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I. Nuevas condiciones culturales
El nuevo teatro de Buenos Aires expresa y reelabora
en sus poéticas las nuevas condiciones culturales
que atraviesa la sociedad argentina desde los años
de la post-dictadura y más acentuadamente en
la última década. Dichas condiciones se
sintetizan en un nuevo fundamento de valor (1),
inédito en la historia de la cultura argentina.
Es importante señalar que muchas de estas condiciones
son resultado de la sincronización de la capital
porteña con el mundo, pero que adquieren evidentes
diferencias dialectales en la periferia latinoamericana,
al sur del planeta.
A nuestro juicio las principales variables que condicionan
la nueva visión cultural y determinan el régimen
de producción y recepción del nuevo teatro
argentino son las que siguen (resumimos apretadamente,
por razones de espacio) (2):
1. crisis de la izquierda y hegemonía del capitalismo
autoritario: la disolución de la izquierda como
frente internacional, su diversificación y redefinición
aún pendiente, marcan en la cultura argentina
un afianzamiento arrasador del neoliberalismo. Esto
implica un quiebre del paisaje político del siglo
XX, que afecta notablemente a un campo teatral históricamente
ligado al pensamiento de la izquierda.
2. tensiones entre globalización y localización:
el neoliberalismo tiende al desarrollo de una cultura
unificadora y planetaria, del que resulta un avance
de la globalización cultural como proceso enajenador
de homogeneización. La crisis del discurso unitario
e internacional de la izquierda ha generado la desaparición
de las representaciones ideológicas totalizadoras
alternativas frente a la hegemonía globalizadora.
Hay por lo tanto un único discurso hegemónico
(ya no dos enfrentados) y, en oposición frontal
o relativa a éste, una diversidad y multiplicación
de discursos atomizados alternativos y localizadores
(étnicos, regionales, nacionales, grupales, de
minorías). Es decir: un vasto y heterogéneo
discurso alternativo atomizado en infinidad de posiciones,
entre las identidades postnacionales y los núcleos
de resistencia regional.
3. auge de lo microsocial y lo micropolítico:
frente a la ausencia de representaciones ideológicas
y discursos totalizadores, se observa en la sociedad
una referencia hacia lo inmediato, el "uno mismo"
(Touraine), lo microsocial (la esfera de lo individual,
lo tribal, lo grupal, la minoría, lo regional,
lo nacional) y lo micropolítico (Pavlovsky).
4. multitemporalidad: la nueva situación cultural
caracterizada por la diversificación atomizadora
se evidencia en las tensiones entre modernidad, antimodernidad
(Lodge), premodernidad, postmodernidad y antiposmodernidad
en un mismo campo teatral. En la multiplicidad de la
práctica teatral de Buenos Aires hay coexistencia
de tiempos y procesos culturales.
5. realidad y giro lingüístico: la crisis
de la noción de verdad y de universales, la concepción
de la realidad como construcción cultural, arrasan
con el principio de objetividad y visión de mundo
homogénea y monolítica (válida
para todos de la misma manera). La experiencia de la
realidad es pura multiplicidad y manifestación
de complejidad.
6. el pasaje de lo socioespacial a lo sociocomunicacional:
se ha producido una desterritorialización de
la cultura (García Canclini) por el auge de los
nuevos y cada vez más sofisticados mecanismos
de comunicación (televisión satelital,
correo electrónico, internet, computación,
fibras ópticas, etc). El auge de esta nueva tecnología
ha impuesto nuevas condiciones culturales, entre las
que se destacan las nociones de simulacro y virtualidad,
que implican la pérdida o relativización
del principio de realidad. Es más "real"
lo que sucede en la televisión que en la realidad
inmediata. Por otra parte, la virtualidad permite construir
realidades que sólo son aparenciales. El simulacro
implica la idea de montaje falso: hace vivir como real
aquello que no lo es (Baudrillard). El auge de estas
manifestaciones y el efectivo impacto de sus realidades
aparentes llevan a poner en crisis el principio de realidad
mismo, e incluso la certeza de conocimiento del presente
y el pasado. Otra noción fundamental al respecto
es la de "transparencia del mal": la realidad
se ha ausentado bajo un aluvión de imágenes
e información, vivimos un mundo de noticias,
no de acontecimientos (Sarlo).
