Hace mucho quería hacer "escoria". Hace más de tres años la idea rondaba mis deseos. Siempre me impactó la fugacidad del éxito, el reconocimiento y sus consecuencias. La labor del actor a veces es tan frágil y sensible, que deseaba juntarme con actores que portaran en sus cuerpos la experiencia vivida, que sean sus propias escenografías vivientes y sus reliquias del recuerdo tamaño caja boba. Así armé esta extraña combustión de once seres especiales, angelados y arriesgados. Les convide una merienda en mi hogar y desde allí ellos acá están, entregados y confiados. Felices y temerosos, como yo. No por estrenar "obra" sino por exponernos de manera tan particular. A veces es duro hablar de la ausencia, del recuerdo, de los fantasmas y poner lo personal en juego, en pos de alguna pequeña ficción mentirosa que nos cobije, y ellos lo hacen divinamente, serenamente, humanamente y sensiblemente. Quiero agradecer al Teatro del Pueblo y todo su equipo, la confianza a ciegas en mi "escoria" y deseo dedicar este espectáculo a todos los actores que siempre me alegraron, me entretuvieron y me iluminaron desde la pantalla chica y hoy quizás no son recordados o sufren la falta de trabajo. Escoria, somos un poco todos. Míralos, mírame, mírate.
José María Muscari
-de éxito relativo-
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