Este trabajo fue leído como ponencia
en las Segundas Jornadas de Investigación, organizadas
por el Instituto de Literatura Iberoamericano de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
Buenos Aires. ESPACIO decidió publicarlo por su enfoque
crítico sobre un período fundamental en la historia
del teatro argentino.
Nuestra investigación sobre el sistema
de la gauchesca -un sistema teatral tan rígido
que consigue que sólo dentro de sus convenciones las
obras del ciclo mantengan vigencia y verosimilitud
abarca de Juan Moreira (1886), de
Gutiérrez-Podestá a Calandria (1896),
de Martiniano Leguizamón, las piezas estrenadas por
los Podestá en esos diez años. Durante nuestro trabajo
nos ocupamos de revisar el concepto tan difundido
en la crítica de que estas obras se incluyen en un
mismo núcleo estético-conceptual. Lo hemos dicho a
partir del siguiente corpus de textos
intermedios: Martín Fierro, adaptación
de Elías Regules, de 1890; Juan Cuello,
adaptación de la novela de Gutiérrez, del periodista
Luis Mejías y Podestá, de 1890. Julián Giménez,
de Abdón Aróztegui, de 1891; Juan Soldao,
de Orosmás Moratorio, de 1893; ¡Cobarde!,
de Víctor Pérez Petit, de 1894. En el caso del Martín
Fierro, sólo pudimos hallar un pasaje de
lo que aparentemente fue la adaptación de Regules
y con relación a Juan Cuello, a pesar
de la búsqueda, no pudimos dar con el texto.
Es por esta razón que en el caso
que nos ocupa hoy, Juan Cuello, trataremos
de recrear el texto de la obra dramática a partir
de su pre-texto, la novela de Gutiérrez . Ayudará
a esta reconstrucción una adaptación posterior de
Juan Cuello , perteneciente a Oreste
Armagno Cosentino. En este sentido nos parece confiable
este texto ya que se trata de un trabajo perteneciente
al circuito del denominado teatro trashumante,
el de los radioteatros de la década del cuarenta y
el cincuenta, que iban de barrio y de pueblo en pueblo
y se caracterizaban por una actitud estético-ideológica
reaccionaria. Esto es: repetían el modelo de los Podestá;
eran meros epígonos. Por eso, creemos que esta adaptación
se debe acercar bastante al Juan Cuello original.
También trabajaremos con las pocas descripciones que
ha dejado la crítica de la época y la posterior, de
la representación de Juan Cuello.
A partir de estas fuentes trataremos
de establecer que Juan Cuello, desde
el punto de vista semántico, y por qué no en cuanto
a los procedimientos, personajes y funciones, implica
un primer paso hacia el posterior teatro nativista
y lo que luego se concretaría en el llamado realismo
finisecular, cuyo momento culminante es Calandria,
verdadero contradiscurso de Moreira y que se
afirma en obras como La piedra del escándalo
(1902), de Martín Coronado y Jesús
Nazareno (1902) de Enrique García Velloso.
Es conveniente aclarar que para nosotros
el modelo que propone Juan Moreira,
más allá de las motivaciones e ideologías de sus autores,
y por obra casi exclusiva del horizonte de
expectativa del público popular, se inscribe
como un texto reivindicador, gauchopolítico, de protesta
contra el sistema. En este sentido, es evidente que
el Moreira exhibe como modelo al
Martín Fierro, de Hernández. Tiene
poco que ver con la denominada gauchesca primitiva
, caracterizada por el costumbrismo y la
nota pintoresca, de la cual sí esta cerca Calandria
y lo que la crítica posterior calificó de
manera confusa como moreirismo. David
Viñas lo define así: "...el moreirismo entendido
como nacionalismo cultura y como populismo sustentado
por quiénes más lejos se situaban de los problemas
populares concretos..." Nosotros preferimos
llamar a este moreirismo, teatro
nativista, para evitar confusiones.
En nuestra ponencia en el I
Congreso Argentino de Estudios de Literatura Iberoamericana,
organizado por el Instituto de Literatura Hispanoamericana,
destacamos que al comenzar la década del noventa nos
encontrábamos en el momento de auge de la convención
gauchesca, trataremos de sintetizar algunos conceptos
de la evolución del primer Moreira,
el que en 1890 conquistara a los sectores
serios de la capital. Esto nos permitirá
ver de qué manera la marcha del género influye para
que en Juan Cuello ya aparezcan en
forma incipiente los cambios evidentes en Julián Giménez.