7. heterogeneidad cultural: este concepto del filósofo
chileno José Joaquín Brunner permite pensar
la experiencia de la cultura como el entretejimiento
de una enorme diversidad de discursos. La heterogeneidad
cultural multiplica la dimensión de complejidad
de los fenómenos y sus motivaciones.
8. pauperización y fragilización: un dato
fundamental de la nuevas condiciones culturales argentinas
es el empobrecimiento, la pérdida de presupuestos
y posibilidades laborales, con la consiguiente disminución
del nivel de calidad de vida.
9. la espectacularización de lo social o la cultura
del espectáculo: la teatralidad se ha difundido
en todos los órdenes de la vida social, especialmente
en las escenificaciones del discurso político.
Es más teatral la realidad que el teatro.
II. Producción-recepción teatral y nuevo
fundamento de valor
Estas nuevas condiciones culturales modelizan la experiencia
de los teatristas. La presencia del nuevo fundamento
de valor afecta la producción y la recepción
de las poéticas teatrales a partir de las siguientes
variables (que nuevamente resumimos):
1. la resistencia como valor: frente a la unificación
del mundo por la hegemonía del neoliberalismo
autoritario y la desarticulación y redefinición
todavía no concretada de la izquierda, la lucha
por los valores humanistas fundamentales (derechos humanos,
calidad de vida, justicia, igualdad social, identidad
y conocimiento del pasado, etc.) se ha ubicado en un
lugar de resistencia, de defensa contra el avance de
dicha hegemonía. El lenguaje teatral se afirma
como resistencia a partir de su especificidad en lo
aurático (el intercambio directo entre el actor
y el espectador, sin intermediaciones técnicas),
contra la desterritorialización, a favor de la
educación y contra la transparencia del mal.
Como una vuelta a lo humano en una sociedad fragilizada,
dividida, escéptica y violenta, el arte se ha
constituido en oasis de sentido en una cultura sin sentido.
2. destotalización y multiplicidad: como evidente
manifestación de resistencia frente a la homogeneización
cultural de la globalización y como consecuencia
de la desaparición de las representaciones ideológicas
y discursos totalizadores alternativos, se observa un
fenómeno de destotalización, que cumple
una función cultural desalienadora, deshomogeneizadora
y otorga especial valor al lugar de la "diferencia".
La destotalización es consecuencia de la quiebra
del pensamiento binario (Lodge) y sus expresiones son
la atomización y la diversidad/multiplicidad.
Hemos definido en otra ocasión el conjunto de
poéticas del nuevo teatro de Buenos Aires como
el "canon de la multiplicidad". Implica la
idea de multicentralidad (no hay "un" centro
sino muchos, incontables) y de coexistencia de modelos
y autoridades de referencia. La destotalización
determina un paisaje desdelimitado, de proliferación
de mundos. Josefina Ludmer sintetiza esta nueva experiencia
cultural con el refrán "Cada loco con su
tema".
3. espesor de las micropoéticas: las nuevas condiciones
de producción determinan la dificultad de elaboración
de archipoéticas que unifiquen la nueva producción
teatral en un único modelo. Las micropoéticas
-espacio de articulación de las relaciones entre
teatro y subjetividad- se resisten a la homogeneización
y la abstracción en una estructura común.
Hemos llamado a este fenómeno la "conquista
de la diversidad". Se observa una resistencia a
la reductibilidad por el acrecentamiento de la complejidad
(Prigogine) de las poéticas teatrales, densamente
atravesadas por la singularidad de lo subjetivo.
4. destemporalización o multitemporalidad: se
advierte una coexistencia de tiempos estéticos
y una paradójica relación con el valor
de lo nuevo. Se oye decir que "Lo nuevo ha muerto",
pero paradójicamente esto es nuevo. La crisis
y relativización del valor de lo nuevo marca
un cambio en la dinámica histórica:
a) Se relativiza o adelgaza la posibilidad de las poéticas
de contraposición (Lotman), en tanto queda escaso
margen para las novedades estéticas radicales:
" Lo nuevo ha muerto".
b) Todo está permitido siempre y cuando vaya
de acuerdo con el nuevo fundamento de valor, es decir,
registre de alguna manera las nuevas condiciones culturales.
