ZANGARO: Carlos, su primer estreno, EL PUENTE, en
el año 1949, inaugura también la doble
condición de autor y director que caracteriza
el espacio escénico, sobre todo a la luz de
algunas reflexiones que, en una charla en la Fundación
Somigliana formulara Gastón Breyer, autor justamente
de la escenografía de EL PUENTE, sobre la relación
entre el texto dramático, que es un cuerpo
de información longitudinal, que se despliega
en el tiempo, y lo que él llama objeto escénico,
que es una masa de información que se presenta
en el espacio. Breyer planteaba que en esta ecuación
se sostiene el problema fundamental del teatro y que
es el director quien debe resolver la relación
entre aquello que se dice y aquello que se muestra
de manera que no haya preponderancia de un polo de
la relación sobre el otro, o redundancia. ¿Cómo
ha vivido usted, en su doble condición de autor
y director de sus propias obras, esta relación
entre texto y espacio?
GOROSTIZA: Cuando yo escribí EL PUENTE tenía
alguna pequeña experiencia como director, pero
dirigí esa primera obra mía con mis
compañeros de La Máscara, fundamentalmente
porque no había directores interesantes: el
italiano Tului, que dirigió parte de CRIMEN
Y CASTIGO y luego se volvió a Italia, cuando
se dio cuenta de que como grupo de teatro independiente
no teníamos ninguna posibilidad de estrenar
en el teatro profesional; y Adolfo Celli, un director
extraordinario que dirigió ANTIGONA, y que
luego se fue a Brasil...Gastón Breyer hizo
una hermosa escenografía para EL PUENTE: él
jugó con un gran bastidor, casi en diagonal,
que giraba, y al girar se convertía en varias
cosas de acuerdo con la ubicación que se le
daba al bastidor, es decir que se trataba de planos
que al moverse convertían el exterior en interior,
y viceversa...Pero yendo concretamente a tu pregunta
yo te diría que disiento con Breyer oprque
creo que el teatro es fundamentalmente palabra. La
escenografía, y todos los signos escénicos,
tienen que estar al servicio del texto.
ZANGARO: Tal vez porque usted hable de textos que,
como los suyos, contienen una gran preocupación
por el tema del espacio...Estoy pensando concretamente
en LOS HERMANOS QUERIDOS: el hecho de que el texto
proponga que estos dos hermanos que están peleados
y que hace tiempo que no se ven convivan en un mismo
espacio escénico, que es el decorado único
de la casa, y que se crucen una y otra vez sin percibirse
pone en acto, pone en escena el problema mismo de
la pieza. Nada de lo que se dice en el texto sobre
la incomunicación de estos dos hermanos, es
tan contundente como aquello que se muestra al ponerlos
juntos en un mismo lugar sin que se vean. Aparece
aquí un autor, que además es director,
pero que fundamentalmente está proponiendo
un funcionamiento dramático del espacio.
GOROSTIZA: Eso es verdad...En EL PATIO DE ATRAS, por
ejemplo, yo quería que el espacio diera cuenta
de lo que el texto propone como patio realista, reconocible,
por un lado, pero también como una región
al borde de la locura, en la frontera entre lo posible
y lo imposible. Primero fue un boceto realista de
María Julia Bertotto, y luego apareció
la transfiguración. Esa heladera absorbida
por el tiempo, por la tierra...yo quería que
hasta los pies y parte de las piernas de los personajes
estuvieran en la misma tonalidad del piso, como absorbidos
también por el paso del tiempo. Incluso en
la marcación de los actores hay un cuidado
que no toquen ese colgajo de toldo que cae sobre ellos
porque en cuanto lo tocan le otorgan realidad, entidad...Yo
creo que todo este trabajo sobre el espacio es al
servicio de la idea dramática que propone el
texto. El espacio es un lugar que sirve para que se
emita un hecho dramático...El escenógrafo
tiene que crear con curvas, con rectas, con colores
fríos o cálidos el espacio que pueda
ser habitado por ese drama...Cuando yo dirijo una
obra mía ya he pensado como autor en el espacio...Tengo
en este caso la ventaja de ser como director absolutamente
fiel a la propuesta del texto...Aunque el riesgo es
que se me escape aquello que no es explícito,
aquellos mensajes subconscientes que me resulta más
sencillo intentar descifrar cuando dirijo piezas de
otro autor, para poder crear el espacio que contenga
la idea dramática central del texto. Por ejemplo,
cuando dirigí LA NONA estuvimos mucho tiempo
pensando con Ragucci en la manera de dar cuenta de
aquello que a mí me bullía por dentro
cuando leía el texto: la exageración,
la exacerbación...Por eso, entre otras cosas
decidimos que el actor que interpretara LA NONA fuera
un hombre, en lugar de una mujer, porque el personaje
no era humano...Recuerdo un ensayo con Ulises Dumont,
que él también recuerda con humor, después
del cual le dije: "hoy ha sido un ensayo extraordinario
porque el personaje es todo lo contrario de lo que
hiciste". Claro, él ´tendía
a humanizar el personaje: tocaba a los demás,
se conectaba con ellos. Y yo quería que pensara
en una rata...una rata no toca, no se vincula con
los otros. Allí apareció ese mordisqueo
constante, ese sonido que caracterizaba al personaje.
