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Alberto Aureliano Novión nació
en Francia, en la ciudad de Bayona, un 14 de febrero
de 1881. A los pocos años de edad, su familia
se trasladó a Montevideo. Allé vivió
hasta la adolescencia, para luego instalarse en Buenos
Aires, donde formó su personalidad. Se nacionalizó
argentino, por que así lo sentía su espíritu.
Toda su vida fue un animador constante de lo verdaderamente
bello, de una bondad que lo caracterizaba y que hacía
que siempre estuviera rodeado de amigos. Desde pequeño
tuvo la virtud de centralizar todas las simpatías
y siempre dirigió las pandillas que se convertían,
bajo su dirección, en Compañías
Teatrales. Así comenzó su vocación.
A los dieciséis años ya colaboraba en
la revista "El Fogón" de Montevideo
escribiendo versos, firmando "Gregorio el Tuerto".
tenía "una" bella voz de singular atractivo,
que cautivaba a su auditorio, cuando acompañado
en guitarra o en piano cantaba alguna romanza.
Los que vivieron cerca de él, pueden atestiguar
que nunca hirió a nadie con su palabra, aunque
tuviera derecho a ello, porque su mayor alegría
era "dar alegría a los demás".
Su actividad de dramaturgo se remonta al comienzo de
nuestro teatro nacional en 1905, aunque un año
antes, en uno de los cafés con varieté
entonces de moda, un semianónimo le interpreta
lo que él llamaría después "una
travesura". El semianónimo estaba destinado
a convertirse en una sugestión colectiva, además
de un actor de fama. Se trataba de Florencio Parravicini.
Su secretario,Carlos Coletti, fue quién incorporó
a su repertorio el "pecado", por así
decirlo, de Alberto Novión.
En 1905 junto con su pariente Angel Saracco, se establece
en la calle Entre Ríos 1076, con un pequeño
negocio llamado El Indio, donde vende té y café.
Mucho más tarde Angel Saracco será administrador
de la Sociedad Argentina de Autores Dramáticos
y Líricos, incorporado a la misma por iniciativa
de su amigo Alberto Novión.
Ese mismo año y en una sola noche, en tanto su
madre le ceba mate, escribe su primer obra, DOÑA
ROSARIO, pintura campera todo colorido que consagra
a la madre criolla clásica.
Varias noches después, y estando en un café
nocturno, Novión, Saracco y Coletti se encuentran
con Roberto Ardissone, boletero del entonces Teatro
Nacional de la calle Corrientes. Novión se sobrecoge
de sorpresa. Roberto le ha dicho que Don gerónimo
Podestá le está ensayando su obra. El
se la había llevado para recibir un consejo,
sin pensar en ningún momento que podría
estrenarse.
Está terminando el mes de junio. Novión
va al teatro y se mete en un palco para seguir las incidencias
de un ensayo. Desde allí ve en el escenario una
vieja criolla que se mueve con la desenvoltura de una
dueña de casa. Es su imaginación que se
vuelve realidad.
Y por fin llega la noche del 3 de julio de 1905, en
el escenario del Teatro Nacional se consagran dos figuras
extraordinarias del teatro criollo: Alberto Novión,
autor y Orifilia Rico, protagonista insustituible de
"Doña Rosario". Este éxito lo
incita a Novión a seguir escribiendo y en 1906
estrena en el Apolo y con don Pepe Podestá, "JACINTA",
sencillo romance campero.
Novión tiene apenas veinticuatro años
cuando se incorpora para siempre al teatro argentino.
Podríamos decir que éste fue uno de los
hombres que le hizo mucho bien, ya fuera desde los escenarios
que frecuentó con éxito, como por su labor
societaria desde la Tesorería de la Sociedad
Argentina de Autores Dramáticos y Líricos,
como se llamaba por ese entonces "Argentores".
Su obra fue fecundada. Hasta 1939 estrenó 98
piezas, y a decir de José Antonio Saldías
"fue el más intuitivo, fresco, y tierno
de los autores criollos". Don Edmundo Guibourg
manifestó que "era acuarelista delicioso..."
