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La acción transcurre en una imaginaria capital
sudamericana, hacia 1815. Un amplio y suntuoso dormitorio,
con la presencia exclusiva pero imprescindible de una
enorme cama. La ambientación y el vestuario no
deberán preocuparse excesivamente por la fidelidad
histórica; por el contrario, quizás convengan
algunos toques deliberadamente anacrónicos.
Con evidentes muestras de temor entra Lucinda -una jovencita
de quince a dieciocho años-, seguida sigilosamente
por el Marqués de Sade; por esta época
tendría setenta y cinco años. Viste como
un Marqués del "Ancien Régime",
con peluca empolvada y todo. LLeva en la mano una moneda
de oro que la muchacha contempla encandilada.
MARQUES
(Habla como Charles Boyer en las traducciones portorriqueñas
de T.V., mientras mira a su alrededor con no disimulada
admiración) ¡Parbleu...!¡Cómo
ha progresado la pequeña Roberta...!
LUCINDA
Mi ama me matará si se entera de que lo he dejado
entrar aquí.
MARQUES
Ya te he dicho que no debes preocuparte. Soy un antiguo
amigo de tu ama.
LUCINDA
No importa. Ella dice que todos los hombres son iguales.....
MARQUES
Qué desdichada idea...¿No me digas que
Roberta se ha vuelto democrática?
LUCINDA
(Ruborizándose) Ella dice...Que todos quieren...La
misma cosa...
MARQUES
(Extrañado) Pero, dime...¿Roberta no te
ha explicado aún las verdades de la existencia?
LUCINDA
Oh, no, señor...Ella es muy buena conmigo...Dice
que yo me casaré con un joven honesto...Y que
él me abrirá los ojos...
MARQUES
(Sonriendo) La dulce Roberta...No sólo se ha
vuelto democrática, sino también burguesa...(Mirándola
interesado) ¿Cómo te llamas?
LUCINDA
Lucinda, señor...(Breve pausa) ¿No me
dará usted la moneda?
MARQUES
Claro que sí. Ven, tómala...(Mientras
ella se aproxima y recoge la moneda, él retiene
a la muchacha con la otra mano) Eres muy linda, Lucinda...Casi,
casi, me dan ganas de darte un beso...
LUCINDA
(Exageradamente pudorosa) Oh, señor...
MARQUES
(Soltándola( Pero no te preocupes...No tienes
la edad apropiada...
LUCINDA
(Con un suspiro de resignación) Sí, aún
soy demasiado joven...
MARQUES
No, al contrario...Estás un poco pasada para
mi gusto.
(Algún ruido sobresalta a Lucinda, que palidece)
LUCINDA
¡Mi ama!¡Esa es madame Roberta...!
MARQUES
Tranquilízate.
LUCINDA
(Despavorida) ¡No, no...! ¡Me matará
si me encuentra aquí con usted...!
MARQUES
Yo le explicaré...
LUCINDA
No, por favor...No le diga nada...(Busca dónde
esconderse, hasta que, por último, se mete debajo
de la cama, ante la mirada atónita del Marqués)
MARQUES
(Para sí mismo) Je ne comprends rien...
(Entra madame Roberta, una atractiva mujer que bordea
los cuarenta años)
ROBERTA
¿Qué hace usted aquí, señor
mío...?
MARQUES
(Precipitándose sobre ella. Emocionado) ¡Roberta...!
ROBERTA
Sí, yo soy madame Roberta...¿Pero cómo
ha entrado usted en mis habitaciones...?
MARQUES
(Cayendo de rodillas) ¡Cuánto he pensado
en ti, Roberta...!
ROBERTA
(Algo alarmada) Modérese , señor...Si
quiere usted pasar al salón, le diré a
Lucinda que nos sirva el té y allí podremos
conversar...
MARQUES
(Besándole una mano, apasionado) ¡No, no...!
Es aquí mismo donde debo verte...
ROBERTA
(Retirando su mano) ¡Señor...! Debo recordarle
que soy una dama...
MARQUES
(Dolorido) ¡Roberta...!¡Tanto he cambiado
que no me reconoces...!
ROBERTA
(Algo desconcertada) ¿Quién es usted...?
MARQUES
Tú, en cambio, eres la misma de entonces, la
misma de siempre...(Se aproxima y la contempla) Appétissante...(Se
aproxima más y la huele) Aromatique...(Se aproxima
más y la lame) Savoureuse...
ROBERTA
(Con un escalofrío) Esa voz...Esa lengua...
MARQUES
(Esperanzado) ¿Aún no me reconoces, Roberta?
ROBERTA
(Estupefacta) No...No puede ser...