Si lo nuevo se ha relativizado, se siente como "viejo"
todo discurso o poética que se niega a percibir
o ignora las nuevas condiciones culturales. Por ejemplo,
se oye decir en el campo teatral de Buenos Aires que
"Nada más viejo hoy que lo que fue nuevo
en los sesenta". La afirmación se refiere
al fundamento de valor, no a los procedimientos.
c) En cuanto a procedimientos, todo está permitido.
Libertad absoluta de buscar materiales morfotemáticos
en todas las instancias del pasado e incluso en el cruce
con otros sistemas artísticos. Se vuelve al pasado
de diversas maneras: para la relectura de las más
diversas tradiciones codificadas (la gauchesca, el circo,
la commedia dell'arte, etc.) o para fundar nuevas tradiciones
a partir de una revisión o reorganización
de los materiales del pasado.
5. tensiones entre globalización y localización:
observamos tres formas de relación entre globalización,
localización y teatro en los espectáculos
de Buenos Aires:
a) un teatro global: se relaciona con el fantasma
del proceso de la "macdonalización".
Se trata de un teatro importado, hecho fielmente según
el modelo extranjero, con patrones culturales que responden
a la "convergencia cultural" de la que habla
Ulrich Beck. Su éxito comercial habla de la existencia
en Buenos Aires de un público de características
"transnacionales";
b) un teatro de localización global: se
trata de una forma paradójica y oximorónica
de mezcla de globalización y localización,
lograda, por ejemplo, a través de la apropiación
del teatro global desde los mecanismos de las poéticas
de actuación y la traducción o adaptación
de los textos a la sociedad-destino;
c) un teatro de re-localización: el que
recupera una visión de lo local no "tradicionalista",
una visión dinamizada por los cambios culturales,
como resultado del impulso de "re-localizar tradiciones
des-tradicionalizadas en el contexto global, el intercambio,
el diálogo y el conflicto translocal" (Beck).
Los espectáculos de re-localización encierran
en su imaginario y en su estética relatos que
se proponen como aproximaciones a una definición
de la identidad local.
6. formulación de nuevas nociones teóricas:
las voces "teatrista" y "dramaturgia
de autor, actor, director y grupo" son algunas
de las nuevas categorías utilizadas para dar
cuenta de esa multiplicidad, ya sea porque la diversidad
es encarnada en el mismo agente (uno que es muchos,
muchos en uno), ya sea porque abre el espectro de reconocimiento
de la diversidad de formas discursivas.
7. puesta en crisis de la noción de comunicación
teatral: no hay comunicación (en el sentido de
transmisión objetivista de un mensaje claramente
pautado) sino creación de una ausencia, sugestión,
contagio. Con el consecuente eclipse del teatro como
escuela, de la noción de "Biblia pauperum"
(Strindberg). La construcción de sentido en la
producción no se da como la ilustración
de un saber previo sino como consecuencia de la poética:
el sentido deviene, deriva a posteriori de la construcción
de la poética. Crisis del racionalismo y crisis
del concepto utilitario de arte. Por otra parte, la
ausencia de comunicación limita el poder de socialización
del teatro: ha dejado de proveer un saber para la acción.
Estos cambios se vinculan con la falta de certezas y
la crisis del principio de realidad y de verdad.
8. autorreferencia teatral: como una de las manifestaciones
del problema filosófico del giro lingüístico,
abunda en el teatro argentino actual el procedimiento
de la autorreferencia teatral: la escena que habla de
sí misma. Esta autorreferencia es muchas veces
resultado de la pérdida de referencia objetivista
-pérdida del principio de realidad- y de la conciencia
de la imposibilidad de llegar al conocimiento del objeto:
el lenguaje no posee un valor de intermediario hacia
la cosa -desde una concepción operativa y utilitaria-
sino que es el camino y a la vez la meta del conocimiento
de lo real.
