Devenir
Todos hemos sentido alguna vez que los acontecimientos de nuestras vidas parecen determinados por la pluma de un escritor, la extraña sensación de ser el personaje de un caprichoso mundo ficticio que nos domina. Las sospechas que surgen de ese teléfono que suena siempre en el momento justo (o injusto), esa persona que te cruzás en el instante menos deseado, aquella actitud que nos brotó tan naturalmente y que nos parece más propia de cualquier otro sujeto que de la persona que porta nuestro cuerpo. Es un tópico alejado de cualquier grado de novedad ya que es inherente a la propia historicidad del hombre la reflexión sobre el devenir de la vida y la capacidad humana de intervenir sobre el curso de los hechos.
La existencia (o no) del libre albedrío ha sido discutida desde los orígenes mismos. Desde la religión, la filosofía, el arte, y la ciencia, las voces se atropellan, se alimentan o se aniquilan en busca de saciar cierta necesidad de respuesta a esta gran duda existencial. Pero hay lugares que se empeñan en desconocer las posibles hipótesis del existencialismo sartreano, la física cuántica, o las teorías metafísicas en boga. Lugares y momentos donde el devenir de sus habitantes parece no calificar para estas discusiones ya que una entidad previa, de carácter social, ejerce su fuerza y su condicionamiento.
Gabriel Fernández Chapo |