MARQUES
(Dándole una terrible bofetada que la tira al
suelo) ¿Y ahora? ¿Todavía no me
reconoces?
ROBERTA
(Con apasionada alegría) ¡Tú, Donatien,
tú...! Tú, el Marqués de Sade,
señor de La Coste y de Saumane, co-señor
de Mazan, teniente general de las provincias de Bresse,
Bugey, Valromey y Bex, maestre de campo de la caballería
real...¡Tú...!
MARQUES
¡El mismo! (Mientras se descalza y empieza a desvestirse)
El mismo que viste y calza...
ROBERTA
¡Espera, Donatien...! Aún no puedo comprenderlo...Hasta
aquí llegó la noticia de que te habían
encerrado en el manicomio de Charenton y que habías
fallecido, en medio de espantosas convulsiones y horriblemente
desfigurado, el 2 de diciembre de 1814...He llorado
amargamente tu muerte...
MARQUES
(Conmovido) ¿Has llorado por mí, pobre
ángel...? (Ella enjuga una lágrima) Ah,
sigues siendo tan dulcemente ingenua como cuando era
aquella tierna campesina de Valromey que despertó
en mis brazos al amor, cuando aún no había
cumplido los cuatro años de edad...
ROBERTA
Pero, explícate...¿Qué fue lo que
sucedió?
MARQUES
Todo fue una engañifa, por supuesto...Logré
que un estúpido campesino se dejara matar, desfigurar
y enterrar con mi ropa, a cambio de la promesa de entregar
a su nieta de quince años algunas monedas de
oro...
ROBERTA
Donatien...Habrás cumplido esa promesa, me imagino.
MARQUES
Roberta...¿Crees que la edad me ha hecho abjurar
de todos mis principios?
ROBERTA
(Algo extrañada) ¿Cuánto le dejaste?
MARQUES
Ni un centavo, por supuesto...Pero demostré mi
agradecimiento de otra manera...Pasé una semana
entera junto a la linda huerfanita, inculcándole
los principios de la filosofía en el tocador...Sí,
no creo jactarme al afirmar que la dejé completamente
corrompida...
ROBERTA
(Nada indignada) Ah, Donatien, Donatien...Eres el más
canalla de los hombres...
MARQUES
(Complacido) Lo dices tan sólo para halagarme...
ROBERTA
¿Y cómo se te ocurrió venir a América?
MARQUES
¿Qué quieres...? En Europa soy tan conocido
que me era imposible pasar de incógnito por ningún
lado...¿Asia? Está llena de mandarines
refinados y crueles que no admitirían competencia...¿Africa?
Todo el mundo sabe que los negros no tienen alma y,
por ende, son incorruptibles...¿Oceanía?
¿Me imaginas seduciendo canguros? Entonces pensé
en tí, pensé en América...(Evocativo)
"Si la dulce Roberta ha emigrado al Nuevo Mundo
y según mis noticias, no le ha ido tan mal...¿Por
qué no habría de irme bien a mí?"
ROBERTA
(Precavida) Yo no sé si estoy en condiciones
de brindarte mi amistad incondicional, como antes...¿Me
entiendes, Donatien?
MARQUES
¿Tu amistad? Yo no necesito amigos sino cómplices,
Roberta...Pero, basta...Dejémonos de vano palabrerío
...(Aproximándose) Estás tan hermosa...Me
recuerdas aquella bella criatura de hace treinta años...(Tratando
de abrazarla) Y hace más de dos meses que no
estoy con mujer alguna.
ROBERTA
(Resistiéndose) No, no, Donatien...¡Es
imposible!
MARQUES
No seas tonta...Recordemos aquellas hermosas noches
del pasado...
ROBERTA
No, no, es imposible...Tengo un protector, Donatien...
MARQUES
(Insistiendo) ¿Qué importa eso? Resultará
más excitante...
ROBERTA
¡Es el ministro de Gobierno, Donatien! Un hombre
generoso y amable, pero extraordinariamente poderoso...Y
bastante celoso, por añadidura...
MARQUES
(Persuasivo, estrechándola contra sí)
No te preocupes, él no se enterará de
nada...Nadie me ha visto entrar.
ROBERTA
(Sorprendida y metiendo una mano entre su cuerpo y el
del Marqués) ¡Donatien...! ¿Qué
es este enorme bulto que tienes aquí abajo?
MARQUES
(Ronco) Dinero, ma cherie...Mucho dinero.
ROBERTA
(Separándose algo, pero poco) ¡Dinero...!
MARQUES
¿Necesitás dinero, Roberta...?
ROBERTA
Bueno, sabes...Mi situación no es tan buena como
parece...Una pequeña ayuda no me vendría
nada mal...
