usted que
es mujer y madre sola como yo, ¡atiéndame!
Escuche mis ruegos. Muéstreme el camino del bien
que estoy muy confundida. Mire que la confusión
propicia al maligno. Deme una señal, madre, para
que sepa que usted está conmigo. Dígame
que es buena acción irme con el chubo al campamento
de Artigas. Una señal, señora. No me deje
esperar aquí sola. (EMPIEZA A DETECTAR UN OLOR
EN EL AIRE) ¿Es usted, Virgen Santa? ¿Huelo
bien? ¡sí! ¡La siento! Es usted la
que se me mete por la nariz dentro de mi cuerpo. Es el
olor de su santidad que se me desparrama por el corazón
y la cabeza. ¡Chubo!, la Virgen está con
nosotros. ¡Nos vamos! Nos vamos con el coronel.
Nos van a recibir con los brazos abiertos. Artigas nos
va hacer entrar en el cuartel. Y yo voy a ocuparme para
siempre de sus cosas. Voy a tenderle la cama... con las
sábanas bordadas que me lleve de la niña
Consuelo y unas bolsitas de lavanda para perfumarle la
ropa. Y voy a quedarme al lado, esperando que él
mande sobre mí lo que quiera mandar y lo que yo
quiero que él mande. Estrella negra sobre las sábanas
blancas y sobre ella el coronel que pronto va a llegar
a general. El peso del general. La boca del general. El
cuerpo de Artigas... Virgen santa... ¡el general!
(ESTRELLA ARRODILLADA EN EL CONFESIONARIO)
ESTRELLA : Sit nomen domini benedictum. Tengo varios pecados
para confesar: los que cometí y los que estoy por
cometer. Pero antes de contarle nada, necesito hacerle
una pregunta yo a usted, padre: lo que se dice en la confesión
queda sólo entre el pecador y el cura ¿no?
(...) Sí, yo creer, creo. Pero como ustedes los
curas son un poco santos y un poco corrientes, nunca sé
a cuál parte le estoy preguntando ni cuál
me contesta. Déjeme que le pregunte a su hombre
corriente que es al que menos fe le tengo -con perdón
del agravio-: si yo le abro ahora mis secretos pero después
un soldado del virrey se los quiere arrancar junto con
la lengua... ¿usted se dejaría mutilar antes
de soltar mi confesión? (...) Sí, sí,
padre... ¡perdóneme! Me arrepiento de todo
corazón y empiezo a confesarme. (SE PERSIGNA) Me
voy a escapar de Montevideo. Con el coronel Artigas me
voy. Acuérdese lo del secreto de la confesión.
Aunque yo creo que esto no es pecado porque consulté
a la Virgen del Rosario y ella me dio su bendición
llenando toda la sala con su santo perfume. Mire, padre
Esteban, a mí no se me hubiera ocurrido irme, pero
Artigas me convidó. Bueno, no me lo dijo con palabras
pero me lo dio a entender con la mirada. No voy a contarle
todo porque le juro que pecado carnal no hubo. Pero le
digo que él me podría haber matado o tomado
prisionera y me perdonó la vida. Desde entonces
no hago más que soñarlo... -siempre con
el consentimiento de Nuestra Señora del Rosario
que vela mis noches-. Por eso estoy decidida: me voy con
él y me llevo al chubo porque no soy madre de abandonar
la cría. (...) Sí, yo sé que hay
que guardar lealtad al amo, padre. Por eso pedí
para irme con ellos al Río de Janeiro: porque es
más fácil ser leal estando cerca. Además,
yo también tenía miedo a los cañonazos
y al hambre. Pero ellos no quisieron llevarme. Si ahora
me voy yo, la casa puede cuidarse sola. Pero si me quedo,
a mí y al chubo ¿quién nos cuida?
Yo no veo pecado en irme. La Virgen tampoco. Y usted ha
de ser del mismo parecer que ella... y si no es así,
déle perdón a mi falta y paso a hablarle
de lo que en realidad quiero decirle desde que me arrodillé.
Con su permiso, padre, voy a hacerle una petición:
cuando usted cruce las murallas para llevarle los sagrados
sacramentos a los vecinos del otro lado... ¿no
podría ir con usted vestida de monaguillo -con
perdón de las santas ropas-?
(SALA DE LA CASA. ESTRELLA PREPARA UN HATILLO)
ESTRELLA : Pero no hallé modo de convencerlo al
padre Esteban, chubo. "Que no y que no" me decía.
