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(La acción se desarrolla en un despacho sombrío
y polvoriento, poblado de muebles vetustos que han conocido
tiempos mejores: un amplio escritorio de madera, flanqueado
por un viejo sillón giratorio que chirria y una
silla común, un armario, una biblioteca y un
perchero. Contrastando desagradablemente, hay algunos
elementos feos, baratos y relucientes: una máquina
de escribir, algún fichero metálico. La
luz es escasa y en varios lugares se insinúan
bultos irreconocibles. El Oficial 1º, está
sentado en el sillón giratorio, leyendo el diario
"La Prensa": El también es vetusto
y polvoriento como el despacho, aunque no resulta fácil
adivinársele tiempos mejores. Tímidamente,
se asoma la nueva empleada: no es especialmente hermosa,
aunque tiene la belleza normal de una muchacha de veinte
años y cierto aire de ingenua pedantería
universitaria. Golpea discretamente la puerta para llamar
la atención, pero sin éxito. Carraspea,
con el mismo resultado. Por último, emite un
sonoro estornudo)
OFICIAL 1º
(Por encima del diario) ¿Qué le pasa?
EMPLEADA
Bue... Buenos días. Yo soy...
OFICIAL 1º
Sí, ya sé. Usted es la nueva empleada.
EMPLEADA
Sí, señor.
OFICIAL 1º
(Dobla cuidadosamente el diario y consulta su reloj)
Son las siete y cuarenta
EMPLEADA
Yo, señor...
OFICIAL 1º
La hora de entrada son las siete y media en punto.
EMPLEADA
Sí, señor, ya sabía pero...Como
era el primer día...Pensé que...
OFICIAL 1º
De todos modos, no se preocupe (Como disculpándose)
El único que viene a esa hora soy yo. Tengo insomnio,
me levanto temprano.
EMPLEADA
Lo lamento.
OFICIAL 1º
Además, Fulano tiene permiso por examen...Mengano
es primo del juez...Zutano es asmático y tiene
que hacerse nebulizaciones... (Breve pausa) De cualquier
manera, desde mañana, ya sabe: a las siete y
media.
EMPLEADA
Sí, señor.
OFICIAL 1º
Bueno, siéntese, no se quede ahí parada
como una estatua. (La chica avanza unos pasos, desconcertada,
no sabiendo dónde sentarse. El Oficial 1º
arroja debajo del escritorio uno de los bultos irreconocibles,
que está encima de la silla y le indica el lugar.
La chica, muy incómoda, se sienta en el borde
de la silla) Esto está un poco desordenado...Los
ordenanzas, usted sabe...(Toma un vaporizador de ambientes,
echa dos o tres bocanadas y regresa a su sitio) Ah,
la Justicia no es lo que era antes...En fin...(Breve
pausa) Quiero que aclaremos una cosa de entrada. Yo
sé perfectamente por qué ha entrado usted
a trabajar aquí.
EMPLEADA
(Fervorosa) Bueno, señor...Yo empecé este
año a estudiar abogacía...Creo sinceramente
que es mi vocación...Y me pareció que
sería una buena práctica...
OFICIAL 1º
(Sin agresividad) Déjese de pavadas, m'hijita,
no estoy hablando de eso...Usted entró a trabajar
aquí porque su papá es amigo del doctor
García Ipico, que es camarista... Y el doctor
García Ipico le pidió que la nombrara
al doctor Fernández Ialgo, que es el juez de
este Juzgado...¿No es cierto?
EMPLEADA
Sí, pero...
OFICIAL 1º
Pero ahora tiene que olvidarse de su papá, y
del doctor García Ipico, y del doctor Fernández
Ialgo, y del doctor González Etecé que,
dicho sea de paso, es el secretario y nunca llega antes
de las once...¡Yo soy el Oficial 1º y usted
está bajo mis órdenes! (Con ademán
imperial) ¡Los oficiales primeros somos las columnas
sobre las que reposa el Palacio de Justicia...! ¡Y
así fue, así es y así será...!
(Recapacitando) Bueno, por lo menos así era antes,
cuando la Justicia era otra cosa...¿Me comprende?
EMPLEADA
Sí, señor, perfectamente... El doctor
Fernández Ialgo ya me adelantó ayer que
usted era...Como una especie de jefe del personal.
OFICIAL 1º
(Satisfecho) Bueno...Muy bien...¿Cuál
es su nombre?
EMPLEADA
Vera. Cecilia Vera.