MARQUES
Pero, tontita...¿Por qué no me lo dijiste
antes?
(Va sacando , una por una, monedas de oro de su bolsillo
y, mientras las va entregando a Roberta, va desprendiendo
con la otra cada uno de los botones del vestido de ella)
ROBERTA
(Con suspiros entrecortados) Ah, Donatien, Donatien...Sigues
siendo irresistible para mí...¿Por qué
seré incapaz de negarte nada?
(Al llegar al cuarto o quinto botón, ella se
aleja y se tiende voluptuosamente sobre la cama)
ROBERTA
Ven, amor mío...Acá estaremos más
cómodos...
MARQUES
No seas vulgar, ma cherie...Revivamos aquellas ingeniosas
figuras de antaño...(Le entrega cuatro o cinco
monedas más) Vamos, cuélgate de la araña...
ROBERTA
(Mimosa) ¿No estoy un poco pesada para eso, Donatien?
MARQUES
(Perdiendo la paciencia) ¡Déjate de pamplinas,
Roberta!
ROBERTA
(Poniéndose de pie, resignadamente, encima de
la cama) Está bien, está bien...Ya que
te has puesto nostálgico... (Levanta los brazos
como para colgarse de la araña, cuando resuena
un golpe en la puerta. Ella queda petrificada) ¡Ah...!
MARQUES
¿Qué es eso?
ROBERTA
(Aterrada) ¡Teófilo...!
MARQUES
¿Quién es Teófilo?
ROBERTA
(Susurrando) Mi protector, el Ministro...(Gritando)
¡Ya voy, tesoro...! (Susurrando) Estamos perdidos...(Gritando)
¡Qué suerte que has venido...! (Susurrando)
Escondete, desdichado...
MARQUES
¿Dónde?
ROBERTA
(Mira a su alrededor, desesperada, y finalmente se decide)
¡Métete debajo de la cama...!
MARQUES
¡Roberta...! Es humillante...
(Resuena un nuevo golpe en la puerta)
ROBERTA
(Susurrando) ¡Pronto...! (Gritando) Ya estoy contigo,
mi amor...
MARQUES
En fin...Todo sea por tu buen nombre, ma cherie.
(Mientras el Marqués, de mala gana, se mete debajo
de la cama, Roberta se recompone, va hasta la puerta
y abre. Aparece Fray Nicasio, un andrajoso fraile capuchino)
FRAY NICASIO
(Humildemente) Buenas tardes, madame Roberta.
ROBERTA
(Tratando de reprimir su agitación pero sin levantar
la voz) ¡Fray Nicasio...! ¿Qué hace
usted aquí?
FRAY NICASIO
Escuché voces ahí adentro...Y llamé...
ROBERTA
¿Y desde cuándo se siente usted autorizado
para llamar a la puerta de mi cuarto?
FRAY NICASIO
Hermana...Yo sólo quería pedir una limosna
para los pobres...
ROBERTA
(Despectiva) ¿Para lo pobres? Para usted mismo,
querrá decir...
FRAY NICASIO
Yo soy el más pobre de todos, pero no soy el
único...Somos varios los cristianos en desgracia
que compartimos el sustento que la caridad pública
nos proporciona.
ROBERTA
¿A qué llama sustento? ¿Al vino?
FRAY NICASIO
Hermana, es tan escaso el monto de las limosnas, que
no nos permite solucionar nuestros problemas...El vino,
por lo menos, ayuda a olvidarlos.
ROBERTA
¿Pues no le daré ni un solo centavo...!
¡Ya me tiene harta con sus eternos pedidos...!
FRAY NICASIO
(Paciente) Hermana, sea usted caritativa conmigo, que
yo lo seré con usted...
ROBERTA
¿Qué quiere usted decir, indigno capuchino?
FRAY NICASIO
He visto entrar a un hombre en esta casa...Y pensé
que sería preferible que el señor Ministro
no se enterara.
ROBERTA
¿El Ministro? ¿Qué tiene que ver
el Ministro con todo esto?
FRAY NICASIO
(Sobrador) Vamos, hermana...¿Acaso mi oficio
no consiste en escudriñar las almas?
ROBERTA
¿De modo que ahora se permite usted amenazarme?
FRAY NICASIO
Por ahora, me permito seguir suplicándole...Claro
que tengo algunas esperanzas de que mi súplica
será escuchada...
ROBERTA
(Perdiendo los estribos) ¡Eres un miserable...!
FRAY NICASIO
(Asintiendo) "Pulvis es et in púlverem revertéris..."
ROBERTA
(Fieramente) ¡Pues no conseguirás...! (La
interrumpe el ruido de algunos confusos movimientos
debajo de la cama, acompañados de tenues quejidos
y jadeos.)
