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Ponencia presentada por la autora
al Congreso organizado por la Universidad de Pru (Francia),
en diciembre de 1988, sobre "Convenciones teatrales
y política en el teatro hispánico"
Ligado a la inmigración masiva, a la entrada
en la región de italianos y españoles
con experiencia de lucha en los grandes conflictos sociales
europeos y al proceso de crecimiento del sector industrial
argentino, surgió (1870), se desarrolló
(1890) y llegó a su auge (1905- 1915) el movimiento
anarquista en Argentina. Marginal, en un principio,
con respecto a las inquietudes del proletariado en formación,
el movimiento se fue volcando progresivamente hacia
una activa participación dentro de los sindicatos
obreros. Las grandes huelgas de principios de siglo,
los acontecimientos del Centenario, el aumento de la
represión militar contra huelguistas y manifestantes,
las deportaciones de extranjeros anarquistas y la prisión
de anarquistas locales, las leyes dictadas para aplastar
al movimiento ácrata (Ley de Residencia de 1902
y Ley de Defensa Social de 1910), la capacidad de recuperación
de las estructuras sindicales y militantes, son contrastados
índices del avance decisivo de la estrategia
revolucionaria anarquista.
Este auge del movimiento libertario fue secundado paso
a paso por el prodigioso desarrollo de una cultura subterránea
o contracultura, (1) que tuvo múltiples manifestaciones:
la enseñanza, la educación, la prensa
propia, la creación libertaria y el teatro. El
circuito de producción-consumo-difusión
no pasó por los canales culturales oficiales,
sino que circuló gracias a la infraestructura
proporcionada por decenas y decenas de núcleos
y centros anarquistas dispersos en Argentina y Uruguay.
Entre las múltiples actividades de los círculos
anarquistas, al teatro fue una actividad principalísima.
Los centros libertarios creaban elencos filodramáticos
-integrados por sus propios militantes- y representaban,
dentro de los actos de propaganda, obras de teatro,
las más de las veces redactadas por los mismos
aficionados. Ponían en escena obras de Mirabeau,
Gorki, Hauptmann o Suderman, pero también muchísimas
obras de producción local; los círculos
se encargaban no sólo de ejecutar las obras sobre
un tablado, sino que además confeccionaban los
textos adecuados a las luchas del momento, los imprimían,
los difundían en el país y en el extranjero,
los anunciaban y publicitaban desde las páginas
de la prensa ácrata y aseguraban la crítica
periodística del espectáculo, estimulando
así ciertos estilos escénicos. De esta
producción quedan abundantes rastros en la prensa
anarquista argentina y uruguaya: anuncio y reparto de
la representación, motivo militante del estreno,
inclusión dentro de los programas de actos, comentario
posterior sobre la puesta en escena, balance de recaudaciones
y gastos ocasionados por la actividad teatral. Los periódicos
iban publicando también fragmentos de las piezas,
en "entregas" anteriores a la representación.
Los textos dramáticos a los cuales nos referiremos
hoy se caracterizan por haber sido especialmente
escritos para ser ejecutados por elencos filodramáticos
de círculos libertarios, en salones de actos
de locales obreros, frente a espectadores simpatizantes
y politizados, y por haber sido representados en el
Río de la Plata infinitas veces a lo largo de
muchos años por distintos grupos de aficionados
de la región, muchas de las obritas aludidas
en este trabajo son además de factura local.
La Fiesta del Trabajo, Ladrones, Los mártires
y Héroe ignorado son obras de autor local;
fueron estrenadas en Buenos Aires y Montevideo y en
ellas abundan aspectos escénicos que entran en
contacto con otras especies populares de la misma época
y región. Sin Patria, Primero de mayo
y Fin de fiesta, fueron escritas, por el italiano
Pietro Gori las dos primeras y por el español
Palmiro de Lidia, la tercera.
Observación de los textos dramáticos
para aficionados libertarios
Hemos tenido la ocasión, en trabajos anteriores,
de desmontar y de apreciar los mecanismos de fabricación
de este conjunto de obras enclavadas en un contexto
social e histórico muy preciso (2). La afirmación
más inmediata que provoca la observación
es que esas piecitas "son todas iguales",
es decir, son inconfundibles, son diferenciables de
otras familias de obras de teatro. Pero, ¿cuáles
son, en realidad, los elementos textuales que definen
a la obrita para militantes aficionados libertarios?
