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El discurso teatral de Alfonso Sastre
se ha constituido en uno de los más atractivos
para el discurso crítico sobre el teatro español
contemporáneo. Dentro de su consistencia y coherencia
ideológica, ha experimentado cambios en los códigos
y procedimientos teatrales en consonancia con las transformaciones
históricas españolas y los desplazamientos
en el teatro europeo contemporáneo. En obras
recientes, por ejemplo, se observa la recurrencia de
procedimientos que tienden a desvalorizar el texto como
espectáculo representable por actores en un escenario
y que incorporan aspectos no teatrales o narrativos.
Este rasgo se manifiesta a través de la mayor
presencia de un discurso narrativo, emitido por un personaje
identificable con el autor, o, por la metateatralidad
del discurso de algunos de los personajes que evidencian
su condición de personaje teatral,1. Aunque ni
uno ni otro procedimiento es "original" dentro
de la tradición de Occidente ni dentro del discurso
teatral de Sastre, su utilización en Sastre proporciona
notas novedosas a su discurso teatral español,2.
Los dos procedimientos mencionados, por ejemplo, en
sus últimos textos acentúan una dimensión
lúdica del texto,3.
En el presente ensayo queremos destacar un aspecto que
contribuye a un proceso de ironización del texto:
el desplazamiento del énfasis desde el gesto
del actor hacia la palabra de los personajes, la interferencia
de la palabra entre el espectáculo y su percepción
por parte del lector-espectador. Las intervenciones
metateatrales de los personajes contribuyen a enfatizar
el texto teatral como texto, es decir, como objeto artístico
y no como mimesis. Se trata del retorno de la palabra
al escenario, o, por lo menos, el triunfo de la palabra
por sobre el gesto en el espacio imaginario de la lectura.
La conciencia de Sastre como autor que se ironiza a
sí mismo aparece en Jenofa Juncal, desde las
palabras de presentación intituladas "Otro
monstruo femenino", al asumir la actitud invocatoria
de la tradición: 4
"Invoco aquí, en este solemne momento, a
los más ilustres monstruos femeninos de la antigüedad.
¡Acudid en mi ayuda, pues siento por vosotras
una gran devoción y nunca os olvido en mis blasfemias
y otras oraciones penitenciales!" (192)
Invocación que representa un modo de asumir una
tradición retórica gastada y su utilización
como instrumento distanciador del mundo hiperbolizado
que va a presentar al lector-espectador. El "dramaturgo"
enfatiza esta participación distanciadora y reveladora
de que el discurso es un juego de lenguaje, mundo ficticio,5.
Al describir el escenario del cuadro III y referirse
al personaje: "Llueve ligeramente; de manera que
nuestro forastero se cubre cuidadosamente con el paraguas
que adquirió anoche en Hondarribia. Su rostro
tiene una expresión, ¿cómo se dice?,
alucinada...". (202) La intervención del
dramaturgo en esa búsqueda vacilante de la frase
adecuada para describir el rostro del Forastero contribuye
a ironizar la tradición, pero sobre todo interpone
la palabra a la presencia del actor. Enfatiza esta actitud
cuando vuelve a asumir el tono y el lenguaje de códigos
literarios desprestigiados: la narrativa décimonónica
con "nuestro héroe". Semejante es la
funcionalidad de la descripción siguiente: "una
pierna humana, un cáliz sangriento y algunos
detalles que uno deja a la fantasía del malvado
director y de sus cómplices. El forastero se
muestra bastante vulgar en su primera exclamación".(202)
Comentario que introduce el autor real en el lenguaje
de las acotaciones y pone de manifiesto el antagonismo
tradicional -en este caso ficticio y lúdico-
con los directores teatrales y actores. Transforma la
función tradicional del lenguaje de las acotaciones
en discurso personalizado, con un emisor definible,
el propio Sastre. Se reitera este procedimiento posteriormente
cuando interviene a propósito de Pedro: "(por
favor, actor mío, diga esta frase en serio)".
