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ACTO UNICO
(Una cocina modesta: mesa, sillas, un almanaque. Al
comenzar la acción, Aurora está preparando
la comida.)
AURORA
Ah, la vida es como los viejos enseres de una casa...Comprarlos
cuesta caro, pero después, cuando la necesidad
obliga a desprenderse de ellos, una tiene que venderlos
por nada...Y mientras tanto, vuelan raros objetos por
el cielo, los jóvenes bailan esas cosas frenéticas,
las papas vienen de Holanda...Las vacas argentinas tienen
aftosa y en Inglaterra no las quieren...No entiendo...En
el país hay cada vez más políticos
y menos gobierno, más economistas y menos dinero,
más abogados y menos justicia...
(Entra Ramón con sobretodo, sombrero y bufanda,
empapado y tiritando de frío)
RAMON
¡Qué noche de perros!
AURORA
Sí, llueve. ¿Cobraste?
RAMON
Llueve y sopla un viento frío que se te cuela
hasta los huesos. ¿No llegará nunca la
primavera?
AURORA
¿Te pagaron?
RAMON
¿Y me lo preguntás?
AURORA
Sí, ya me imagino...
RAMON
¿Entonces...? (Pausa) Estoy achuchado.
AURORA
¿Qué te dijeron?
RAMON
Qué sé yo, lo de siempre...La semana que
viene.
AURORA
Hace dos meses que están con la misma historia.
RAMON
Ya lo sé...¿Qué querés que
haga? Yo no escribo esa historia.
AURORA
(Extrañada) ¿Qué tiene que ver...?
RAMON
Mirá, cambiemos de tema, querés? No me
siento bien...
AURORA
¿Qué te pasa?
RAMON
Nada...
AURORA
¡Menos mal que tenemos al profesor como pensionista!
¿Te acordás que vos no querías?
RAMON
Yo no podía adivinar...
AURORA
Gracias a él nos defendemos.
RAMON
¿Nos defendemos?
AURORA
Vamos tirando, al menos. En fin, ya saldremos de ésta...
RAMON
Sí, con los pies para adelante.
AURORA
Hemos salido de otras peores.
RAMON
Cuando éramos más jóvenes, Aurora.
Cuando se es joven se puede dar la espalda a muchas
dificultades. ¡Qué sé yo...! El
invierno, por ejemplo...¿Qué importancia
tenía?
AURORA
Si por lo menos a mamá le pagaran la pensión.
RAMON
¡La pensión! ¡No te hagás
ilusiones! Si no nos pagan a nosotros, menos les van
a pagar a los jubilados.
AURORA
Le deben casi un año.
RAMON
No creo que les importe mucho. ¿Te das cuenta?
¿De qué se creen que vivimos, de que vive
la gente? ¡Ellos no saben que tenemos el pensionista!
¡A veces me dan ganas de mandar todo a la mierda!
AURORA
Bueno, no te pongás así...
RAMON
¿Y cómo querés que me ponga? ¡Si
encima vos sos la primera en meter el dedo en la llaga!
Llego de la calle empapado, muerto de frío, y
ni siquiera me prestás atención...Lo primero
que hacés, lo único que hacés,
es preguntarme si cobré...¡Como si no me
conociera en la cara, en las manos vacías, en
los zapatos, que no cobré!
AURORA
¡Ahora te la agarrás conmigo!
RAMON
No, vieja, no me la agarro con vos, pero reconocé
que te empeñás en nombrar la soga en casa
del ahorcado.
AURORA
Está bien, está bien...No te preguntaré
nada.
RAMON
¿Sabés lo que me saca de quicio, Aurora?
Si en este país hubiera hambre, pero hambre en
serio, quiero decir, hambre para todos, yo entendería
lo que pasa. Incluso aceptaría nuestra hambre
con resignación. Casi con alegría, porque
sentiría que estaba poniéndole el hombro
a algo, y que era justo que así fuese...Pero
lo que me subleva es saber que en este preciso momento
hay tipos que están haciendo su agosto, lucrando
con tu hambre, vieja, eructando de llenos...
