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(El tocador del Marqués de Sade, recubierto
de espejos y convencionalmente amueblado. Se destaca
la presencia de un rebuscado y no demasiado cómodo
canapé, sobre el que hay un bulto de mediano
tamaño, envuelto en una sábana. El Marqués
está en penumbras, de espaldas al público,
encendiendo las velas de un candelabro. Una vez que
lo hace se vuelve y, sin excesiva sorpresa, parece descubrir
la presencia de los espectadores.)
MARQUES
Queridos degenerados...¿Ya están ustedes
ahí? Quizás alguno de los presentes me
recuerde todavía...Soy Donatien Alphonse Francois,
marqués de Sade...Célebre filósofo
y hombre de mundo y, como dice el Pequeño Larousse
Ilustrado, "autor de novelas cuyos protagonistas
viven obsesionados por el placer satánico de
hacer sufrir a las almas inocentes". Como quizás
también recuerden, hace algunos años conseguí
escapar del manicomio de Charenton, donde mis enemigos
me habían encerrado, y arribé a estas
dulces y mórbidas tierras del Nuevo Mundo...
Florecía entonces una férrea y, según
algunos, cruel dictadura...Pero debo admitir que, tras
algunos sobresaltos, yo conseguí ubicarme al
amparo de un amable y benévolo gobernante...(Con
un suspiro) En fin, no quisiera ponerme nostálgico,
pero todo eso ya pasó...Ahora dicen que ha llegado
la democracia, que los aborígenes han recuperado
la libertad...¡La liberté...! (Entona algunos
compases del "Ca ira") Et bien...¡Aquí
me tienen! ¿Quién mejor que el marqués
de Sade para ilustrar a estos inexpertos nativos sobre
el ejercicio sublime de la libertad? Aquí, en
la sagrada intimidad de mi boudoir, yo efectuaré
la demostración teórica y práctica
de los goces de la libertad, mientras ustedes...(Se
enternece) Ustedes, mis adorados, enfermos...Mis incurables
voyeurs...Mis curiosos insaciables...Mis eternos reprimidos...(Retoma
su discurso) Ustedes, previo pago del módico
estipendio que ya han abonado, podrán vichar
discretamente, a gusto y placer...Pero basta de cháchara...¡Manos
a la obra! (Golpea las manos y llama) ¡Aniceto...!
(Entra Aniceto, una especie de gaucho rotoso, grandote
pero consumido)
ANICETO
(Algo ansioso) La despensa está vacía,
patrón. ¿No quiere que vaya hasta el almacén
y...?
MARQUES
(Interrumpiéndolo) No hace falta. Todavía
tenemos media botella de pernod. (Sorpresivamente, Aniceto
se precipita hacia un rincón de la habitación,
recoge algo del suelo y se lo lleva a la boca. Muerde
y hace un gesto de desagrado) ¿Qué te
sucede?
ANICETO
Un botón...
MARQUES
¡Bestia!
ANICETO
(Disculpándose) Creí que era una cuchara,
patrón...
MARQUES
¡Basta , Aniceto! (Aniceto baja la cabeza) ¿Ha
llegado ya mi encantadora discípula?
ANICETO
Sí, patrón.
MARQUES
(Restregándose las manos) Ah, qué dulce
expectativa...Qué placentera ansiedad...(A Aniceto,
mientras señala el bulto que está sobre
el canapé) Bien, Aniceto...Retira ese doloroso
recuerdo y, luego, hazla pasar...(Mientras Aniceto se
lleva el bulto, el Marqués explica al público)
Una deliciosa jubilada de ciento cuatro años
que falleció anoche entre mis brazos mientras
nos proporcionábamos goces inenarrables, vaya
a saber por qué malhadado accidente...(Medita)
No sé...Era de condición humilde...Quizás
fue víctima del síndrome de PAMI...
(Lo interrumpe la entrada de Daniela, una tímida
y agraciada jovencita)
DANIELA
Buenas tardes, maestro.
MARQUES
(Precipitándose sobre ella y tomándole
las manos) ¡Mi adorable Daniela...! (La rodea)
¡Qué encantadora estás...!
DANIELA
(Modestamente) Gracias.
MARQUES
¡Bienvenida al templo de la libertad! Recuérdalo,
Daniela...Aquí eres libre...¡Debes ser
libre!
DANIELA
Lo recuerdo, maestro.
MARQUES
Bien...Creo, Daniela, que ya hemos agotado las enseñanzas
teóricas...Te he leído , con ademanes,
mis libros. "La filosofía en el tocador"
y "Los 120 días de Sodoma"...Te he
enseñado a recitar de memoria "Les chansons
de Bilitis"...Hemos cantado juntos "El cuyanito"...Tu
formación académica es impecable.
