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En esta celebración del sesenta
aniversario del teatro independiente hemos tomado, como
fecha clave, la de la creación del Teatro del
Pueblo. Pero esto es una convención. No todo
empezó ahí, y lo que empieza, sabido es,
ya ha empezado antes en un magma que no puede llamarse
comienzo porque el lenguaje no tiene recursos para nombrarlo
todo. Digamos entonces que, desde el año 1925,
cuando se crea la Escuela de Arte Teatral dependiente
del Conservatorio Nacional de Música y Declamación,
arrecian los intentos por crear un teatro de arte al
servicio del pueblo. Entre otros estuvieron Tea y Teatro
Libre. Casi siempre las iniciativas pertenecieron al
llamado "Grupo Boedo" y casi siempre fueron
intentos de corta duración, porque una cosa es
iniciar algo y otra muy distinta sostenerlo con continuidad
y coherencia -lo cual no quiere decir que desde un punto
de vista estético lo perdurable deba ser lo más
valioso, con frecuencia es lo más apto, darwinianamente
hablando, lo que puede ser, lo que reúne las
condiciones de supervivencia en ese determinado tiempo
y lugar-. Y así fue como una vez disuelto el
Teatro Libre encabezado por Angelina Pagano, Leónidas
Barletta, el secretario de ese grupo, organizó
y dirigió el Teatro del Pueblo. Du homónimo
había sido el de la experiencia realizada por
Romain Rolland en Francia, donde asimismo Antoine (Theatre
Libre), J.Copeau (Vieux Colombier), Paul Ford (L'Oeuvre),
ya habían intentado el corte con las estéticas
teatrales canónicas.
Entre nosotros se trataba de restituir al teatro la
categoría artística que a comienzos de
la década del treinta había sufrido el
inevitable destino de lo carente de un objetivo esencial,
de una poética y de coherencia en cuanto a las
técnicas.
Fenecía la época del actor vedette, cabeza
de compañía, y del implícito pacto
entre él y el público adicto. Había
que desautomatizar el mecanismo, elaborar el trabajo
de ruptura. Mientras, los autores se dividían
entre los que aspiraban a la originalidad -y no tenían
cabida en la escena comercial- y los que practicaban
la complacencia con los gustos ya identificados en el
folletín: la "comedia de Boulevard"
y el clisé definido en la famosa receta de Vacarezza
(receta que una vez confirmada y legitimada por la comunidad
"teatral", constituía un derrotero).
Pero ya publicaciones serias como el Anuario Teatral
de 1925, denunciaba: "El teatro nacional soporta
actualmente una mala racha. La producción escénica
con ser abundante, acusa en general una carencia casi
absoluta de valores", y en el mismo comentario
especifica que las producciones de 1924 y 1925 "fueron
vacuas, insustanciales, ajenas a todo concepto de arte
y belleza. En unos escenarios se hizo el melodrama de
las cróniacs policiales, en otros el sainete
burdo que algunos llamados autores confeccionan para
destrozar la gramática y ofender a las buenas
costumbres, y en los restantes -muchos para mayor desgracia-
el insulso espectáculo revisteril, tan falto
de ingenio como de ropa", etc.
El malestar concluye por gestar un movimiento y germina
en la creación de teatros independientes como
el del Pueblo (30 de noviembre de 1930). Esta floración
estaba inmersa en un contexto que incluía el
desastre de la famosa crisis del 30, con el famoso "crac"
de la bolsa de Nueva York el 29 de octubre de 1929,
y en Buenos Aires el primer golpe militar de este siglo,
el 6 de septiembre de 1930. La crisis social abarca
todos los planos de la cultura y de la economía.
Paradójicamente, la adversidad produjo en lo
cultural hechos positivos ya que los narradores del
grupo de Boedo se agruparon en torno del movimiento
de teatros independientes mientras que los poetas renovadores
del grupo de Florida produjeron la revista Sur, creada
y dirigida por Victoria Ocampo. Los dos hechos fueron
prácticamente simultáneos.
Por entonces, quien llegaría a sre un representante
máximo del teatro independiente concluía
su ciclo de novelista. Había publicado más
de trescientas Aguafuertes Porteñas y cuatro
novelas (El juguete Rabioso, 1926; Los 7 Locos, 1929,
Los Lanzallamas, 1931, El Amor Brujo, 1932) Tenía
32 años y nada hacía sospechar que sólo
le quedaran diez años de vida por delante.