FRAY NICASIO
(Sorprendido) ¿Qué es eso?
ROBERTA
(Precipitándose alarmada hacia la cama) ¡Donatien...!
¿Qué te sucede? (Consigue agarrarlo de
un pie y tira de él para tratar de sacarlo de
abajo de la cama, mientras pide auxilio a Fray Nicasio)
Ayúdeme, hombre...! ¡Debe estar descompuesto!
MARQUES
(Desde abajo) ¡Espera...! ¡Espera...! (Consigue
salir trabajosamente, mientras se acomoda la ropa) Casi
me arrancas un miembro...
ROBERTA
¿Qué te pasaba? ¿Te sientes mejor,
Donatien?
MARQUES
(Petrificado al ver a Fray Nicasio) ¿Y esto?
¿Qué es esto?
ROBERTA
No te preocupes. Es sólo un sucio fraile mendicante.
MARQUES
(Exaltándose cada vez más) ¡Un fraile...!
¡Un fraile...! ¡Sabes que no puedo ver un
fraile sin enfurecerme...! (Lo toma del cogote y lo
zamarrea frenéticamente) ¡Escúchame,
infame chupacirios...!
FRAY NICASIO
(Despavorido) ¡Detente, hermano...! ¡Es
todo mentira...! ¡No soy fraile...! ¡Hace
ya muchos años que fui expulsado, por indigno,
del seno de la Santa Madre Iglesia...!
ROBERTA
(Tratando infructuosamente de detenerlo) Detente, Donatien...
MARQUES
(Sin hacerle caso, obliga a Fray Nicasio a ponerse de
rodillas) ¿Y esa ropa?
FRAY NICASIO
¡Lo juro...! ¡No tenía otra cosa
que ponerme...!
MARQUES
¿Y esa tonsura?
FRAY NICASIO
¡Es seborrea...!
ROBERTA
(Imponiéndose) ¡Basta, Donatien...! (El
Marqués obedece)
FRAY NICASIO
(Jadeante) Gracias, hermana.
ROBERTA
Dale un par de monedas de oro y que se vaya...
MARQUES
(Extrañado) ¿Un par de monedas...? Pero
¿por qué?
ROBERTA
Yo sé por qué te lo digo...(Prometedora)
Hazme caso y no te arrepentirás...
MARQUES
(Se encoge de hombros pero saca un par de monedas y
las entrega a Fray Nicasio) Toma, cretino...
FRAY NICASIO
Gracias, hermano...Brindaré a tu salud.
MARQUES
Ojalá se te atragante el vino.
(Un nuevo golpe en la puerta los paraliza a los tres)
ROBERTA
¡Ahora sí...! ¡Ahora sí...!
¡Seguro que es Teófilo...! ¿Y Lucinda?
¿Dónde se habrá metido esa estúpida?
MARQUES
Tranquilízate, Roberta...
ROBERTA
¡Pronto, escóndanse...! (Otro golpe en
la puerta) ¡Ya voy, ya voy...! ¿Eres tú,
amor mío?
COMISARIO
(Desde afuera) Es la policía, señora...
MARQUES-FRAY NICASIO
(Aterrorizados) ¡La policía...! (Sin necesidad
de nuevas recomendaciones, ambos se meten presurosamente
debajo de la cama. Roberta va hasta la puerta y abre)
COMISARIO
(Penetrando) Buenas tardes, señora.
ROBERTA
(Intranquila) ¿Pero qué hace la policía
en mi casa?
COMISARIO
Nos avisaron que un sujeto de aspecto sospechoso había
sido visto rondando la casa...Entonces, vine de inmediato
a investigar.
ROBERTA
¿De aspecto sospechoso? ¿Qué quiere
usted decir?
COMISARIO
Viejo, extranjero y con cara de crápula.
ROBERTA
No, aquí no ha entrado nadie así.
COMISARIO
Lo lamento, señora, pero debo registrar la casa.
ROBERTA
¿Mi casa?
COMISARIO
(Encogiéndose de hombros) El deber es el deber.
ROBERTA
(Señalando hacia el exterior) Está bien,
haga usted lo que quiera...(El Comisario se cuadra pero
permanece inmóvil) ¿Qué espera
ahora? Empiece a registrar la casa...
COMISARIO
Gracias, señora, pero...Perdón, ya lo
he hecho.
ROBERTA
¿Ya lo ha hecho? ¿Y entonces...?
COMISARIO
No hay nadie. Absolutamente nadie.
ROBERTA
¿Nadie? ¿Y Lucinda?
COMISARIO
No hay nadie.
ROBERTA
¿Dónde se habrá metido esa muchacha?