El Juan Moreira hablado,
que se estrenará el 10 de abril de 1886 en Chivilcoy,
concretará una convención, una serie de procedimientos
estéticos y creencias ideológicas que implican un
acuerdo entre creadores y público, un pacto que establece
los límites de lo verosímil del género, que se caracteriza
por su realismo ingenuo, cuyo fin
es identificar y conmover, mediante
los recursos propios de lo trágico y de lo sentimental.
Desde el punto de vista ideológico se podría situarlo
dentro de lo que Roger Picarda, llama romanticismo
social: con una marcada preocupación por
"...el castigo de los inocentes, los errores
judiciales, la dureza del código penal y sobre todo
la pena de muerte...Todos los fuera de ley, todos
los malditos, encontraron en los románticos sus más
emocionados defensores" .
La convención que se inicia con el
Moreira evoluciona constantemente
en cada una de sus representaciones. Se sabe que en
su teatralización es cuando la obra dramática
adquiere su originalidad arrolladora. La recepción
popular tumultuosa, sumada al particular espacio que
propone el circo, intensifica la improvisación constante
de los actores.
Alan Swingewood en El mito
de la cultura de masas, afirma que el arte
popular "reproduce una estructura existente
de la conciencia colectiva" , así, los derrotados
de la anterior batalla política nacional asimilaron
sus vidas y sus infortunios a los de Moreira. Sin
quererlo, Gutiérrez-Podestá les habían proporcionado
un espejo. Su creación hizo centro en determinada
moralidad, en la sensibilidad, en la cultura misma
del público popular. Es allí donde se comienza a producir
el fenómeno vital del teatro popular . Los planes
primigenios de Podestá al protagonizar la pantomima
primero y al teatralizarla después eran bien modestos.
Pepino el 88 estaba muy lejos de
prever el efecto movilizador que despertaron. El público
popular, que había inventado la obra, ahora
se apropiaba de ella y la recreaba de acuerdo
con sus gustos.
Así, poco a poco, se transformó en
un espectáculo en el cual los hombres de la tierra
y los hombres nuevos -los inmigrantes-
pudieron vivenciar, simplificadas, las secuencias
de sus derrotas diarias y las venganzas justas que
la vida en sociedad les impedía concretar. Al contemplar
la derrota de uno de sus pares, el pueblo se exaltaba,
pasaba de la piedad a la admiración, del deseo de
emulación al sentimentalismo.
Durante 1889, el espectáculo triunfa
en Montevideo y al año siguiente es aceptado por el
público del "centro" de Buenos Aires.
La recepción de Juan Moreira,
por parte del público de la capital, por parte de
los sectores cultos de la sociedad
y de la prensa de la ciudad, nos remiten, por supuesto,
a otra lectura del Juan Moreira,
que como vamos a ver, repercute en todo el sistema
de la gauchesca teatral. A partir del "visto
bueno" del periódico roquista Sudamérica,
quién el 10 de noviembre de 1890 elogia el espectáculo
, comienza la canonización de la gauchesca teatral.
Repasando las críticas de la época,
se puede apreciar que reparan en el entretenimiento
pintoresco, sienten la mera nostalgia de la acción
e ideológicamente ven una buena oportunidad
para revisar su actitud frente al gaucho,
vista su desaparición y la nueva realidad histórica
de la ciudad que implicaba la crisis económica y la
inmigración creciente.
Lejos de su ámbito, el espectáculo
abandonaba su función primigenia, cargada de sentido
en las rebeldías acalladas y en el resentimiento consiguiente
de sus receptores y tomaba otra.
Precisamente en ese momento de la
evolución de la obra germinal, se iba a estrenar Juan
Cuello.