DANIELA
Entonces, maestro...¿Hemos terminado?
MARQUES
¡No, no...! Ha llegado el momento de comenzar
los trabajos prácticos (Daniela baja los ojos
púdicamente) ¿Estás preparada,
ma cherie?
DANIELA
(Con un suspiro) Creo que sí, maestro.
MARQUES
Recuérdalo, Daniela...¡Aquí eres
libre! Comenzaremos con la más rústica
e insípida de las expresiones amatorias...El
beso ¿Recuerdas qué es el beso?
DANIELA
(Mecánicamente) Es el sustantivo que corresponde
a la acción de besar.
MARQUES
(Aprobatorio) ¿Y cómo describirías
el besar?
DANIELA
(Lo mismo que antes) Es "tocar alguna cosa con
los labios contrayéndolos y dilatándolos
suavemente, en señal de amor, amistad o reverencia".
MARQUES
Bien...Olvidemos por ahora la amistad y la reverencia.
En la práctica, mi querida Daniela, el beso es
esto. (Se aproxima y la besa ligeramente en los labios)
¿Lo has comprendido?
DANIELA
(Algo decepcionada) Casi no he podido sentirlo , maestro.
MARQUES
Probaremos otra vez. (La vuelve a besar. Ella devuelve
el beso con entusiasmo, hasta que el Marqués
consigue apartarla con algún esfuerzo) ¿Te
ha gustado, Daniela? (La chica vuelve a bajar los ojos)
Habla...Aquí eres libre.
DANIELA
Me resultó...Muy agradable...¿Podemos
hacerlo de nuevo?
MARQUES
Si te parece necesario...(Daniela toma la iniciativa
y lo besa con ferocidad, hasta que el Marqués
consigue desprenderse, casi asfixiado) Espera, pequeña
pícara...No podemos agotar toda la teoría
en el primer ejercicio...
DANIELA
(Resignándose a duras penas) Entonces, maestro...¿Esto
es todo por hoy?
MARQUES
(Paciente) Aguarda un poco...Déjame recuperar
mi equilibrio bio-energético...(Se tranquiliza
y retoma su aire magistral) El beso, mi querida Daniela,
no sólo se propina en los labios...Se deposita
también en las manos...(Lo hace) En los hombros...(Lo
hace) En el cuello...(Lo hace y comienza a desvestirla,
a lo cual Daniela se presta dócilmente e incluso
colabora cuando es necesario. Esta acción continuará
hasta el límite máximo que permita la
censura de turno. El Marqués va haciendo lo que
describe con frialdad y rigor casi académicos,
mientras la muchachita se va calentando en forma acelerada
y nada académica, emitiendo gemidos y suspiros
que atestiguan la eficacia erótica de su iniciador)
En estas frutillas pálidas que florecen en las
crestas del latido...(Le besa los pezones) En este botón
de nácar que te abrocha la cintura...(Le besa
el ombligo y luego la contempla, satisfecho de su obra)
Y en la sombra dulce y cálida dibujada entre
tus piernas...(Se yergue, apartándose) A la que
oportunamente llegaremos.
DANIELA
(Jadeante) No, por favor...¡Lleguemos ahora mismo!
MARQUES
No seas impaciente, mi adorada criatura.
(Trata de volver a vestirla, pero Daniela se resiste
con energía)
DANIELA
¡Necesito más...!
MARQUES
Oh, tenemos muchos trabajos prácticos por delante...
DANIELA
¡Usted me llenó la cabeza! ¡Lléneme
todo lo demás!
MARQUES
(Sobresaltado) ¡Ah, no, ma cherie...!
DANIELA
(Suplicante) Pero, maestro...¡Mire cómo
me ha puesto...!
MARQUES
Yo no tengo la culpa de tu naturaleza excesivamente
fogosa...Recuerda el viejo proverbio..."La paja
en el ojo ajeno..."
DANIELA
(Casi maullando, se pone la mano entre las piernas y
empieza a masturbarse con creciente exasperación)
¡Y la viga en el propio!
MARQUES
Ya llegaremos a eso...El ejercicio número 274
versa precisamente sobre "Introducción de
cuerpos duros en las diversas cavidades naturales"
DANIELA
(En lo suyo) ¡Poséame, maestro...!
MARQUES
Pero, Daniela...
DANIELA
(Fuera de sí) ¡Hágame lo que el
caballero de Mirval le hacía a Madame de Saint-Ange...!
