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En el nº 14 de la revista "Espacio"
dirigida por Eduardo Rovner, publiqué un artículo
de crítica que titulé "Brujas, el
estigma", acerca de la pieza homónima, en
el que tentaba una interpretación a partir del
mito de la víctima propiciatoria. Luego, en mis
apuntes para la carrera de dramaturgia que dicté
durante unos años en la Escuela Nacional de Arte
Dramático ahondé el tema intentando encontrar
una genealogía que me ayudara en la comprensión
del mito y su teatralidad.
Permítanme, entonces, esbozar una historia que,
confío, alumbre de alguna manera producciones
de autor argentino de los últimos meses que no
han merecido demasiada estima de parte del espectador
medio.
Todas las cosmogonías, desde la Biblia judeo-cristiana
hasta el "Popol Vuh" maya, coinciden en que
El principio fue El Caos -en griego Caos significa el
Vacío, la Nada-. Y que lo Sobrenatural dio arreglo
a ese No Ser separando las aguas y las tierras , iluminando
la oscuridad con el Sol y la Luna, llenando las selvas,
las praderas, las montañas y hasta el aire y
el agua, de criaturas animadas, de las cuales Jehová
o Hunab o Zeus o Ra o Viracocha, o como se llame, distinguió
al Hombre como sujeto de la Creación, instituyendo,
en fin, cierto régimen de castigos y premios
sobre los comportamientos en la Tierra.
La ciencia hoy coincide con las cosmogonías en
estos orígenes caóticos y explosivos de
nuestro Mundo. Sin embargo, es improbable poner época,
milenio cierto, al intento del Hombre de otorgarle sentido
a su aparición en el mundo. Todo hace suponer,
nada más que suponer, que si bien su existencia
en calidad de cuasi chimpancé o de homo ludens,
de cuasi cuadrúpedo o de bípedo, se puede
remontar a tres, cinco, siete millones de años,
el intento de otorgar sentido a la vida, aparece recién
en época mucho más reciente, hace setenta
o cien mil años, con la última glaciación
según la ciencia o la separación de las
aguas, según las cosmogonías.
En estos principios todo es Arte es decir Magia,
es decir sin-razón. Pero, poco a poco, el crecimiento
histórico de la Razón arrinconó
al Arte, lo hizo desarrollar y lo obligó a
tener identidades con conciencia de si: música,
danza, plástica y finalmente teatro.
Más tarde o más temprano la necesidad
de sentido, de otorgar razón a la existencia,
perseguida por las fantasías y los sueños
recogidos por la Magia, va originando la formación
de Leyendas y de Fábulas que hoy llamamos Mitologías.
El cuento popular de la Argentina conserva, recrea y
enriquece la herencia del cuento popular español
y revive la tradición oral occidental, dice Berta
Elena Vidal de Battini en sus diez tomos de recopilación
de leyendas orales.
Es, entonces, el Mito, el que da sentido al estupor
del Hombre ante el Mundo. El Mito es el amanecer de
la reflexión acerca del Mundo. Es el primer testimonio
de la impotencia de lo humano frente a la naturaleza.
El Hombre para resguardarse de la intemperie cósmica,
busca refugio primero en la Magia, después en
el Mito. El Mito es una forma necesaria en la concepción
que el hombre primitivo se forja del mundo y de su propia
vida, es un modo peculiar de la realidad. Pero todo
Mito que se precie, crea su Rito, su Liturgia. Y si
bien la Filosofía reivindica para si el Mito,
el Teatro, felizmente, puede sentirse heredero del Rito,
la "encarnación" del Mito.
No es arriesgado afirmar que en el Hombre no ha existido
siempre la capacidad para considerar los acontecimientos
como una serie conexa de procesos, como un sentido.
La idea de que poseen una interna correspondencia y
continuidad se plasma en la liturgia repetitiva del
Rito. Se trata de la construcción -¿literaria?
¿narrativa?- de algo específico, determinado,
es decir finito, pero que remite a lo infinito. Una
metáfora en funcionamiento, una figuración
de lo Real que ordena el Caos primigenio.
Desde el punto de vista del teatro, esto no alcanza.
Los ritos fúnebres, la liturgia de Osiris,
el Dios de los rebaños y de los pastores, que
se celebraba en Egipto contaban sólo con sacerdotes
oficiantes. Era una metáfora sin destinatario.