Sobre esta base trabajamos con Ragucci, y de pronto
apareció la idea de la acumulación,
de la aglomeración de cajones vacíos
de comida...aquí había habido comida,
pero ya no había más, todo lo había
devorado la vieja. La escenografía no tenía
paredes sino pilas de cajones vacíos, y esta
resolución escenográfica apareció
a partir de una idea dramática.
ZANGARO: En su proceso creador, ¿percibe que
hay alguna manera particular desde la cual aborda
la escritura de sus piezas?
GOROSTIZA: Nunca es la misma...Sé que mis piezas
surgen de ideas que me obsesionan, sentimientos, imágenes,
vivencias...Pero el detonante es diverso: a veces
es un espacio, otras una frase, o un personaje...En
el caso de EL ACOMPAÑAMIENTO fue curioso: la
escribí a partir de la imagen de los actores,
de Ulises y el Negro Carella, que habían trabajado
conmigo en LOS HERMANOS QUERIDOS...Recuerdo que el
día que vinieron a casa para que les leyera
la obra, Ulises le dijo al Negro: "Vos tenés
que hacer un personaje que vi en Palermo Viejo, toca
el bandoneón y canta...y cree que es Gardel".
¡Y empezó a contar el personaje que yo
había escrito y que iba a leerles esa misma
noche! En el caso de AEROPLANOS recuerdo exactamente
la primera imagen. Yo estaba escribiendo una novela,
pero me aparecieron unas ganas enormes de escribir
teatro, aunque no tenía absolutamente nada
en mente. Y un día vino a verme un gran amigo,
Pedro Doril...Yo estaba resfriado, y al despedirse
me dio una palmada y me dijo "¡Cuidate!"
En aquella palmada yo sentí algo, la amistad...toda.
Me acosté, y a la mañana siguiente tenía
la obra; en dieciocho días la terminé.
En EL PUENTE, lo primero que aparecióm fue
el espacio. Yo cuestionaba el teatro retórico
de aquellos años y me quejaba de la falta de
obras que hablaran de nuestros temas, con nuestro
lenguaje..."¿Por qué no hacen una
obra que transcurra en la calle, en una esquina?",
les decía a mis compañeros de La Máscara.
Y entonces fue cuando me desafiaron para que la escribiera
yo, porque sabían que había publicado
poemas, algún cuento; había escrito
las obras de títeres; sabían que estaba
escribiendo una novela. Así empezó la
escritura de EL PUENTE, con la calle, la esquina,
y ese contraste social. En LOS PRÓJIMOS partí
de una noticia que leí en el diario sobre una
chica del Bronx que había sido asesinada en
la calle mientras los vecinos cerraban las ventanas
y se escondían. EL PAN DE LA LOCURA también
surgió a partir de una noticia que leí
en la revista Life, que me conmocionó, y que
proyectó todo un mundo...Creo que en ambas
piezas hay un tono bíblico.
ZANGARO: Quizá porque ambas parten de una noticia
impresa en el diario, de esa condición de verdad
revelada que instituye la letra escrita.
GOROSTIZA:...Nunca lo había pensado, pero hay
en ellas como un espíritu profético.
ZANGARO: Luego de esa primera imagen generadora, ¿cómo
continúa el proceso de creación de la
obra?