AURORA
Bueno, no es para tanto, Ramón. No estamos pasando
hambre.
RAMON
(Abrumado) No entendés nada, vieja.
AURORA
¿Qué ganarías con que otros estuviesen
tan mal como nosotros? (Pausa)
RAMON
No sé. Sería justo.
AURORA
En fin...¿Querés un café bien caliente?
RAMON
Si ya está hecho, sí. Y, por favor, preparame
la bolsa de agua caliente. Tengo los pies helados y
en esta casa hace un frío de mil demonios.
AURORA
No puedo Ramón. Se rompió.
RAMON
¿Cómo, se rompió?
AURORA
Sí, se rompió. Ya estaba muy gastada,
la pobre. Esta tarde fui a cargar para ponérmela
en la falda mientras tejía y empezó a
chorrear como una regadera.
RAMON
Y, bueno; preparame la otra...
AURORA
¿Qué otra?
RAMON
Querida, en casa hay dos bolsas de agua caliente. Siempre
la ha habido.
AURORA
Sí, pero...La otra la tiene mamá.
RAMON
¿Qué le pasa? ¿Está enferma?
AURORA
No.
RAMON
Pedísela, entonces.
AURORA
Pero, Ramón, ¿cómo se la voy a
pedir...? Siempre la usa ella.
RAMON
¿Y a mí qué me importa que siempre
la use ella?
AURORA
¡Ramón!
RAMON
No soy un desconsiderado, Aurora. Te digo que estoy
muerto de frío, achuchado. Creo que tengo un
poco de fiebre...
AURORA
A ver...(Le toca la frente) Sí, unas décimas
quizás...
RAMON
¿Te das cuenta?
AURORA
Es que...Vos no te ponés nunca bolsa de agua
caliente.
RAMON
Precisamente. ¡Caramba, ésta es mi casa!
Me parece que tengo derecho, que es lo justo.
AURORA
Sí, sí, tenés derecho, es lo justo...Pero
ella es mi madre y es una mujer vieja. Vos sabés
que todos los viejos son un poco maniáticos...Hay
que respetarla.
RAMON
¡Pero, carajo...! ¿Estamos todos locos?
¿Yo no la respeto?
AURORA
No es eso...
RAMON
¿Te parece una falta de respeto pedirle que me
preste mi bolsa?
AURORA
Bueno, está bien, voy a pedírsela...Poné
agua a calentar y cuidá que no hierva el café.
(Saliendo) Vas a ver que vamos a tener un lío.
RAMON
(Solo) ¡Un lío! ¡Esto es el colmo!
Yo ya no entiendo nada...Claro, las cosas han cambiado...Y,
sobre todo, yo he cambiado. A medida que uno envejece,
necesita más cosas. Peor poseer las cosas es
ser poseído por ellas; servirse de las cosas,
es servirlas. No es justo. ¿Cómo hacer,
simplemente, para usarlas? ¿Para usarnos, sin
poseernos?
(Mientras habla, pone el agua a calentar, se sirve el
café en una taza y comienza a tomarlo a pequeños
sorbos. Entran Aurora y doña Gertrudis, esta
última apretando una bolsa de agua caliente contra
su pecho)
DOÑA GERTRUDIS
Oiga, Ramón...¿Está enfermo?
RAMON
No ando bien, doña Gertrudis.
DOÑA GERTRUDIS
No ha de ser nada.
RAMON
Seguramente, pero no me siento bien.
DOÑA GERTRUDIS
Mire, esta bolsa la tengo yo...
RAMON
Sí, ya lo sé. ¿Le explicó
Aurora?
DOÑA GERTRUDIS
¿Explicarme? Sí, me dijo que usted no
andaba bien. Y, dicho sea de paso, se hizo la sorprendida
cuando me vio con la bolsa.
AURORA
¡Mamá!
DOÑA GERTRUDIS
Ustedes saben que yo siempre uso esta bolsa.
RAMON
¿Me la puede prestar por esta noche? Mañana
compraremos otra.