La primera respuesta es que lo que las caracteriza es
su "contenido", o sea, aquello de lo que hablan,
ya que todas "hablan" de lo mismo: la explotación,
la miseria, la prostitución, la opresión,
las esperanzas de un porvenir mejor, etc., etc. Pero
una mirada más cuidadosa muestra que lo temático
no es lo (único) que define a este grupo de obras,
sino que lo que las diferencia de otras series dramáticas
es su conformación, la forma en que lo argumental
se entreteje para brindar una textura particular y diferencial.
En "las formas" parece residir entonces el
mecanismo de fabricación más íntimo
del teatro libertario.
Según hemos podido observar, estas obras presentan
rasgos formales comunes y específicos, profundamente
ligados tanto a la idiosincrasia del público
a quien iban destinadas, como a los medios materiales
de puesta en escena de los que disponían los
núcleos anarquistas. La obra de teatro libertario
fue confeccionada para un público preciso y de
contornos socio-culturales bien definidos. En el caso
del Río de la Plata, la mayor parte de los criollos
e inmigrantes que formaban el auditorio de los actos
militantes eran semianalfabetos, muchos ni siquiera
conocían bien el castellano, disponían
de poco tiempo libre y de aún menos dinero para
invertir en la cultura, estaban sometidos a bajos salarios,
a larguísimas jornadas de trabajo, al fantasma
del accidente laboral, del despido o del desempleo.
Ellos eran los consumidores de este teatro y para ellos
fueron hechas o representadas estas obras. El tipo de
saber previo del auditorio y las condiciones concretas
de la puesta en escena "pesaron" de alguna
manera en la confección de los textos: así,
por ejemplo, el poco presupuesto disponible para las
actividades del escenario, las dificultades para hallar
actrices para ejecutar los roles femeninos, la necesidad
de "economizar" actores y de reducir al máximo
las necesidades de figuración escénica.
Los problemas de elocución o de cultura literaria
de ese público formado por autodidactas, inmigrantes
y semianalfabetos condicionaron la textura de las piezas.
Dichos rasgos textuales pueden ser identificados, reducidos
a un número limitado y repertoriados. En esta
ponencia comentaremos sólo uno de ellos: la presencia
(casi) obligada de monólogos dentro de las obras.
(3).
Monólogos y complicidad ideológica
La fluidez y la coordinación interna de estas
obras de teatro están dominadas por la tensión
propagandística que subyace en el discurso dramático
libertario; el teatro anarquista se propone difundir
la Idea y esclarecer al público sobre cómo
y por qué la Anarquía habrá de
instaurarse sobre la humanidad; tiene por objetivo permitir
el paso de la propaganda, reafirmar las convicciones
del público a quien estas piezas estaban destinadas
e impulsarlo a una acción capaz de cambiar al
mundo. Por ese motivo, en estos textos llaman la atención
los recursos destinados a mantener al espectador en
un estado de alerta ideológico y abundan los
procedimientos que buscan implicar al público
real en lo que está ocurriendo en el escenario:
el monólogo es uno de los principales recursos
con los que se busca instaurar una complicidad de ideas
entre la sala y el tablado.
El monólogo fue una modalidad privilegiada por
los anarquistas (4): dentro de la producción
dramática emanada de los centros libertarios,
es notorio el uso abundante -parcial o total- de formas
monologadas. La continuidad estilística entre
el discurso político del militante y el monólogo
de actor dentro de una obra de teatro es evidente. Es
sumamente común ver en una misma velada anarquista
al mismo militante como conferencista, como autor dramático
y como actor; en general, en esos casos, él mismo
se reservaba el papel que le permitía lucirse
pronunciando monólogos.
Es el caso de Pietro Gori, a quien vemos multiplicarse
en una memorable reunión de 1898:
"Gran velada popular a beneficio del Círculo
Internacional de Estudios Sociales. Programa:
1-I Profughi d'Italia: Coro, Letra y música
de Pietro Gori.