Recién en el Siglo V Antes de Cristo, en la
República Civil Ateniense, el Ciudadano Espectador
se pone en situación frente al Rito convirtiéndolo
en Teatro. Tampoco hay teatro en las civilizaciones
agrícolas de organización sacerdotal,
teocrática, existentes en América a
la época de la colonización, aunque
hay una "rara avis" cual es el texto de
"Tragedia del fin de Atawallpa" recogido
del quechua por el boliviano Jesús Lara que
por el momento no me permite alterar la genealogía
que tratamos de seguir.
El paso del Rito al Teatro es un síntoma de un
cambio más amplio en la Humanidad, cual es el
paso de una sociedad teocrática a una cuasi democrática,
de una sociedad agraria a una urbana. Hoy, todavía,
en plena mundialización capitalista, el teatro
sólo aparece en las ciudades, mejor, en las grandes
ciudades.
Hasta el siglo V Antes de Cristo el dominio social en
el mundo conocido, era ejercido, por tribus familiares
sedentarizadas cuya cabeza visible era el Sacerdote-Guerrero.
Con la República Civil se separa el rol del guerrero
del de sacerdote. Las iniciaciones antiguas a que se
sometían los jóvenes guerreros se transforman
en agrupaciones secretas confinadas a un terreno puramente
religioso. Los misterios órficos, la Eleusis,
los chamanismos, abonan el terreno para que la liturgia
se convierta en teatro. Más tarde la palabra
ya no es sólo un término ritual, una fórmula
imprecatoria compuesta por trenos y ditirambos, sino
la base de un combate codificado y reglamentado democráticamente
para todos, donde se combate con argumentos, en una
justa oratoria, es decir un enfrentamiento de palabras
que contraponen discursos. Discusión y argumentación
están en la base de los primeros trágicos.
Claro está, que lo que estamos diciendo es apenas
una generalidad. Como todos acá sabemos, el proceso
hacia el teatro es más rico y complejo, contradictorio,
más digno del azaroso accionar humano. Pero a
la luz de estas generalidadades que hemos dibujado,
podemos, por fin, no sin cierta timidez, afirmar que
la invocación del Sagrado Equilibrio contrario
al Caos y la necesidad del Sacrificio en caso de que
ese Sagrado Equilibrio se quiebre, son elementos fundantes
del primer teatro y de su género distintivo:
la tragedia.
En estos principios el Teatro es una Liturgia que
busca en el Mito tanto el acontecimiento real, como
las creencias que dan nacimiento a sus propias prácticas
rituales. Como dice Peter Brook el teatro es un acto
de sanación de la ciudad para conjurar el proceso
de fragmentación, de Caos, que la propia ciudad
conlleva. La Víctima del Sacrificio -el fármaco,
el remedio- es Sagrada, pero es Sagrada porque es
Víctima y no sería Sagrada si no se
la victimizara. Es un poco el lío de Edipo:
a la Víctima no se la elige sólo por
los crímenes que se le atribuyen sino por sus
rasgos victimarios: su renquera, su extranjería
lo hacen un bocado de cardenal, un chivo emisario
empaquetado, que llega a una sociedad donde la Peste
ha convertido el Sagrado Equilibrio en Caos.
Hay una cronología que acompaña la victimización
sagrada. En períodos más oscuros de la
historia es el Hombre, otro Hombre, el Otro, el que
es sacrificado. Tanto en la América Precolombina
como en el mundo indoeuropeo el Hombre va a parar a
la piedra sacrificial. Sociedades más refinadas
o hipócritas han metaforizado al Hombre con un
cabrito o con un cervatillo. En "Ifigenia en Áulide",
de Eurípides, cuando ya está todo preparado
para el Sacrificio y el sacerdote ha levantado el cuchillo
para cortar el cuello de la virgen, se produce un prodigio:
todos los presentes en el escenario oyen el golpe de
la herida pero nadie ve caer al piso a Ifigenia; en
su lugar yace una cierva que ha salpicado con su sangre
el altar de la diosa. (Quiero acotar que lamentablemente
un acontecimiento tan notable en la historia de la humanidad
como esta sustitución alegórica -que no
es progresiva sino que parece depender, más bien,del
carácter pacífico o guerrero de la cultura
implicada-, haya sido convertido recientemente entre
nosotros en una excusa, para plasmar nuestra tragedia
política de los años 70.)
