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Saturnino
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Norberto
Suárez |
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La Negrita
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Gabriela Villalonga |
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Roberto
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Gabriel Virtuoso |
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| Asesoramiento
grupal |
Lic.
Luisa Sussmann |
| Asesoramiento
gastronómico |
Karin
Abarca |
| Diseño
Musical |
Adolfo
Schmidt |
| Acordeón |
Pablo
Bronzini |
| Diseño
y realización de vestuario |
El
Grupo |
| Iluminación |
Horacio
Bustamante |
| Prensa
y difusión |
Colombo-Pashkus |
| Asistente
de dirección |
Elizabeth
Rivadeneira |
| Operadores
técnicos |
Roberto Traferri (h)
Diego Croci
Lautaro Graciosi |
| Escenografía |
Elías
Leguizamón |
| Dramaturgista |
Matías
Méndez |
| Producción
ejecutiva |
Beatriz
Suárez |
| Producción
general |
Villalonga-Virtuoso |
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| Dirección |
Luis
Roffman |
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| Sala |
Carlos
Somigliana |
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Los
acontecimientos no existen fuera de las proposiciones
que los expresan. Esta dualidad se prolonga en la de los
cuerpos y el lenguaje.
De aquí la alternativa que atraviesa toda la obra:
comer o hablar.
Comer, ser comido, es la forma en que los cuerpos operan,
el tipo de mezcla que realizan entre ellos, su acción,
su pasión, su modo decoexistencia del uno en el
otro. Pero hablar es el movimiento de las superficies,
de los atributos ideales, de los fantasmas. Nos preguntamos
que es lo más grave: hablar de comida o comerse
las palabras. En sus obsesiones alimenticias, los personajes
están atravesados por pesadillas relativas a absorber
o ser absorbidos. Si es posible hablar de comida ¿Cómo
evitar ser deglutidos por aquel que nos habla? Pero comerse
las palabras es justamente lo contrario: los cuerpos pierden
su antigua profundidad, y los fantasmas de la superficie
los sustituyen."
(Adaptado de "La lógica del sentido"
de Gilles Deleuze) |
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