Ni verme llorar desesperada lo ablandó. Es que
los varones tienen el alma dura. Por eso más pienso
en Artigas, más me empuja la fuerza de irme hasta
él. A pesar de ser hombre, se le sale el corazón
por los ojos. Y me llama "señora", chubo.
Se nota que es de lengua delicada y buenas maneras. Y
eso que anda con las cosas de la guerra... Fíjese
qué rareza, que el padre Esteban, en cambio, que
trata el bien de las almas le puso a la mía tanta
pena. Ni siquiera me dio la absolución porque dijo
que los pecados que todavía no se cometieron no
se pueden confesar ni tienen perdón. Así
que estas pertenencias de los amos me las estoy llevando
sin ninguna tranquilidad de espíritu. ¡Ay,
chubo! No tengo paz. Me corre un relámpago desde
el vientre por todo el cuerpo. Por eso no me pida para
chupar ahora... terminaría mamando truenos. Esto
es obra del padre Esteban que quiso llenarme de miedos.
Pero es la palabra de él contra la de Nuestra Señora
del Rosario. Y ella es muy Virgen y él sólo
cura. Ella es pariente de Dios y él sólo
un servidor. Ella es más sabia y más de
entenderme. El dice que en esta casa tengo un techo y
un catre y que vaya a saber qué lugar me van a
dar los insurgentes, si es que no me muero antes de llegar
al campamento. Eso dice él, pero Nuestra Señora
me mandó señales divinas para enterarme
de que era bueno que yo me fuera. ¿Escucha esa
voz afuera, chubo? Me parece que es el aguatero... ¡Sí!
Es una gracia de la Virgen que me manda otra señal
y empieza a iluminarme de nuevo la cabeza. Con permiso
de la Santa Madre y su perdón. (AGARRA UNA JOYA
Y SE PERSIGNA) Si hay cura en el campamento, prometo que
en cuanto llego me confieso. (VA HACIA LA PUERTA QUE ENTREABRE
APENAS) ¡Pst! ¡Aguatero! Venga, acérquese
un momento. Quiero preguntarle algo. ¿Usted carga
en las fuentes de la Aguada? (...) Entonces tengo un trato
muy beneficioso para ofrecerle... (AGITA LA JOYA) ...si
usted se porta discreto.
(A LA IMAGEN DE LA VIRGEN DEL ROSARIO)
ESTRELLA : No tuve otro remedio, Virgen Santa, que ofrecerle
la joya de la niña Consuelo para convencerlo. No
llevo yo culpa de que el corazón de los hombres
no se ablande con ruegos sino con dinero. Además,
sacarme escondida en un tonel lo pone a él también
en gran peligro. Y al miedo se lo ahuyenta sólo
con premios: a mí me anima Artigas y a él
lo anima el dinero. Como ve, trato de no molestarla y
arreglármelas sola. Eso sí, voy a tener
que pedirle amparo durante el viaje. Porque va a ser largo
y dificultoso. Si mi chubo fuera como el suyo, capaz de
andar sobre las aguas, cruzábamos la bahía,
remontábamos el Miguelete y en un suspiro llegábamos
al campamento. Pero a este crío no se le pueden
pedir milagros. Me salió muy corriente... ¡peor!:
me salió chambón e inclinado a la mala suerte.
(HACIA AFUERA) ¿Quién llama? (...) ¡Un
momento! Madre santísima... ¿qué
hago? Afuera espera el aguatero pero todavía ando
a tiempo de meterme debajo del catre, de agarrarme a las
paredes y de no ir a ningún lado. Quedarme aquí
adentro, comer lo que quede en el sótano, abrazar
fuerte al chubo y esperar el día que termine la
guerra y vuelvan los amos. O el día que los cañonazos
hagan de Montevideo una enorme fogata roja y yo en medio
de los ardores piense en Artigas y llorándolo maldiga
la hora en que le dije al aguatero: "vuélvase,
caballero, que no voy a ninguna parte". (REFLEXIONA
UN INSTANTE Y GRITA HACIA AFUERA) ¡Espere, caballero!,
¡que ya estoy saliendo! Chubo y Santa Madre, perdónenme,
pero tengo que esconderlos porque el buen hombre no sabe
que lleva otros pasajeros. (ACOMODA A LA VIRGEN EN EL
HATILLO Y AL BEBE CONTRA SU CUERPO, BAJO LA ROPA) Viaje
chupando, m'hijo. Mame lo que quiera, pero le pido por
favor que se porte bien. No me llore en el camino que
si llora nos descubren y si nos descubren... ¡ay!
chubo, no puedo ni pensarlo. ¡Aguánteme!