Frecuentó todos los géneros: el teatro
costumbrista (Doña Rosario y Jacinta), la comedia
amable (Tan chiquita y quiere casarse), el drama (La
chusma y La cantina), el sainete (Don Chicho). No dejó
de escribir para un actor o una actriz: "Misia
Pancha la brava" para Orifilia Rico y "En
un burro tres baturros" para Roberto Casaux, que
dicho sea de paso le procuró un éxito
a Enrique de Rosas en españa. posiblemente se
le pueda criticar esta actitud, pero no debe olvidarse
que los períodos de esplendor del teatro, coinciden
con la presencia de "los monstruos sagrados"
y los autores no pueden evitar pensar en alguno de ellos
para tal o cual papel. Es un ideal que si se logra alcanzar,
completa la obra escrita uniéndola a su imaginación.
En cierta ocasión y en una extensa carta fechada
el 14 de octubre de 1906, Gregorio de Laferrere le decía
a Ezequiel Soria: "mientras suena el techo y se
sacuden los cimientos del único edificio que
puede reclamar, entre todos los de su especie, el honor
de haber sido levantado por la iniciativa y el espíritu
criollo y a costa del poco o mucho jugo que han podido
producir los cerebros, también criollos, de nuestros
autores nacionales". Esto lo decía laferrere
en oportunidad de que jerónimo Podestá
estrenara su obra "El escudo" en el Teatro
Nacional. Alberto Novión fue uno de los que colaboró
"con un poco del jugo de su cerebro", como
señalara Laferrere, al desarrollo de nuestra
dramaturgia nacional. Uno de los tantos olvidados que,
alguna vez, deberá recoger una verdadera antología
de los momentos inspirados del teatro rioplatense.
De la producción de Alberto Novión tomaremos
dos de sus obras para efectuar un análisis. Son
ellas, el drama en tres actos La Chusma y el
sainete en dos actos Don Chicho. En ambas Novión
presenta un tema común: la fatalidad.
La Chusma fue estrenada por la compañía
de Pablo Podestá en el Teatro Nuevo en marzo
de 1913. Don Chicho lo estrenó la compañía
Arata-Simari-Franco el 20 de abril de 1933 en el teatro
Comedia.
La crítica de la época y el público
recibieron a Don Chicho con mucho beneplácito.
Algunos manifestaron que Novión en vez de escribir
un sainete había estrenado un "grotesco".
Los contradictorios caracteres de la personalidad de
Don Chicho, que se presenta como una víctima
de la miseria y proclama la injusticia de su situación,
mezclando su fervor de creyente con una exposición
de sentimientos perversos de codicia y egoismos, hacen
de este personaje un exponente de la picardía
porteña. Alberto Novión lo trajo de la
mano y lo expuso en nuestra pequeña catedral
del viejo teatro por secciones. Lo mostró ante
nuestros ojos y nos enseñó su tenebrosa
alma abyecta. Alguien ha dicho que entre las escenas
de Don Chicho se esfuma a veces la sombra ilustre del
"Arpagón" de Moliere. No creemos que
esto pueda ser verdad. cada uno en su sitio y geografía.
Arpagón en su mundo, Don Chicho en su barrio.
Un barrio lleno de rateros y malandrines y una familia
de mal vivir. Sólo uno de los personajes tiene
necesidad de salvarse: Luciano, que está enamorado
de Fifina y quiere irse a otra parte para vivir una
vida mejor. pero lo acosan las circunstancias y Don
Chicho no quiere perderlo. El puede significar dinero
para su codicia y lo persigue y lo obliga fatalmente
a no abandonar la vida que su familia le creó.
hay en este personaje una fatalidad marcada. Todo está
escrito y él no puede hacer nada para remediarlo.
Se deja llevar por lo que deciden otros. En el fragmento
que sigue vemos como es acosado por Don Chicho para
que no abandone la casa:
Luciano- Entonces, ¿lo que ustedes quieren es
que vuelva a robar, que vuelvan a meterme en cana?
Chicho- (Enérgico) ¡Robare!...¡Robare!...Yo
non le digo eso, que salga a la calle e se aponga a
robá....¡Robá!....roba coalquiera!