OFICIAL 1º
Yo me llamo Pilatti. Pero puede decirme señor
Pilatti. (Breve pausa) Quiero advertirle con entera
lealtad, señorita Vera, que personalmente estoy
en contra de que en Tribunales trabajen mujeres.
EMPLEADA
(Naturalmente incómoda) Yo, señor...
OFICIAL 1º
Pero no tiene nada que temer. Voy a ser estrictamente
justo con usted. Al fin y al cabo, nuestro oficio es
hacer justicia...A pesar de todo...Contra viento y marea.
EMPLEADA
Gracias, señor.
OFICIAL 1º
(Pomposo) ¡Contra viento y marea! ¿Usted
sabía, jovencita, que en 1932...? ¿Un
juez de Instrucción, el doctor Artemio Moreno...?
¿Allanó el Departamento Central de Policía...?
EMPLEADA
(Algo admirada) No, la verdad es que no lo sabía.
OFICIAL 1º
Sí, poca gente lo sabe ahora...Claro, antes la
Justicia era otra cosa...No trabajaban mujeres...Y los
sueldos eran más altos...(Tras una breve pausa
nostálgica, vuelve a la realidad) En fin...¿Usted
entiende algo de todo esto?
EMPLEADA
(Sin entender) ¿Perdón...?
OFICIAL 1º
Del trabajo, quiero decir...
EMPLEADA
Bueno, yo recién di tres materias...Introducción
al Derecho, Sociología y Derecho romano...
OFICIAL 1º
No importa, yo le voy a explicar. Alcánceme el
despacho.
EMPLEADA
¿El qué?
OFICIAL 1º
El des-pa-cho. Los expedientes...(Señala vagamente
en cierta dirección) Ahí arriba...
(La chica se levanta desorientada y avanza en la dirección
indicada, sin saber muy bien qué es lo que busca.
Por último abre el armario, lanza un grito de
terror y vuelve a cerrarlo, pero a través de
la puerta entreabierta queda asomando una mano exangüe,
como una flor marchita)
EMPLEADA
(Aterrada) ¡Señor...!
OFICIAL 1º
¿Qué hace...? ¡El despacho, le dije...!
¡Los expedientes...! ¡Ahí arriba
de la mesita...! (La chica, sin dejar de mirar la mano,
levanta una pila de expedientes y los lleva hasta el
escritorio) Muy bien, muy bien...Esto se llama "el
despacho"...Los expedientes que tenemos que despachar...Para
que luego el juez los revise y los firme...
EMPLEADA
(Aún no repuesta de la impresión, señalando
la mano fatídica) Pero, señor...¡Esa
cosa...!
OFICIAL 1º
¿Qué cosa?
EMPLEADA
No alcancé a ver bien lo que hay ahí adentro,
pero...Mire...
OFICIAL 1º
Sí, tiene razón...Tiene razón...(Pulsa
un timbre con energía) No se puede trabajar en
medio de esta mugre...Aunque le advierto que va a tener
que ir acostumbrándose...Ah, le aseguro que antes
la Justicia era otra cosa... (Vuelve a pulsar el timbre.
Entra un ordenanza cachaciento, con un plumero bajo
el brazo)
ORDENANZA
¿Llamaba...?
OFICIAL 1º
Esto es un chiquero. (El ordenanza plumerea la mano,
la mete dentro del armario y lo cierra. La chica lo
agradece con un suspiro de alivio) A ver si arregla
un poco, pasa una gamuza, pone las cosas en su lugar.
Así no se puede trabajar. (Mientras el ordenanza
insinúa la salida) Traiga dos cafés.
ORDENANZA
No se pueden hacer veinte cosas al mismo tiempo...
OFICIAL 1º
(Tras una ligera vacilación) Bueno...Traiga los
cafés. (El Ordenanza sale) El café, mi
estimada jovencita, es como...Sí, como la sangre
de la Justicia (Ríe satisfecho y consulta su
reloj) Caramba, ya son casi las ocho...¿Dónde
estábamos...?
EMPLEADA
(Temblorosa, señalando los expedientes) En el
despacho...
OFICIAL 1º
Muy bien, muy bien...Veo que aprende rápidamente,
señorita...Perdón...¿Cómo
era su nombre?
EMPLEADA
Vera. Cecilia Vera.
OFICIAL 1º
(Toma un delgado expediente que está arriba de
la pila) Empecemos por el primero...Hay que ser ordenado,
y prolijo...De lo contrario, uno se pierde en este laberinto.
(Le alcanza el expediente) Fíjese...¿Qué
dice ahí?
EMPLEADA
(Leyendo la carátula) Pérez, José.