GOROSTIZA: Lo primero que escribo es una especie de
guión de una o dos páginas...es como
el trazado de un itinerario en el que tengo claro
adónde voy, aunque todavía no sé
cómo voy a llegar. En cuanto a la forma de
ese esbozo...es teatro, yo empiezo escribiendo teatro.
De todas maneras, siempre digo que lo mejor de mi
teatro no aparece en ese primer plan sino en el curso
mismo del trabajo...Es importante crearse esa rutina:
voy largando cosas, las voy recibiendo, incorporo
algo nuevo y eso me modifica...es como si jugara de
costado...Hasta que cuando tengo unos quince minutos
de teatro, cuando la obra está allí
y quiere ser escrita, me embalo y ya no hay sábado
ni domingo que me detenga.
ZANGARO: Hablemos del oficio. Usted rea muy joven
cuando estrenó EL PUENTE, y, sin embargo, ya
aparece allí un autor con una gran solidez
en la construcción dramática.
GOROSTIZA: ¿Te has preguntado por qué,
a pesar de esto, EL PUENTE no se ha repuesto jamás
desde 1950? Ni el Teatro San Martín, ni el
Cervantes -y pienso en un teatro oficial porque por
la cantidad de personajes no es una pieza fácil
de producir fuera de esos ámbitos- se han interesado
jamás por volver a montarla. Yo me lo he preguntado,
y no encuentro respuesta...En épocas de prohibiciones
lo he comprendido, pero ahora...Sé que no ha
perdido vigencia porque así me lo demuestra
el interés de los chicos de los colegios cada
vez que voy a dar una charla...Salvo a Osvaldo Calatayud,
que la había propuesto antes de ser desplazado
del Cervantes, a nadie se le ocurrió reponerla.
ZANGARO: Es interesante dejar la pregunta planteada...Volviendo
al tema del oficio, ¿a qué atribuye
usted esa madurez técnica desde sus primeros
estrenos? ¿Puede hablarse de una escritura
conscientemente atenta a la normativa dramatúrgica?
¿Hablaría usted de un saber incorporado
a través de su frecuentación del escenario
como titiritero, actor, y director?
GOROSTIZA: Mirá, Osvaldo Pellettieri, por ejemplo,
habla de la presencia de Florencio Sánchez
en mi teatro...¡Y yo no había leído
a Sanchez cuando empecé a escribir teatro!...Había
leído muchísima novela, sobre todo americana,
rusa...Leía Psicología: yo publiqué
un artículo sobre Freud cuando murió,
en el año '39...Y veía mucho cine...Reconozco
la influencia del cine americano, y sobre todo del
cine francés de preguerra: EL MUELLE DE LAS
BRUMAS, AMANECE. Yo no sabía por entonces que
el autor de aquellos guiones era nada menos que Jacques
Prévert, cuyos diálogos aprendía
de memoria. Mi relación con el teatro está
ligada a recuerdos de la infancia...A los ocho años
iba con un amiguito a la clacque...así vi,
por ejemplo, a Muiño y Alippi en ASI ES LA
VIDA. Guardo una impresión muy fuerte de las
imágenes de auqella época...Recuerdo
todavía una especie de cuadrito que vi por
la calle: tendría cuatro o cinco años
con dos monigotes, y uno que le pegaba al otro y le
decía: !¡Alcornoque!¡Alcornoque!",
una palabra que quedó grabada en mi memoria
aunque entonces no supiera qué significaba...Tuve
una atracción muy grande desde pequeño
por la palabra, y el uso dramático de las palabras...
ZANGARO: ¿Podría decirse que en el trabajo
con la palabra hay una búsqueda más
consciente?