COMISARIO
No lo sé, señora...Pero no hay nadie.
ROBERTA
Entonces, váyase de una buena vez. Ya ha cumplido
usted con su deber.
COMISARIO
Todavía me falta revisar esta habitación...
ROBERTA
¿Revisar mi cuarto...? ¡Usted está
loco!
COMISARIO
Lo lamento, señora, pero...
ROBERTA
¡Me quejaré a sus superiores...!
COMISARIO
Compréndame, señora...Se ha hecho una
denuncia y no puedo volver con las manos vacías...Está
en juego mi prestigio personal...
ROBERTA
¿Qué quiere decir eso?
COMISARIO
Si no encuentro a nadie aquí, tendré que
agarrar a algún desgraciado por la calle y decir
que lo sorprendí robando en la cocina...
ROBERTA
¡Pues hágalo de una vez y no me incomode
más...! (Cambiando de táctica, zalamera)
Créame...Le quedaría eternamente agradecida...(El
Comisario duda) Lo recomendaría a sus superiores...
(El Comisario está por acceder cuando se escucha
una risita sofocada debajo de la cama, que se mueve
ligeramente)
COMISARIO
¿Qué es eso? (Antes de que Roberta pueda
reaccionar, el Comisario se arrodilla junto a la cama
y empieza a sacar la falda de Lucinda, la chaqueta del
Marqués y el hábito de Fray Nicasio) ¿Ve
usted, señora...? ¿Ve usted que aquí
pasa algo extraordinariamente raro...?
ROBERTA
(Realmente sorprendida) ¿Pero qué es esto...?
¡No, no puedo creerlo...!
COMISARIO
(Mientras consigue agarrar un pie del Fraile y tira
enérgicamente de él) ¡Ayúdeme,
señora, ayúdeme...! ¡Ya los tenemos...!
ROBERTA
(Ayudándolo a tirar, indignada) ¡Sí,
sí...! ¡Le ayudaré...! ¡Infames,
miserables...! ¡Divirtiéndose a sus anchas
mientras yo me arriesgo por ellos...! (Entre ambos van
tirando y sacando, como si fuera una ristra de chorizos
y en medio de las quejas y protestas de todos, al Fraile,
agarrado a una pierna de Lucinda; a ésta, prendida
del bolsillo del Marqués, y a este último.)
FRAY NICASIO
Hermana, piense en la caridad bien entendida...
LUCINDA
Yo no quería, señora, pero...Con tal de
no alborotar.
MARQUES
Roberta, ya conoces la debilidad de mi naturaleza...
COMISARIO
¿Pero qué es esto, señora? ¿Los
conoce usted...?
ROBERTA
Creía conocerlos, sí...Pero ahora veo
que me equivocaba...
COMISARIO
¿Puede usted explicarme eso?
ROBERTA
¿Explicarle...? ¿Pero no ve usted que
mi casa está llena de intrusos?
COMISARIO
Señora, si no me lo explica a mí, tendremos
que ir todos a explicarlo a la jefatura...
ROBERTA
(Al borde del desmayo) ¿A la jefatura...? ¡No,
no, eso es imposible...!
LUCINDA
Soy una casta doncella , señor...Y pobre, además...Nadie
querrá casarse conmigo después de semejante
escándalo.
FRAY NICASIO
Tenga usted consideración por mi investidura,
hermano...
ROBERTA
¿Pero qué pretende usted...? ¿Perderme...?
COMISARIO
No, señora...Salvarme.
MARQUES
(Que aún conserva la serenidad, carraspea para
llamar la atención) Señor...Soy un forastero
y no conozco los usos y costumbres del país...¿Pero
no podríamos solucionar esto de alguna otra manera?
COMISARIO
¿A qué se refiere usted?
MARQUES
Sé que la inflación está haciendo
estragos en el Nuevo Mundo...Y que los sueldos oficiales
son escasos...(Saca de su bolsillo una moneda de oro
y la exhibe ante el Comisario, tratando de seducirlo)
COMISARIO
Señor, usted me ofende...
ROBERTA
¡Eso es una bicoca , Donatien...!
FRAY NICASIO
Tanto como des, hermano, con creces te será devuelto...
LUCINDA
¡Sea usted generoso, Marqués...! He tocado
su bolsillo y sé que está bien forrado
de oro...
MARQUES
(Sacando con repugnancia otra moneda) Ustedes quieren
provocar mi ruina...Pero todo sea por tu reputación,
Roberta...
COMISARIO
(Sin tocar el dinero) ¿De modo que está
usted tratando de sobornarme...?
MARQUES
Es una manera un tanto ruda de denominar a esta amistosa
gratificación...
