En el encuentro Internacional
sobre Teatro Latinoamericano de Hoy, realizado en
París en mayo de 1988, Eduardo Rovner -uno
de los directores de ESPACIO- presentó esta
ponencia.
Muchas concepciones estéticas e ideológicas
consideraron y consideran que la idea es un carácter
esencial de la creación artística. La
primera pregunta que surge es: ¿Pueden la idea
o el concepto considerarse caracteres esenciales definidores
del arte siéndolo también, por ejemplo,
de la Etica, la Lógica, las Ciencias Exactas
y Humanas?
Si son caracteres generales, no singulares, no podemos
definir, buscar la esencia particular del arte, desde
ellos. Debemos hacerlo desde caracteres singulares-distintivos
como son, por un lado, la imagen poética; generadora-motor
de la creación 1, y por otro, la
forma: particularidad esencial de la expresión
artística que le da su valor estético.
Imagen y Forma se interrelacionan dialécticamente
para producir, desde su origen hasta la concreción
final, la obra de arte.
Desde ya, tanto una como otra contienen en sí
mismas, sentimientos e ideas que harán que
toda formalización exprese también uno
o más contenidos. Pero esos contenidos, aunque
estén presentes desde el inicio, no son, en
sí mismos definidores de esa creación,
sino condicionantes de la misma. 2
¿"Debe entonces, el dramaturgo tener clara
su idea al comenzar una obra? Tomar como punto de
partida la premisa-idea en la creación dramática
3 tiene a su favor, sobre todo, el hecho de
que la historia que se contará tendrá
un objetivo-mensaje claro que permitirá, a
su vez, tener un conflicto, una estructura, etc.,
definidos bastante precisamente. Ahora bien, si consideramos
que esta premisa es preconcebida -conocida- entendida
por el autor, podemos pensar que, siendo él
un emergente social, esa idea seguramente es compartida
por muchos otros. Por lo tanto su efecto descubridor
-inquietante- conmovedor, tanto para los demás
como para él mismo, será relativo.
El dramaturgo puede escribir tanto para expresar-ilustrar
esa idea anterior, como también, para "encontrar"
durante el proceso creativo de una obra, generada
por una o más imágenes poéticas,
una idea que lo sorprenda, lo conmueva y le permita
descubrir y desarrollar los aspectos ocultos-desconocidos,
no sólo de él, sino también de
la sociedad de la que es portavoz.
Así, el artista "encontraría"
la obra en el desarrollo de sus imágenes y,
a partir de su hallazgo, elaboraría y estructuraría
sus materiales en función de esa historia.
Su compromiso, entonces, co será con mensajes
impuestos que repita-ilustre más o menos creativamente
sino con los sentimientos-necesidades que realmente
lo conmuevan.
Y es así, entonces, como el artista ocupará
ese lugar en el que representará-simbolizará
la libertad creativa y no el de un esclarecido ideológico,
un pensador o un filósofo o un político,
categorías que ni lo definen ni le corresponden
primordialmente.
Este planteo no intenta ser crítico de un arte
ideológico-político en la medida en
que esos temas sean, predominantemente, los que alimentan
la sensibilidad del artista. Por otra parte, si así
es, aparecerán, sin duda en sus imágenes
y en sus obras.
Lo que pretende es salir al cruce del "deber"
ideológico-político del artista, deber
que no tiene en cuenta que el hombre es parte de la
sociedad en cierto momento histórico y que
toda obra de él que exprese una necesidad insatisfecha
o, en general, un deseo de cambio, es pasible de una
lectura política, así no se lo imponga.
4
Buscando la imagen poética
Benedetto Croce, en su Breviario de Estética,
dice: -"El arte es una verdadera síntesis
estética a priori, de sentimiento e imagen
en la intuición".
Ahora bien, ¿Cómo reconocer las imágenes
poéticas? ¿Cómo "intuir"
entre las imágenes que se nos aparecen, cuales
contienen esa síntesis estética de que
habla Croce?