2-El precioso drama simbólico social en italiano
por Pietro Gori, titulado Primo Maggio, cuyo
prólogo será declamado por su autor, estando
el resto de la ejecución a cargo de la Academia
Filodramática Ermette Zacconi" (etc.) (La
Protesta Humana, Buenos Aires, 7-8-1898)
O si no, también:
"El Grupo Filodramático La Protesta dará
hoy una gran velada a total beneficio de La Protesta,
con el siguiente programa:
1-Conferencia por el compañero Perfecto López.
2-El rabonero, monólogo de Perfecto López,
desempeñando por Carlos Balsan" (etc., siendo
el nombrado Balsan, además, un importante dirigente
del movimiento Anarquista por aquellos años)
(La Protesta, 12-8-1904)
El monólogo -a veces, simplemente, bajo forma
de breve y vehemente parlamento privilegiado de uno
de los personajes- retiene la atención del público
casi analfabeto de las veladas anarquistas y genera
la fuerza didáctica del espectáculo. Con
una fraseología cercana de las arengas, los himnos,
los discursos y las proclamas revolucionarias, el monólogo
permite presentar causas, denunciar, exponer y convencer;
mantiene la atmósfera de continua interpelación
del público y en él anida la complicidad
ideológica entre la sala y el tablado. En las
tiradas monológicas resalta el valor pragmático
de la palabra pronunciada desde un escenario: en ellas
se encierra la intención de empujar a la acción
a esos hombres y mujeres abandonados del poder a los
que sólo la Revolución Social puede salvar.
Más cercano de la declamación y de los
himnos -actividades habituales de los centros libertarios-
que del teatro "burgués", el monólogo
es uno de los resortes organizativos de la pieza ácrata.
Permite dar la palabra al infaltable personaje encargado
de hacer pasar el mensaje. Abundan así las piezas
anarquistas constituidas solamente por un extenso monólogo
recitado por un único actor, como en el caso
de la pieza Héroe ignorado (H.I.) . Monologan
largamente Canillita y Loa en Ladrones (L.);
Julián en Fin de fiesta (F.de F.); Juan
en Héroe ignorado; Jorge -reforzado por
la tirada del Intermedio- en Sin patria (S.P.);
Ida y El extranjero -ambos reforzados también
por la tirada de El Prólogo- en Primero de
Mayo (P.de M.) (5).
El lector de hoy que logre ponerse en situación
podrá restituir sin demasiado esfuerzo la emoción
que algunos de esos parlamentos podían provocar
en aquel público:
Atilio: "No creas, querida, la ignorancia no cambia
metro; fue la eterna congoja de los pueblos cuya pesadilla
arrastra dolorosamente la historia de los siglos; de
ella surgieron los dolores y las maldades; ella es causa
de haber amasado el edificio social con la sangre de
mil generaciones; sus esclavos rindiéronle culto;
sufrieron y sufren sin comprenderlo, humillándose
ante la esperanza de una cantilena que dedican a un
dios ignoto y misterioso; mientras que en estos momentos
en que la sociedad agoniza bajo el peso de unas cuantas
instituciones creadas para fomentar la falsedad y la
mentira, creadas para servir de pedestal a la injusticia,
es necesario rebelarse y no bajar la cabeza como cualquier
vencido ante el sufrimiento, dejándose arrastrar
por la torcida corriente. Sí, es necesario luchar,
luchar para vencer, hay que salir del paso; así
es imposible la existencia; además, el que sabe
luchar, sabe vencer".(L.M.).
Estos monólogos declarados cara al público
suelen estar fabricados en torno a explicaciones
que los personajes dan sobre el origen de sus desgracias
y con las cuales se toma el público como testigo:
Juan: "Ocurre lo de siempre desde que empezó
la malhadada huelga: que el hambre es mucha y no hay
con qué acallarla, que la miseria aumenta y no
hay modo de atajarla, que los ánimos se exaltan
aguijoneados por el sufrimiento, que las pasiones se
exacerban excitadas por el descontento; y en fin, que
mala nos la depara el diablo si don Pedro sigue en sus
trece y Dios no lo remedia." (F. de F.) (6).