En una primera lectura ingenua de sus novelas y de ciertas
aguafuertes se descubre el autor teatral futuro tanto
en la tensión dramática de múltiples
situaciones como en los soliloquios, diálogos
y conflictos de calidad dramática.
Sin embargo, Arlt no se había enterado de que
era un dramaturgo, mejor dicho, que el dramaturgo estaba
surgiendo del novelista, como una mutación natural,
como la de la serpiente que se come a otra serpiente
y se convierte en dragón. Hizo falta que Barletta
le mostrara el desplazamiento del texto escrito al escenario,
y así lo hizo con un capítulo de Los 7
locos -"El Humillado"-. Entonces Arlt supo
y entró en la piel del dragón.
Una de las características de esta nueva etapa
es que en los personajes de su mundo teatral no se transparente
el autorretrato, el punto de vista de autor-sujeto y
objeto (enunciación y enunciado) de su discurso
creativo. Ahora otros hombres y mujeres son los referentes
de sus personajes. Pero el eje de continuidad entre
la novela y el teatro está en el desencuentro
similar de estos y aquellos personajes con su circunstancia.
A través de las distintas historias siempre se
cuenta el intento de esquivar el poder opresor del dinero
de la realidad económica, para acceder a la realidad
fabulada, que puede ser una empresa (La fiesta del hierro),
la vida sentimental y la opulencia (300 millones), el
poder (Saverio el cruel), el crimen perfecto (El fabricante
de Fantasmas), la verdad del espíritu (El desierto
entra a la ciudad), la felicidad (La isla desierta).
Los personajes de la novela practicaban una filosofía
del "como si", actuaban como-si creyeran en
las propuestas de sus seudoproyectos (Silvio y el Rengo),
cada uno de los 7 locos simula, actúa como si
creyera en su función dentro de la seudomisión
del Astrólogo, y por momentos entran en su propio
juego, o parece que consiguieran entrar (Erdosain, Haffner,
Ergueta). Sólo las mujeres no acceden al nivel
de la desesperación y del juego dictado por la
certera intuición del sinsentido del destino
humano; el personaje masculino, en cambio, se enrosca
y desenrosca en la autorreflexión sobre su condición
humana, sobre sus limitaciones, sus contaminaciones
y aspiraciones en un espacio interior y exterior encanallado.
Mutilados en su capacidad de meterse a fondo en algo,
de entusiasmarse, envidian a Cristo porque fue capaz
de "tirarse de cabeza a la idea de Dios",
esperan el "hecho extraordinario" y añoran
el coraje.
En el teatro esos personajes reemplazan el coraje por
una especie de mecanismo esquizoide que los introduce
en el mundo fabulado (Saverio, Sofía, Covachuelistas,
César).
Mientras tanto, Arlt, que ha dejado atrás la
piel del novelista, al ingresar a su etapa de dramaturgo,
decide que debería ser rico como Henry Ford y
tener un teatro propio. Y decide que el dinero lo producirá
mediante la implementación de uno de sus inventos,
el de las medias de seda para mujer gomificadas, que
no dejarán escapar los puntos de las mallas.
Lo ha decidido, accederá al plano del dinero
y por ende al del poder. Como novelista le bastaba una
resma de papel y una máquina de escribir, pero
como dramaturgo necesita un teatro propio que le posibilite
no depender de estéticas ideologizadas que en
el fondo no le importan demasiado. Pero la estética
del grupo del Teatro del Pueblo era la del realismo
crítico y Arlt la aceptaba, aunque lo enchalecaba
en un imaginario de verosimilitud cotidiana que no le
alcanzaba para mostrar los mundos de su imaginación,
los mundos que no se ven con los ojos del cuerpo porque
los sentidos son unas pobres herramientas de conocimiento.
Los mundos reales en sus personajes tenían otras
exigencias.
En definitiva, su estética como dramaturgo es
aprovecharse del escenario para dar vida a mundos creados
y no a mundos reflejados. En consecuencia, el escritor
mira al inventor y le aplaude los proyectos mientras
los dos disfrutan: las mujeres no tendrían más
rmedio que usar sus medias, y allí, en ese magnífico
terreno, en esa manzana, levantaría un teatro
con parrilla, con tablero de luces, con escenario giratorio.