Así lo relata Podestá: "Terminada
nuestra inolvidable temporada en Montevideo volvimos
a La Plata, estrenamos el 16 de abril de 1890, en
el Politeama 25 de Mayo, Juan Cuello, en dos actos
y quince cuadros, extractada de la novela del mismo
nombre de Eduardo Gutiérrez, por el periodista Luis
Mejías, adaptada a escena por mí, con cantos, bailes
y situaciones apropiadas. El público recibió la obra
con entusiastas aplausos" . En realidad,
la pieza que nos ocupa es contemporánea de Martín
Fierro, estrenada el 4 de junio y del célebre
Cocoliche , por lo que podemos concluir que Juan
Cuello debió incluir en su representación
elementos propios de la fiesta y
una intensificación de lo cómico, con la aparición
de un personaje del mismo cuño de Cocoliche, infaltable
en la gauchesca posterior , sobre todo si nos dejamos
llevar por una parte del texto transcripto de Podestá,
en el que habla de "...bailes, cantos y situaciones
apropiadas"
En cuanto a la supuesta estructura
dramática de Juan Cuello debemos
partir del modelo, Juan Moreira.
Para su concreción, Podestá se basó en la adaptación
pantomímica que realizara Gutiérrez, tomando los momentos
de mayor pregnancia dramática. Por mucho que se haya
argumentado en cuanto a la falta de conocimientos
teatrales de Podestá hay que concluir diciendo que
eligió bien. A partir del personaje puente,
que movilizándose por las distintas secuencias del
texto le otorga sentido al todo, concretó las bases
de la escena gauchesca :
-El héroe es castigado injustamente
por la justicia social.
-El héroe venga la afrenta matando
a su oponente y se ve obligado a huir.
-Se convierte en un transgresor,
en un particular "destinador de justicia",
en un medio de pesado itinerario de búsqueda de la
muerte.
Muere "a traición" a
manos de la justicia oficial.
Es evidente que la inestabilidad
del héroe de la obra de Gutiérrez-Podestá,
como bien afirma Jorge B.Rivera hablando de
la novela, sus sucesivas provocaciones, duelos, persecuciones,
etc., son la base de la acción dramática y lo que
le otorga validez social porque "coincide
con la configuración mental y afectiva de los lectores
y genera una ambigua conciencia crítica de la realidad"
.
De acuerdo con esta estructura del
modelo, y siguiendo el texto de Gutiérrez y la citada
adaptación de Oreste Armagno Cosentino, seguramente
el Juan Cuello, de Podestá-Mejías
debió constar de:
1. Presentación del héroe, como "una
rara mezcla de paisano y hombre de ciudad"
2. Caída en prisión del héroe por
un motivo sentimental, herido a traición mientras
visitaba a su novia, Mercedes, a quien pretende el
villano, Don Ruperto, ayudante de serenos de la Mazorca.
3. Preso y castigado con mil azotes,
se entera del casamiento de su novia con su rival.
4. El héroe se venga: mata con crueldad
a don Ruperto y se ve obligado a huir.
5. El héroe, que ya es jefe de una
gavilla de asaltantes, sufre un nuevo enamoramiento,
en este caso la elegida es Margarita, hija de su enemigo,
el sargento Oliden. Rapto de la joven.
6. Nuevas afrentas al héroe: la Mazorca
castiga a su madre y provoca la muerte de Margarita.
7. El héroe, deprimido, huye a vivir
entre los indios. Con ellos se degrada y luego es
traicionado por su nueva compañera Manuela, quien
lo entrega a la justicia rosista.
8. Muerte de Juan Cuello, ante un
piquete de fusilamiento.
Como se puede apreciar, las bases
formales del héroe gauchesco, incluso su característica
inestabilidad como elemento distintivo
continúa en Juan Cuello, sin embargo
ha habido un desplazamiento semántico, no jugado todavía
como oposición al modelo pero si ya como una tendencia
hacia nuevas propuestas funcionales e ideológicas.
Veamos primero las afinidades con
el modelo. Juan Cuello evoca a Juan
Moreira desde el título, y ambos señalan
su origen, el ya citado Martín Fierro.
En el epílogo de la novela, a punto de morir Cuello
recordará aquel "(...) como el ave solitaria/con
el cantar se consuela" cuando entona:
"El que canta su mal espanta, dijo -y yo ya
no me callo hasta que hagan tronar el coco o
el tragadero" . Además, se intensifican los
duelos, las persecuciones, los asesinatos, acrecentándose,
por lo mismo, la violencia. En este sentido, son claras
las palabras de Víctor Pérez Petit: "La obra
es una reedición de Moreira, una reedición exacerbada,
porque encierra mayor número de cuadros de sangres,
de violencia y de rudezas"
Asimismo, la versión de Juan
Cuello debió dejar a salvo el sentido trágico
del itinerario de decadencia, salpicado de quejas
contra la fatalidad. Al punto que estas palabras del
protagonista, parecen de Moreira: "Es inútil
lo que me digan, es preciso que llore porque quiero
desahogarme de esta desgracia...'guacha' que se ha
prendido a mi corazón como una garrapata: mañana seré
otro hombre, y juro lo que voy a hacer, no lo ha hecho
y no lo hará nadie" .