La palabra intuir nos ubica frente a este interrogante,
dado que intentar contestar en forma rigurosamente
científica esta pregunta sería imposible
dado el carácter inmaterial y subjetivo de
las imágenes 5. De todos modos,
una aproximación a ellas es posible si logramos
compartir algunas experiencias que, aunque no pretendan
dilucidar el misterio de la creación, nos permiten
"ver" algo más. Podríamos
decir que la imagen poética es una visión
singular-conmovedora-inquiertante-sorprendente, que
entrevemos cargada de recuerdos, experiencias, ideas,
creencias, deseos, miedos, emociones, conflictos,
mitos, leyendas, tradiciones y/o toda otra cosa significativa
para nuestros sentimientos que haya pasado por el
mundo que nos rodea y el propio interno. También
podemos decir que su potencia es tal que son capaces,
estas "imágenes recurrentes", de
generar una obra.
También que otras parecen tener la facultad
de generar-remitir a nuevas imágenes también
conmovedoras, lo que nos hace creer en su capacidad
poética.
Pero sobre todo, lo que debemos hacer es creer en
nuestra intuición. Si la creación artística
es uno de los pocos, sino el único, lugar de
la libertad, de mínimo condicionamiento, para
expresarnos, hagamos uso de ella creyendo en las propias
intuiciones como si fuesen verdades indiscutibles
6. Luego, el desarrollo de las mismas confirmará
nuestra sensibilidad poética o no, pero nosotros
mismos no nos habremos negado la posibilidad de robar-profundizar-desarrollar
con el beneficio adicional de aprender de la propia
experiencia.
Al ver una imagen que nos conmueve, deberíamos
acercarnos a ella para mirarla con mayor detenimiento,
nitidez y detalle. Precisarla, olerla, oírla
e imaginarnos tocándola.. Poner nuestros sentidos
lo más cerca posible de los personajes, ámbito,
etc., mayor singularidad y fuerza dramática.
Los personajes estereotipados están, en general,
mirados desde lejos por el autor. El acercamiento
de profundidad sensitiva y, por lo tanto, mayor conocimiento
a nuestra mirada. Esto se transmite inevitablemente
a la expresión.
El acercarnos, ingenua y apasionadamente, a la imagen
7 nos permite ponernos en contacto, en
un ida y vuelta permanente, con las más elementales
fuentes de creación de ella como los ritmos,
la fuerza, la alegría, la exaltación,
las tensiones y distensiones, las tendencias, los
contrastes, la armonía. Pero además
de la proyección de estas vivencias que hacen
expresiva la imagen poética, se produce la
conexión esencial entre el artista y su obra
a través de la belleza, cualidad que hace que
los personajes-objeto-ámbito irradien una manera
de vivir atractiva y singular que hace a la imagen
poética y a la obra de arte.
Buscando nuestros ¡¡Eureka!!
Solemos "ver" imágenes sin acción,
pero con un poder de condensación tal que no
necesitan de ella para transmitir su poesía.
Podemos suponer que son aquellas que más atraen
a un artista plástico.
Pero son las que necesitan de acción, las que
vemos en movimiento, las que parecen servir mejor
a lo dramático.
Si las seguimos, si observamos su acción, si
permitimos el desarrollo de las propias imágenes,
tanto de la original como de aquellas que ésta
genera, llega un momento en que al unirlas en algún
orden encontramos una historia o un fragmento de historia
que sentimos resonar dentro nuestro.
Parecería ser, esta búsqueda por nuestras
imágenes, la de nuestros ¡¡Eureka!!,
la búsqueda de todo creador, tanto el
científico como el artístico. Bachelard,
a pesar de considerar, en su racionalismo científico,
que la imaginación, en ese quehacer, debe ser,
en lo posible, eludida, en "El nuevo espíritu
científico" cita una profunda y hermosa
reflexión de Juvet, de "La structure des
nouvelles théories physiques": "Es
en la sorpresa creada por una nueva imagen o por una
nueva asociación de imágenes, que hay
que ver el elemento más importante del progreso
de las ciencias físicas, puesto que es la sorpresa
lo que excita a la lógica, siempre demasiado
fría, y lo que la obliga a establecer nuevas
coordinaciones. Pero la causa misma de este progreso,
la razón misma de la sorpresa, debe ser buscada
en el seno de los campos de fuerza creados en la imaginación
por las nuevas asociaciones de imágenes, cuya
potencia mide la dicha del científico que las
ha sabido reunir".