Acabaría con esos actores a quienes hay que alabarles
la vocación y soportarles la dicción.
Acabaría con los trajes de papel crep bueno para
las guirnaldas cazamoscas en los almacenes. ¿Por
qué se habría de someter Saverio a la
falta de escrúpulos de un grupo de burguesitos?
Saverio es un delirio descomunal desde el comienzo inventado,
escrito y realizado por locos...sin embargo debe convertirse
en la víctima de esos pobres victimarios aburridos,
capitaneados por una demente intermitente que hace polo
a tierra para perdurar su estada en su ambiente permisivo.
A él como dramaturgo le encanta el teatro espectacular,
que sea una gran metáfora de lo oculto en el
hombre, de lo comprimido por una realidad que él
no puede dominar y que siempre le gana la partida destruyéndolo.
Pero su planteo existencial y metafísico debe
privilegiar el social, representativo del escenario
que se le ofrece. Acepta puesto que se trata de una
cuestión de privilegio.
En pocos meses escribe 300 millones -que se estrena
el 17 de junio de 1932-. La obra es producto de su admiración
por Discépolo y de su esperiencia de cronista
policial.
Por primera vez una mujer es la protagonista cabal de
una historia, la que sufre el poder, el dinero, la mezquindad
y el sueño. Sus protagonistas han sido siempre
masculinos. Sofía, en cambio, se confronta con
la realidad social y la realidad trascendental. Es el
inmigrante que sufre el poder y la vulgaridad del dinero,
del poder canalla y de la muerte. Su cuarto es América,
ella es un inmigrante discepoliano, su espacio es el
espacio del desencanto, la explotación, la vejación,
la aniquilación.
La pieza en tres actos y un prólogo, está
compuesta en tres planos. En el primero, el prólogo,
está habitado por los personajes creados y abandonados
u olvidados por sus respectivos creadores. pero ellos
no buscan al autor de sus días (como los de Pirandello)
saben que un personaje soñado es un personaje
creado, ahora sus vidas dependen de que continúen
siendo soñados por otros soñadores en
el tiempo como sucede con Edipo, Fausto o el diablo,
integrantes de las historias que materializan las estructuras
del hombre y del mito; ellos, en cambio, son la encarnación
de metáforas y mitos menos básicos y fundamentales
pero integrantes de los esquemas del soñar humano.
El próximo plano es el de la historia que se
cuenta. Aquí Sofía asume el papel autoral
que le ha delegado el autor: es la encargada de perdurar
al imaginado Rocambole y al Galán, y a Compadre
Vulcano. Sofía a su vez convive con ellos en
la zona que les es común a todos: la del sueño,
zona en que su personalidad se divide. Su cuerpo queda
ahí, sentado al borde del camastro, pero su otro
yo se dispara, se desconecta y se refugia en la fabulación.
Es como si Arlt sólo se diferenciara de ella
porque el creador puede volver a la realidad desde esa
zona astral desde la cual sueña en acto a personajes
que a su vez realizan hechos de sueño y esos
hechos de sueño son el teatro, el espectáculo
teatral.
Arlt dramaturgo, como el cronista de Los 7 Locos, sabe
lo que su personaje, Sofía le ha permitido saber
de sí misma mientras preparaba su propia muerte.
Sofía, autora, ha creado personajes que viven
al margen de la realidad cotidiana. Es decir, que en
ese nivel, el referente de Sofía es Arlt, el
doble de Arlt es a su vez Sofía-autor. Pero Sofía
personaje tiene también, simultáneamente
(sólo que en otro nivel) como referente el plano
de la realidad social de una época en que el
inmigrante es el servicio doméstico, la mano
de obra barata, la prostituta: bienes de explotación
y de renta. En cambio, Rocambole y los demás
personajes del prólogo tienen como referente
la literatura del folletín.
En el tercer plano funciona la realidad teatral como
referente de la realidad social y conforma el marco
naturalista-costumbrista-realista-crítico que
exige la poética del realismo de izquierda. Aquí
Arlt logró la conformidad con su propia poética
espontánea y con la del grupo en el cual se integra.