El cristianismo ha metaforizado más aún
a la Víctima Sagrada. En la Misa reemplaza al
Hombre Jesucristo -que resucitará mitológicamente-,
por la carne de la hostia y la sangre del vino. Así
este conflicto primigenio parecería haber quedado
oculto en la noche de los tiempos, envuelto en los tules
de la Costumbre. Pero si descorremos esas sedas, hoy
también y quizás para siempre, el mundo
aparece frente al Hombre como un Caos, como la Nada;
como en el Génesis Más allá del
paisaje familiar el Caos reina. Tanto para el Hombre-Niño
que recién ingresa en la existencia como también
para millones de excluidos de la mendicidad y los harapos,
que hoy tienen conciencia de su exclusión, el
mundo sigue siendo Caos, y como Dios Ha Muerto, no hay
Jehová, ni Hunab, ni Zeus, ni Ra ni Viracocha
que vengan a salvarlo. Construido por los otros, los
hombres difuntos, el Caos está instalado en el
corazón del hombre contemporáneo.
Este discurso aparece a nuestro entender en varios espectáculos
porteños de los últimos tiempos. Tanto
en "Monos con navaja" de Luis Sáez
dirigida por Justo Gisbert, como en "El mal de
la paloma" de Omar Aita que dirigió Mónica
Viñao, la Víctima Sagrada, en un caso
el señor Equis y en el otro la Hija de un matrimonio
pequeño burgués, son traídos a
un mundo pestífero donde el Equilibrio ha sido
perdido. Su sacrificio será el remedio para la
restitución de la Armonía.
Tanto en "La escuálida familia" de
Lola Arias dirigida por la autora o en "Pájaros
negros" de Helena Bamberg dirigida por Lorenzo
Quinteros, el Incesto Inmemorial aparece caótico
desde el fondo de la genealogía como determinante
actual de conductas que, incluso en el caso de la pieza
de Helena Bamberg, lleva al canibalismo de la víctima
sacrificada. En "Ojos de Ciervos Rumanos"
de Beatriz Catani dirigida por la autora, ya no hay
siquiera humanos, son los personajes cuasi vegetales
paridos y alimentados por el Padre desde una herida
en su costado, como Dioniso por Zeus. En todo caso destaquemos
que en estas cinco obras se trabaja con distintos géneros
y estéticas, pero con materiales de nuestra época,
de nuestra realidad: panaderos, colombófilos,
familias vulgares son en estas piezas los sujetos del
Mito.
Decíamos que discusión y argumentación
están en la base de la primitiva tragedia. También
en las piezas citadas aparece en primer plano la palabra
y en segundo la llamada "teatralidad", que
ha dado en estos casos un respetuoso paso hacia atrás
para dejar lugar a la tragedia humana invocada por la
palabra.
La reivindicación de la palabra en el sentido
indicado ¿nos permite prever una actualización
de la tragedia en la producción porteña?
Pese a que ese agudo crítico que es George Steiner
fundamenta la imposibilidad histórica y estética
de la reaparición de la tragedia, nos atrevemos
a decir que si hay Caos -¡qué mayor caos
que el capital financiero!- y Víctima Inocente
-¿hay hoy mayor víctima que el marginado?-habrá
Tragedia.
Bernardo Carey
Ponencia leída en el V Plenario del XI Congreso
Internacional de Teatro Iberoamericano y Argentino organizado
por GETEA de la Universidad de Buenos Aires, el 8 de
agosto de 2002, en Buenos Aires.
BIBLIOGRAFÍA SUMARIA
Battini, Berta E. Vidal de "Cuentos y leyendas
populares de la Argentina". Ediciones Culturales
Argentinas. Buenos Aires, 1980.
Brook, Peter "Aquí dejo mi historia"
(Fragmento adelantado de "Hilos de tiempo",
Ediciones Siruela) Revista Radar, Buenos Aires, 26/08/01.
Carey, Bernardo "Brujas, el estigma". Revista
"Espacio" nº 14. Buenos Aires, 1995.
"Genealogías teatrales". Revista
"Los Rabdomantes". nº 1. Universidad
del Salvador. Buenos Aires, 2001.
Castoriadis, Cornelius "La creación de
la democracia" . Revista "Vuelta" nº
11. Junio 1987. Buenos Aires.
Girard, René "El chivo expiatorio".
Editorial Anagrama, Barcelona, 1986.
Girard, René "La violencia y lo sagrado".Editorial
Anagrama. Barcelona, 1995.
Kerényi, Carl "Dionisios, la raíz
de la vida indestructible". Herder. Barcelona,
1998.
Kirk, G.S. "El mito". Ediciones Paidos.
Barcelona, 1970.
Lara, Jesús. "Tragedia del fin de Atawallpa".
Ediciones del Sol. Quito, 1989.
Schobinger, Juan "Las religiones precolombinas".
Editorial Almagesto. Buenos Aires, 1992.
Steiner, George "La muerte de la tragedia".
Monte Ávila Editores. Caracas, 1970.
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