O, casi inmediatamente después: "(El autor
insiste en la seriedad de estas réplicas)".(204)
Esta presencia del "autor" que da instrucciones
a los actores y al director se reitera en varias ocasiones
con el mismo tono. Es evidente la ironización
del personaje y del teatro: "Pero allí está
el pobre Pedro que, muy heroico y recibe la descarga,
y exclama, qué le vamos a hacer, una vulgaridad).
¡Ay! ¡Muerto soy!.(210) Todos estos son
ejemplos que no sólo devuelven una vez más
a la palabra su primacía por sobre la representación,
sino que además fuerzan al lector-espectador
a una lectura condicionada de la visualización
del personaje.
La ironía o distanciamiento producido por la
función mediatizadora del "dramaturgo"
disminuye en La Celestina,6. El efecto buscado, sin
embargo, parece ser el mismo, sólo que en este
caso la técnica enfatiza la metateatralidad del
texto, al ser los propios personajes -con ligeras intervenciones
del dramaturgo- los que acentúan el carácter
de texto representado, interponiéndose la palabra
entre el lector-espectador y el mundo de la representación.
Por un lado, el dramaturgo le da el tono irónico
y distanciado al texto por medio de las descripciones
de los cuadros, en los cuales, usa un lenguaje cervantino
y fórmulas de El Quijote o de textos de la Edad
de Oro. Con el procedimiento proporciona al texto un
aire de "literario" y, aun más, texto
literario del pasado.
Por otra parte, en La Celestina de Sastre se da de continuo
la conciencia de los personajes de tener sus antecedentes
o de compararse con los personajes de la tragicomedia
clásica y, además, la conciencia reiterada
de estar en el teatro, de estar actuando. Los personajes
se sienten personajes de teatro, y , por medio de la
palabra, se lo evidencian a los lectores o espectadores.
Una vez más no es el gesto, no es la espectacularidad
del personaje, sino sus palabras.
Dentro de este juego la escena en la cual dialogan Calixto
y Melibea proporciona un buen ejemplo de enfatizar el
ser personaje teatral. Melibea la califica como la del
sofá, aludiendo, naturalmente, a la escena del
Don Juan Tenorio y afirma "No soporto esas muertes
del teatro...".(96)
La metateatralidad se acentúa con el frecuente
recurso de forzar al lector-espectador a establecer
vínculos intertextuales con una variedad de referencias
a artes literarias y visuales que forman parte de los
códigos culturales de occidente. Un ejemplo interesante,
de los muchos que se podrían citar, es el encuentro
entre Centurio y Areusa. Al describir a Centurio previamente
se hizo evidente su semejanza con un gorila. En el Cuadro
VII, la sección 2 se titula "La bella y
la bestia" con lo cual inserta la relación
dentro del motivo clásico. De inmediato, sin
embargo, redirige la percepción hacia el film
clásico contemporáneo que representa a
la "bestia" en el gorila capturado y llevado
a la civilización y el extraño amor de
éste por la joven rubia. El dramaturgo afirma
"Es Centurio que emite su gruñido más
afectuoso y tímido".(93) Varios juegos de
palabras y de acciones se entienden mejor cuando se
da la clave definitiva de que la referencia cultural
está en el film. Areusa le llama King-Kong, a
lo que Centurio responde: "Nunca he comprendido
por qué me llamas King-Kong, pero me gusta".
En el texto recientemente publicado, Los últimos
días de Emmanuel Kant contados por Ernesto Teodoro
Amadeo Hoffman, Sastre insiste en el procedimiento metateatral
de la presencia del autor en el lenguaje de las acotaciones,7.