En torno a preguntas que no van dirigidas a otros personajes
presentes en el tablado, sino que más bien son
interrogaciones que el personaje parece formularse a
sí mismo y que, en realidad, están dirigidas
a ese destinatario interno del texto en quien se proyecta
el público:
Ida: "Una canción misteriosa flota desde
esta mañana en el ambiente...¿Son acaso,
los dispersos suspiros de todos los muertos de hambre?,
¿de los mineros sepultos en los pozos oscuros?,
¿de los obreros destrozados por las máquinas
o de los niños y de los viejos que el frío
mató?, ¿acaso son de los soldados que
el cuartel o el campo de batalla engullen?" (P.
de M.)
Jorge: "Estos brazos, de seguro, no han tenido
un momento de descanso. De trabajador a soldado y de
soldado a trabajador, he gastado, sin escatimar nada,
mis fuerzas, mi sudor y mi sangre...¿Qué
he ganado con ello? ¿Qué provecho saca
uno trabajando continuamente, consumiéndose en
las faenas del campo o de la fábrica...? ¿Y
después de todo ese infierno...?" (S.P.)
Canillita: "Pero después pensé la
cosa y vide que no tenía más remedio...Si
no vendo diarios, ¿qué gano? Vamos a ver,
¿qué gano? Así son las cosas pues...¿Qué
se han creído?" (L.)
Y entorno a vibrantes arengas que dan a la obra dramática
libertaria su textura diferencial:
El Intermedio: "¡Avante, proletarios! ¡Ciudadanos
del mundo! Si os robaron la patria, la de estrechas
banderas, ¡será vuestra la tierra, sin
odio ni fronteras!" (S.P.)
Juan: "¡Compañeros! proseguid/la propaganda
empezada. /Aquí tenéis una espada!/¡También
me tenéis a mi!/No hay que arredrarse: ¡adelante!/Guerra
a muerte a los tiranos!/¡Concluid con los villanos!/¡No
hay que perder un instante!/¡Que para salir del
mal/ en que todos nos hallamos,/solamente precisamos/La
Revolución Social!" (H.I.)
Algunas leyes típicas de este teatro merecen
regir la conformación de los monólogos
libertarios:
-La repetición: a diferencia de otras formas
teatrales destinadas a satisfacer otras necesidades
y otros públicos, la originalidad no es un valor
para la producción libertaria. La repetición,
en las distintas obras, de una fraseología, de
temas y de moralejas y la presencia siempre renovada
en escena de un personaje transmisor de mensaje sirven
perfectamente a la estrategia proselitista. Tal insistencia
en "tics" escénicos movilizadores para
ese público y ya suficientemente probados en
la escena no debe sorprender, ya que ella constituye
el resorte fundamental de toda propaganda y gracias
a ella queda garantizada la eficacia publicitaria del
mensaje concentrado en el monólogo.
- La economía: en el teatro de centro anarquista
se elimina todo aquello que -a los ojos del productor/receptor
militante- resulta accesorio o materialmente inalcanzable
para la puesta en escena. Esto conduce a notables maniobras
de simplificación y de condensación, de
las cuales el monólogo es su producto más
acabado. Se reducen la línea argumental, la cantidad
de personajes, las indicaciones sobre los signos escénicos
(mobiliario, ornamentación, vestuario, utilería,
iluminación, etc.). Con poca vocación
para presentar un gradualismo en las situaciones dramáticas,
condenada a hacer pasar un mensaje claro en poco tiempo
y de forma certera, con poco margen para las medias
tintas, la obrita anarquista más típica
se asegura, a través del monólogo, de
que nada ha entorpecido el paso del mensaje básico,
siempre el mismo y conocido de antemano por ese público
de convictos hermanados por principios ideológicos.
Tal modalidad así parece ajustarse perfectamente
a las necesidades internas de la pieza anarquista: esquematismo,
claridad, economía. Son justamente esas leyes
las que hacen que el monólogo sea particularmente
"creíble" (es decir, convencionalmente
verosímil), dentro de una representación
libertaria.