III. Dos muestras de la diversidad
Basta nombrar algunos de los principales representantes
del teatro actual en Buenos Aires para advertir el imperio
de la multiplicidad, el espesor de subjetividad de las
micropoéticas: la producción de los teatristas
-en diversos roles- Daniel Veronese, Rafael Spregelburd,
Alejandro Tantanian, Federico León, Patricia
Zangaro, Alberto Muñoz, Cristina Banegas, José
María Muscari, Alejandro Urdapilleta, Javier
Daulte, Ricardo Bartís, Pompeyo Audivert, Rubén
Szuchmacher, Guillermo Angelelli, Vivi Tellas, Claudio
Hochman, entre muchos otros, y los grupos De la Guarda,
Macocos, Periférico de Objetos, La Pista 4, El
Descueve, Catalinas, Calandracas, El Baldío,
Teatro Libre, Libertablas o el amplio equipo de teatristas
reunido en el programa Teatroxla identidad.
A manera de muestra de la diversidad que implica el
trabajo con poéticas muy diferentes, caracterizaremos
dos espectáculos de los más logrados del
teatro actual: La Morocha y Fractal. Una especulación
científica.
Directora e intérprete de La Morocha,
Cristina Banegas define este espectáculo como
un homenaje a las mujeres pioneras del tango: Tita Merello,
Azucena Maizani, Ada Falcón, Rosita Quiroga,
la "Negra" Sofía Bozán, artistas
que a partir de los años veinte y treinta revolucionaron
la historia de la escena argentina. Basado en una idea
de la bailarina Iris Scaccheri -con quien Banegas trabajó
antes en Salarios del impío y Eva Perón
en la hoguera-, esta cruza de música y teatro
reelabora la poesía del tango y la cultura popular
de las primeras décadas del siglo XX recuperadas
en una creación de lenguaje absolutamente actual.
En la intimidad de una piecita de pensión una
mujer (Banegas) canta, piensa, sueña, se ríe,
recuerda, llora. Próxima a ella, un hombre (Edgardo
Cardozo) toca la guitarra, canta, habla. El espectador
nunca sabrá si el músico está en
la misma habitación que la mujer, o si es su
vecino, o si sólo está en la mente de
ella. Tampoco sabrá nunca qué hay entre
ellos. Lo cierto es que la potente imagen teatral evoca
y a la vez desarticula un tópico de la escena
tradicional argentina: la imagen del "clásico
binomio" de cantante e instrumentista. En una suerte
de deriva semejante a la de la narrativa de los sueños,
Banegas va hilvanando fragmentos y relámpagos
-verdaderas epifanías- de tangos, milongas y
textos literarios de diferentes épocas, a la
vez que corporalmente o con mínimos accesorios
evoca los estilos actorales de las grandes cancionistas
pioneras: el plexo solar y los labios de la Merello,
la picardía y la actitud revisteril de la Bozán,
el seseo arrabalero de Rosita Quiroga, el sentimentalismo
melodramático de la Maizani... El salto en el
tiempo, la mezcla, permite la inclusión del sello
de Nelly Omar, unca continuadora de la labor de las
pioneras. Y como no podía ser de otra manera,
las referencias a los varones del tango no queda afuera:
una y otra vez reaparecen resonancias estilísticas
de Gardel y Edmundo Rivero.
La Morocha no clausura el homenaje en el travestismo
o el transformismo sino que lo abre a infinitas posibilidades
discursivas: el pastiche, la parodia, la cita, la estilización,
la fragmentación, el chiste, la reescritura.
El espectáculo comienza con una oblicua evocación
de una escena del film La Morocha, protagonizado
por Tita Merello, y luego va enhebrando música
y letras de Arrabal amargo, Apología tanguera,
Maula, Mano a mano, Fumando espero con creaciones
de Piazzolla y poemas de Alberto Vaccarezza, Luis Luchi,
Juan Gelman, Carlos de la Púa, Néstor
Perlongher. A la excelencia del trabajo de Banegas se
suma, con creatividad desbordante en la investigación
musical-actoral, la labor de Edgardo Cardozo, un guitarrista
de antología ligado al grupo La Pista 4. Típico
exponente del teatro de re-localización, La
Morocha invita al reencuentro con las raíces
de la identidad local y a repensar el pasado desde una
poética posmoderna.