Esta estructura de superficie sería en adelante
la de sus obras: un marco social que enmarca diversos
niveles de teatro dentro del teatro (recurso que en
la época se atribuyó a Pirandello), luego
funciona el mecanismo esquizoide del mundo compensatorio
y por último el enfrentamiento entre el mundo
de la realidad y el de la fabulación que conduce
al desastre.
Esta estructura es coincidente con la de la novela y
se continúa en el teatro. Son, en una y en el
otro, personajes vencidos de antemano que conservan
en el sueño un destello de su aspirada estirpe
heroica. Ellos funcionan como el símbolo del
hombre patético del siglo XX, lo cual es en definitiva
la cosmovisión generalizada y dominante del punto
de vista arltiano.
En el diario El Mundo, donde entonces trabajaba Arlt,
su compañero, el autor de El hombre de la esquina
rosada, Scalabrini Ortiz vio 300 millones de esta manera:
Título del comentario: "En el umbral de
la Piedad"
"Técnica de escritor y no de dramaturgo
es la que emplea Arlt en el planteamiento y desarrollo
de 300 Millones, la obra que merced a los esfuerzos
de los muchachos capitaneados por Barletta paladeamos
en el pequeño recinto del Teatro del Pueblo,
al que dada la sobriedad de espacio y la rusticidad
sospechosa de los enlucidos, no sería equivocado
denominar teatro de las pulgas"
En 1936, a su vuelta de España, poco antes de
estallar la Guerra Civil Española, Arlt siente
que puede intentar la realización de sus obras
con actores profesionales. La experiencia fue desastrosa.
El Fabricante de Fantasmas se sostuvo apenas una semana
en el Teatro Argentino que estaba en la calle Bartolomé
Mitre al 1500. Integraba la compañía Milagros
de la Vega, Juan José Perelli y María
Esther Podestá. Pocos meses después se
había estrenado en el Teatro del Pueblo (1936)
Saverio el cruel con muy buena acogida, aunque Horacio
Rega Molina, el poeta, en su comentario teatral en la
revista Mundo Argentino ofrecía reparos a la
actuación. "Algunos de los artistas evidenciaron
falta de comprensión y escaso dominio escénico
-decía-, otros no saben hablar (...) Leónidas
Barletta, cuya labor es digna de los mayores elogios,
les debe cada día más, al arte y al público,
interpretaciones cabales y puestas en escena inmejorables.
Su teatro debe dejar de ser el esfuerzo para aplomarse
en lo definitivo".
Todo eso le hizo pensar a Arlt que había llegado
el momento propicio. Pero el fracaso de El Fabricante
es el principio del fin. Ya no podrá aspirar
a otro lugar que aquel en el que comenzó su existencia:
la escena independiente.
Sin embargo, más allá de los valores de
la obra, Pedro, el protagonista de El Fabricante de
Fantasmas (un autor teatral), aporta algunos indicios
que para Arlt pueden asimilarse a las características
del autor del teatro independiente por oposición
al autor del teatro "comercial" y sus mutuas
estrategias.
"Para mí, el teatro -dice Pedro-, es un
medio de plantearle problemas personales a la humanidad...en
este caso mis problemas. Necesito urgentemente subir
a un escenario y decirle a un público cuya cara
sea invisible en la oscuridad: me pasa esto, aquello,
lo otro. ¿Cómo resuelvo los enigmas que
bailan en mi conciencia? Ya ve, los otros quieren llegar
al escenario para darle satisfacción a un problema,
a su vanidad...Yo no...es un problema personal...auténticamente
personal".
Este valerse del parlamento de su personaje como metatexto,
como teatro acerca de su teatro vuelve indispensable
la lectura de esta obra para investigar el teatro de
Arlt.
Lo cierto es que Arlt supo, entonces, que la única
forma de trabajar con su propia poética era llegar
a conseguir su teatro propio y comenzó a correrle
una carrera al tiempo y a dedicarse full time a sus
experimentos con la cobertura de latex en la malla de
las medias. Estaba realmente entusiasmado. Mientras
tanto seguían los estrenos. A mediados de 1937
La isla desierta (la pieza que tuvo más representaciones
después de su muerte), a ella sigue Africa (1938).