COMISARIO
Bien...Como primera medida, tendré que confiscar
todo el dinero que usted ha introducido ilegalmente
al país.
MARQUES
(Palideciendo) ¿Todo el dinero?
COMISARIO
(Saca su sable y le propina un formidable planazo) ¿No
he hablado suficientemente claro, señor mío?
MARQUES
(Vacilando) Pero, señor...
COMISARIO
(Dándole otro planazo) ¿No me ha comprendido
todavía?
MARQUES
(Sacando una voluminosa bolsa y entregándosela)
Sí, sí...Ha sido extraordinariamente claro...Y
persuasivo...
COMISARIO
Bien...Oportunamente, le extenderé el recibo
correspondiente...(Volviéndose hacia madame Roberta)
Ahora usted, señora...Exijo una completa explicación
de todo este embrollo...
ROBERTA
(Suspirando) Comisario...Su extraordinaria tozudez me
obliga a poner mi honor entre sus manos.
COMISARIO
¿Qué quiere usted decir?
ROBERTA
Pero le advierto que si usted provoca un escándalo
en esta casa, labrará su propia ruina.
COMISARIO
¿Se permite usted amenazarme?
ROBERTA
(Dulcemente) En verdad...Sí (Breve pausa) El
Ministro de Gobierno y yo...Somos amigos íntimos...
COMISARIO
(Azorado) ¡El Excelentísimo Señor
Ministro! Acláreme usted eso...
ROBERTA
Quiero decirle que...Tenemos una amistad apasionada.
COMISARIO
¿Con el Excelentísimo Señor Ministro...?
¿En qué sentido...?
ROBERTA
(Perdiendo la paciencia) ¡Que nos acostamos juntos
todos los lunes, miércoles y viernes, animal...!
FRAY NICASIO
¿Las fiestas de guardar, también?
MARQUES
¡Bravo por el Ministro...!
COMISARIO
(Estupefacto) No. No lo creo. El Excelentísimo
Señor Ministro es un hombre de hogar, una persona
intachable...
ROBERTA
(Va hasta la cabecera de la cama y de abajo de la almohada
saca un gorro de dormir, con un visible monograma) ¿Y
esto...? ¿Reconoce usted esto...?
(El Comisario hace la venia. Luego se aproxima a Roberta
y toma el gorro)
COMISARIO
(Enjugando una lágrima con el gorro) ¡No
puedo creerlo...! ¡No puedo creer esto del Excelentísimo
Señor Ministro! Y, sin embargo, la evidencia
es la evidencia...Como dice el artículo 207 del
Código de Procedimientos en los Criminal...
VOZ DEL MINISTRO
(Desde afuera) ¡Roberta...! ¡Angel mío...!
¡Ha llegado tu pichoncito...!
(El Marqués, Fray Nicasio y Lucinda se meten
de nuevo con apresuramiento debajo de la cama, en tanto
que el Comisario parece no haber escuchado nada, abstraído
en sus tristes pensamientos y permaneciendo con el gorro
de dormir en una mano y la bolsa de dinero del Marqués
en la otra. Roberta avanza hacia la puerta, que se abre,
y aparece el Ministro, un hombre de alrededor de cuarenta
años, de apariencia elegante y mundana)
ROBERTA
(Echándose en sus brazos) ¡Amor mío...!
MINISTRO
Ah, tampoco yo veía el momento de llegar a tu
lado...(Advierte la presencia del Comisario) ¿Y
esto? ¿Quién es él?
COMISARIO
(Espantado) Yo, Excelentísimo Señor...
MINISTRO
¡Cállese la boca! (Mira a Roberta como
pidiéndole una explicación)
ROBERTA
Es uno de tus infames sicarios, amor mío...Ha
estado aquí toda la tarde importunándome,
con el pretexto de que buscaba a un sospechoso...
MINISTRO
(Avanzando hacia el Comisario y señalando el
gorro de dormir y el bolso de dinero) ¿Qué
hace usted con eso?
COMISARIO
Los cuerpos del delito...Yo, Excelencia, no sabía...
MINISTRO
(Arrebatándole ambas cosas) ¡Entrégueme
eso de inmediato!
COMISARIO
Es que yo, Ilustrísima Señoría...
ROBERTA
No le hagas caso, Teófilo...