AURORA
Ramón está enfermo, mamá.
DOÑA GERTRUDIS
Los hombres no usan bolsa de agua caliente.
RAMON
(Reprimiéndose) ¿Sabe lo que pasa, Doña
Gertrudis? Recién llego de la calle y no me siento
nada bien. Creo que tengo un poco de fiebre.
DOÑA GERTRUDIS
Mi difunto esposo era fuerte como un roble y jamás
lo vi ponerse una bolsa de agua caliente. Ni siquiera
usaba camiseta en invierno.
AURORA
¿Qué tiene que ver, mamá?
RAMON
¡Pero se murió de pulmonía a los
cuarenta años!
DOÑA GERTRUDIS
¡No diga estupideces! ¡Eso fue porque se
cayó al agua!
RAMON
¡Y a mí me han caído toneladas de
agua encima!
DOÑA GERTRUDIS
Los hombres de ahora...En mis tiempos, no sólo
se respetaba a las damas, más aún si eran
ancianas, sino que los hombres eran verdaderos hombres.
Hombres y caballeros.
RAMON
Señora...¿Quiere darme mi bolsa?
AURORA
Por favor, no discutan de esa manera por una pavada.
DOÑA GERTRUDIS
Mire, métase en la cama. Es lo mejor que puede
hacer.
RAMON
¡No tengo ganas de meterme en la cama! ¿Me
hace el favor de darme la bolsa?
DOÑA GERTRUDIS
No.
RAMON
Señora, le conocía muchos defectos, pero
no la creía capaz de este egoísmo monstruoso...
DOÑA GERTRUDIS
¿Cómo dice...? ¡Usted es un desconsiderado!
¡Por mí puede morirse de frío! ¡No
le daré la bolsa!
RAMON
¡Sí me la dará! ¡Ya lo creo
que me la dará!
AURORA
¿Pero se han vuelto locos los dos?
DOÑA GERTRUDIS
¿Y vos dejás que me grite de este modo?
AURORA
(Suplicante) Mamá...
DOÑA GERTRUDIS
(Sollozante) Claro, como soy una pobre vieja inútil...Como
me mantiene de lástima...Como ni siquiera cobro
la pensión...
AURORA
Mamá...
RAMON
No diga pavadas, señora.
AURORA
Dejala, Ramón. ¿No ves que está
llorando?
RAMON
Bah, lágrimas de cocodrilo...
DOÑA GERTRUDIS
Ya me voy a ir de esta casa. O mejor todavía,
me voy a morir...
RAMON
¿No le parece que esto es absurdo, desproporcionado?
DOÑA GERTRUDIS
No me dirija la palabra.
AURORA
Basta, Ramón.
RAMON
Basta, sí, basta. Será lo mejor. Quédese
con la bolsa, señora.
DOÑA GERTRUDIS
No necesito su permiso.
AURORA
¡Por favor! ¡No comencemos otra vez!
RAMON
Me voy a recostar un poco, Aurora.
AURORA
Bueno, viejo. Tomate dos genioles y ponete el termómetro.
RAMON
Avisame cuando esté lista la comida. (Sale)
DOÑA GERTRUDIS
Te digo en serio, Aurora, que me voy a ir de esta casa.
No sé adónde, pero me voy a ir.
AURORA
No me aflijas más de lo que estoy, mamá.
No digas tonterías.
DOÑA GERTRUDIS
Después de lo de esta noche...
AURORA
Ramón te aprecia mucho. Nunca habían discutido
antes de hoy.
DOÑA GERTRUDIS
Entonces, es un loco. ¡Pobre hija! No sé
cómo lo aguantás...
AURORA
No debés hablar de ese modo.
DOÑA GERTRUDIS
¿Pero no te das cuenta de que es un maniático?
AURORA
¡Basta, mamá! Vos sabés que Ramón
no es un loco. La plata no alcanza, hace dos meses que
no le pagan el sueldo y ni siquiera sabe cuándo
se lo van a pagar. Está preocupado, eso es todo.