Estilo de actuación solicitado por el texto:
los personajes recitantes
La forma monologada solicita un estilo de actuación
típico de las puestas en escena de militantes
aficionados al teatro: la dramaturgia libertaria favorece
en el actor la actitud escénica de "recitante"
-ligada al estilo monológico y al objetivo proselitista-
en el cual se privilegian la declamación y la
consecuente postura corporal del intérprete.
En el momento en el cual el actor se desprendía
de los otros actores presentes en el tablado y avanzaba
cara al público para decir su mensaje fue siempre
un instante de emoción en las veladas teatrales
anarquistas: el mismo Pietro Gori -célebre libertario
italiano que estuvo en Argentina entre 1898 y 1902-
solía recitar en persona los monólogos
de sus propias obras. En las intervenciones del personaje
encargado de "transmitir el mensaje" es muy
característico el uso de un "tono"
altisonante y expositivo: la preponderancia del discurso
didáctico sobre la interpretación dramática
es muy común; la acción de los personajes
es a menudo bloqueada por la arenga militante y el peso
de lo didáctico-discursivo convierte a los personajes
en "recitantes" de mensajes ideológicos.
La declamación es el estilo propio de la representación
anarquista. El lector de hoy lo intuye no sólo
en la presencia insistente de los monólogos como
recitados de una propaganda previa a la ficción,
sino también en la lectura de las acotaciones
escénicas ligadas a la gestualidad del actor.
Veamos algunos ejemplos:
"Jorge (de pie, apoyado en la chimenea)".(SP)
Desde esta posición pronunciará el protagonista
uno de sus tantos mini-monólogos. También
otros personajes de la pieza prefieren mensajes desde
posturas estáticas y frontales:
Juana: "(habla como ante la visión de sus
pasados dolores...Cesa de hablar, sofocada por el dolor
del recuerdo. Por un instante, todos quedan silenciosos
y taciturnos)" (SP)
Veamos algunos otros casos:
"El actor que debe declamar se adelanta apenas
se alza el telón (y) mientras se apagan las últimas
vibraciones de las campanas que a lo lejos tocan a fiesta".(P
de M)
Extranjero: "(Entornando los ojos como absorbido
por el esplendor de un interno sueño... Como
transportado por la evocación de los recuerdos).
Es allí...el país feliz...La tierra es
de todos...como el aire, como la luz. Los hombres son
hermanos, el trabajo es blasón de nobleza en
aquel país...El ocio no existe..." (P de
M) (Sigue un monólogo sobre el país de
Utopía).
Ida "(Con inspirado acento): Escúchame extranjero,
y vosotros, obrero, marinero, escuchadme...Mi lenguaje
os parecerá extraño en boca de una mujer..."
(P de M) (Sigue un monólogo sobre las miserias
de los trabajadores).
Juan "(Después de tomar por su parte el
correspondiente polvito, empieza su peroración
en tono grave y reposado)". (F de F) (Sigue una
"peroración" sobre la miseria de los
campesinos y la industria moderna)
Atilio "(que habrá escuchado las últimas
palabras, adelantándose)" (LM) (Sigue una
extensa tirada sobre la agonía de la sociedad)
El monólogo libertario es, entonces, una convención
propia del teatro de círculo anarquista, exigida
tanto por la idiosincrasia del público y de los
ejecutantes, como por la función propagandística
que la representación teatral adquiría
dentro del acto militante global.
(1) Algunas publicaciones del GRAL (Groupe
Rechercher sur l'A Latine, Toulouse): Jean Andreu, ("Contraculturas
libertarias en el Río de la Plata y Chile (1890-1914)"),
in: Hacia una historia social de la literatura latinoamericana;
actas. Giessen, Bremer-Losada Eds., 1985.
Contre-cultures, utopies et dissidences en Amérique
Latine. Numéro spécial de Caravelle, Toulouse,
1986, Nº46, organizado por Jean Andreu.
Jean Andreu, Maurice Fraysse, Eva G. de Montoya, Anarkos,
Literaturas libertarias de América del Sur (1900),
Buenos Aires, Ed.Corregidor, próxima publicación.