Que si usted no me falla ahora, yo le prometo que nos
van a llegar los buenos tiempos. (HACIA AFUERA) Vaya entrando
el carro, señor... (PARA SI) ...mientras yo termino
de cerrar postigos y de cubrir los muebles con lienzos,
porque soy de cumplir con mis deberes hasta el último
momento. ¡Adelante, aguatero!
(UN MONTE EN LAS AFUERAS DE MONTEVIDEO. OSCURECE)
ESTRELLA : ¡Espere! ¡Aguatero! ¡No me
deje aquí sola! ¡No quise engañarlo!
¡No se vaya! Fíjese: el crío ya no
llora. ¡El trato era hasta la Aguada! ¡Vuelva!
¡Aguatero! ¡Vuelva...! ¡Ay, chubo! ¿Qué
me hizo? Otra vez me viene a estropear todo. Por buena
me pasa esto. Por tratar de tenerlo siempre conmigo. Tendría
que haberlo ahorcado el día que nació...
como hacen otras. Mire qué noche negra nos espera.
¡San Benito! ¡San Baltasar! ¿Por qué
me abandonan? ¡Qué soledades! Virgen Santa,
se lo ruego, póngame algo en el horizonte: un rancho,
un jinete, una fogata, algo... Manténgame alejados
a los hombres del virrey y a los perros. No deje que ninguno
de ellos nos encuentre. Se está levantando viento...
Señora del Rosario, aguánteme la tormenta.
Venga, chubo, péguese contra mi pecho, que lo abrigo
con mi cuerpo porque el aire frío de la noche es
muy dañino. Si fuera un poco más animal,
me orientaría con la trompa. El olor del coronel,
tener, lo tengo. Acá en el ceño lo llevo;
huele a lienzo, a potro, a varón... Pero todavía
no aprendí a rastrearlo... Lo mejor va a ser que
nos quedemos aquí, acurrucados contra un árbol
esperando la luz. Y cuando amanezca nos echamos a caminar.
Yo voy a hacer fuerza para guardar bien abiertos los ojos
y las orejas contra el peligro. Y usted, por favor, no
me llore. los ruidos atraen a los animales feroces. Venga,
entreténgase chupando mientras yo pienso en el
coronel porque pensarlo me da coraje contra el peligro
y ardores contra el frío. Y recordar también
a la Virgen y a los santos que... ¡Chupe, le digo!
¿Qué pasa? ¿Se le antojó la
otra teta? (LO CAMBIA DE PECHO) Le decía... que
si la Virgen y los santos estuvieran en disposición
de abandonarnos ya nos habrían dejado solitos en
Montevideo o nos habrían hecho apresar cuando cruzábamos
el portón de San Pedro. Hallo que toda esta oscuridad
y este viento no es más que una prueba para poder
aumentarnos después el premio. Ha de ser que la
mucha protección que nos va a dar Artigas la estamos
ganando ahora con estas soledades y estos miedos. ¿Qué
pasa, chubo? ¿Por qué no chupa? (SE REVISA
LOS SENOS) No hay... nada... ¡Están vacíos!
¿qué es esto? ¿Fue usted que se tomó
toda la leche...? ¿Habrán sido los sustos
del camino que me la cortaron para siempre...? ¡Seca
estoy! ¡Seca! Chubo... ¿Qué le voy
a dar de comer ahora? Llevo sólo un pedazo de tasajo
pero usted ni dientes tiene. Se me va a morir de hambre
en medio de este frío oscuro. ¡Virgen del
Rosario! ¡Usted que es madre, ayúdeme! ¡Devuélvame
la leche que el miedo me arrancó! (VUELVE A APRETARSE,
PERO NO SALE NADA) Nada... vacía... Aguánteme
un poco, chubo. En cualquier momento le Virgen me llena
de nuevo los pechos. Aguánteme esta noche que mañana
seguro llegamos al campamento. Va a haber vacas. Y vecinas
bien dispuestas para ofrecerle teta. Aguánteme,
chubo, que falta poco y la felicidad está muy cerca.