Y encima, hoy no se siente bien.
DOÑA GERTRUDIS
Debería buscarse otro trabajo, una changa.
AURORA
Mamá...
DOÑA GERTRUDIS
Hay tanta gente que tiene dos empleos...Hoy día
es la única forma de ir tirando...
AURORA
También hay mucha gente que no tiene ningún
trabajo. ¡Linda época para conseguir otro
empleo!
DOÑA GERTRUDIS
Sí, tenés razón. Se tendría
que haber acordado antes...
AURORA
¿Hablamos de otra cosa?
DOÑA GERTRUDIS
¡Menos mal que no estaba el profesor! Un hombre
tan fino, tan educado...(Pausa. Aurora no contesta)
Mirá la opinión que se hubiera formado
de nosotros si oía los gritos y lo veía
a Ramón enloquecido, con los ojos fuera de las
órbitas, babeándose, como quien dice...
AURORA
¡Basta, mamá!
DOÑA GERTRUDIS
Está bien, está bien...Ni siquiera hablar
se puede. ¿Qué hay de comer?
AURORA
Albóndigas.
(Se oye la puerta de calle que se abre y se cierra)
DOÑA GERTRUDIS
¿Escuchaste la puerta? Debe ser el profesor...
AURORA
Sí, debe ser él.
(Entra el profesor Morales)
MORALES
(A Aurora) Buenas noches, señora.
AURORA
Buenas noches.
MORALES
¿Cómo está usted, doña Gertrudis?
DOÑA GERTRUDIS
¿Qué tal, profesor? Al fin veo una cara
sonriente en esta casa...
MORALES
Usted sabe, señora Gertrudis, que yo acepto filosóficamente
los eventos existenciales...La filosofía, amables
señoras, es la alforja de Crates, el manto de
Antístenes, el tonel de Diógenes...
DOÑA GERTRUDIS
¿Oís Aurora? Con filosofía, como
cuadra a un hombre ilustrado,, a un caballero...
MORALES
Gracias, señora Gertrudis. Es usted siempre tan
indulgente...
DOÑA GERTRUDIS
¿Cómo le fue hoy en sus clases?
MORALES
Ah, no me hable...Hoy, mi filosofía estuvo a
punto de derrumbarse. Tuve clase de francés en
ese Colegio de Avellaneda...¡Ese colegio! Les
juro que a fin de año renuncio y no me ven más
el pelo ¡Todos cabecitas negras! Discúlpenme,
pero ésa es la única expresión
que se me ocurre...
DOÑA GERTRUDIS
Me imagino...¡Qué chusma!
MORALES
Les empecé a recitar ese maravillosos poema de
Lamartine, ese de "Pourquoi le prononcer, ce nom
de la Patrie? - Dans son brillant exil, mon coeur en
a frémi...", y de repente uno de esos cuadrúpedos
hizo un ruido obsceno, y todos se pusieron a reír
como hienas...Ya no pude más, después
fue imposible organizar la clase...
DOÑA GERTRUDIS
¡Qué gente asquerosa, con perdón
de la palabra!
MORALES
Ya lo decía Luciano de Samosata en su Diálogo
del Pescador o de los Resucitados -que por ambos nombres
se conoce-: "Condición del vulgo es, en
efecto, regocijarse con los escarnecedores e injuriosos,
y más si sus ataques van contra lo más
augusto..."
DOÑA GERTRUDIS
Claro que sí. Eso demuestra la clase de persona
que es usted, y lo que son ellos.
AURORA
¿Se mojó mucho, profesor?
MORALES
No, me trajeron en auto, felizmente. Pero, eso sí,
tengo los pies helados. ¡Qué envidia me
da esa bolsa, señora Gertrudis!
DOÑA GERTRUDIS
(Cortada) Caramba, profesor...
MORALES
(A Aurora) ¿No tendría otra bolsita para
mí, señora?
AURORA
No, profesor. Lo lamento muchísimo, pero hoy,
casualmente, se rompió la otra que había
en casa...
MORALES
No tiene importancia, señora.