Este proceso: asociaciones de imágenes-sorpresa-dicha
es también, aún con el objetivo no del
conocimiento del mundo, sino el de crear mundos nuevos,
el del autor-creador en busca de su historia a contar.
Al encontrar "esa" historia, habrá,
seguramente, imágenes y escenas que no sirven
a ella. Estas, dependiendo de la potencia con que
se relacionen con nosotros, serán gérmenes
de otra obra u olvidadas.
Vemos que aparece como una disociación en el
autor. Mira sus imágenes, de alguna manera,
como si no fuesen de él. Estas disociaciones
planteadas: imagen-idea, forma-contenido remiten,
por un lado, a disociaciones existentes culturalmente:
racionalidad-irracionalidad; pasión-razón;
oreden-caos, etc. Pero además, están
especialmente marcadas-definidas con el fin analítico
de profundizar las influencias de cada polo del par.
Si las imágenes, surgidas y desarrolladas,
en un movimiento dialéctico entre el inconsciente
y el consciente, dan origen a una cierta forma, luego
el autor, desde un lugar de mayor reflexión-lógica-racionalidad,
estructura esa forma dándole un sentido. Pero
este sentido es el que ve o puede ver el autor desde
su razón y no el del crítico o el espectador
que en función de su propia historia y entendimiento
"elegirá" su interpretación
entre la del autor u otras posibles lecturas que brinda
un material jamás totalmente dominado por el
artista.
Estructura: ¿Qué estructura?
En Diccionario del Teatro, Patrice Davis cita a Starobinsky:
-"La estructura estructurada de la obra nos remite
a un sujeto estructurador de la misma forma que nos
remite a un mundo cultural..."
Preguntamos: ¿Desde dónde estructura
el autor?
Como sujeto estructurador, puede "estructurar
la estructura" desde su razón-reflexión
y/o también puede hacerlo respetando aquella
que surja del desarrollo de sus imágenes.
En el primer caso, la estructura posee mayor inercia,
tendrá menos posibilidades de cambio debido
a que es la más expuesta a los condicicionamientos
culturales.
En el segundo reflejaría formas o estructuras
relacionadas con las imágenes, la pasión
los sueños, la irracionalidad, el caos.
Un primer pensamiento es que el caos, por definición,
no posee estructuras; pero surge una duda: ¿No
las tiene o por un pre-concepto culturalmente impuesto,
no ha sido lo suficientemente estudiado-profundizado?
Podemos pensar que, en un siglo donde las teorías
y estructuras clásicas, tanto en las ciencias
exactas como en las humanas y en algunas ramas del
arte, han ido cediendo lugar a nuevas y revolucionarias
teorías, que reubican a esas ciencias y artes
en función de los adelantos experimentales
que se iban sucediendo y realidades no explicables
desde esas teorías clásicas; sería
interesante investigar alrededor de estructuras dramáticas
acordes con las formas que adquieren las pasiones
de nuestro tiempo, buscando líneas de interrelación
con otras ciencias, artes, etc. (El planteo sería
de una epistemología convergente).
Hipótesis
Estos pares dialécticos idea-imagen; contenido-forma;
oreden-caos, etc. se sintetizan al tomar en consideración
cada parte a la opuesta; al "tener en cuenta"
la existencia de cada una y asumir-aceptar-respetar,
tanto esa existencia como sus influencias.
La no aceptación-negación de una de
las partes así como la fundamentalización
de una y la secundarización-desvalorización
de la otra, traen como consecuencia una lucha dilemática-permanente
entre esas posturas aparentemente opuestas y el estancamiento
de un proceso de cambio, que sólo se justifica
por la necesidad, de cada parte, de mantener un poder
que siente que perdería al considerar a la
otra.