Sin embargo, hay varios motivos para
pensar que a esta altura el sistema de la gauchesca
teatral había comenzado a evolucionar. Uno de ellos
es la caracterización del héroe. Si bien éste se ve
incluido en la misma convención inicial: el protagonista
es puesto preso, una vez libre se venga matando al
que responsabiliza como el culpable de su desgracia
y debe huir, actitud que a partir de allí varía fundamentalmente.
Mientras que Moreira se mantiene fiel al código romántico,
y a pesar de las terribles vicisitudes por las que
pasa se nos aparece como incorruptible moralmente
y como practicante invulnerable en el plano físico,
en Juan Cuello aparecen aún en forma
elemental las contradicciones del héroe realista:
cuando está dominado por la ira puede llegar a castigar
a mujeres y a jugar con un adversario vencido como
don Ruperto . En el desenlace encontramos a Cuello
absolutamente degradado moralmente . Entre los indios
nos hallamos frente a un protagonista empequeñecido.
Está claro que ya el héroe antepone las necesidades
concretas a los valores.
Otro rasgo que lo distingue es su
manía por la espectacularidad de sus hazañas, que
anticipa en Cuello los rasgos del compadre y el compadrito
del sainete . Por otra parte, muere contrariando otra
regla de honor de la gauchesca: "se
deja agarrar vivo", debido a su borrachera.
Muere en la cárcel y no peleando como lo había hecho
su modelo.
Estos son cambios sugestivos, pero
los que más nos interesan son los que tienen que ver
con la tímida prefiguración de Calandria ,
y que se advertirán claramente en Julián Giménez.
Como Calandria, Cuello gusta divertirse
a costa de los demás, la burla es su entretenimiento
más preciado, además de enamorarse y matrerear, pero
lo que fundamentalmente advertimos en nuestra reconstrucción
son tres innovaciones que van a ser la base de la
nueva convención de Calandria: el
rapto de mujeres, el empequeñecimiento del antagonista
y el ardid con que se entrega el héroe a la justicia
oficial. La primera innovación tiene que ver con lo
sentimental, tema que hablaremos enseguida. En Juan
Cuello éste rapta a Margarita de manera espectacular
, Julián Giménez hace lo mismo con evidentes tropiezos
en la obra de Aróztegui , y finalmente, en Calandria,
el supuesto rapto sirve de ardid para capturar al
protagonista .Observamos así como poco a poco se va
oscureciendo la convención romántica todavía evidente
en la obra que nos ocupa.
En Juan Cuello,
Manuela Díaz entrega al héroe a la autoridad, en este
sentido es un anticipo importante del desenlace de
Calandria, en él Lucía hace lo mismo
con el protagonista. pero el ardid de Lucía y sus
ayudantes que sirve en 1896 para redimir a Calandria,
todavía en 1890, en el primer paso de la evolución
de la gauchesca al nativismo teatral, implica la destrucción
de Juan Cuello, un héroe todavía apegado a la marginalidad.
El restante tópico, el del empequeñecimiento
del oponente también aparece por primera vez en Juan
Cuello y va a reaparecer en Julián
Giménez y en Calandria,
en la famosa escena del "achique", del
comisario Mazacote . Hay que recordar, como ya lo
hemos manifestado en la comunicación anterior, que
los oponentes de Moreira, don Francisco y Navarro,
por ejemplo, son valientes como el mismo protagonista.
En cambio los oponentes a partir de Juan Cuello,
son cobardes. La decadencia del oponente, empequeñece
también al héroe, e intensifica el tono sainetero
que comenzaba a poseer al ciclo.