MINISTRO
(Al Comisario) ¡No quiero oir una sola palabra
más ! ¡Retírese en el acto! (El
Comisario hace la venia y se dirige hacia la puerta)
¡Comisario...! (El Comisario se paraliza, gira
hacia el Ministro y vuelve a hacer la venia) Quédese
en la puerta de la casa y que nadie entre ni salga sin
mi permiso...(El Comisario hace la venia y vuelve a
encaminarse hacia la puerta) Ah, Comisario... (El Comisario
gira nuevamente y vuelve a hacer la venia, permaneciendo
con la mano derecha en la visera) Olvídese de
todo lo que pueda haber visto u oído aquí
esta tarde... (El Comisario, no sabiendo cómo
subrayar su acatamiento, hace ahora la venia también
con la mano izquierda) De lo contrario, yo no me olvidaré
de usted...(El Comisario hace una profunda reverencia
y, finalmente, sale)
ROBERTA
(Con un suspiro) ¡Al fin solos, amor mío...!
MINISTRO
(Precavido) Bueno...Yo no diría tanto como eso.
ROBERTA
(Alarmada) ¿Qué quieres decir, Teófilo?
MINISTRO
Te adoro , Roberta...Y te aseguro que no debes tener
miedo.
ROBERTA
¿Miedo, Teófilo...? ¿Por qué
habría de tener miedo...?
MINISTRO
Vamos, Roberta...Sé que tienes un visitante...Y
quiero conocerlo.
ROBERTA
(Estremecida) Teófilo, yo...(Tras una pausa,
decidiéndose) Es sólo un viejo amigo en
desgracia...
MINISTRO
(Comprensivo) Lo sé, lo sé...Vamos, tontita...Llámalo
de una vez...
ROBERTA
(Agachándose junto a la cama) Sal, Donatien...Es
inútil seguir fingiendo...Teófilo lo sabe
todo...
(Se producen confusos movimientos debajo de la cama,
hasta que aparece Lucinda, supuestamente empujada por
los otros)
LUCINDA
(Protestando, hacia adentro) ¡No es a mí
a quién están llamando, al fin y al cabo...!
MINISTRO
(Algo sorprendido) ¡Lucinda...! ¿Qué
hacías tú ahí abajo?
LUCINDA
(Saliendo) Yo, señor...No quería molestar
y...Pensé que...
FRAY NICASIO
(Saliendo) Excelencia...Me permito interceder por el
infortunado a quien usted busca...
MINISTRO
Nada debe temer de mí. ¿Pero qué
estaba haciendo también usted allí, Fray
Nicasio?
FRAY NICASIO
¿Dónde combatir mejor el pecado, sino
entre los pecadores? (Mientras tanto, sale el Marqués,
tratando en lo posible de mejorar su aspecto)
MINISTRO
(Con una reverencia) ¿El Marqués de Sade,
según imagino?
MARQUES
(Retribuyendo la cortesía) Servidor de usted...
MINISTRO
(Idem) Es un honor inigualable para un demócrata
sudamericano saludar a un aristócrata europeo.
MARQUES
(Idem) Oh, señor...Apenas soy un anónimo
fugitivo.
MINISTRO
(Idem) Nada de eso. Todos sus libros han llegado a América,
todos han sido secuestrados, y yo los he leído
a todos...Ha propalado usted ideas terribles.
MARQUES
(Para sí mismo) Estoy perdido...
MINISTRO
Todavía recuerdo de memoria pasajes enteros...Como
cuando demuestra usted que Dios no existe, y que si
Dios no existe la moral no es sino un absurdo prejuicio,
y que entonces nada debe oponerse a la búsqueda
del placer y al desenfreno de las pasiones...
FRAY NICASIO
(Persignándose) Oh, oh...Esas cosas se piensan
pero no se dicen...
MARQUES
(Contrito) Sí, confieso haber cometido algunos
errores...
MINISTRO
Ha hecho usted una brillante apología del adulterio
y del libertinaje...
LUCINDA
Pudo usted haber esperado hasta que yo me casara, por
lo menos...
MARQUES
(Idem) Perdóname, Lucinda...
MINISTRO
Ha execrado usted la caridad, la beneficencia y la justicia,
distinguido Marqués...Y ha propuesto la supresión
de la pobreza mediante la extinción, por hambre,
de los pobres...
ROBERTA
Ah, Donatien, siempre has sido tan exagerado...¿Quiénes
serían nuestros sirvientes, en ese caso...?
MARQUES
(Idem) Sí...Quizás se me ha ido un poco
la mano...
MINISTRO
Bueno, pero no seamos excesivamente severos con nuestro
huésped...Al fin y al cabo, sus ideas no son
demasiado distintas de las que sustenta mi colega, el
Ministro de Economía...Inclusive , de mis propios
íntimos pensamientos...
MARQUES
(Esperanzado) ¿Entonces...? ¿Debo entender,
señor...? ¿Que nada me reprocha?
MINISTRO
(Con creciente severidad) Lamento tener que decirle
que sí...Que algo le reprocho...¡Que algo
muy grave le reprocho...!