OFICIAL 1º
¿Pérez? (Medita brevemente) No, no creo
que sea pariente del doctor Pérez Ancómpany.
¿De qué se trata?
EMPLEADA
(Leyendo dificultosamente) Ese barra hábeas corpus.
OFICIAL 1º
¿Otro hábeas corpus? No se imagina, jovencita,
los vaivenes que ejerce la moda sobre la Justicia...Una
cosa tan inmutable, tan severa y, sin embargo...Hubo
una época en que estuvieron en boga las violaciones...(Turbado)
Perdón, no sé si entiende a qué
me refiero...Después, las estafas...T ahora,
los hábeas corpus...¡Miles de hábeas
corpus...! ¡Modas...! ¡Caprichos...! No
como antes, cuando la Justicia...(Se interrumpe) ¿Usted
tiene idea de lo que es un hábeas corpus?
EMPLEADA
(Inevitablemente académica) Bueno...Hábeas
corpus es una locución latina utilizada para
denominar una institución de origen anglosajón
que se remonta a la Carta magna dictada en 1215 y concretada
en la Ley de 1679, bajo el dictado de Carlos II. Constituye
una garantía de la libertad individual para amparar
prácticamente a las personas detenidas sin orden
legal de autoridad competente. En la Argentina fue recogida
por primera vez en el proyecto constitucional auspiciado
por la Asamblea del año XIII...
OFICIAL 1º
(Interrumpiéndola, benévolo hasta donde
puede) ¿Todo eso lo aprendió en la Facultad...?
(Ella asiente) Bueno, ahora agarre el Código...
EMPLEADA
¿El Código...? ¿Cuál Código...?
OFICIAL 1º
¿De qué estábamos hablando...?
EMPLEADA
Del Hábeas corpus.
OFICIAL 1º
(Indignado) Entonces...¿Cómo me pregunta
qué Código...? ¡El Código
de Procedimientos en lo Criminal...! ¡Es como
la Biblia para nosotros...! (Buscando por encima del
escritorio)¡Y estaba justamente aquí arriba...!
¿Dónde lo pueden haber metido...? (Se
levanta y revisa por distintos lugares de la habitación)
¡Es ese imbécil de Zutano...! ¡Con
el pretexto de que es asmático...! ¡Esconde
todo lo que le produce alergia...!
EMPLEADA
(Solícita) ¿Puedo ayudarlo?
OFICIAL 1º
(Sin prestarle atención, continúa buscando
en lugares inverosímiles. Ella se aproxima incidentalmente
al archivo metálico, pero cuando hace ademán
de abrir el primer cajón, él la detiene
con un aullido histérico) ¡Cuidado...!
¡No toque eso...! (Ella queda paralizada) Ahí
están las armas...
EMPLEADA
(Atónita) ¿Sus armas...?
OFICIAL 1º
(Desdeñoso) ¿Mis armas...? ¿No
irá a creer que nosotros usamos armas, jovencita?
¡Nosotros somos gente de la Justicia! (Con manos
temblorosas abre el cajón y saca un revólver
de gran tamaño) No, son las armas que se utilizan
en los delitos...La policía las secuestra y las
manda aquí, al Juzgado...(Vuelve a guardar el
arma y cierra el cajón) No tiene que tocar esto,
jovencita...Es peligroso...A las armas las carga el
diablo...(Mientras tanto, la empleada se ha aproximado
a prudente distancia del armario del que surgió
la mano y lo contempla) Y las mujeres son tan impresionables...Yo
por eso digo que no deberían trabajar en Tribunales...
EMPLEADA
Entonces...Ahí deben guardar las pruebas...(Casi
para sí misma) El cuerpo del delito, creo que
le dicen...Aunque yo no di todavía Derecho Penal...No
es muy higiénico, que digamos...Ni demasiado
seguro, tampoco...Pero, la verdad, creo que me tranquiliza...
OFICIAL 1º
(Restándole importancia) Olvídelo, olvídelo...(Mientras
tanto, ha ido hasta la biblioteca y sacado varios libros.
Detrás, aparece la cabeza de un cadáver.
La chica, por supuesto, no lo advierte, y a él
no parece llamarle la atención. Revisa los libros
que tiene en la mano, selecciona uno y guarda los otros,
ocultando la cabeza) Aquí está. (Vaporiza
el libro con el desodorante y vuelve a ocupar su lugar)
Bueno, dejémonos de tonterías y empecemos
a trabajar...(Toma el expediente) "Pérez,
José.Habeas corpus" (Le entrega el Código)
A ver, busque en el Código...Artículo
617...(La chica busca en el libro, encuentra el artículo
indicado y empieza a leerlo, para sí misma) En
voz alta...Así se retiene mejor.