(Con suavidad). Lo que yo le apido e que astudie,
que haga no trabaquito fino, co la entelequia. (Hipócritamente
insinuante). Hay tanta quente rica que anda sola
pe la calle...Se ajúntano tré o coatro,
le atápano la boca...¡Je,je!...Hay tanta
vieca solterona que vano temprano a l'ingresia, cargada
de oro...¡Hay tanta niñera que llévano
la criatura al cochecito pe hacerle tomare sol a la
plaza!...¡E tanto fáchile espiantarse na
criatura!...¡Se da no manotone así (Acciona)
e ya está!...(Como poniéndose un paquete
bajo el brazo). ¡No pesa nata!
Luciano- ¿Entonces, lo que ustedes quieren es
que entre en una banda, que me haga maffioso?
Y así, de esa forma, Luciano vuelve a la mala
vida y trata de atraer a Fifina que además está
requerida por Quirquincho y Rosendo. Ya sobre el final
del drama, Luciano hiere de un tiro a Rosendo, cuando
éste trata de conquistar a Fifina. Como en cualquier
momento puede llegar la policía, Luciano intenta
huir de allí con Fifina. Ella opta por quedarse
con Rosendo, ya que para ella, es el hombre que se jugó
y perdió. Luciano es detenido por la policía.
Este rasgo de piedad de Fifina, al quedarse con Rosendo
que está malherido, resuelto sin sensiblerías,
muestra la capacidad de Novión para resolver
una situación dramática.
Por supuesto, la fatalidad le ha jugado una nueva mala
pasada a Luciano. Este personaje que siempre quiso salir
de ese bajofondo, es destruido por su destino. Algunos
pueden pensar que es un fracasado, como ciertos personajes
de Florencio Sánchez, y que Novión se
dejó influenciar. nosotros creemos que a Luciano
lo destruyó la fatalidad y que su vida rozó
siempre la tragedia.
Cuando la Compañía de Pablo Podestá
estrenó La Chusma, los comentarios de la época
señalaron que este drama mostraba con verdadera
maestría un ambiente de lumpen, con personajes
desclasados que nuncan podrían salir de ese medio.
Aquí, otra vez Novión, utiliza la fatalidad
para describir a marta y Ceferino Andrade. Las situaciones
se van encadenando de tal manera, para que tanto Marta
como ceferino, que son los únicos que tienen
conciencia del destino frustrado, sigan sumergidos en
ese mundo, sin posibilidades de vencer el fracaso que
les propone la fatalidad. Solamente la cárcel
para él y la muerte para ella los hará
escapar de ese medio que los aniquila fatalmente. Marta
presiente este destino y sabe que morirá chusma
y así se lo dice a doña Micaela:
Micaela-...decime...una persona que fue gente y se volvió
chusma...¿puede volver a ser gente?...
Marta- Está en el alma, vieja.
Micaela- No, porque yo conocí a mucha chusma
que se volvió gente.
Marta- Por fuera...pero lo otro queda...queda por dentro...
En La Chusma se respira un clima de determinismo total
y de esta manera lo dice Jacinto: En el fondo nadie
es malo doña Micaela...la vida, sus reveces,
la mala suerte nos hace hacer otra cosa y parecemos
malos.
Por último, cuando el linyera don Florencio,
en el final del drama hecha flores sobre el cadaver
de Marta y murmura:...¡non é niente!...poverina...¡non
é niente!..., nos queda una sensación
de impotencia difícil de olvidar.
Sin querer en esta nota defender el fatalismo con que
juega Novión en sus obras, debemos dejar claro
que ha sido un dramaturgo que ha sabido manejar con
maestría sus personajes y que en su copiosa producción
demuestra una habilidad en el manejo de las situaciones
teatrales que no es habitual. Creemos además
que estos tratamientos pueden tener varias lecturas
en la actualidad, y que lamentamos que sea uno de los
tantos olvidados por los historiadores de nuestro teatro,
y que sólo pueda figurar -según ellos-
en una larga lista de autores o en otros casos criticado,
por no haber hecho que sus personajes entraran en la
lucha político-social para cambiar su condición.
Buenos Aires, abril 1989
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