Puede ser que lleguemos maltrechos. Usted muerto de hambre
y yo con el cuerpo helado y lleno de abrojos como ahora
lo tengo. Pero ellos van a confortarnos. Aguante un poco
más que pronto va a comer y yo voy a descansar.
¿Quiere que le cante? ¿Sabe que la música
ahuyenta las penas y entretiene al estómago? Secretos
de la raza, chubo. Secretos que voy a ir contándole
de a poco... si usted me aguanta ahora. (CANTA) ¿Qué
es ese resplandor chiquitito allá a lo lejos? ¡Virgen
Santa! ¿Es el campamento? ¡Mándeme
una señal para saberlo! ¡Mándeme su
santo perfume! (SE QUEDA EXPECTANTE) ¡Chubito! ¿Oye?
Se calló la lechuza y cantan los grillos. ¡Es
la señal de la Virgen! ¡Allá! ¡el
campamento! Leche para usted... de la que guste. Y para
mí... ¡el coronel! ¡Voy a volver a
verlo! El hombre que va a aliviarme el cuerpo afligido.
El que me cuide, el que me cubra, el que ahuyente los
peligros y el miedo. El hombre que por la noche estire
la mano y me acaricie las motas y el cansancio...
(LA LADERA DEL CERRITO. DESIERTO. DESPOJOS)
ESTRELLA : No puede ser, chubo... No hay nada. Pastos
aplastados y cenizas... huesos desparramados... basura...
Y esos pájaros enormes comiéndose los restos.
Le juro que era acá. ¡No lo engañé!
En este cerro estaba el campamento. Me acuerdo muy bien.
Allá arriba estaba el cuartel y aquí, por
todos lados, había gente, caballos, carretas, fogatas...
Leche para usted y descanso para mí... había.
¡Virgen del Rosario! Tengo que darle de comer al
chubo y usted me pone este basural desierto... ¿Dónde
está el coronel ahora? ¿Dónde están
todos? ¿Qué pasó? ¿Cargaron
las cosas y los hijos y se fueron? ¡Señales,
Madre! Mándeme señales para mi entendimiento
y mi consuelo. Si estoy aquí es por su santa culpa.
Por su divina voluntad me enamoré y se me antojó
una vida nueva. Y por su mal consejo llegué hasta
acá. Vuelva a llenarme los pechos. ¿No ve
que el crío se me muere? ¿No ve que más
allá de este cerro no sé para dónde
ir y que ya no puedo volver a Montevideo? Esta es la soledad
de veras, chubo. Usted y yo en el medio del viento, solos...
con los perros y los caranchos que picotean los huesos.
¿Qué hice yo para que pusieran a mi vida
tanta soledad y tanto sufrimiento? Si ahora nos encuentran
los soldados del virrey van a arrastrarme de los pelos
hasta Montevideo... Van a azotarme en la plaza... van
a condenarme al enchalecamiento: este cuerpo mío
retorciéndose adentro el cuero. ¡O losportugueses!
Pueden encontrarnos los portugueses que andan por los
campos robando las casas y armando incendios. Van a arrancarme
la carne con los dientes mientras a usted, muerto de hambre,
se lo tiran a los perros. Es el fin, chubo: el suyo y
el mío. Usted y yo solos, solitos, porque la Virgen
no tiene alma. (GOLPEA LA IMAGEN HASTA ROMPERLA) ¡Mire!
¡Sólo yeso! (CONTEMPLA HORRORIZADA LOS PEDAZOS)
¡El castigo! El castigo va a venir sobre nosotros
ahora. No mire para arriba que puede caernos hecho rayo
o piedra. Ya no nos queda lugar ni en la tierra ni en
el cielo. Ya no tengo fe... sólo odio. Reniego
de la Virgen y de su santa paciencia. Usted, Señora,
no lleva apuro porque tiene la vida eterna, pero a mí
se me pasan los soles y las lunas entre dolores y sufrimientos.
Usted se alimenta de oraciones, pero el chubo necesita
comida y usted deja que se me sequen los pechos. Si esto
tengo por mi devoción, por mis rezos, por mis bailes
en las procesiones, si este es el premio a mi fe, castígueme
la blasfemia que no ha de ser peor... ¡Nada! ¿Vio,
chubito? Ni se molesta en contestarnos... ni una señal.