Por entonces el Teatro del Pueblo ocupa la sala de la
calle Corrientes ubicada exactamente en la cuadra donde
está hoy el Teatro Gral San Martín. Ahí
se da, por último, La fiesta del hierro, estrenada
el 18 de julio de 1940. Cuando Arlt murió, trabajaba
en El desierto entra a la ciudad (que estrenaría
el grupo independiente de El Duende, en 1952, en el
actual Teatro Regina).
En esa obra aborda el problema del mal como algo congénito
en el hombre, algo que, una vez más en las palabras
de Pedro (Fab.de Fant.) aflora siempre:
"El hombre mata...mata porque la obsesión
del crimen permanece en los repliegues de su conciencia
semejante a la semilla en la sepultura de los faraones".
La fiesta del hierro es una obra muy hermosa que alterna
el mundo de los negocios con el del adulterio y el ángel
de la guarda con el diablo: la lucha entre el bien y
el mal por conquistar el alma humana. Esta lucha entre
el ángel y el demonio da a la pieza el regusto
de parodia de la moralidad medieval. La idea es que
hasta el día del Juicio Final habrá un
Jardín del Edén donde la serpiente tentará
a Eva y Adán será castigado por su estulticia.
El 16 de julio de 1940, dos días antes del estreno
Arlt escribía en El Mundo:
"El mérito de mi nueva farsa dramática
consiste en que aunque estuviera mejor o peor escrita,
no por ello dejaría de cumplir con la estricta
obligación de la obra teatral: 1)Fijar con rapidez
la atención del espectador en una situación
a venir provocada por los personajes. 2)Suscitar un
creciente movimiento de curiosidad en su intelecto ante
las posibles derivaciones de la intriga. 3)Emocionarle
por el destino que acecha a los protagonistas (...)
Comienza en la mañana de un día y termina
en el anochecer del que le sigue. Entre este paréntesis
de algunas horas, treinta personajes hilan la trama
de la red y se quiebran espantosamente la cabeza".
Se me ocurre que con la denominación de farsa
dramática, Arlt se refiere intuitivamente al
doble plano de lo semiótico y lo semántico
en que se juega siempre el teatro. En efecto, la trama
se desenvuelve entre lo festivo y lo caricaturesco,
la carnavalización y la máscara, lo cual
exige un planteo de orquestación de sistemas
de códigos de coherencia dentro de los sistemas
mismos y de estrategias de entrecruzamiento, donde los
signos empleados tienen por referente el propio código;
mientras que lo dramático tiene que ver con el
campo semántico, la comprensión del texto
y el desarrollo atiende a los significados. Es decir,
que el referente del campo semántico es la realidad
social y el espectador ya que, en definitiva, la obra
funciona como mundo analógico y simbólico.
Farsesca es la forma y dramática (en la acepción
de patético) el contenido. La máxima alegría
y la máxima tristeza llegan juntas a la vida
del fabricante de armamentos. En La Fiesta del Hierro
se festeja el aniversario de la fábrica y estalla
la guerra, lo cual significa prósperos negocios.
A su vez el hijo del fabricante muere estúpidamente
quemado dentro del totem ritual para la celebración
de la fiesta programada.
pocos meses antes de su muerte, mientras todo indicaba
la culminación exitosa de su carrera de dramaturgo
y de inventor, Arlt escribía en el diario La
Hora del 5/12/41 en un comentario titulado "Los
autores independientes en los teatros comerciales":
"Cuanto más fielmente trata el autor independiente
de expresar su realidad teatral, más lejos se
sitúa del teatro comercial...Mientras que la
obra del autor comercial mantiene su clima en absoluta
conexión con el público y el acto previamente
clasificado, la obra del autor independiente es un suceso
personal, acaecido a él y para él".
La declaración habla de una actitud claramente
individualista, tal como el escritor de la etapa inical,
el escritor que en su primera publicación Las
ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, dice
a manera de autodefinicón: "Decían
los bestiarios de la Edad Media que cuando una serpiente
devora a otra serpiente se convierte en dragón.
Similar es el caso de un sensitivo, en quien actúan
fantásticas influencias exteriores". En
su caso, no acbe duda, las influencias exteriores fueron
las del movimiento del teatro independiente al que hoy
estamos rindiendo homenaje.
Este trabajo fue leído (el 29 de mayo del
corriente año) con motivo de la celebración
de los 60 años del Teatro Independiente.
Buenos Aires, octubre de 1990
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