AURORA
Sí, pero...De veras, lo lamento mucho. Justamente,
hoy mi marido no se sentía bien y también
quería ponerse una bolsa de agua caliente. Pero
la única que nos queda es ésta y, como
es lógico, la tiene mamá.
DOÑA GERTRUDIS
No, profesor. Permítame que le ceda mi bolsa.
AURORA
Pero, mamá...
MORALES
No, señora Gertrudis, no faltaba más.
DOÑA GERTRUDIS
¡Claro que sí, hombre! Usted viene de la
calle, muerto de frío, después de haberse
disgustado en ese inmundo colegio...Se la cedo con todo
gusto.
AURORA
Pero, mamá, hace un rato te pusiste como una
fiera porque Ramón se atrevió a pedírtela.
DOÑA GERTRUDIS
¡Aurora! ¡Como una fiera! ¿Qué
va a pensar el profesor Morales?
MORALES
No, señora, no se preocupe por mí. Me
doy cuenta perfectamente de que se trata de una cariñosa
exageración. (A Aurora) ¿Qué le
pasa a su marido?
AURORA
Nada, tenía frío y no se sentía
bien. Y mamá no le quiso prestar la bolsa.
MORALES
En tal caso, señora Gertrudis, permítame
que se la ceda a mi vez al señor Ramón.
DOÑA GERTRUDIS
¡No faltaba más!
AURORA
Ah, cada vez te entiendo menos.
DOÑA GERTRUDIS
Mirá, Aurora; será mejor que no toquemos
el tema. A mí me enferma la prepotencia, ¿sabés?
Y además, esto es completamente distinto. El
profesor Morales es nuestro pensionista, y nosotros,
todos, tenemos la obligación de atenderlo lo
mejor que podamos.
AURORA
Sí, claro; pero...(Al profesor) Discúlpeme
que discutamos esto en su presencia...
DOÑA GERTRUDIS
Hay que saber darle a cada uno el lugar que le corresponde.
MORALES
¡Qué bello aforismo, señora! ¡Qué
grato es oírle decir esas palabras! Siempre se
las repito a mis alumnos. Eso es lo que falta en este
país: sentido de la responsabilidad, de la ubicación,
del sitio que a cada uno le corresponde por derecho
propio. Hoy en día hay una verdadera subversión,
todo está trastocado: los valores, todo...Los
mozos de café quieren gobernar el país
y los maestros de escuela primaria pretenden codearse
con los profesores diplomados...
DOÑA GERTRUDIS
Sí, es una vergüenza.
MORALES
De todos modos, señora Gertrudis, permítame
que decline su generoso ofrecimiento.
DOÑA GERTRUDIS
No, de ninguna manera, es necesario que lo acepte. Hay
que predicar con el ejemplo.
MORALES
Señora...
DOÑA GERTRUDIS
Lo consideraría un desaire.
MORALES
En tal caso...(Toma la bolsa) En fin, como dijo Eduardo
III: "Honni soit qui mal y pense".
AURORA
Démela, profesor. Le cambiaré el agua.
(Morales le entrega la bolsa)
MORALES
Son ustedes abrumadoramente amables. Consiguen casi
hacerme olvidar el hogar que hace tantos años
abandoné, los afectos perdidos, la dulce melancolía
de las cosas pasadas...
DOÑA GERTRUDIS
¡Qué bien lo dice usted, profesor!
MORALES
Soy totalmente sincero. (Recibe nuevamente la bolsa
de manos de Aurora y la acomoda sobre su abdomen) Ah,
esta tibia y agradable sensación que se desparrama
por mi plexo solar...
(Entra Ramón)
RAMON
No voy a comer, Aurora. Siento escalofríos.
MORALES
(Solícito) ¿Cómo se siente, señor
García?
RAMON
(Advirtiéndolo recién) Qué hace
usted con esa bolsa?
MORALES
La señora Gertrudis tuvo la amabilidad de cedérmela.
Debí rendirme ante su exquisita insistencia.
