| La acción se desarrolla entre 1964 y 1978, a la hora de cierre de una librería de la avenida Santa Fe, cerca de los lugares que en la década del 70 se conocían como Villa Freud.
Imberbes en la librería
Hay un imaginario libresco que nos persigue a los libreros aunque, como yo, hayan dejado de serlo hace ya muchos años. Intenté plasmar ese imaginario a manera de cenáculo, de reunión grata en la que ideas opuestas se intercambiarían con cierta cortesía y hasta con cordialidad. Un coloquio. Un convivio. Un banquete entre justos que harían chisporrotear diálogos agudos, inteligentes, de sapienza medular.
Pero esa no es la obra que hoy van a presenciar. Esa obra no apareció. En mis planes estaba yo mismo, “mi” librería, su dueño mi amigo Rubén, pero en el punto de arranque mismo, al comenzar la historia, el recuento de imágenes, aparecieron otros libreros, otra narración, otra estructura dramática. No estaba Rubén. Tampoco yo… Tampoco… Tampoco… La cosa adquirió la cruel corporeidad de la época: 1964 a 1978. Época de utopías y fracasos. De violencia y ternura. Es bueno, pensé, dejarse también llevar por lo indeterminado, por el azar, aunque en la evocación queden jirones de carne.
Bernardo Carey |