Toda la producción dramática de Rafael
Spregelburd es una investigación, cada vez más
profunda y aguda, sobre el lenguaje como principio de
realidad del hombre. En contigüidad con la teoría
del giro lingüístico, Spregelburd sostiene
a través de su poética -constituida en
metáfora epistemológica- que nuestro universo
es el lenguaje y, de acuerdo con Wittgenstein y los
filósofos de la "Era de los Poetas",
que los límites de la experiencia de lo real
son los límites de la invención lingüística.
El teatro de Spregelburd trabaja con variaciones sobre
un conjunto de invariantes que aparecen nítidamente
inscriptas en sus primeras obras. En la inicial Destino
de dos cosas o de tres, los personajes hablan en
un estadio lingüístico de frases hechas,
donde los roles pasan a primer plano, y a medida que
avanza la intriga ese orden lingüístico
se va deconstruyendo. En Remanente de invierno plantea
el tema del lenguaje como constructor de sentido y trabaja
con una poética del "desmentido" y
la metamorfosis, en la que los personajes son atravesados
por discursos que parecen no pertenecerles. El hecho
de tomar como punto de partida una representación
plástica alegórica -marco de su Heptalogía
de Hyeronimus Bosch-, es decir un referente extra-teatral,
conecta La inapetencia, La extravagancia y La modestia
con la voluntad experimental más radicalizada
de Entretanto las grandes urbes, escrita sobre
la matriz arbitraria y matemática de las estructuras
de la lógica y el funcionamiento de los silogismos
categóricos. En La inapetencia los personajes
son figuras de lenguaje, un lenguaje que construye referencia
pero dicha referencia no posee una "realidad"
de remisión. Spregelburd quiebra una de las tradiciones
más potentes del teatro nacional, el realismo:
sus personajes ya no "son" lo que dicen. Hablan,
cuentan historias, reflexionan sobre su "pasado"
y su "presente", pero en verdad todo se reduce
a construcciones de lenguaje sin conexión con
una "realidad" compartida con el espectador.
No hay otra realidad que el lenguaje. La mayor perturbación
de las piezas de Spregelburd radica en su capacidad
de mostrar que detrás del lenguaje no hay realidad
ni sustancia humana posible, sólo ilusión
de referencia. Simulacro, virtualidad, crisis de la
solidez de lo real. El lenguaje "construye"
el mundo, pero sólo un mundo lingüístico,
que siempre finalmente desemboca en la autorreferencia.
"Su nombre es lo único que es", afirma
la Señora Perrotta respecto de la pequeña
Leila, como estructura en abismo o poética in
nuce de La inapetencia y de todo el teatro
de Spregelburd. El lenguaje desemboca en el lenguaje.
La gradación en el uso de este artificio va marcando
el pasaje de lo cómico a lo trágico. Como
otras poéticas del nuevo teatro argentino, La
inapetencia es una parábola de la pérdida:
la Señora Perrotta es "una madre que lo
va perdiendo todo", metáfora del proceso
humano de "pérdida" de la realidad.
El centro de la poética de Fractal, el
nuevo espectáculo de Spregelburd, no debe buscarse
en la aparente superficie lineal de la historia que
cuenta, sino en los procesos de creación -que
se remontan a un taller de actuación dirigido
por Spregelburd- y en los principios científicos
que están en su génesis, en el espesor
de su progresiva constitución. En Fractal
es más importante lo no-dicho que lo dicho, la
historia no visible de la composición del espectáculo,
que la narrativa visible y audible de los acontecimientos.
Sólo de esta manera es posible comprender las
situaciones de Fractal como correlatos escénicos
más o menos estrictos de los "paisajes matemáticos"
que surgen de las graficaciones de la teoría
del caos.