DOÑA GERTRUDIS
Sí. Yo se la di.
RAMON
¿Usted se la dio?
AURORA
Ramón...
MORALES
Es una anciana absolutamente encantadora. Me recuerda
a la viejecita de la tapa del té "Mazawattee".
RAMON
(Sordamente) Démela...
MORALES
(Sin entender) ¿Perdón?
AURORA
Querido...¿No te sentís bien? ¿No
sería preferible que te acostaras?
RAMON
Dejame, Aurora. (A Morales) Déme esa bolsa.
MORALES
No lo entiendo, señor García. La señora
Gertrudis...
RAMON
Démela.
DOÑA GERTRUDIS
¡Le prohibo, Ramón! ¿Me entiende?
¡Le prohibo...!
RAMON
(Explotando) ¡Usted cállese la boca, vieja
arpía insoportable!
AURORA
¡Ramón!
DOÑA GERTRUDIS
¡Infame! ¡Miserable!
MORALES
¡Esto es un atropello incalificable!
RAMON
(A doña Gertrudis) Cállese, señora,
o me dará el pretexto que necesito para estrangularla.
(A Morales, amenazante) Y usted, déme esa bolsa...
AURORA
Ramón...(Le toca la frente) ¡Estás
volando de fiebre!
RAMON
Estoy volando, sí, Aurora, estoy volando y los
veo desde lejos, desde muy arriba, como pequeñas
hormiguitas indefensas y ridículas...(A Morales)
¡Por última vez, déme esa bolsa!
MORALES
¿Pero qué se ha creído? ¡Con
fiebre o sin ella, no logrará intimidarme!
RAMON
(Arrancándole la bolsa) Vamos, asno pomposo,
no quiero lastimarlo.
MORALES
Si es una broma, señor García, es la más
absurda y de peor gusto que yo recuerde. Merecería
usted ser alumno de mi colegio de Avellaneda...
DOÑA GERTRUDIS
Nada más cierto.
RAMON
Haga una cita de Aristóteles, o de algún
otro cráneo de ésos, profesor. Vamos,
dése el gusto.
AURORA
Por favor, Ramón...
RAMON
Dejame, Aurora; dejame. Ahora comprendo un montón
de cosas.
DOÑA GERTRUDIS
¿Ves lo que yo te decía? ¡Es un
loco!
RAMON
¡Es la última vez que se lo digo! ¡Cállese!
(Tomando un cuchillo de cocina) ¡Cállese,
o la degüello!
AURORA
¡Tiene razón! ¡Estás loco!
RAMON
¡Basta! Vos también, callate.
MORALES
¡Esto es un atropello! Señor García,
yo también insisto por última vez. Devuélvame
la bolsa, recobre la serenidad, y olvidaré lo
sucedido. La bolsa no me importa, entiéndame,
pero no estoy dispuesto a permitir que me pisoteen.
RAMON
Tengo dos cosas que decirle, profesor. Primera: usted
es un imbécil que no entiende nada.
MORALES
¡No tiene derecho! ¡Soy profesor diplomado,
y usted...!
RAMON
(Interrumpiéndolo) ¡Déjeme de joder!
Segunda: no le daré la bolsa.
MORALES
Señora, como usted comprenderá, mi permanencia
en su casa es imposible por más tiempo. Su marido
me ha injuriado grave y reiteradamente y, por otra parte,
temo por mi integridad física habitando bajo
el mismo techo que un enfermo mental. Mañana
a primera hora arreglaré mis cuentas y me iré.
AURORA
Sí, profesor. No sé qué decirle...
MORALES
Me retiro a mi habitación. Señoras, las
compadezco: háganlo tratar. Buenas noches.
RAMON
Usted se queda aquí...
MORALES
No se acerque o pediré auxilio.
RAMON
¡Siéntese! Siéntese, señora.
Sentate, Aurora. Tengo que explicarles. (Los tres se
sientan rodeando la mesa) Así, muy bien. Aquí
está la bolsa. Aquí, sobre mi pecho. Calentando
los latidos de mi corazón. Todo está bien
ahora. Aparentemente. Pero...Ustedes piensan que, al
fin y al cabo, yo soy el dueño de la bolsa, y
me he sacado el gusto. Pero no.