En realidad, cada postura perdería su validez
ilusoria absoluta pero mantendría su validez
real relativa de ser un polo de creación en
el par dialéctico motor de esa creación.
Para pueblos como los nuestros, la racionalidad contiene,
más claramente que en otros, la irracionalidad,
el orden contiene el caos, la razón la pasión,
la estructura la desestructura. La confrontación
dilemática de esos términos son esquemas
intelectuales impuestos por algunos poderes que no
atienden nuestras realidades-necesidades.
De acuerdo a lo anterior, podríamos aventurarnos,
o insistir en la aventura, de seguir un camino que
sin desvalorizar la razón, revalorice la imagen,
la pasión, el caos, la irracionalidad a partir
de que nos pertenecen profundamente. Esto le dará
seguramente, mayor creatividad y coherencia a nuestro
quehacer.
(1) Gastón Bachelard, "La
Poética de la ensoñación",
"La imagen poética nueva -¡una simple
imagen!- llega a ser de esta manera, sencillamente,
un origen absoluto, un origen de conciencia".
(2) En "La Imaginación creadora y la vida",
Jacobo Kogan, dice: "La imagen surge ante nuestra
visión, como una síntesis de las impresiones
de los sentidos. Las impresiones que recibimos del
exterior son múltiples, variadas y meramente
subjetivas; para que surja la imagen de un objeto,
la imaginación... tiene que organizar estas
impresiones en esquemas que puedan ser percibidos
en el mundo externo.
Estos esuqemas se ordenan en formas, como ha mostrado
la psicología estructural, según integridades
en que todas las impresiones quedan coordinas en la
totalidad de una figura".
Y, más adelante, en página 4:"La
obra de arte proyecta la expresión de un sentimiento
preexistente, pero lo que la crea propiamente es el
valor estético de un objeto que antes no existía".
(3) Lajos Egri: "Cómo escribir un drama",
"Suponiendo que el argumento está completo
en su mente, pero aún no tiene premisa. ¿Puede
empezar a escribir su drama? Haría mejor en
no comenzarlo, auqnque a usted le parezca terminado".
(4) Bachelard, "Poética de la ensoñación",
página 32: "En nuestro modesto estudio
de las más simples imágenes, nuestra
ambición filosófica, es, pues, grande.
Intentaremos probar que la ensoñación
nos da el mundo de un alma, que una imagen poética
da testimonio de un alma que descubre su mundo, el
mundo en el que quisiera vivir, donde merece vivir".
(5) Nuevamente, Gastón Bachelard en "La
poética de la ensoñación",
pag.86:"Para conocer la felicidad de las imágenes,
vale más seguir la ensoñación
sonámbula, escuchar, como hacía Nodier,
el somniloquio de un soñador. La imagen sólo
puede ser estudiada mediante la imagen, soñando
las imágenes tal como se reúnen en la
ensoñación. Es una falta de sentido
pretender estudiar objetivamente la imaginación,
puesto que no recibimos realmente la imagen si no
la admiramos".
(6) E.F: Carrit en "Introducción a la
Estética", página 48:"...un
objeto sensible (que llamaremos bello), ya sea percibido,
recordado o imaginado, nos produce una experiencia
estética cuando expresa para nosotros ciertos
sentimientos que, por nuestra historia o naturaleza,
somos capaces de abrigar".
Y en página 52: "Es sólo pureza
e intensidad lo que debemos buscar". G.Bachelard,
en "Poética del espacio", página
8: "Es pues, en la inversa de la casualidad,
en la repercusión, en la resonancia... donde
creemos encontrar las verdaderas medidas del ser de
una imagen poética. En esa resonancia, la imagen
poética tendrá una sonoridad de ser".
(7) G. Bachelard, "La poética del espacio",
página 11: "La imagen en su simplicidad
no necesita un saber. Es propiedad de una conciencia
ingenua".
París, mayo 1988