El emisor de este discurso exagera, comenta, interpreta,
narra, anticipa, da juicios de valor, tanto morales
como estéticos. En otras palabras, se transforma
en un narrador, en algunos casos, narrador enmarcado
y, aún, identificable con el autor real. En el
proceso de ironizar el modo de representación
o el propio mundo ficticio, el "dramaturgo"
asume funciones más propias de narrador de novela
que de dramaturgo.
Un buen ejemplo de este proceso es el primer párrafo
del "Prólogo": (Luz a la figura de
un hombre un tanto extravagante, cuya imagen es conocida
por varios testimonios iconográficos, aunque
eso sea lo de menos. Se trata de Ernesto Teodoro Amadeo
Hoffman, los espectadores no tengan ninguna razón
para imaginar esta identidad. Nuestro hombre se está
ocupando con mucha atención en la tarea de preparar
lo que los británicos llaman un punch y los españoles
y otras almas perdidas un ponche. No descuidar pues,
que la composición de la bebida tenga los cinco
elementos que deben componerla -es popularmente sabido
que la palabra punch viene del persa 'pancha', que quiere
decir cinco- a saber, agua, limón, té,
azúcar y ron. Por cierto que a la hora de incorporar
el ron su rostro adquiere como una especie de alegría
entre infantil y maligna, y la ración de este
ingrediente resulta visiblemente abundante...(25)
El hablante de este fragmento -casi narrador ominisciente
de la novela tradicional- utiliza fórmulas narrativas
de la novela decimonónica: "nuestro hombre"
o en la despreocupación por la relación
entre texto y su referente real: "aunque eso sea
lo de menos". Esto último enfatiza una vez
más la autonomía del texto y su carácter
ficticio. Por otra parte, transmite información
sin posibilidades de representación, tal como
la explicación del origen de la palabra ponche.
Además, la utilización de un discurso
alusivo y sugerente que fuerza al lector-espectador
a interpretar las connotaciones del lenguaje utilizado.
No afirma directamente que está borracho, pero
sí "la ración de este ingrediente
resulta evidentemente abundante".
En el lenguaje de las acotaciones del Cuadro I, por
ejemplo, al describir la sala en que se encuentra el
personaje Kant, el dramaturgo comenta o destaca un aspecto
del ambiente irrepresentable y que sólo el lenguaje
parece poder transmitir. El discurso se hace casi poético
al incluir una presencia afectiva del hablante en la
descripción:
Hay rincones de la estancia a los que seguramente nunca
llega luz alguna, ni la del sol, ni la de las lámparas
y los mecheros, tal es de extraña y recóndita
la estructura de esta sala, en la que se han ido depositando
elementos que lo han sido de una vida prolongada y que
ahora parecen, más que los restos de un moderado
naufragio que se ha ido produciendo sin que nadie se
diese cuenta. (27)
Otro ejemplo interesante en relación con los
matices que adquiere este personaje-dramaturgo es cuando,
junto con dar su juicio, ironiza las categorías
distinguidas por críticos e interviene personalmente,
como un "yo" que tiene una opinión
sobre la representación, el director o los actores.
Reconoce su limitación frente al poder del director
teatral y lo describe con términos que se han
discutido, definido y redefinido por el discurso crítico
teórico, indicio, a su vez de la familiaridad
del autor con las tendencias críticas: "Es
un tipo francamente desagradable: produce una particular
repulsión en la esfera de lo siniestro, de lo
extraño y a la vez familiar. No es un tipo fantástico
y nada hay en él de sobrenatural..." (32)
En un momento comenta: "desde luego, está
borracho. Pese a ello yo preferiría que el actor
esté sobrio, tanto en esta pasada como cuando
tengamos de nuevo la desdicha de encontrarnos con él:
nada, por ejemplo de grotesco o esperpéntico
en su actuación"(32)
Sastre ha sido uno de los autores teatrales españoles
de la postguerra siempre abierto a aprehender y utilizar
nuevas técnicas teatrales. Esta técnica
de la metateatralidad bien podría corresponder
a su continua renovación, a través de
la incorporación de la postmodernidad, puesta
de manifiesto en la autorreflexividad y la conciencia
que la literatura no es sino literatura, y , en este
caso específico, que el texto teatral no es sino
literatura. Con lo cual, la palabra recupera su poder
y autoridad.