MARQUES
Todo a su tiempo. Esa ansiedad es peligrosa.
DANIELA
(Tirándosele encima) ¡Destróceme
como hizo el perverso Dolmancé con Eugenia...!
MARQUES
(Defendiéndose como puede) ¡No puedo, Daniela,
no puedo!
DANIELA
¡Sea libre usted también, maestro...!
MARQUES
(Desprendiéndose de ella, con un esfuerzo titánico)
¿Libre...? (Se aleja, dándole la espalda)
En fin, me obligas a desnudarme...(frenando con un gesto
el entusiasmo de Daniela) ¡No! Quiero decir que
me obligas a confesarme... En un tiempo, Daniela, yo
fui un superdotado...Pero los años, ¿sabes...?
Los excesos de la juventud, ¿comprendes...? Los
avatares de la existencia, ¿está claro...?
No me permiten complacerte como tú lo deseas...(Daniela
comienza a sollozar dulcemente. El Marqués trata
infructuosamente de consolarla) Pero además,
Daniela, ma petite... Hay otras maneras más refinadas...Más
ingeniosas...Más sofisticadas...De satisfacer
esos ardores que ahora te atormentan...Dame un poco
de tiempo y yo te enseñaré formas menos
vulgares de alcanzar el placer...
DANIELA
(Entrecortadamente, mientras sigue llorando) ¡Quiero
coger...!
MARQUES
(Despechado) Bah...Debo admitir que me decepcionas...
No te creí tan frívola y superficial...Ahora
comprendo el desdén y la desconfianza que inspiran
los jóvenes en estas latitudes...(El llanto de
Daniela se acentúa) Pero, en fin... Con tal de
no oírte llorar más, yo te daré
lo que me pides...(Instantáneamente Daniela se
calla) Tengo un magnífico semental a tu disposición...(Llamando)
¡Aniceto...! (Breve pausa) ¡Aniceto...!
(Entra Aniceto, exultante)
ANICETO
¡Cacé una laucha, patrón, cacé
una laucha...!
MARQUES
¡Cállate, palurdo! (Aniceto obedece, mientras
Daniela lo observa con interés. El Marqués
señala a la jovencita) Mírala bien...(Aniceto
la mira) Huélela...(Aniceto la huele) Tócala...(Aniceto
la toca; pero, tentado, le da un mordiscón. Daniela,
confundiéndolo con un juego erótico, se
queja un poquito, pero no demasiado) ¡Cuidado,
bestia...! No la lastimes todavía...
ANICETO
Disculpe, patrón...
MARQUES
Y bien...¿No es linda? (Aniceto permanece inmutable)
¿No es deseable? (Lo mismo) ¿No es voluptuosa?
ANICETO
Es blandita...Y parece jugosa.
MARQUES
No perdamos más tiempo, borrico...¡Poséela!
ANICETO
¿Cómo?
MARQUES
¡Hazla tuya!
ANICETO
Pero, patrón...
MARQUES
(Impaciente, dando una patada en el suelo) ¡Que
te la fifes, parbleu...!
DANIELA
(Entusiasmada, dando saltitos de excitación)
¡Sí, sí...!
ANICETO
(Mientras derrama un grueso lagrimón) Me gustaría,
patrón...Pero no puedo (Daniela lanza un grito
de desesperación)
MARQUES
(Incrédulo) ¿Qué dices?
ANICETO
Tenga tanta hambre...Hace tanto que no como...Estoy
hecho un trapo de piso, patrón...
MARQUES
(Nuevamente decepcionado) Te desprecio, Aniceto...
ANICETO
Yo, con un espiral de salame y queso, volvería
a ser el de antes...
MARQUES
Eres de un materialismo obsceno y degradante...
ANICETO
(Cayendo de rodillas) ¡Quiero comer, patrón...!
(Daniela aprovecha la posición de Aniceto y se
le monta en el pescuezo, refregándose contra
él)
DANIELA
¡Quiero coger, maestro...!
MARQUES
(Meneando la cabeza, desconsolado) Ustedes confunden
libertad con libertinaje...Igualdad con mediocridad...Fraternidad
con promiscuidad...(Se vuelve hacia el público,
dándoles la espalda, mientras siguen resonando
el "Quiero comer" de Aniceto y el "Quiero
coger" de Daniela) Qué fracaso...Qué
triste fracaso...Creo que debo regresar al Viejo Mundo...Estos
torpes aborígenes todavía no están
preparados para la democracia...
Buenos Aires, 29 de agosto de 1984
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