AURORA
(Echándose a llorar) ¡Pobre Ramón!
RAMON
No llorés, Aurora. Dejame que te explique. a
ver, usted, profesor, que presume de inteligente...¿Para
qué piensa que le saqué la bolsa?
MORALES
¿Cómo puedo saberlo? Supongo que para
saciar sus groseras apetencias.
RAMON
No lo entiendo, pero querrá decir que fue para
calentarme. Pero no. ¿Y usted, suegra?
DOÑA GERTRUDIS
(Apasionadamente) ¡Porque es un resentido social,
un sádico, un grosero, un prepotente matón
asesino cobarde...!
RAMON
¡Basta! Está bien, ya he entendido lo que
quiere decir...Pero no, pero no. ¿Y vos, Aurora?
¿Vos que me conocés mejor que nadie? ¿No
decís nada?
AURORA
¡Estás enfermo, Ramón!
RAMON
¡Pero, no...! ¡No estoy loco! ¡Ustedes
no entienden nada! (Exasperado, lírico, terrible)
Yo, Ramón García, oficial tercero de la
Dirección de Lechería del Ministerio de
Agricultura, después de cuarenta y nueve años
de una vida estúpida, gris, incomprensible, he
tenido una oportunidad de comprender, y he comprendido.
¡Voy a hacer una revolución!
AURORA
¡No te metás en esas cosas, Ramón!
¡Es lo único que nos faltaba!
RAMON
¡Nadie usará esta bolsa! ¡Nadie se
apropiará de su calor, grato para uno solo, hostil
para todos los demás! ¡Compartiremos lo
que tenemos, y destruiremos lo que no podamos compartir!
MORALES
¡La sombra de Eróstrato! ¡Es absurdo,
monstruoso! ¡El nihilismo! ¡La maldad gratuita!
¡La solidaridad del frío, de la miseria,
de la muerte...!
RAMON
Sí. El reparto de lo que se tiene. Si la dicha,
la dicha; si la abundancia, la abundancia; si el calor,
el calor. ¡Pero también el frío,
la miseria, la muerte! ¡Claro que sí! ¿Por
qué no? Escúchenme...Los hombres distribuyen
aviones, Coca-Cola, petróleo, profilácticos
y pan dulce. Cosas. Cosas que algunas veces son útiles,
pero siempre son innecesarias, prescindibles...Cosas
que no alcanzan para todos, que crean barreras, que
separan...Eso no importa, entiéndanlo. Hay una
cosa necesaria, imprescindible, que alcanza para todos...La
única que alcanza siempre para todos, que no
se agota nunca, que derriba murallas, que une...La llamamos
Justicia. Hace felices a los hombres. Aunque no haya
aviones, ni Coca-Cola, ni petróleo, ni profilácticos,
ni pan dulce. Justicia. En su nombre, yo destruyo esta
bolsa de donde brotaban el calor y la discordia...(Destroza
la bolsa con el cuchillo) Justicia...¡Qué
hermosa palabra! De pie sobre ella, los hombres podrán
amarse. (Suplicante) ¿Entienden ahora? ¿Entienden?
AURORA
(Con escasa convicción) Sí, Ramón.
No te excites.
RAMON
Sentémonos alrededor de la mesa. Tomémonos
las manos. (Apretando los puños) Así,
apretadamente, hasta que no sepamos dónde termina
nuestra piel y comienza la ajena. No importan los pies
fríos, porque es el frío el que nos une.
Apretémonos las manos. (Los otros no hacen el
menor movimiento) No entienden...No quieren entender...(Pausa)
Hoy no voy a cenar, Aurora. Me parece que lo mejor será
acostarme...
TELON
LA BOLSA DE AGUA CALIENTE, se estrenó el 26
de agosto de 1966 en El Teatro "Candilejas",
de Dolores, provincia de Buenos Aires.
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