Hay que conectar Fractal con el teatro anterior
de Spregelburd, especialmente con Entretanto las
grandes urbes. Si en esta obra trabajó la
intriga sobre una estructura a priori -las fórmulas
silogísticas, matrices de la lógica-,
en Fractal Spregelburd busca esas formas preexistentes
en los descubrimientos e hipótesis que confluyen
en la teoría del caos, con los que ha tomado
contacto a partir de diversas lecturas, especialmente
a través del volumen de divulgación científica
de Briggs-Peat.
Pero el proceso de génesis de Fractal
no se limita a la mera ilustración de esas estructuras
científicas y matemáticas, y se combina
heterodoxamente con un conjunto de personajes y situaciones
que provienen de un taller de trabajo con alumnos actores,
en el que se produjo dramaturgia de actuación
a partir de procedimientos que reivindican el azar,
la arbitrariedad y el apartamiento de los controles
de la razón, a través de un ejercicio
cercano al cadáver exquisito de los surrealistas.
Esa dramaturgia de actuación, surgida de la creación
colectiva del grupo de actores, fue luego modelada y
coordinada por Spregelburd para la composición
final del texto que se publica en esta edición.
De esta manera la superficie visible y audible del espectáculo
Fractal -que, tomando una expresión de
Julia Kristeva, podríamos llamar el fenotexto
teatral, el espectáculo manifiesto-, es apenas
un atisbo de la compleja máquina de procesos
que encierra el genotexto teatral -la historia de los
procesos del espectáculo-. La percepción
de lo inmediato sobre escena tiene un funcionamiento
semejante al de una imagen fotográfica del océano
"al ras", en la que la dimensión de
la profundidad de la gigantesca masa de agua "desaparece",
pero nunca deja de estar presente. Esto implica un cambio
en el concepto de la relación con el espectador.
Fractal no busca la comunicación ni de
sus procesos ni de sus contenidos, sencillamente se
muestra al público sin el afán de la transmisión
de un mensaje. Sólo hay pistas vagas -e incluso
tratadas cómicamente- de estos procesos y no
están puestas para lograr una comprensión
cabal, sino para sugerir esa vasta presencia invisible
y no dicha. Las claves aparecen en el título
de la obra (Fractal, una especulación científica),
el glosario del programa de mano (que en esta edición
se reproduce a continuación de la ficha técnica
del estreno) y en situaciones breves del texto en las
que los personajes explicitan algunos de los principios
y descubrimientos de la teoría del caos, así
como el nombre de algunos de los científicos
-Peano, Feigenbaum, Mandelbrot, redistribuidos en las
nuevas situaciones del texto-. Pero nunca esas claves
permiten recomponer sistemáticamente el proceso
en su complejidad.
De esta manera, el caos y sus leyes funcionan como un
principio organizador más complejo que el concepto
tradicional de orden. Fractal propone un nuevo
principio de regulación del material narrativo,
una base científica que -como señala Edward
Lorenz en The Essence of Chaos- se vincula con la percepción
actualizada del mundo que nos rodea y con ciertos principios
de funcionamiento del mundo que exceden el parámetro
de lo humano. ¿Nueva ilusión de cientificismo,
a la manera de Emile Zola y August Strindberg a fines
del siglo XIX? No, porque Spregelburd no "ilustra"
la teoría del caos, parte de ella para la formulación
de una poética de teatralidad tan poderosa como
extraña. Pura reelaboración poética.
Como puede observarse, dos micropoéticas de rasgos
bien diferentes. Esta voluntad de diferencia y de coexistencia
pacífica o beligerante en una comunidad teatral
diversa es uno de los rasgos más característicos
de la nueva situación del teatro argentino.
Notas
1. Bajo la noción de "fundamento
de valor" designamos el núcleo central de
la visión de mundo, la ideología y la
concepción cultural de una época. Véanse
al respecto los artículos sobre el tema en nuestros
libros El teatro laberinto (1999) y Teatro y experiencia.
Herramientas de poética teatral (2001).
2. Para una visión más detallada de estas
nociones, desde una fundamentación epistemológica,
remitimos a nuestro libro Micropoéticas. Teatro
y subjetividad en la escena de Buenos Aires, investigación
realizada como coordinador del Area de Artes Escénicas
del Centro Cultural de la Cooperación (2001).
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