Un escéptico, sin embargo, podría argüir
que la evolución de Sastre no es sino un indicio
de su aislamiento, una respuesta a su falta de éxito
teatral. Pese al éxito de La Taberna Fantástica
de hace un par de años, es indiscutible que sus
textos teatrales no han tenido un eco teatral masivo
en España. De este modo, su retorno o insistencia
en la palabra por sobre el gesto bien podría
deberse a una renuncia a la teatralidad. Sus textos,
de este modo, dan origen a un género de apariencia
teatral, híbrido, en el cual el dramaturgo de
las acotaciones se ha transformado en un narrador y
el texto llega a ser un "teatro para ser leído".
Cualquiera que sea la explicación, sin embargo,
el hecho es que la palabra tiende a anular el gesto;
el acto lingüístico aspira a ser el mediatizador
del acto gestual.
Para los conocedores de la obra anterior de Sastre esta
presencia de la metateatralidad y de lo lúdico
en sus llamadas "tragedias complejas" bien
podría constituirse en un indicio de que el autor
ha perdido confianza en la eficacia real de su producción
cultural, y, por lo tanto, en la eficacia de lo teatral
en el mundo real.8. Las "tragedias complejas",
de este modo, serían el signo del escepticismo.
1- En este ensayo no utilizo el concepto
"metateatral" del modo definido en Ideología
y discurso crítico sobre el teatro de España
y América Latina (Minnesotta;Prisma,1988) sino
tal como lo usa Leonel Abel, Metatheatre: A New Dramatic
Form (New York:Hilland Wang,1963) y por Richard Hornby,
Drama, Metadrama, and Perception (Lewisburg:Bucknell
University Press;London:Associated University Press,1986)
2- La presencia del autor en el escenario, por ejemplo,
ha sido una técnica del teatro épico que
Sastre ha utilizado desde sus primeras obras.
3- El propio Sastre ha notado el cambio y denominó
a su nueva producción "tragedia compleja".
4- Jenofa Juncal. Gestos, I, núm,1 (abril,1986).
5- Uso la expresión "dramaturgo" como
el emisor del discurso tradicionalmente llamado de las
acotaciones. Sobre esto he hablado en Interpretación
del texto dramático (Ottawa:Girol Books, 1983).
6- Citaremos por la edición Tragedia fantástica
de la gitana Celestina o Historia de Amor y de magia
con algunas citas de la famosa tragicomedia de Calixto
y Melibea, Primer Acto. Cuadernos de Investigación
Teatral.192,Segunda Epoca (Enero-Febrero, 1982) 63-103.
7- Los últimos días de Emmanuel Kant contados
por Ernesto Teodoro Amadeo Hoffman, Madrid: Ediciones
de El Público, 1989.
8- Sobre la tragedia compleja en Sastre, véase
la entrevista de Francisco Caudet, "Conversación
con Alfonso Sastre" en el mismo número de
la revista citada en la nota anterior,pp.50-63. Estas
conversaciones fueron posteriormente publicadas en su
totalidad en Crónica de una marginación.
Conversaciones con Alfonso Sastre. (Madrid:Ediciones
de La Torre,1984). Véase también el número
38 de Cuadernos del Público, dedicado a Alfonso
Sastre. "Noticia de una ausencia".(Madrid,
Diciembre 1988), especialmente los ensayos que se refieren
a su última obra. Uno de los primeros estudios
sobre "la tragedia compleja" fue el de Hilde
Cramsie, Teatro y censura en la España franquista:Sastre,Muñiz
y Ruibal (New York:Lang,1984) en su versión de
tesis doctoral del año 81.
Buenos Aires, abril 1990
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