Otro motivo, junto a la nueva caracterización
del héroe, que hace pensar en el comienzo de la evolución
de la gauchesca hacia el nativismo es en el caso de
Podestá, la motivación que lo lleva a elegir una obra
que evoca un pasado "superado", la
época de Rosas, desde su apogeo en Palermo hasta un
mes antes de Caseros, fecha de la ejecución de Cuello.
Hay que recordar que una de las causas que convertían
en molestos a Juan Moreira y al Martín Fierro para
la sociedad oficial eran a los gobiernos liberales
posteriores a Caseros. No es muy osado pensar que
Podestá, siempre atento a la boletería y bastante
molesto por los problemas de la obra con las censuras
provinciales , tratará de elegir para continuar su
ciclo una obra que estuviera de acuerdo con la ideología
del gobierno y la del público medio de Buenos Aires
que ya asistía a su circo. Juan Cuello no es perseguido
por el gaucho, sino por ser unitario.
Es evidente que el mensaje se toma inofensivo: ya
no se habla de temas que tienen que ver con la actualidad
nacional y el protagonista no es por lo mismo un transgresor
de la ley de la sociedad oficial, ya no es el representante
de una clase social marginada. Todo lo contrario,
Cuello goza de un evidente prestigio en la ciudad.
Por lo dicho, pensamos que con reservas se podría
incluir a Juan Cuello dentro del
ciclo de teatro histórico que corresponde al rosismo
muy en boga en ese momento en nuestro teatro.
El último motivo que a nuestro juicio
nos hace ver la evolución del sistema en Juan
Cuello, es el rasgo secundario en la construcción
de Juan Moreira, lo sentimental, también comienza
a crecer y terminará siendo el dominante en Cobarde
y Calandria, género que se fundirá con el
melodrama gaucho, de Martín Coronado.
Evoquemos nuevamente al modelo: Moreira entraba en
acción con el fin de vengar una afrenta que afectaba
su dignidad: en pocas palabras, buscaba una reivindicación
social. En el caso de Julián Giménez ya
el motor de la acción es el sentimental. En Juan
Cuello, nos encontramos un paso antes de
esta evolución. Ya en su ansia de venganza, están
incluidos sus móviles sentimentales: por el fallido
intento de raptar a Mercedes comienzan sus desgracias,
cae preso; por vengar la muerte de Margarita Oliden
vuelve a matar y su último amor, Manuela Díaz lo entregará
a la justicia oficial. El enamoradizo protagonista
produce constantemente situaciones propias de lo sentimental:
concreta serenatas y se caracteriza por su facilidad
para inventar canciones de amor. Por otra parte el
personaje femenino, de muy poca importancia en el
sistema gauchesco anterior, comienza a crecer, cuantitativa
y cualitativamente en la trama del texto.
Finalmente, y para terminar con lo
sentimental, aparece el personaje de la madre de Cuello,
una anciana de endeble salud a la que el protagonista
vive dedicado, parte vulnerable del héroe, que prefigura
a la madre del sainete criollo y del tango canción
posteriores.
En cuanto a la teatralidad gauchesca,
todavía no se advierten cambios. Según todos los testimonios
se observaba la simultaneidad de la acción en el picadero
y en el proscenio, los movimientos de grandes masas
de actores en la fiesta y las convenciones elementales
del género: animales en escena, asados y domas, etc.
Sólo en 1896, y por imposición de Martiniano Leguizamón,
los Podestá abandonarán el circo y el 16 de mayo estrenarán
Calandria en el teatro Victoria,
con una puesta a la italiana.
En síntesis, Juan Cuello,
o la reconstrucción que hemos intentado es la primera
muestra de la evolución de un sistema que comenzó
siendo popular, respondiendo a las demandas sociales
de un público de la misma índole. La obra marca ya
un cambio ideológico y una variación de las funciones
de los procedimientos teatrales. El ajuste
de cuentas con la gauchesca teatral estaba
cerca seis años después con Calandria,
el héroe se tornará definitivamente inofensivo. A
partir de su escritura y de la recepción de los sectores
cultos , se concretaría definitivamente el paso a
otro sistema. Con la obra de Leguizamón volverían,
como en la gauchesca primitiva, la temática, el movimiento
escénico, en fin el "gusto" por lo
folklórico. El pintoresco cuadro de costumbres volvería
a ser el modelo con un héroe prácticamente ajeno a
los conflictos sociales.
Buenos Aires, diciembre 1987