GOROSTIZA: Sin duda...Por eso me molesta tanto cuando
los actores cambian las palabras, porque hay una palabra
que puede ser, y otra que no puede ser; hay palabras
que un personaje puede decir, y otras que no puede
decir, porque las palabras tienen que ver no sólo
con el personaje sino también con el contexto,
y con la época. AEROPLANOS, justamente, era
todo un trabajo sobre la palabra. Hay una escena en
la que uno de los dos viejos le dice al otro: "¡Andá,
chitrulo!", y al rato el otro le pregunta: "¿Por
qué dijiste chitrulo?"...y empiezan a
recordar las palabras que se usaban antes y ya no
se usan...Porque el lenguaje popular se modifica,
y hay que estar atento a aquellas palabras que el
uso popular incorporó alguna vez, y que sin
embargo perduran. Muchas veces renuncio a palabras
que pueden ser ricas poéticamente, porque prefiero
ante todo ser absolutamente fiel a la verdad dramática
de los personajes. Ya en EL PUENTE mi trabajo con
la palabra era consciente: yo quería que los
personajes hablaran con el idioma de la calle. Por
eso la primera reacción del público,
hasta que pudo entender la novedad, aceptar el código
y reírse, fue de desconcierto...
ZANGARO: EL PUENTE planteó una renovación
formal en nuestro teatro. ¿Cómo ha sido
desde entonces su relación con las diversas
corrientes formales que han dominado la escena de
esta segunda mitad del siglo?
GOROSTIZA: Yo siempre digo que poco después
de que estrenáramos EL PUENTE, en París
se estrenaba nada menos que ESPERANDO A GODOT. Y comparar
EL PUENTE con ESPERANDO A GODOT desde el punto de
vista formal es como comparar un elenco de provincia
con la gran metrópoli del teatro. De todos
modos EL PUENTE era necesario para aquí...Por
aquellos años también se estrenaba LA
MUERTE DE UN VIAJANTE. Mi lucha ha sido siempre parecida,
con pocos cambios: en busca de un lenguaje. Creo que
todavía no lo he encontrado, pero estoy arrimando.
Entiendo que lenguaje significa toda una visualización
del teatro no solamente la palabra, donde aparece
lo que no es verbal, como en LOS HERMANOS QUERIDOS.
En esta última pieza -EL PATIO DE ATRAS-, nuevamente
el tema del espacio, la ubicación de los cuatro
personajes, es para mí fundamental para mostrar
la soledad, el casi autismo de los personajes...Es
decir, que aunque los cuatro comparten ese espacio
del patio, cada uno de ellos ocupa a su vez un espacio
propio, como si estuvieran aislados...Y ha sido fundamental
en la puesta el hecho de que los actores conserven
su lugar, sin mezclarse. Todo esto que yo llamo lenguaje
es producto de una insistencia. Me encanta ESPERANDO
A GODOT, pero yo continúo en la búsqueda
de mi verdad. Ahí está O'Neill, por
ejemplo, que me habla del mar, o de su casa, pero
siempre de esto que es su verdad. Ahí está
Tennessee Williams, con esas mujeres que son parte
de sí mismo, con ese sur que es tan suyo. Hay
un autor muy eficaz y muy exitoso desde el punto de
vista comercial que es Peter Schaffer; todas sus obras:
Equus, Amadeus, Ejercicio para cinco dedos, La Cacería
del Sol, podrían haber sido escritas opr personas
distintas. ¿En qué se parece Equus a
Amadeus, o Ejercicio para cinco dedos a cualquiera
de ellas? Es un hombre con una gran habilidad, con
ideas dramáticamente potentes, que hace grandes
éxitos, pero que a mí no me interesa...¿qué
me está diciendo?...Porque el lenguaje en definitiva
es consecuencia de un ser, un ser que quiere expresarse,
y que a veces tiene dificultades para expresarse.
Yo tuve dificultades desde un primer momento y he
luchado siempre para opder expresarme...Recuerdo que
cuando se estrenó, con éxito, EL PAN
DE LA LOCURA, después de ocho años del
estreno de EL PUENTE y sin haber podido escribir desde
entonces una obra realmente felíz, tuve que
salir a hablar, siempre nos hacían hablar a
los autores después del estreno. Y dije: "Esta
no es más que una etapa en la búsqueda
de un lenguaje"...La obstinación en un
teatro que hable de mis cosas, de lo nuestro.
ZANGARO: ¿Cómo ha resultado la confrontación
entre una dramaturgia tan enraizada como la suya y
su puesta en escena en el exterior?