MARQUES
(Desolado) ¿Ves, Roberta...? Tampoco en el Nuevo
Mundo hay esperanzas para mí...
MINISTRO
¡Ha vociferado usted en la plaza secretos que
sólo se debían susurrar en la alcoba!
¡Ha puesto al alcance de grosera mandíbulas
manjares que debieron quedar reservados para paladares
exquisitos!
MARQUES
Yo, señor...
MINISTRO
(Interrumpiéndole) ¡Usted...! ¡Usted
que se jacta de haber agotado todos los vicios, de haber
cometido todos los pecados, ha omitido el más
terrible, el que más podría ofender a
ese Dios al que tanto dice odiar...!
MARQUES
(Reaccionando) ¡No le permito, señor...!
¡Usted me ofende...! ¿Cuál es el
pecado?
MINISTRO
(Vociferando) ¡La hipocresía...! ¡Abomine
usted de los mandamientos de Dios, si quiere, pero vaya
a misa todos los domingos...! ¡Fornique y adultere,
pero exalte la santidad de la familia...! ¡Extermine
a los pobres, pero hágalo en nombre del bienestar
futuro...!
MARQUES
(Rompiendo a llorar) ¡Tiene usted razón...!
¡Tiene usted razón...!
ROBERTA
Vamos, Donatien, no es para tanto....
LUCINDA
No sea usted tan severo, señor...
MINISTRO
(Poniendo una mano sobre el hombro del Marqués)
Está bien, querido maestro...Aún puede
usted enmendarse, si renuncia a la pequeña vanidad
de la literatura...
MARQUES
(Calmándose, pero aún muy acongojado)
¡Lo prometo...! ¡Lo prometo...! Me ha dado
usted una verdadera lección, querido señor...
MINISTRO
Gracias. Ahora, Fray Nicasio, si es usted tan amable...Quisiera
hablar a solas con el señor...
FRAY NICASIO
Como usted ordene, Excelencia...(Con una reverencia)
Dóminus vobíscum...(Sale)
MINISTRO
Y bien, señor...Ahora que parece haber quedado
aclarado todo entre nosotros...Me imagino que nos hará
usted el honor de quedarse a vivir con nosotros, en
América...
MARQUES
Si usted me lo permite, señor...(Medrosamente)
Y si usted me asegura que no volverán a encerrarme
en un manicomio...
ROBERTA
¡Donatien...! Teófilo te está ofreciendo
su generosa protección...
MINISTRO
Y en América no hay manicomios, señor
mío.
MARQUES
(Eufórico) ¿No hay manicomios...? ¿Y
locos...? ¿Tampoco hay locos...?
MINISTRO
Bueno...Sí, algunos...Alguno que otro.
MARQUES
¿Y qué hacen con ellos?
MINISTRO
(Encogiéndose de hombros) No sé...Desaparecen...(Breve
pausa) Pero usted no debe preocuparse...La locura es
una enfermedad que sólo afecta a los opositores...
MARQUES
(Cayendo de rodillas) ¿Cómo puedo agradecerle
tanta bondad, señor Ministro?
MINISTRO
No se preocupe, ya encontraremos la manera (Lo levanta)
En realidad, creo que ya la he encontrado...(Breve pausa)
Como le he dicho antes, querido maestro, he leído
sus obras con enorme delectación...¿Sería
excesivo...? Ahora...¿Pedirle que usted ejecutara...?
¿Con la dulce y experimentada Roberta...? ¿Algunas
de las ingeniosas evoluciones que usted ha descripto
en páginas inolvidables...? ¡Mientras yo,
torpemente...! ¿Trato de imitarlo en compañía
de la joven Lucinda...? ¿Que me parece deseosa
de aprender...?
MARQUES
Oh, señor, qué mayor honor...
MINISTRO
(A Roberta) ¿Estás de acuerdo, ángel
mío?
ROBERTA
Nada puedo negarte, mi alma...
MINISTRO
¿Y tú, Lucinda?
LUCINDA
(Ruborizada) Si usted, señor, me lo ordena...
MARQUES
¿Me permite, amado discípulo? (Sin esperar
respuesta, toma el gorro de dormir del Ministro, se
lo coloca en la cabeza y se tira en la cama) Ven, Roberta,
ángel mío...(Ella se aproxima) Venid vosotros
también, queridos cachorros...Este lecho es ancho,
largo y generoso como el Nuevo Mundo...Ah, América,
América...¡Qué lugar para vivir
y para morir! Sí, dulcísimos camaradas...¡El
polvo de mis huesos, América tendrá...!
(Apagón)
EL NUEVO MUNDO se estrenó el 18 de agosto
de 1981 en el Teatro Tabaris de Buenos Aires.
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