EMPLEADA
(Leyendo con afectación escolar) "Título
IV. Del modo de proceder en los casos de detención,
arresto o prisión ilegal de personas. Artículo
617: Contra toda orden o procedimiento de un funcionario
público, tendiente a restringir sin derecho la
libertad de una persona, procede un recurso de amparo
de la libertad..."
OFICIAL 1º
¿Entendió?
EMPLEADA
Sí, claro.
OFICIAL 1º
Si el tipo está detenido ilegalmente, hay que
ponerlo en libertad...De lo contrario, hay que rechazar
el recurso. Esa es la teoría que necesita...¡Qué
Carta magna ni qué ocho cuartos...! (Hojeando
someramente el expediente) Pérez, José...4
de septiembre...Tres de la mañana...Avenida del
Trabajo al 3600...Tiraron la puerta abajo...Cuatro sujetos
de civil...Un Falcon verde...(Con un suspiro de hastío)
Bah, la misma historia de siempre... (Sigue hojeando
el expediente) Vamos a ver...Estos dicen que no lo tienen...Los
otros no saben nada...Los de más allá,
ni noticia...No hay nada que hacer...(Entregándole
el expediente) Hay que rechazarlo.
EMPLEADA
(Hojeando el expediente, primero con displicencia y
luego con creciente inquietud) Pero, señor...¿Usted
cree...? ¿Que con esos informes es suficiente...?
OFICIAL 1º
(Despectivamente festivo) ¿Y qué sugiere?
¿Qué les preguntemos también a
los exploradores de Don Bosco?
EMPLEADA
(Con apasionada e ingenua sinceridad) Pero, señor,
aquí hay una denuncia...¿No habría
que investigarla?
OFICIAL 1º
(Tratando de no perder la paciencia) Señorita
Vera, señorita Vera...Tribunales está
lleno de falsas denuncias...¿Cómo podemos
saber si ese José Pérez no está
disfrutando tranquilamente del sol de las Baleares?
EMPLEADA
Pero aquí hay testigos...Nombres de testigos...¿No
habría que interrogarlos?
OFICIAL 1º
(Conciliador) De acuerdo...De acuerdo...Supongamos que
se lo llevaron, que alguien se lo llevó...¿Y
si se tratara de una venganza privada...? ¿De
un problema entre gángsters...? ¿Bandas
rivales...? ¿Mafiosos...? Yo recuerdo, en 1927...(Hace
memoria) No, en 1928...
EMPLEADA
¡Pero , señor...! ¡Acá dice
que uno de los secuestradores se identificó como...!
OFICIAL 1º
(La interrumpe, escandalizado) ¡Cállese,
insensata...! (Confidencialmente) Lo que usted está
diciendo es peligrosísimo...No se puede dudar
de la palabra de las instituciones...
EMPLEADA
(Empezando a desesperarse) ¡Yo no dudo de nada!
Sólo le estoy diciendo que...
OFICIAL 1º
(Sin oírla) ¿Se da cuenta de que...? ¿Alguien...?
¿Podría pensar que usted simpatiza con...?
EMPLEADA
¡Eso es absurdo...! ¡Ofensivo...! Yo no
simpatizo con nada...
OFICIAL 1º
¿Entonces...? ¿Por qué supone ahora
que todos ellos son víctimas...? ¿Angelitos...?
EMPLEADA
¡Yo no he dicho eso...! Lo que yo quiero decir
es que...(Buscando en su fresco e ingenuo arsenal jurídico,
hasta encontrar triunfalmente el recuerdo deseado) ¡Simónides...!
(El Oficial 1º se vuelve hacia la puerta pero,
obviamente, no entra nadie) ¡Como dijo Simónides...!
¡Uno de los siete sabios de Grecia...! "La
justicia es la voluntad constante y perpetua de dar
a cada uno lo suyo".
OFICIAL 1º
(Perplejo) ¿Simónides...? ¡Puah...!
¿Y eso qué significa?
EMPLEADA
Eso significa que...(Animándose) ¡Que debe
haber de todo! Criminales, equivocados, inocentes...Y
que, justamente, para aclarar todo eso estamos nosotros...
OFICIAL 1º
¿Nosotros...?
EMPLEADA
(Retrocediendo) La Justicia, quiero decir.
OFICIAL 1º
(Agrandándose a su vez, como es habitual) ¡La
Justicia...! Hace apenas media hora que usted entró
por esa puerta y ya habla de "La Justicia"
como si fuese propiedad suya...