GOROSTIZA: Eso es curioso, ¿no?...Acabo de
recibir este fax desde Sudáfrica. EL ACOMPAÑAMIENTO
se ha estrenado en Johannesburgo, en inglés,
y con algunas modificaciones en la música de
fondo, ya que cierran la obra con Mi Buenos Aires
Querido porque no consiguieron la grabación
de Viejo smoking...También se ha estrenado
en Finlandia, traducida al inglés, en una puesta
muy inteligente, ante la que el público reaccionaba
y entendía tan bien como aquí. LOS PROJIMOS
se estrenó en Inglaterra allá por el
'84/'85, y la crítica hablaba de un texto anunciador
del fascismo...LOS PROJIMOS también se estrenó
con muy buena repercusión, bajo el título
de NEIGHBOURS, en la Universidad de Indiana, en los
Estados Unidos...Me la habían pedido para Broadway,
pero no prosperó porque consideraron que carecía
de plot...
ZANGARO: Buena parte del teatro contemporáneo
carecería de plot para Broadway...Si entendemos
acción como cambio, justamente en LOS PROJIMOS
la acción pasa por la modificación que
se opera en el mundo cerrado y estático de
estos vecinos de edificio, a partir de la situación
de violencia y muerte en la calle. Después
de haber visto lo que vieron, y de haberlo callado,
ellos jamás volverán a ser los mismos.
GOROSTIZA: Claro...Pero en Broadway conciben la acción
como la sucesión de las anécdotas exteriores:
el típico plot del muchacho que se enamora
de la mujer del otro, etc....Y en LOS PROJIMOS no
hay nada de eso...A mí hay dos cosas que realmente
me hacen felíz: una es la resonancia que mis
obras pueden tener en países tan diversos como
los que te he nombrado y otra, es la recepción
de mi teatro entre los chicos de los colegios...Recuerdo
una charla en el Nacional Buenos Aires, en plena época
del proceso: uno de los chicos me preguntó
si yo había pensado en la relación entre
Quijote y Sancho cuando escribí EL ACOMPAÑAMIENTO.
A mí nunca se me había ocurrido esa
similitud.
ZANGARO: ¿Está escribiendo actualmente?
GOROSTIZA: Estoy escribiendo una nueva obra, pero
prefiero no hablar de ella, da mala suerte...Suelo
escribir una priemra versión, y abandonarla
un tiempo para luego retomarla y poder ver qué
he escrito con alguna distancia...Luego puede haber
dos o tres versiones más hasta la última,
que ya corrijo con los actores...veo qué cosas
funcionan, los tiempos...Cuando se trabaja con actores
inteligentes puede haber una gran riqueza en esta
última etapa de decantación.
ZANGARO: Cuando aparece el grupo de autores de los
'60, lo reconocen como un referente...
GOROSTIZA: Sí...aunque yo siempre les dije:
padre no, apenas un hermano mayor...Mirá, cuando
Yirair Mossián me dio a leer NUESTRO FIN DE
SEMANA, me entusiasmé tanto que quise volver
a trabajar como actor. No pude hacerlo porque estaba
montando RASHOMON en el teatro San Telmo, pero fue
una gran alegría descubrir ese texto...¿Ves
ese programa sobre la pared? Es el programa de LOS
PROJIMOS, del año '66, y adentro hay un texto
solidario con la obra...¿Lo conocés?
ZANGARO: Lo he leído alguna vez...Creo que
se hablaba justamente de la búsqueda de un
estilo que representara nuestra cultura y de cómo
LOS PROJIMOS expresaba esa búsqueda...
GOROSTIZA: Y lo firmaban Cossa, Halac, Rozenmacher,
Somigliana, De Cecco y Walsh. Fue una relación
muy linda con todos ellos...
ZANGARO: ¿Cómo es su relación
hoy con la nueva dramaturgia?
GOROSTIZA: Los tiempos han cambiado...Uno tiende a
aislarse...Me gusta el teatro de Kartun, está
Rovner...He visto CAMARA GESELL, de Daniel Veronese,
que me ha parecido interesante...Pero ya no existe
aquel intercambio que teníamos en otros tiempos...Incluso
en la época de la dictadura, en la que nos
pegaban por todos lados, empezamos a juntarnos hasta
que surgió la idea de Teatro Abierto...pero
ahora estamos dispersos...
ZANGARO: Es un momento de gran fragmentación...
GOROSTIZA: Así es... Yo siempre digo que lo
mejor de mí ha surgido en el trabajo en grupos...Bueno,
el teatro es eso.
Buenos Aires, 1995