(2) Eva G. de Montoya, "Círculos anarquistas
y circuitos contraculturales en Argentina (1900)",
in Caravelle, Toulouse, 1986, Nº46.
Eva G. de Montoya, "Elementos para una teoría
teatral libertaria", in: LATR, Kansas, 1987, Nº21.
Eva G. de Montoya, "Un manuscrito libertario: la
versión Maestrini de Ladrones (1897) de Florencio
Sánchez". Ponencia Congreso sobre teatro
latinoamericano, Universidad París III, mayo
1988. Próxima publicación.
Eva G. de Montoya, "Sobre Ladrones y Canillitas;
Florencio Sánchez y la delegación de poderes",
in: Gestos, Irvine,Nº6, nov.1988, p.87-97.
Eva G. de Montoya, "Pactos de representación
en un teatro militante: Los libertarios rioplatenses".
Ponencia enviada al Coloquio sobre Semiótica
teatral Teatro Hispanoamericano (Universidad de Kiel,
R.F.A., junio 1989).
(3) Empleamos el término monólogo para
designar a los segmentos textuales que constituyen una
unidad cerrada de palabras pronunciadas por un personaje
que se retira momentáneamente del circuito lingüístico;
conforma un discurso autónomo, que no está
pronunciado en función de las circunstancias
o de los conflictos de la ficción, sino que se
desprende de ella. La palabra pronunciada desde el escenario
se coloca a otro nivel y el público siente que
en ese momento el actor lo interpela directamente. Cf.
Patrice Davis, Dictionnaire du Théatre, París,
Ed. Sociales, 1980, p.260 y 55. ("Monologue")
y p. 264 ("Mot d'auteur").
(4) Había concursos dramáticos organizados
por centros libertarios rioplatenses, en los cuales
los premios otorgados a los autores de monólogos
eran superiores a los otorgados a los autores de diálogos:
"Primer Gran Concurso Artístico y Literario
organizado por el Centro Filodramático Germinal-Premios:
-Uno de 50 pesos al mejor monólogo dramático.
-Uno de 30 pesos para el mejor diálogo dramático.
-Uno de 20 pesos para el mejor monólogo cómico.
-Uno de 15 pesos para el mejor diálogo cómico.
(La Protesta Humana, 6-10-1905)
(5) Las piezas citadas son las siguientes: Luciano Stein
(pseud.de Florencio Sánchez), Ladrones (L). Versión
manuscrita de Themis Maestrini. Estrenada en Montevideo,
1897.
Pietro Gori, Sin patria (SP), Buenos Aires, El teatro
universal, s.f. Representada en Buenos Aires hacia 1898.
Pietro Gori, Primero de mayo (P de M), La Coruña,
El Progreso, 1897. Reeditado recientemente por Pedro
Bravo Elizondo, Cultura y teatro obreros en Chile, Madrid,
Meridión, 1986. representada en Buenos Aires
hacia 1899.
Alfonso Grijalvo, Héroe ignorado (HI), Buenos
Aires, Fueyo, 1912. Estrenada en Buenos Aires en 1904.
Palmiro de Lidia, Fin de fiesta (F de F), Buenos Aires,
Fueyo, 1922. Representada en Buenos Aires hacia 1899.
Santiago Locascio, La fiesta del trabajo (LFT), Buenos
Aires, Fueyo, 1913. Probablemente estrenada en Buenos
Aires, en los años inmediatos a 1902.
Dante Silva, Los mártires (LM), Buenos Aires,
Fueyo, s.f. Estrenada en Buenos Aires entre 1902 y 1905.
Próxima edición de las obras citadas (excepto
las dos ya editadas por Pedro B. Elizondo), en: Eva
G. de Montoya, Piezas para filodramáticos rioplatenses
(1890-1930), Buenos Aires, Editorial Punto Sur.
(6) Sobre Fin de Fiesta, de Palmiro de Lidia, c.f.,
Nora Mazziotti, "El drama anarquista", mimeo,
próxima edición en Historia del Teatro
Latinoamericano, dirigida por Fernando Toro.
Buenos Aires, abril 1990
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