EMPLEADA
No, no fue mi intención...
OFICIAL 1º
¡Me importan un pito sus intenciones...! (La contempla
brevemente, parece compadecerla) Mire, le prometo olvidarme
de todas esas gansadas que dijo...(Breve pausa) Ahora,
ponga una hoja en la máquina...Tenemos que rechazar
ese hábeas corpus...Y yo le voy a dictar la resolución...(La
chica a regañadientes, pone una hoja en la máquina
de escribir. El Oficial 1º empieza a dictar) "Buenos
Aires, siete de octubre..." (Se interrumpe al ver
que la Empleada no escribe) ¿Qué le pasa?
¿Me imagino que, por lo menos, sabe escribir
a máquina...?
EMPLEADA
Discúlpeme, señor, pero...No puedo. Es...(Tratando
lealmente de explicarse) Es un problema de sensibilidad...
OFICIAL 1º
¿Sensibilidad? (Con creciente resentimiento)
¡Sensibilidad...! Claro, usted es una joven, linda
y brillante estudiante universitaria...En cambio...¿Yo
qué soy? Un viejo burócrata endurecido...Un
fantasma que se evapora en cuanto abandona este lugar
maloliente...
EMPLEADA
No, no creo que sea así.
OFICIAL 1º
(Feroz) ¡Claro que no es así...! ¡Soy
un ser humano tan lleno de sensibilidad como el que
más...! ¡Tengo mujer, hijos, nietos a los
que adoro...! ¡Todas las noches escucho los valses
de Strauss grabados por la Orquesta Filarmónica
de Viena...! ¡Y mi pasión, por si quiere
saberlo...! ¡Mi verdadera pasión es la
filatelia...! (Golpeando rítmicamente el escritorio)
Pero tengo que vivir...Tengo que vivir...Tengo que vivir...(Se
recompone, consigue adoptar cierto aire de benévola
severidad) Y le aconsejo que haga lo mismo, señorita
Vera. (Breve pausa) Ahora, déjese de pavadas
y escriba..."Buenos Aires, siete de..."
EMPLEADA
(Incorporándose) Lo lamento, señor, pero
no puedo... (Con serena firmeza) Quisiera ver al juez.
OFICIAL 1º
(Incrédulo) ¿Al juez...? ¡Pero usted
está loca de remate...! ¡Hay empleados
que hace ocho, diez años que trabajan aquí
y todavía no han visto nunca al juez...! ¡Y
usted pretende, a los cinco minutos de llegar...!
EMPLEADA
No importa. Yo necesito explicarle...
OFICIAL 1º
(Perdiendo definitivamente la paciencia, la toma del
brazo y empieza a zamarrearla) ¿Quién
se cree que ha firmado los ocho mil doscientos hábeas
corpus que fueron rechazados este año...?
EMPLEADA
(Resistiéndose) ¡Suélteme...! ¡Usted
no tiene derecho...!
OFICIAL 1º
¡Insolente...!¡Descarada...!¡Puta...!
ORDENANZA
(Entra con dos cafés sobre una bandeja que deposita
encima del escritorio) Aquí están los
cafés...(Advierte la situación) ¿Pasa
algo?
OFICIAL 1º
¡Sáquela de aquí...!¡No quiero
verla nunca más...!
(Los dos la arrastran hacia la salida, mientras la chica
grita y se resiste con energía. En el forcejeo,
se abren las puertas del armario y caen un par de cadáveres;
aparece el que está escondido detrás de
la biblioteca; el sobretodo que aparentemente estaba
colgado en el perchero gira y resulta ser otro cadáver;
alguno más cae del techo. Finalmente, el ordenanza
arrastra a la chica fuera del despacho. El viejo vuelve
hacia su escritorio, jadeante, arreglándose la
ropa) Siempre dije que las mujeres no sirven para trabajar
en Tribunales...Descaradas...Aprovechadoras...Histéricas...Ah,
la Justicia no es lo que era antes...(Casi maquinalmente,
se toma uno de los cafés que están encima
del escritorio) Qué milagro...Hoy el café
le ha salido bastante bien a este animal...(Se sienta
en su chirriante sillón giratorio. Ve el otro
café, vacila apenas y finalmente se lo toma también)
Bueno...Ahora tendré que seguir con todo esto...(Levanta
otro delgado expediente de la pila y lee la carátula)
"Vera, Cecilia. Hábeas corpus".
(Apagón)
OFICIAL 1º, se estrenó en el mes de septiembre
de 1982, en el Teatro Odeón de Buenos Aires.
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