Estamos solos... Venga, vamos a quedarnos aquí,
apretaditos y quietos. Chubo, antes de que nos encuentren,
vamos a morirnos juntos, sobre estas piedras: usted de
hambre y yo de pena. fíjese: nombro a la muerte
y no me asusto... Mire si estaré triste, que ni
ánimo tengo para el miedo.Se me puso el sentimiento
lavado como si una lluvia larga me hubiera arrastrado
todas las tripas. Ni viéndolo a usted, chubito,
siento algo... Lo miro y lo miro y no me da nada... un
poco de compasión, nomás... por lo desgraciado.
En una de esas no me lo dejo a morir conmigo. Lo entrego...
para que lo saquen de esta hambruna y lo críen
bueno. En algún rancho han de quedar vecinos. Volvemos
para atrás hasta encontrarlos. ¿Quién
no va a querer un negro tan bonito? Van a confiar en que
les salga trabajador. Lo dejo a usted en la puerta y me
voy. A mí, nadie ha de quererme por acá:
esclava escapada, van a hallarme peligrosa. Van a entregarme
a los hombres del virrey. Prefiero morirme sola. Voy a
quedarme por estos montes... a esperar que pase lo que
tenga que pasar. Ojalá que me encuentre un viento
frío y me arrastre hasta el mar y me convierta
en espuma de ola... para ir y volver contra el Cubo del
Sur en carnaval... Mire, chubito, si a usted me lo crían
lindo y llega a rey de la fiesta de San Baltasar -como
su abuelo-, ubique el trono frente a la rompiente, para
que yo lo vea reinar... Algún día voy a
volver a buscarlo... vaya a saber con qué forma.
Quién le diga... en una de esas no muero y vuelvo
con este cuerpo. Huélame bien ahora porque el olfato
es el único sentido que usted tiene despierto.
De mi cara no va a acordarse, ni de mi voz... Huélame...
para conocerme si algún día volvemos a vernos.
(ARRIMA AL NIÑO CONTRA SU CUELLO) ¡Ay, chubito!
¡Qué bueno su trompa tibia por mi pescuezo!
¿Qué busca con esa lengua? Tragoncito...
de ahí tampoco va a sacar nada. ¡Buscón!
¡Zonzo...! ¿no sabe que ni en los buenos
tiempos sale leche de la oreja? ¡Ay, chubo! ¿Por
qué tiene que ser todo tan desgraciado? Fue mala
suerte que nos tocaran estos padecimientos y esta guerra.
En otra época hubiéramos salido buenos:
yo una madre cuidadosa y usted un hijo compañero.
Malos tiempos para querernos, chubito... Malos tiempos.
Y pensar que yo vi la felicidad... sabía cómo
iba a ser: por aquí iba a estar... Y allí,
en el cuartel, con Artigas. Usted... crecidito ya... corriendo
con la chiquilinada entre estos pastos... Yo tuve la felicidad
adentro de la cabeza y la conocí en el corazón.
Alguien me la sacó. ¡No perdono a la Virgen,
ni a San Benito, ni a San Baltasar...! Mucho hablar de
los pobres, pero cuando hay que ayudarlos se van. No perdono
a Artigas que me miró hasta perderme el pensamiento
y alborotarme el corazón y después no me
esperó. No perdono a nadie ni a nada... Mire cómo
me pongo, chubo. Ya otra vez la tristeza se me vuelve
furia. ¡Vamos! ¡Arriba! Tenemos que encontrar
un lugar para usted antes de que la ira me haga mudar
de parecer. ¡qué viento frío se está
levantando...! Déjeme abrigarlo para que no pierda
el calorcito que todavía le queda... (LO ARROPA)
¿Qué busca con esos ojazos tan abiertos?
¿Qué me mira así? ¿Eh? ¿Se
preocupa por mí? No, chubito, no lleve cuidado...
Su madre va a andar bien. No estoy hecha para la soledad
y la tristeza... voy a saber encontrar compañía
y consuelo. Puede ser que todavía lo busque a Artigas.
Llendo sin usted voy a estar más ligera. Voy a
animarme por los campos... a lo mejor, los alcanzo. Y
cuando las cosas se enderecen y yo consiga un lugar voy
a volver a buscarlo. Pero ahora lo tengo que llevar...
Aguánteme un poquito más: pronto va a tener
comida y abrigo... ¿Qué? ¿Va a viajar
así, mirándome todo el tiempo? Está
bien... míreme todo lo que quiera, chubito... Mientras
usted me mira, yo camino y le canto...
FIN
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